¿Una vida sin violencia…?…

Publicidad

UNA VIDA SIN VIOLENCIA: SIN DESPATRIARCALIZACIÓN, NO HAY SOLUCIÓN*.

&nbsp

VICTORIA ALDUNATE MORALES, memoria feminista, feministas autónomas:

Somos memoria feminista, feministas autónomas. Hemos hecho alianza en distintos momentos con diversos grupos, en violencia. Con el Colectivo Las Kallejeras de muralistas, que se ha formado a partir de la primera acogida en una institución* donde algunas feministas trabajamos durante 3 años en primera acogida a mujeres por violencia desde un enfoque feminista, no de género. También la memoria ha hecho alianza con el grupo de teatro feminista Katalejo, con La Kuneta de la población La Victoria, con colectivas de lesbianas feministas y las compañeras que han visto en esta intervención teatral que dio inicio a mi exposición son parte del grupo y del activismo callejero de la colectiva memoria feminista. Esto también es trabajo contra la violencia estructural hacia las mujeres. Nos parece fundamental intervenir el espacio callejero, por eso colocamos esta exposición que ven, los lienzos, todo eso siempre está en la calle, en el centro de Santiago que los ricos de los barrios “de arriba” no conocen, pero donde caminan siempre las mujeres y hombres de nuestras poblaciones. También a la calle, cuando podemos llevamos a la Memoria es esta mujer que nos acompaña desde fines de los años 90s, construida por muchas manos feministas de distintas colectivas a partir de los rostros de las detenidas desaparecidas y de las ejecutadas políticas de la violencia política de la dictadura militar. La Memo, como la llamamos cariñosamente, ha envejecido. Antes tenía ruedas y corría por las calles, ahora nos cuesta transportarla y está como están los Derechos Humanos en Chile, alicaída y sin justicia.

En lo personal, también soy parte del feminismo comunitario de Bolivia donde he sido acogida y allá también hemos recomenzado el último tiempo a intervenir la calle mostrando que la violencia es mucho más que golpes.

Nosotras cuando hablamos de estas intervenciones no estamos hablando de las intervenciones con las mujeres en su ámbito sólo íntimo o individual, aunque las individualidades son, creemos, muy importantes. Cuando hablamos de la violencia estamos hablando de la violencia estructural porque creemos que la violencia no es la excepción, si no la norma del patriarcado. Que es importante la denuncia feminista desde todas las categorías y conceptos que el feminismo ha elaborado en su larguísima historia. La violencia contra las mujeres es un hecho político por lo tanto la intervención individual, e incluso grupal, sólo en la consulta o el taller, se quedan cortas. La lucha contra la violencia hacia las mujeres no es un fragmento, es la lucha feminista. Así mismo, la postura y la acción política es parte del trabajo de autoconciencia de las mujeres.

El feminismo, según la definición de una compañera boliviana aymara, feminista lesbiana, Julieta Paredes, es la lucha de cualquier mujer en cualquier lugar del mundo, en cualquier tiempo de la historia, que resiste las opresiones del poder patriarcal. Y las sub-opresiones del poder patriarcal son el neoliberalismo, el capitalismo, el racismo, el colonialismo, el colonialismo interno. Por lo tanto, es imposible una vida sin violencia en el patriarcado… Siempre vemos estas consignas que ya comienzan a parecer lugares comunes: una vida sin violencia… pero ¿cómo? ¿cómo una vida sin violencia en el patriarcado? ¿cómo una vida sin violencia en el neoliberalismo?

Lo anterior no quiere decir que a nivel de individualidades no tengamos que trabajar nuestro colonialismo interno, al que me voy a referir más adelante. Pero quiero explicar también que cuando nosotras hablamos de intervenir el mundo desde el feminismo no estamos hablando de “enfoque de género”… y discúlpenme si muchas veces soy irónica con el “enfoque de género”. El enfoque de género entendido como un instrumento técnico es tremendamente patriarcal porque despolitiza el feminismo. El enfoque de género no es una cuestión de equidad de género o igualdad de oportunidades, una cuestión en la que da lo mismo ser mujer que hombre porque al final todos somos víctimas del patriarcado y entonces llegamos a algo así como “los ricos también lloran o los hombres también lloran”. No. No hay equidad de clase y tampoco de género. El enfoque feminista de género es una denuncia de la situación de las mujeres. Denuncia a un sistema que subvalora a unas y sobrevalora a otros y que se sostiene sobre la esclavitud de la mitad del mundo, nosotras. Es una categoría y un concepto aplicable a cualquier proceso, que para que cumpla su función tiene que serrevolucionario, porque tiene que revolucionar el mundo, no hay posibilidad de una vida sin violencia para las mujeres sin abolir la división sexual del trabajo, que no implica sólo el trabajo concreto que crea plusvalía al patriarcado si no también el sostenimiento emocional, los cuidados impagos que entregamos las mujeres, y también el colonialismo interno del amor romántico y la sensación interna de “no ser nadie”,ninguneo interno -por así llamarlo-. Todo esto no quiere decir que las feministas no debemos enamorarnos. Nos enamoramos y mucho… y demasiado. Y tampoco esto quiere decir que queramos una vida aburrida, Emma Goldman lo decía: qué aburrida la liberación de la mujer. En lo personal estoy de acuerdo en que cuando se vacían de contenidos las ideas feministas, cuando se cooptan, la “liberación de la mujer”, se transforma en lo que critica Emma Goldman. La liberación de la mujer es una más -en este caso- de las resistencias que robó el patriarcado. En un tiempo se llamaba MED (Mujer en Desarrollo), en los años 40s. Estas son las trampitas, son los lenguajes institucionales que nos pone el sistema capitalista implantado por el patriarcado. Porque el capitalismo y el capital son de los mejores hijos pródigos del patriarcado, pero el patriarcado es antes y es el creador de todas estas estrategias: neoliberalismo, imperialismo, racismo, machismo… Cuando el capital nos habla de MED y nos dice: Mujer en Desarrollo nos está diciendo: “inclusión de las mujeres al sistema”. Y estamos incluidas hace rato, por eso es que estamos en las maquilas trabajando, en el trabajo llamado “flexible” sin seguridad social. Y es por eso que las mujeres europeas, feministas y no feministas, pueden profitar de las cosas que las mujeres chinas, japonesas, latinoamericanas, indias, hacen por medio dólar de salario al día. Es decir, que las mujeres estamos incluidas hace rato en el sistema.

Luego esto se llamó GED (Género en Desarrollo) y junto con eso se armó esta historia del enfoque de género como un instrumento técnico aplicable por el cual hasta el Banco Mundial tiene enfoque de género, lo que no sólo es rarísimo si no cínico, ya que las medidas económicas de ese banco son las que producen la pobreza de las mujeres en el mundo, que somos las más pobres de los pobres y la mano de obra más barata que la barata.

Nos preguntan: ¿Se pude ser feminista, anarquista, autónoma, lesbiana…?…

Sí, siempre nos preguntan: ¿Se pude ser feminista, anarquista, autónoma, lesbiana -porque el concepto de lesbiana es una construcción política-, sobreviviente de violencia, animalista, ecologista, y proponer desde ahí?

La pregunta es con miradas irónicas, con sonrisas irónicas neoliberales de las que he visto en la tele, en la farándula, esa cosa cruel y descreída que te ningunea. No obstante hemos aprendido a no sentir vergüenza de decir que sí. Se puede ser todo eso y más, se puede ser activista política, social, terapeuta, escritora, producir, comunicar, ser ecologista como algunas de nuestras compañeras, ser okupa también y animalista como otras. Ninguna de nosotras se define en tanto el título que aprendió en la universidad si es que pasó por ahí, porque nos hemos despatriarcalizado lo suficiente como para saber que la academia es otro lugar del que preferimos tener autonomía. La cosa es que se puede y no sólo se puede, sino que nosotras pensamos que se debe.

Pero yo no vengo a hacer discursos porque aquí no se trata de una especie de figura activista. Tenemos algunas propuestas como feministas latinoamericanas que me gustaría conversar más con ustedes en el taller de la tarde pero que también voy a tratar de enunciar aquí y lo voy a tratar de hacer de la manera en que lo hacemos, tanto en Chile como en Bolivia, donde ahora el hueso es más duro de roer en términos de llegar a los lugares rurales, estar con las mujeres y apoyar y cuestionar desde la izquierda, el proceso político -lejos el único proceso revolucionario que hay en Latinoamérica hoy, desde mi mirada, y en el que ganamos por un 63% el 7 de enero en las urnas-.

¿Cómo trabajamos y cómo no separamos política de trabajo contra la violencia estructural? Primero porque la violencia estructural es política y luego: lo que hacemos es aplicar la mirada feminista, facilitarla en las otras. Y no es tan difícil, créanme, porque muchas veces, basta con la simpleza de ser mujer, tener un cuerpo de mujer que vive las opresiones sociales. Todas las que se cruzan, situación y condición. La condición de ser mujer por la cual cualquier mujer, transversalmente, está bajo la opresión patriarcal y la situación de ser india, negra, pobre, pobladora, lesbiana, madre sola, haber abortado ilegalmente, haber vivido violencia social, política, machista, etc. No hablo de mí solamente, hablo de muchas. Y todo eso haberlo hecho y estar haciéndolo autoconciencia en el cuerpo y desde el cuerpo. Así no te conviertes en juez de las otras ni te crees el cuento de que estás afuera de esa problemática, que tú lo superaste, que eres pura, que tú eres la que sabe y la otra la que acude por apoyo, no sabe nada. Somos todas mujeres que toman conciencia de la violencia patriarcal, en la consulta, en el taller de autoconciencia, y en la calle. Y cooperamos entre nosotras con lo que sabemos y podemos.

Creo que así funcionan los procesos feministas de autoliberación de la violencia patriarcal. Lo vives en tu cuerpo, haces conciencia, vas sintiendo los dolores. Y es un dolor compasivo porque tienes compasión, es decir, sufres con las otras y los otros, no sólo sufres por tus opresiones. Nosotras, en la memo por ejemplo, sufrimos por todas las presas, y por todas las presas políticas actuales, por lasmapuche. Y no es sólo condolencias, es repudiar y actuar para repudiar. Repudiamos el cómo se llega a las comunidades mapuche y se produce violencia en el cuerpo de las mujeres de una manera diferenciada a la que se produce en el cuerpo de los hombres, como en todas las dictaduras. Lo primero que se hace –lo reporteamos**- es que se golpea a las mujeres, se las trata de indias, brujas, luego a los hombres se los detiene, se los lleva presos, a las mujeres se les pega, a las machis se las amarra y se las deja ahí amarradas. Asimismo nos hicieron a nosotras después del 11 de septiembre de 1973. Y cuando digo “nosotras”, hablo de muchas que están en el cuerpo de la memo porque no hay que ser ellas para sentir sus dolores y hacerse parte.

¿“VIF” o Violencia Estructural contra las mujeres?

La violencia estructural contra las mujeres es una constante. Eso no quiere decir que no haya violencia en el patriarcado contra los hombres, claro que la hay, pero diferenciando privilegios y sometimiento. Hay violencia contra los hombres, sin embargo la violencia estructural contra las mujeres es una violencia que no sólo se desprende de la relación afectiva, amorosa, de pareja, de familia, sino de todo un sistema que requiere violentar a las mujeres como una constante para sostenerse como sistema. Por eso por ejemplo cuestionamos y rechazamos el concepto neoliberal “VIF” que es lenguaje institucional.

Las leyes de Violencia Intrafamiliar y el valor moral que la inspira, niega a las mujeres lesbianas, a las mujeres solas, a las mujeres jóvenes, porque para el concepto “VIF” las mujeres son sólo objeto de violencia, y solamente en tanto y en cuanto sean esposas o mujeres de algún hombre, o madre de los hijos de algún hombre, o madre, hija, abuela, hermana, suegra u otra familiar del agresor. No polola o novia o amante sin hijos, no vecina, no transeúnte atacada por ser mujer, no prostituta abusada, no trabajadora acosada, no compañera se curso burlada. Es decir no mujer autónoma o independiente de los hombres agresores. El concepto “Violencia Familiar” o “Intrafamiliar” es familismo –ideología patriarcal- que nos coloca a las mujeres como complementos de los hombres.

Por lo tanto, cuando se habla de violencia familiar, se está hablando de una cuestión institucional. El tema de la violencia estructural contra las mujeres no tiene que ver sólo con la casa, la familia, la pareja o el amor, sino que tiene que ver con ser mujer en cualquier conflicto social, cultural, político, tiene que ver con la rebeldía y las resistencias a lo femenino. Las mujeres que están en rebeldía por distintas razones, sufren en su propio cuerpo la violencia como mujeres, porque lo que hace el patriarcado en dictaduras por ejemplo es decirte: “Si estás aquí es porque eres amante de alguno, la puta de alguien”. Yo estuve presa en el 79 a los 17 años y es lo que le dicen a una: “Tú eres la puta de alguien”, y de un hombre, por supuesto no de una mujer, ni lo imaginan.

Todas sabemos, por lo relatos de tortura de quienes fueron torturadas y sobrevivieron, que la violencia en el cuerpo de las mujeres se ejerce como abuso sexual, como abuso a la dignidad, abuso a tu ser mujer, que se obliga a las mujeres a abortar a golpes o se le embaraza por violación. Y eso no sólo en las dictaduras obvias, si no los estados llamados democráticos, se le hace a cualquier mujer presa. Pero no es sólo la tortura explícita, si no que a las mujeres, nos colocan obligaciones que no son consideradas tortura, pero invaden nuestros cuerpos y nuestras vidas, sometiéndonos. Por ejemplo cuando nos obligan a parir. Hay obligación de parir y eso te define como mujer y ese cuerpo sometido es el objeto de la violencia patriarcal en cualquier ámbito, ya sea en el trabajo, ya sea en la casa, ya sea en la calle; sobre todo en la calle, porque la calle no es un espacio nuestro, la calle es un espacio al que accedemos y andar en la calle significa culpa de algo.

Feminismo, cuerpo, espacio, tiempo, memoria y movimiento

Por todas estas reflexiones -que hacemos acciones- es que cuando nos dicen con esa sonrisa socarrona neoliberal: “tú no puedes ser todo eso…, ustedes no pueden ser todo eso que están diciendo que son…”… Es que nosotras decimos que sí. Y es que creo en lo personal, que el sujeto feminista es un cuerpo de mujer que nace como mujer, que vive las opresiones, todas las opresiones de las mujeres, que se resiste a las opresiones y que se rebela a las opresiones, y no hay ninguna manera de rebelarse a las opresiones si no es revolucionariamente y eso en este caso del patriarcado, es el feminismo.

Y como estamos hablando y contextualizando un problema que no es sólo de desarrollo personal –como se dice a menudo- o individual o psicológico, es que hemos dicho en toda esta reflexión que no nos interesan las cuotas de poder. Puedes tener todas las cuotas de poder que quieras y la violencia contra las mujeres va a seguir siendo la misma y eso se puede ver, por ejemplo, en Europa. En Europa la violencia contra las mujeres –la mujer golpeada como la llaman ellos- es un fenómeno dramático, pero ellas hace rato que están en el poder y tienen sus cuotas.

Lo que nosotras proponemos, a grandes rasgos y entre otras cosas, es una metodología feminista, una elaboración feminista autónoma y comunitaria que asume que en todo análisis, reflexión, denuncia, propuesta, debe comenzarse desde el cuerpo de las mujeres. Desde nuestro cuerpo. Tomando en cuenta el espacio de este cuerpo, el tiempo de este cuerpo, la memoria de este cuerpo y la conciencia de las mujeres en el movimiento político. Son 5 espacios o 5 ámbitos que estarán presentes en análisis, en el trabajo, en las acciones que hagamos***.

Puede que a algunas y algunos esto les parezca teórico, sin embargo esto se trabaja -y he podido ser parte de ello- en Bolivia, en talleres, propuestas, asesorías -porque no se trabaja para los estados, pero sí para los procesos como este, de cambios en Bolivia, que es un proceso popular y revolucionario. Cuesta harto porque se trata de un hueso duro de roer. Los funcionarios siempre creen que nosotras somos “muy feministas”, sin embargo aceptan el “enfoque de género” “técnico”, y nosotros seguimos afirmando que esto no se llama así, sino que se llama FEMINISMO y que el feminismo funciona con la auto-consciencia y con la conciencia social y política.

Ambitos políticos: Lo íntimo, lo personal y lo público

Dentro de lo que trabajamos, y muy especialmente lo que me gusta trabajar a mí, tiene que ver con los ámbitos íntimos, personal y público como otra metodología feminista posible y no escindida de la anterior si no siendo una profundización de ella, que aporta para intervenir-nos desde distintos ámbitos individuales y comunitarios.

Cuando hablamos del ámbito íntimo estamos hablando del Yo conmigo y con mi cuerpo donde sucede un bloqueo patriarcal con los temas emocionales que la mayoría de las psicólogas y psicólogos humanistas, entienden. Y este bloque patriarcal tiene que ver con la pasividad, con la incomunicación, con la angustia, y una angustia que la persona no sabe si es rabia, miedo, pena, etc. Es una ignorancia interna, angustiosa, porque no estamos comunicadas con nuestro cuerpo, entonces no reconocemos las vulnerabilidades porque estamos bloqueadas, estamos desinformadas.

Las emociones nos informan ese es uno de los objetivos de sentirlas. Si hacemos un proceso de autoinformación, podremos saber qué nos está pasando y podremos comenzar a manejar, a enfrentar, pero si no sabemos qué sentimos. Si no entendemos, a nivel de cuerpo, que lo que nos está pasando es pena, rabia, miedo, etc., entonces sólo sentimos algo extraño en el cuerpo. Es una confusión interna y estamos terriblemente angustiadas. Y eso ocurre con el bloqueo patriarcal. Lo que llaman algunos psicólogos la “baja autoestima”, pero resulta que desde dónde lo veo –lo vemos- “baja estima” es un concepto limitado que parece que no requiriera de autoconciencia y de conciencia social -que no separan, así como no se puede separar lo íntimo, lo personal y lo público-.

Y todo este proceso no puede NO ser político. Es tan político –aunque no lo parezca- este proceso, tan amplio y profundo que está marcado por ejemplo por la sensación de sometimiento por el amor romántico de las mujeres. Amor romántico que remata en consecuencias patriarcales como la aceptación de la violencia desde otros, o la violencia desde sí misma, la bulimia, la anorexia, la obesidad, el suicidio, el sentimiento de no valer nada. Esto es político y se trata de una política patriarcal que penetra nuestro íntimo y nuestra vida personal desde lo público, para hacernos sentir insuficientes y no merecedoras de una vida libre, autónoma.

Para sentirnos amadas o deseadas, olvidamos nuestro cuerpo y salud, nuestro placer, tenemos sexo indiscriminado que no es un problema moralista si no una manera de autodestrucción, o no tenemos sexo porque sentimos que es abuso y no algo reconfortante. Y lo vivimos así porque nuestros cuerpos tienen una memoria propia y una memoria ancestral y colectiva de los abusos sexuales que han tenido la gran mayoría de las mujeres en todo el mundo, en la infancia, en la adolescencia, en la juventud y en la adultez… Es algo totalmente político que las mujeres nos sintamos insuficientes o víctimas en lo íntimo y personal, y se relaciona con el hecho público de que las mujeres hemos sido y somos el Botín de guerra en todos los conflictos armados y en las calles, incluso sin conflictos armados evidentes, y en la familia patriarcal también.

Lo personal tiene que ver con las relaciones en las que se cuentan los mandatos patriarcales. Cuando nos bloqueamos tenemos relaciones sin brújula -como se expresa acá-. No sabes para dónde va la micro, como decimos en chile. Estamos completamente desorientadas y la pregunta, que es una pregunta que exclama más que interrogar, que nos hacemos muchas veces es: “¿¡Qué hago aquí!?”… Y es una frase que se repiten a menudo las mujeres, según sus relatos en consultas y talleres. Están –estamos- constatando que este no es su espacio. El espacio de la violencia, del ninguneo, y lo preguntan –lo preguntamos- para hacerse reaccionar. Es importante que esta pregunta tan común en situaciones de violencia, abuso, menosprecio machistas, alude al espacio. ¿Cuáles son los espacios que el patriarcado atribuye y adjudica a las mujeres en lo personal y lo público? Sobre lo íntimo ni pregunto, porque es un ámbito que directamente se niega a las mujeres. Hay que fijarse en los espacios que el patriarcado adjudica a los cuerpos de las mujeres.

Y en el ámbito público, donde todas y todos tenemos otra máscara porque mostramos unapersonalidad para la aceptación de los demás, por lo general -“personalidad”, significa máscara-, es el espacio político de la calle, del trabajo, de la escuela, de la fe, del autogobierno, de la revolución, y de todo aquello que a las mujeres se nos ha negado, se nos niega, o se nos negó alguna vez como propio.

Dicotomía público/privado y resistencia feminista desde la autoconciencia política

Y acá no estoy hablando de la dicotomía público/privado, que son idearios patriarcales para mantener a las mujeres como intrusas en lo público y como esclavas en lo privado. Lo que digo es que lo íntimo, lo personal y lo público son ámbitos que no se separan dicotómicamente, que se retroalimentan y se conflictúan entre sí. Se cruzan, y si los logramos ubicar y hacer autoconciencia y conciencia social sobre esta obviedad, que por obvio, no se ve, y por revolucionario se niega, entonces revolucionamos la humanidad desde el feminismo.

¿Por qué? En la sociedad en que vivimos tenemos millones de mitos misóginos, que no son distintos al racismo y al clasismo. El racismo es un fenómeno que se maneja en razón de quién es el otro estructural y físicamente. No existen las femeninas y los masculinos, pero existe el género y éste es el racismo patriarcal. Una construcción que se hace en nuestros cuerpos, en nuestros espacios, en nuestras memorias, en nuestros tiempos, e incluso que se reflejan muchas veces en nuestros movimientos. Este racismo dicta que cuando tú quieres entrar a los espacios masculinos, estás “accediendo” porque no son tuyos porque eres mujer. Lo que tú haces en la casa no es trabajo, es entrega “por amor”, cuando sales a la calle, cuando “accedes” a ese espacio masculino entonces sí se te reconoce que trabajas… Y un sin número de mentiras sobre las mujeres en lo público/privado. Así el patriarcado nos arrebata los tiempos, el trabajo, la idea de la validez propia, la idea de nuestro derecho al placer y a la libertad.

Basta una cifra para hablar de tiempo: tres cuartos del trabajo de las mujeres en el mundo es impago. No pasa lo mismo con los hombres. En este orden, el tiempo concreto de las mujeres no es la noche, es el día, y son tiempos “para la familia”, no propios… No te vas a ir a una actividad feminista un día familiar… Los tiempos femeninos son claros, los masculinos son bastante más flexibles y este racismo patriarcal queda en la memoria colectiva, ancestral y propia. A veces no nos acordamos, no lo sabemos, pero nuestro cuerpo sabe, y ese conocimiento del cuerpo se llama memoria y puede emerger en procesos políticos de autoconciencia feminista. No basta con que emerja para dejar de vivir violencia una solita, es necesario para una vida verdaderamente digna de todas y todos, que emerja políticamente, porque eso revoluciona la vida de la humanidad.

Para qué explicar más lo que casi todas sabemos, que incluso la mujeres mestizas tenemos una memoria racial blanquísima y que esa memoria es racista y no hay como despatriarcalizar a la humanidad sin descolonizarla y no se descoloniza nada si no despatriarcaliza. Y tenemos ideas arribistas en el cuerpo, las mismas pobladoras o empobrecidas, y no se puede despatriarcalizar sin abolir las clases sociales y bajarle los humos al arribismo, ni se puede abolir las clases sin desarmar y desmantelar el género porque aunque ya no existan hombres pobres, seguirían habiendo como dijo Flora Tristán: “las proletarias de los proletarios”.

Aquí nadie se salva de racismos, este género, este racismo y clasismo patriarcal actúa en razón de los movimientos de mujeres también, y es por eso que a las feministas activistas, incluso dentro de los movimientos sociales progresistas se nos mira dicotómicamente como lesbianas… o marimachas en realidad -lesbianas es una construcción política un poco más compleja-, o como putas. Es decir o se acuestan con todos los hombres o con todas las mujeres.

Cuando nosotras llegamos a los talleres en sectores rurales o barrios -hemos trabajado en El Chaco y otros lugares- preguntamos a las mujeres dos cosas: ¿Qué es género y qué es feminismo? Y después vamos leyendo sus respuestas o escuchándolas. Y vas descubriendo que feminismo es marimacha, puta, lesbiana, rapadas –porque en Bolivia hay lesbianas feministas conocidas que se rapan una parte de su cabeza-. En fin, hay un montón de imágenes racistas metidas en nosotras. Y cuando termina el taller, que dura cuatro días o más, a veces estamos menos deformadas que muchas y muchos que han pasado por la universidad, aunque lo que hacemos es un modesto taller, pero lo interesante es que es feminista y desde el feminismo o sea es una metodología política despatriarcalizadora.

Eso es a grandes rasgos. A la tarde veremos en el taller otros temas y profundizaremos estos.

Muchas gracias.

REFERENCIAS

* Iglesia Evangélica Luterana en Chile, IELCH, Casa de Primera Acogida a Mujeres por Violencia que estuvo en El Bosque, pero atendía a mujeres de cualquier sector de Santiago, incluso a de cualquier región que llegara. Atendimos cerca de 400 mujeres en tres años. Fuimos un equipo de tres mujeres de planta, dos contratadas, una solidaria, una terapeuta de biodanza y varias feministas y lesbianas fenministas que apoyaron el trabajo con sus oficios y participación en talleres, acciones callejeras, etcétera.

** Por eso hablamos porque hemos visto. Reportaje, entre otros: Pueblo mapuche: más encarcelados, más perseguidas: La razzia del winka. Victoria Aldunate Morales, http://www.kaosenlared.net/noticia/pueblo-mapuche-mas-encarcelados-mas-perseguidas-razzia-winka (También en La Haine, de Igual a Igual, etcétera).

&nbsp

*** Ver, entre otros, los siguientes ensayos en Internet:

La Obsesión de Lilith: No Más Violencia contra las Mujeres. VICTORIA ALDUNATE MORALES. (Fuentes primarias para este escrito: Relatos de mujeres atendidas en talleres y conversaciones terapéuticas en Primera Acogida a Mujeres en la Oficina de la Mujer de Municipio de El Bosque (2004-2005); Relatos de mujeres atendidas en talleres y conversaciones terapéuticas en Primera Acogida a Mujeres Proyecto IELCH/PPM/ELCA (2005-2008). PDF:http://www.lahaine.org/b2-img08/ald_lilith.pdf,

http://www.kaosenlared.net/noticia/obsesion-lilith-no-mas-violencia-contra-mujeres-5

“Tengo razones». VICTORIA ALDUNATE MORALES. Experiencia de la Casa de Primera Acogida a Mujeres que viven Violencia, de la IELCH, Iglesia Evangélica Luterana en Chile -2005-2008-. Trabajo que hoy se prepara y desarrolla autónomamente por el Grupo Kllejeras en CENFOCAR, Centro de Formación Aracely Romo, casa comunitaria que coloca a disposición sus espacios para este trabajo. Ponencia presentada en el IX Congreso de Psicología Comunitaria, Concepción, Chile, Octubre 2008. http://www.kaosenlared.net/noticia/tengo-razones

Para el marco epistemológico feminista: Cuerpo, Tiempo, Espacio, Memoria y Movimiento, buscar libro de PAREDES, JULIETA: “Hilando Fino. Desde el feminismo comunitario”. Comunidad Mujeres Creando Comunidad, DED, 2009, La Paz, Bolivia.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS:

PREGUNTA:

¿Son sólo las mujeres las sujeto del feminismo? ¿Qué hay con la idea o noción de feministos? ¿Cuál es tu opinión?

&nbsp

VICTORIA ALDUNATE:

Sí, creo que somos las mujeres los sujetos del feminismo y los objetos del patriarcado, creo que el feminismo se hace desde el cuerpo, no hay nada que no se haga desde el cuerpo y desde la experiencia, la fisicalidad, la memoria corporal, la memoria ancestral negada, no hay ninguna rebelión ni resistencia, aunque no parezca, que no se haga desde los cuerpos. Desde los cuerpos y todo lo que hay en esos cuerpos porque no hay nada fuera del cuerpo de una, todo está dentro, lo que sientes, lo que piensas, lo que te emociona, lo que te duele y lo que te rebela.

Lo anterior no quiere decir que los hombres no puedan crear, elaborar y manejar su propia resistencia, sus propias rebeldías al masculino que entiendo que lo están desarmando, pero creo firmemente que el sujeto del feminismo somos las mujeres.

Probablemente haya otras elaboraciones, otras manifestaciones, otras formas que siempre tienen que ser vivenciales porque las teorías desde la estratósfera no nos convencen, como las que hemos escuchado a veces desde los hombres o desde la institucionalidad, aunque hoy hemos visto vivencias que nos han mostrado los hombres, que crean y recrean posturas, lenguajes… A mí la palabra masculinidad, me mata…, no me gusta, no sé de qué otra manera se podrán llamar…, pero la verdad es que masculinidad a mí en general me parece un poco más de lo mismo y que tiene que ver con el género, tiene que ver con la autoafirmación de lo masculino y también la autoafirmación desde una situación también de víctimas. Sí, y cuando no hay responsabilidades sociales, políticas, culturales, históricas, sucede lo que pasa con los Derechos Humanos en Chile: todos fuimos culpables, todos somos víctimas. No hay responsabilidades entonces.

Pienso que las responsabilidades son importantes, los privilegios de las mujeres que abusan de otras mujeres son importantes de renunciarlos o que abusan de hombres pobres o de hombres en general son importantes de denunciarlos y renunciarlos.

Los “dueños” de las elaboraciones son los sujetos que trabajan y vivencian esas elaboraciones, y aquí hay sujetos lo que llaman “masculinidades”. Conocí a Juan Carlos Kreimer, de la Nueva Masculinidad porque lo entrevisté y lo sentí bien cercano al feminismo, pero por ejemplo también he visto unos grupos que van y se van a unas cavernas y supuestamente recuperan el ser salvaje que hay en ellos… Puede ser, bueno, yo no lo sé, no soy hombre, nunca lo he sido y nunca lo voy a ser probablemente -hasta otra vida y no sé si eso funciona-, hoy día he escuchado a estos dos compañeros con una mirada crítica a las masculinidades así entendidas, pero esto no lo he visto muy a menudo.

Creo, entonces, que los sujetos del feminismo somos las mujeres y creo que puede haber otras elaboraciones y creo en las posibilidades de hacer alianzas estratégicas y alianzas coyunturales con movimientos sociales que son mixtos -y cuando son mixtos generalmente son muy masculinos- y con grupos de hombres que renuncian.

Después hay otra pregunta que dice:

Si el feminismo es revolucionario ¿por qué esta aparente dicotomía entre el machismo revolucionario y el feminismo, si el cambio que hay que realizar es estructural y radical, entonces cuál es el aporte del feminismo a la lucha contra el sistema capitalista?

VICTORIA ALDUNATE: El sistema capitalista es una opresión más del patriarcado, contextualicemos así; el patriarcado tiene un inicio claro que data de la antigüedad, hay vestigios de otro tipo de sociedades, no matriarcales sino matrilineales y matrilocales, las antropólogas saben mejor de eso que yo. Hay inicios que los marxistas leen como la propiedad privada. Cuando Engels habla (en su texto La Familia, el Estado y la Propiedad Privada) y plantea el inicio de la prostitución y la familia donde la mujer es la esclava, etc.. Algunas antropólogas feministas colocan los inicios del patriarcado relacionado con el cambio de los símbolos en las culturas, dicen que cuando los hombres comienzan a aparecer como sujetos dominantes lo hacen como reyes y es así que hubo hombres que fueron enterrados con su pene cubierto de oro y no es un chiste, es verdad y eso se produce hacia fines del neolítico y a comienzos de la antigüedad. Antes las imágenes de las mujeres nunca estaban enfundadas en oro sino que estaban o pariendo o con grandes pechos, etc.

Léase como se lea, hay un inicio histórico del patriarcado. Por lo tanto lo revolucionario no es la Revolución Rusa, por así explicarlo. Yo viví 9 años en el socialismo real y puedo señalar que el aporte revolucionario de las mujeres fue grande, pero constantemente saboteado por esa revolución.–Y sospecho que esta pregunta la puede haber hecho un compañero porque siempre nos dicen estas cosas, son blancas, son burguesas, son… ¿qué más? ¿contrarrevolucionarias también?-. Yo creo que la verdadera revolución justamente está en desarmar el patriarcado, cuando tú desarmas el patriarcado tú desarmas el sistema de las clases sociales, tú desarmas el racismo y de-construyes, desmantelas, por supuesto la más grande opresión, más grande sobre todo por el número, la opresión de las mujeres, que no somos un sector, como dicen algunas aplicadoras expertas del enfoque de género o como piensan los movimientos mixtos, cuando dicen: mesa de indígenas, mesa de jóvenes, mesa de población, mesa de economía y mesa de mujeres, como si las mujeres no fuéramos indias, jóvenes, como si no estuviéramos en la economía y no nos importara, ni nos afectaran las políticas de población. Hay que saber que las mujeres somos la mitad del mundo, por lo tanto cuando tú despatriarcalizas la opresión que ha sido el símbolo y el modelo de todas las demás opresiones y que es la opresión sobre las mujeres por medio de la dominación, en términos de la división sexual del trabajo que abarca ámbitos de la afectividad y el amor, en la cual la mujer sostiene a la otra mitad del mundo y hace el trabajo de todo el mundo siendo sólo la mitad del mismo, por supuesto que eso es una revolución pues compañero o compañera que me hizo la pregunta.

Otra pregunta: ¿Por qué el lesbianismo es más que una orientación sexual?

VICTORIA ALDUNATE: El movimiento feminista tiene una historia larguísima, que algunas la ubicamos en el medievo cuando estaban las querellantes por un lado, que eran mujeres de clases acomodadas que estaban en los salones y eran escritoras, una exponente es Christine de Pizan que escribió mucho sobre la igualdad de los niños y las niñas, y por otro lado estaban las beguinas que eran mujeres pobres que llenaban las calles del medievo. Algunas de esas comunidades se constituyeron en comunidades como las ocupas de hoy y se constituyeron como comunidades de autodefensa de mujeres, autodefensa de la violencia, en fin y también de autogestión para el sustento diario. Al feminismo generalmente las historiadoras e historiadores de la academia lo ubican desde la Revolución Francesa y generalmente también se olvidan de la Comuna de París, y ahí está la Louis Michel, y la Comuna de París es una propuesta absolutamente revolucionaria del feminismo que no es la misma propuesta de la Olympia de Gouges con todo el respeto por la Revolución Francesa. La Comuna de París fue una comuna anarquista, es una comuna donde lo primero que se hace es abolir el ejército, cuando se sigue en este camino hay un camino que se llama el Camino del Feminismo de la Diferencia y el Camino del Feminismo de la Igualdad, nosotras discutimos un poco eso, yo creo que hay un feminismo revolucionario y un feminismo más bien inclusivo que quiere auto-incluirse en el sistema, pero más allá de eso en el Feminismo Revolucionario, surge el lesbofeminismo que es una construcción, una elaboración, no es un ser erótico solamente ni sólo eso. Hay compañeras que manejan el concepto de las lesbianas políticas por ejemplo, y dicen: no, no es lesbiana pero sí es lesbiana política… Puede ser, no lo afirmo, pero lo importante de todo esto es que un proceso político distinto en el lesbianismo, que no es “homosexualidad femenina” porque no se refiere a un ámbito reducido de lo erótico o con quien tienes sexo, si no un proceso integral de resistencias, de rebeldías, de elaboraciones de propuestas.

Yo recuerdo que cuando a mí me preguntaban hace años atrás: ¿Tú eres lesbiana? (Y esto porque soy feminista). Yo decía: “Mira, no he sido hasta ahora, pero no pierdo las esperanzas de serlo”. Y creo que este chiste, esa respuesta irónica, tuvo que ver con lo que aprendí en el feminismo, que ser lesbiana es un espacio de construcción, un proceso político, y una elaboración desde el íntimo, el personal y de cómo abordamos esto las feministas en el mundo público. El lesbofeminismo reta a la heterosexualidad obligatoria. Esa elaboración no es mía, claro. O es de todas. Keith Millet por ejemplo es una exponente importante del lesbofeminismo y elaboró por primera vez el concepto de patriarcado y de política sexual. Ella dice que el patriarcado es una política sexual que tiene que ver con la heterosexualidad obligatoria, por eso que lo personal es político y lo íntimo es sobre-ideologizado en el patriarcado, pero podría ser autónomo, si revolucionamos el mundo. Por eso y por más cosas seguramente, el lesbofeminismo es una corriente política, feminista y revolucionaria.

* Ponencia de hecha en el seminario PATRIARCADO Y PODER. ROMPIENDO IMAGINARIOS, organizado en enero 2010 por CoSeCh, Comité de Servicio Chileno en Santiago de Chile, Auspiciado por UNIFEM, patrocinado por Universidad Academia y Magenta y apoyado por eed. Para obtener la publicación completa dirigirse a comité@tie.cl

Publicidad

También podría gustarte

Publicidad

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. AcceptRead More