Una tormenta perfecta

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La tormenta perfecta es una película de catástrofes sobre el encuentro entre un tornado y un huracán. A la pandemia del coronavirus se le añade ahora una crisis financiera y económica cuya dimensión aún se desconoce. Son los ingredientes de una tormenta perfecta que no se sabe a dónde nos llevará. La situación ha cambiado de forma brutal y hay que tomarle la medida.

 

1. El monstruo está a nuestras puertas

El Covid-19 es un nuevo virus que forma parte de la familia de los Corona, conocidos desde hace más de 15 años, pero cuya investigación fundamental quedó paralizada por no rentable ya que no había mercado. El Covid-19 o SRAS-CoV-2 (Severe Acute Respiratory Syndrome, o Síndrome Respiratorio Agudo Grave) es una cepa reciente, identificada hace apenas dos meses. Este virus se caracteriza por 1) un contagio muy fácil, 2) una larga incubación, 3) un número elevado de casos asintomáticos, 4) una tasa de mortalidad mucho más elevada que la gripe, 5) una duración prolongada de la enfermedad. Esto cambia los datos respecto al Ébola o el Zika, que tienen una tasa de mortalidad mucho más elevada (50% o más), pero sus posibilidades de contagio son reducidas, lo que ralentiza su difusión.

El Covid-19 tiene una ratio de reproducción que va de 3 a 7 según las circunstancias, en función del número de interacciones sociales y de las políticas empleadas para combatirlo. Eso quiere decir que cada persona contagiada va a contaminar a una media de entre 3 y 7 personas. Sin medidas de barrera, de distanciamiento físico o de confinamiento, se duplica cada 2,5 días. Dicho de otra manera, de 50 contagiadas se pasará a 100 y después a 200 en menos de ocho días. La tasa de mortalidad varía entre el 2% y el 4%, según datos epidemiológicos provisionales. Esto hace del coronavirus un serial killer, no porque siempre sea mortal sino porque una gran parte de la población es potencialmente contagiable.

 

2. Actuar en tiempo real

En la provincia de Hubei, después de una cuarentena de 60 millones de personas (Wuhan y otras ciudades de la provincia), se han contabilizado 80.000 casos y alrededor de 3.000 fallecimientos, lo que da una tasa de mortalidad del orden del 4%. Pero hay que saber que las autoridades chinas han realizado enormes cantidades de test, sobre todo en Wuhan y en Hubei.

Aun considerando una cifra del 20%-30% de personas asintomáticas no identificadas, la tasa de mortalidad sería ligeramente superior al 2%. Ahora bien, un 2% de 50 millones de habitantes significa un millón de muertos, lo que es mucha gente, aunque se sea un neomaltusiano o un eugenésico loco.

Según los datos oficiales, en Lombardía, de 17.000 casos identificados el 18 de marzo había 1.900 fallecimientos (¡un 12%!). Para identificar estos 17.000 casos se hicieron test a 48.000 personas. Circulan varias hipótesis para explicar esta tasa de mortalidad tan elevada. Entre ellas está la hipótesis de que el virus evoluciona rápidamente y que la segunda cepa que circula por Europa sería mucho más efectiva. Pero algunos virólogos contradicen esta hipótesis y hay que evitar las interpretaciones apresuradas.

Una cosa es cierta, la pandemia del Covid-19 se propaga de manera exponencial. Francia alcanzó una tasa de crecimiento diario del 38% a comienzos de semana (15 de marzo). Sabiendo que las acciones de distanciamiento físico solo producen efectos después de un cierto lapso de tiempo, se puede esperar una muy fuerte progresión durante todavía una decena de días. El 18 de marzo había 9.134 casos confirmados con 3.626 hospitalizaciones, de los cuales 931 casos graves en reanimación, y 246 fallecimientos. Si la proporción de pacientes que necesitan hospitalización (35%) sigue siendo la misma en el curso de los próximos 10 días, se puede calcular fácilmente el número de camas que serán necesarias cuando haya 100.000 casos… Pero este número de casos no es fantasioso: con una duplicación cada 3 días, de 9.000 casos declarados el 18 de marzo se pasará a 18.000 casos el domingo 22 de marzo, después a 30.000 el 26 de marzo, para escalar a 60.000 hacia el 30 de marzo y tal vez hasta 120.000 a comienzos de abril. Sabiendo que Francia dispone de 12.000 camas en cuidados intensivos o en reanimación, ¡es posible que sean necesarias tres veces más de aquí a diez días!

Para cortar la progresión, los enfoques varían. Cuando el número de casos no supera el centenar, todavía es posible jugar la carta del aislamiento y de la puesta en cuarentena de las personas contagiadas y de su entorno. Pero después, solo una apuesta determinada por el distanciamiento físico y el confinamiento pueden contener la propagación. Cuanto más dubitativa o incoherente sea la acción de los poderes públicos, más difícil será frenar su progresión.

Tanto Italia como Francia y España han perdido tiempo reaccionando de manera incoherente. Pero los hay peores. Otros gobiernos, sobre todo el de Holanda, priorizan una estrategia basada en la inmunidad de grupo. La idea es utilizar a los asintomáticos (que disponen de anticuerpos) y a los enfermos leves (que producen anticuerpos) para erigir un escudo que proteja a los más vulnerables. Para la mayor parte de los epidemiólogos, esta opción es criminal e insostenible. Consiste en sacrificar a mucha gente sin tener ninguna garantía de que la barrera sea sólida 1/. Vista la rapidez con que evoluciona el virus, apostar por la inmunidad gregaria es muy arriesgado. De hecho, este método se parece a las repetidas ofensivas de la Gran Guerra del 14-18, enviando oleadas sucesivas de soldados a la muerte para espantar al enemigo. En este caso es seguro que la población no se dejará diezmar sin reaccionar, lo que obligará a los gobiernos a cambiar de rumbo. Como este cambio se hará de forma tardía, el tiempo perdido se traducirá en una puesta en cuarentena de todo el país mientras que los países vecinos cerrarán las fronteras. Se pueden imaginar las consecuencias a nivel europeo…

 

3. El confinamiento a escala masiva es un shock social

Ahora mismo, contando a Italia, España, Francia y Bélgica, hay más de 150 millones de personas confinadas en diversos grados. Solo es el comienzo, porque Alemania les seguirá dentro de poco. A escala mundial, el confinamiento afecta a 800 millones de personas. ¡Es un shock social nunca visto! Toda la economía globalizada quedará desorganizada, lo que no tardará en desencadenar un caos monumental. La interdependencia económica respecto a otros países es omnipresente, tanto a nivel de bienes de primera necesidad (alimentos) como de bienes duraderos (coches, ordenadores, etc.). Más aún, el confinamiento de millones de personas se realiza sin ningún criterio, con escandalosas desigualdades sociales (viviendas precarias, insalubres…).

A este shock social se añade el riesgo permanente de ser contagiado por falta de materiales de protección. A diferencia de Wuhan, donde todo el mundo llevaba mascarillas, ningún país de Europa dispone de stocks estratégicos. Ya sabemos por qué: austeridad presupuestaria, falta de precaución y dejadez de los gobiernos hacen que incluso ahora, siete semanas después del comienzo de la propagación del virus en Europa, el personal sanitario o los trabajadores y trabajadoras funcionen sin protección. La investigación publicada por el medio de comunicación independiente Basta! resulta ilustrativa. La ausencia de mascarillas, incluso para personal médico y de cuidados, ha llevado a algunos de ellos a interponer denuncias contra el Estado. Seguro que serán apoyadas por buen número de ciudadanos.

Para frenar la pandemia, es cierto que hay que quedarse en casa y cruzarse con un número muy reducido de personas que también deben actuar de la misma manera. Según la Cruz Roja china en misión en Lombardía, las medidas adoptadas son insuficientes: en el exterior, todo el mundo debería llevar una mascarilla, las empresas deberían cesar toda actividad y solo deberían funcionar los servicios esenciales (sanitarios, alimentación, energía…).

 

4. El espejismo de la unión nacional

La guerra es siempre pretexto para llamar a la unión nacional e instaurar un régimen bonapartista. Pero en el caso de Francia, esta unidad nacional sufre algunas contradicciones importantes. ¿Los cuellos blancos pueden quedarse en casa para teletrabajar mientras quienes trabajan en la producción tienen que continuar produciendo?

En las cadenas de montaje y en los talleres, las interacciones sociales son frecuentes e inevitables. Los contagios también. Cuando el país ha sido paralizado, esas producciones no son en absoluto esenciales. Como es lógico, primero en Italia, después en España y en Francia, se han multiplicado las huelgas salvajes en las fábricas, sobre todo en el sector del automóvil. “No somos carne de cañón”, era el grito de guerra de las y los obreros de la Fiat, de PSA, Iveco o Mercedes.

Estas huelgas no se dan por reivindicaciones financieras (prima por riesgo), sino que expresan una voluntad de autopreservación (“la paralización de la actividad también vale para nosotros”). Las negociaciones que han tenido lugar aquí y allá desembocarán sin duda en la distribución de mascarillas y guantes y una producción al ralentí, pero esto no resuelve el problema. La utilización del derecho a abandonar el puesto de trabajo [droit de retrait en Francia] va en aumento; un derecho cuya importancia se puede valorar hoy y que solo es efectivo cuando se basa en una acción colectiva. En la mayor parte de los países existe un marco reglamentario para proteger a las personas asalariadas, pero falta voluntad gerencial o gubernamental para tomar medidas que estén a la altura de los riesgos.

En realidad, los gobiernos quieren limitar la difusión del contagio pero sin paralizar la actividad económica, lo que es ridículo cuando se conoce la facilidad con que circula el virus y el tiempo que puede sobrevivir fuera del cuerpo humano, en el suelo o en superficies metálicas.

 

5. ¿Qué vale la vida frente a sus ganancias?

El confinamiento masivo y el cierre de todos los establecimientos no alimentarios provoca una explosión de las compras por internet. Amazon prevé emplear a 100.000 colaboradores en Europa y EE UU. ¿Pero qué pasa con el resto de la cadena logística? Los riesgos de contagio son reales. La distribución de comidas a domicilio representa otro sector crítico: es el corazón del capitalismo de plataforma. El personal que reparte no tiene protección y se expone más allá de lo razonable. Frente a este tipo de servicios que sobreexplota a un ejército de personas precarias, habría que poner en pie un sistema de aprovisionamiento localizado, basado en un sistema de tiendas sociales de alimentación, en relación con proveedores que respondan a estándares de responsabilidad social y ecológica. ¿Pero quién lo va a hacer? Los ayuntamientos podrían jugar un papel de primer plano, pero habría que movilizar las estructuras colectivas y las organizaciones de la sociedad civil (sindicatos, organizaciones de agricultores). Lo que implica que las organizaciones del movimiento social no dejen de funcionar…

La salud es un reto fundamental hoy día. Frente a la crisis sanitaria que no va a tardar en estallar en todos los países, es el sector hospitalario el que necesita ante todo recursos suplementarios. En Italia, entre 2009 y 2017 se suprimieron 45.000 puestos de trabajo en el sector de la salud y desaparecieron 70.000 camas de hospital. Gran Bretaña siguió el mismo camino: de 10,7 camas por 1.000 habitantes en 1960 pasó a 2,8 en 2013; entre 2000 y 2017, el número de camas disponibles disminuyó un 30%. En Italia, a veces, el personal sanitario tiene que escoger a quién tratar, porque el equipo disponible es limitado: muchas personas, sobre todo mayores de edad, mueren por la falta de medios. Al aumentar el número de casos, los sistemas sanitarios están sometidos a una intensa presión. Podrían desplomarse, dejando a cientos de miles de personas que se las arreglen solas. Los más ricos, con acceso a la sanidad privada, se ahorrarían esta barbarie.

 

6. Una zambullida en lo desconocido

La pandemia ha sido la desencadenante de una crisis bursátil que supera en amplitud a la de 2008 2/. La caída de las cotizaciones ha superado en varias ocasiones el 10% o el 15%. Después de haber minimizado el asunto y esperado un rápido rebote, los analistas se muestran mucho más pesimistas: la recesión que va a golpear a Estados Unidos será enorme (-10%) y la que va a sacudir a Europa gigantesca (-18%) 3/, del orden de una gran depresión, como la de los años 1930.

Por supuesto, esta contracción de la actividad es el resultado de la paralización de la economía por las medidas que pretenden confinar el virus, lo que va a exacerbar una crisis financiera ya en curso. Recordemos que la bolsa ya estaba febril desde hace más de un año. En efecto, en estos últimos años la tasa de endeudamiento de las empresas no ha hecho más que crecer, mientras que las ganancias reales obtenidas de la actividad productiva han conocido una ralentización. La productividad se estancaba, la rentabilidad del capital se erosionaba cada vez más, y si aún continuaba el ciclo de acumulación se debía al dinero barato, con tipos de interés en torno al 1% o próximos al 0%.

La crisis financiera de 2008 fue reabsorbida gracias a la creación de liquidez suplementaria por los bancos centrales. En concreto, con la política de expansión cuantitativa, es como si diez mil Warren Buffet se asomaran a la bolsa con miles de millones en el bolsillo en busca de yacimientos de ganancias. Pero quien dice creación monetaria dice también endeudamiento y formación de burbujas especulativas. En realidad, el capitalismo ha continuado su loca carrera, buscando recuperar la salud tras la crisis de 2008. Después de una breve pausa, la especulación inmobiliaria en las metrópolis urbanas se ha relanzado con más fuerza, paralelamente al extractivismo de los recursos energéticos y minerales, la deforestación y la apropiación de amplios territorios para la producción de carne bovina o el desarrollo de una explotación industrializada de soja, aceite de palma, maíz, etc. Esta frenética búsqueda de ganancias explica también el resurgimiento de la acumulación primitiva de capital, con la sobreexplotación planetaria de una mano de obra precarizada y vulnerable; por lo general, joven y femenina.

Hoy en día, el anuncio de inyecciones masivas de liquidez –700.000 millones de euros por el BCE– pretende tranquilizar a los mercados y decirles que los Estados no les fallarán. El Pacto de Estabilidad se ha puesto en el congelador y el dogma del déficit cero ha volado en pedazos. Así se relativizan los cánones de la ideología neoliberal… Ahora bien, con una recesión mundial más severa que la de 2008-2012, el dinero helicóptero [regalar dinero a la gente] no tendrá efectos duraderos mientras esta masa monetaria no se oriente hacia la satisfacción de las necesidades sociales. Lo que es poco probable, porque está comprobado que la lógica capitalista orienta los flujos monetarios exclusivamente hacia las futuras ganancias… Se quiera o no, la economía mundial se encuentra en una encrucijada, un kayros sistémico: continuar la loca carrera destructiva o liberarse de la lógica de valorización y de crecimiento infinito.

 

7. La confianza en el mercado vuelve ciego al poder

El Covid-19 no es un cisne negro, una especie de accidente imprevisto que desencadena una crisis. Ni siquiera es la enfermedad que nadie ha visto ver llegar, todo lo contrario. En 2018, el grupo de expertos Blueprint de la OMS publicó un informe sobre el peligro de una pandemia. Con toda razón, porque desde 2003 se han multiplicado las epidemias: SRAS, MERS, H5N1, gripe porcina o aviar, Ébola, Zika y Chikunguya. Para los expertos de la OMS, ante el riesgo de una pandemia era urgente establecer un sistema de vigilancia a fin de contenerla antes de que desencadenase una reacción en cadena.

Según sus análisis, el mayor riesgo provenía de un virus muy contaminante, que provocaría una patología respiratoria prolongada, aunque con una tasa de mortalidad relativamente débil. Este virus, denominado enfermedad x, podría “desestabilizar la economía mundial y desestructurar nuestras sociedades industriales hiperconectadas”…

Este tipo de valoración responde a la doctrina de gestión de los riesgos, que también aborda acontecimientos como las guerras, los desplazamientos de poblaciones, la rarefacción de recursos estratégicos energéticos o incluso la crisis climática. Aunque dichos análisis de riesgos se discuten en cumbres internacionales, ahora se sabe que los dirigentes del G7 o el G20 no los tienen en cuenta en su toma de decisiones. ¿Por qué? Ante todo, por la creencia ciega en las capacidades del mercado. También por la despreocupación respecto a las consecuencias sociales. En fin, porque el orden político actual debe servir ante todo a los intereses de la oligarquía financiera.

Los dirigentes políticos de Asia adoptan un modo de conducta más eficaz porque ya han afrontado epidemias. Comprenden la importancia de un sistema de alerta basado en una identificación rápida, una política que pretende atacar al virus aislándolo y una centralización de la información conectando al conjunto de unidades sanitarias. Eso explica por qué los gobiernos no dudaron en tomar las medidas necesarias poco después de la propagación del Covid-19.

 

8. Un virus un poquito capitalista…

La multiplicación de los riesgos de pandemia no es ninguna venganza de la naturaleza. Las teorías conspirativas encuentran hoy un eco creciente, pero no permiten comprender gran cosa. ¿A quién beneficiaría la conspiración? EE UU y Europa se verán afectados de lleno por esta crisis. Por su parte, China, el taller industrial del mundo occidental, se verá fuertemente afectada por la recesión mundial. No, el Covid-19 no es un arma de guerra económica y tampoco se ha escapado de un laboratorio de la CIA o de los servicios secretos chinos…

Los trabajos del microbiólogo marxista Rob Wallace, autor de la obra Big Farms Make Big Flu (Las grandes granjas fabrican grandes gripes, Monthly Review Press, 2016), me parece que aportan respuestas más serias. Según dice, las infecciones bacterianas o virales son el producto de su ecosistema y la actividad humana forma parte de ese ecosistema 4/. Una parte de los virus que viajan por los circuitos de intercambios mundializados son muy antiguos. Pertenecen a la categoría de los virus mantenidos en cautividad por la fauna y la flora que han estado mucho tiempo aisladas de nuestros circuitos de intercambio. La deforestación, la integración de especies animales salvajes en las cadenas comerciales han contribuido a integrar este tipo de virus. Después, pasando de una especie a otra, con mutaciones, algunos virus acaban por franquear la barrera humana. Otros han conocido mutaciones en cadena en un contexto de gigantescas ganaderías industriales y franquean también la barrera humana. Es por tanto la transformación de la naturaleza por la actividad humana –basada en la acumulación de ganancias– la que produce nuevos virus o desencadena mutaciones que antes no habían tenido lugar.

La pandemia que debemos afrontar a escala mundial forma parte integrante de la crisis ecológica. Es la consecuencia de una carrera por el beneficio y de un crecimiento que ignora por completo los límites de nuestro ecosistema. El capitalismo no solo tiende a agotar todos los recursos (naturales y humanos), sino que impone a la naturaleza una metabolización que le es específica. El maíz genéticamente transformado produce enfermedades nuevas que requieren nuevas manipulaciones. Los pesticidas transforman la metabolización de nuestros cuerpos de la misma manera que los esteroides lo hacen con nuestros músculos. La pandemia corona va a poner al desnudo las raíces de la crisis sistémica que atravesamos. La crisis ecológica así como la pandemia del coronavirus demuestran que el problema no es un tipo de capitalismo –digamos neoliberal–, sino el capitalismo como tal.

 

9. La lógica de la ganancia contra los bienes comunes del saber

La investigación científica está cada vez más colonizada por la lógica de la ganancia. Es verdad que en los años 1970-1990 las empresas lograban, con la ayuda del Estado, movilizar los resultados de investigaciones científicas para innovar productos y modos de producción. Aunque la investigación científica nunca ha sido totalmente independiente y soberana, existían espacios de libertad para poder llevar una investigación fundamental colaborativa.

Hoy en día, la investigación científica está cada vez más sometida a la lógica del mercado con la obligación de resultados inmediatamente valorizables. La gobernanza impone a los investigadores, bajo pretexto de excelencia, un modo de acción centrado en los resultados, basado en un output cuantificable (número de publicaciones, tesis, patentes, etc.). Ahora bien, la condición precarizada y la lógica del prestigio llevan a buen número de científicos a conformarse y a entrar en ese juego.

La lógica de rentabilidad explica también por qué muchas enfermedades tropicales han sido desatendidas durante mucho tiempo 5/. Aunque mil millones de personas humanas sufran o estén expuestas a estas patologías, no hay mercado, a falta de sistemas de seguridad social. También se ha frenado la investigación sobre el desarrollo de algunos protocolos de administración de medicamentos. Algunos de ellos son muy poco costosos porque movilizan encimas que nuestros cuerpos producen de forma natural, lo que permite evitar su administración recurrente. Como se sabe, la industria farmacéutica está constantemente a la búsqueda de patentes y de nuevos medicamentos. La crisis del coronavirus muestra una vez más cómo la lógica de la ganancia es contradictoria con el desarrollo humano.

En el caso del Covid-19, la empresa que consiga comercializar primero una vacuna dispondrá de una enorme renta de mercado. Pero esta lógica cortoplacista es contraproducente. En 2004, un equipo belga de virólogos había desarrollado un tratamiento contra el SRAS basado en un antiguo medicamento contra el paludismo 6/. Como la epidemia fue cortada rápidamente, la financiación se interrumpió. Cuando no hay mercado, no hay investigación…

Resolver los problemas sanitarios, sociales y ambientales exige un enfoque cualitativamente diferente, basado en los comunes del saber y en una colaboración no competitiva. Por suerte, la comunidad científica resiste también en los hechos. Se han creado varias plataformas: OpenCovid19, La Pailasse.org, SoundBioLab 7/. También la comunidad médica se ha movilizado en torno a la utilización de medicamentos existentes. El más conocido es la hidrocloroquina, antiguamente utilizada contra el paludismo. Se menciona un reciente artículo (Le Monde, 18 de marzo) y resulta estimulante ver que existen intercambios directos entre equipos sanitarios para verificar su eficacia 8/.

 

10. La crisis política se va a profundizar

Las respuestas tardías e incoherentes y la desidia en la gestión de la crisis han dominado esta primera secuencia. La entrevista en Le Monde el 17 de marzo a la ministra de Solidaridad y Salud hasta el 16 de febrero de este año, Agnès Buzyn, es realmente asombrosa. No solo dice haber sido consciente desde mediados de enero del peligro inminente de una pandemia, acusando indirectamente a Emmanuel Macron, sino que no parece darse cuenta de que es la primera cómplice de esta actitud tan criminal como inmoral.

Este episodio demuestra que no se puede confiar en los detentadores del poder ni en todas aquellas personas que les obedecen en la cadena de mando. En estas circunstancias, y tras varias oleadas de contestación social (Ley del Trabajo, chalecos amarillos, reforma de las pensiones), pienso que para el tándem Macron-Philippe va a ser muy difícil imponer la unión nacional.

El anuncio de medidas de apoyo financiero y la suspensión de las reformas en curso (sobre todo la reforma de las pensiones) reflejan esta toma de conciencia del peligro de una desestabilización política. Macron quiere conjurar una crisis política tomando la delantera, culpabilizando a la ciudadanía por haber tardado en ponerse a resguardo, al mismo tiempo que exige que continúe la fabricación de coches.

Ahora bien, la obligación de seguir trabajando poniendo en riesgo la vida encarna la esencia profunda de este sistema, capaz de generar miles de millones de beneficios explotando a las personas y a toda la tierra, pero incapaz de satisfacer necesidades básicas como la salud. Si a esto se añade el escándalo de la falta de mascarillas de protección, la falta de personal y de camas en los hospitales, que anuncia una grave crisis sanitaria y, last but not least, la muy larga lista de fallecimientos que se espera, no hace falta ser adivinos para comprender que los poderes establecidos están temiendo ya un riesgo de explosión social… Por tanto, es de esperar un reforzamiento del arsenal represivo y de vigilancia.

Ciertamente, el Estado se moviliza para salvar a la nación, pero ¿con qué eficacia? Y, sobre todo, ¿quién va a reembolsar una deuda pública sobrecargada con algunos cientos de miles de millones? ¿Las empresas del CAC40 [Ibex 35 en España] y los donantes de Notre-Dame acudirán a la cita de la unión nacional? Es legítimo dudarlo…

 

11. Una solidaridad horizontal que prefigura otro mundo

En lo inmediato, cuando se observa la reacción de la población, se ve ante todo la voluntad de protegerse a uno mismo y a los suyos. Algunos se obstinan en negar el peligro, lo cual es una reacción normal frente a una amenaza. Es la continuación de una prolongada subestimación por parte de los poderes públicos de los riesgos de pandemia. A su vez, hay un amplio movimiento de solidaridad hacia el personal sanitario. Lo testimonian las citas cotidianas de aplausos desde el balcón a las 20 horas en España, en Italia, en Francia. En Lombardía, los habitantes ponen en marcha sistemas de ayuda mutua para asistir a los más frágiles, las personas mayores o enfermas.

Se ponen en pie plataformas digitales de solidaridad que llevan en germen un sistema alternativo de aprovisionamiento y de apoyo, basado en la cooperación. A esto se añade una autodefensa colectiva en torno al rechazo a exponerse inútilmente al trabajo. Desde luego, al movimiento de autopreservación y de autonomía solidaria le falta todavía infraestructura y coordinación, pero en momentos de urgencia muchas cosas se vuelven posibles. Por esta razón hay que continuar diciéndose que otro mundo puede nacer sobre los escombros del viejo mundo que se hunde.

21/03/2020

Stephen Bouquin es profesor universitario (Universidad Evry Paris Saclay), miembro del centro Pierre Naville y director de publicación de la revista Les Mondes du Travail.

http://universitepopulairetoulouse.fr/spip.php?article2004

Traducción: Javier Garitacelaia para viento sur

Notas

1/ Recordemos también que la colonización del Nuevo Mundo provocó un desplome demográfico a causa de la difusión de enfermedades exógenas como la gripe, la peste bubónica o neumónica, la fiebre amarilla, la viruela, el paludismo, contra las cuales los indígenas no habían desarrollado la misma inmunidad que las poblaciones europeas.

2/ Para un análisis concreto: https://www.cadtm.org/La-Pandemie-du-Capitalisme-le-Coronavirus-et-la-crise -economique .

3/ Los análisis de Michael Roberts, analista financiero y bloguero marxista, gozan de gran autoridad: https://thenextrecession.wordpress.com/2020/03/19/the-emerging-market-slum

4/ El episodio de las vacas locas nos recuerda que una alimentación basada en harinas animales puede producir disfunciones fisiológicas y enfermedades eventualmente transmisibles.

5/ Para conocer la lista y su localización, ver https://en.wikipedia.org/wiki/Neglected_tropical_diseases

6/ Ver las investigaciones de Marc Van Ranst de la KU Leuven, http://www.flanderstoday.eu/coronavirus-antiviral-was-discovered-leuven-15-years-ago?fbclid=IwARIp55DYrRMaphZemEGuDTKs_k4kEvHOJMUaylwcA4foiwvZGoAn4_5DcM

7/ Ver https://mediapart.fr/journal/international/110320/la-science-collaborative-l-assaut-du-coronavirus

8/ https://wattsupwiththat.com/2020/03/17/an0effetive-treatment-for-coronavirus-covid-19-has-been-found-in-a-common-anti-malarial-drug?foclid=IwARI-cyFTm7PRzbKP7tlmSSc9XODa760. Ver también el informe de los equipos chinos publicado en Nature https://www.nature.com/articles/s41422-020-0282-0?foclid=IwAR2JbbZU_H17uLjuOTD-hnNnmczzyEFvnlhY8QHv9ghY5fYBvX01smhnD07w

 

 

Fuente

 

 

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