Una resignación por chismes

El mejor lugar para esconder un árbol es un bosque y cualquier información en un bosque de ellas. Más de un pensador se esconde. La inscripción que Descartes eligió para su tumba era una cita que aparentemente utilizó con frecuencia: Bene qui latuit, bene vixit. La traducción es la siguiente: “Quién se escondió bien, vivió bien”. Por decirlo en román paladino: “Qué descansada vida/ la que huye del mundanal ruido/ y sigue la escondida/ senda por donde han ido/ los pocos sabios que del mundo han sido”.

    El bosque siempre esta presente. Existe el bosque en el desierto como en la ciudad, donde el rebelde vive escondido bajo la máscara de cualquier profesión. Existen bosques en la propia patria, así como sobre cualquier suelo donde pueda expresar su resistencia. Pero sobre todo existen bosques detrás de las líneas enemigas.

  Una nueva pobreza se oculta tras paredes y pantallas, escondida en el carácter escandaloso que tiene aquí el acontecimiento memorable. No está claro qué es peor: ser descubierto o no ser descubierto, tener que recibir ayuda o carecer de ella algún tiempo más. Las cifras están ahí. Pero no se sabe dónde está la gente. Hay pistas: la casa puesta en venta, la morosidad con los proveedores, el sorprendente abandono de las salidas con los amigos o de fin de semana. No obstante, estas pistas sólo remiten a lo aparentemente provisional con que aún se rodea la nueva pobreza allí donde se ha vuelto definitiva.

   La verdad se oculta cuando no se puede decir. La primera dificultad está en las palabras. La verdad está en el fondo del corazón de todo hombre, pero tan escondida que resulta difícil traducirla al lenguaje. Los hombres tienen tanta necesidad de palabras que puede ser imposible llevar a la práctica un pensamiento que no se exprese en palabras. Cuando el hombre quiere algo que no sabe nombrar, se le puede hacer muy bien decir que quiere otra cosa, y desviar el tesoro de su energía hacia una verdad que no es de la que se trata.

  Cualquier etólogo certificaría que el peor y más cruel daño que se infringe a los animales cautivos no es negarles la libertad, sino la posibilidad de esconderse. Los cautivos nos escondemos como podemos; cautivo es el hombre endeudado, aquel trabajador precario que queda preso del crédito casi de por vida, reducido a una suerte de servidumbre por deudas. A esto corresponde la “renta” del capitalismo actual y la resistencia, el escondrijo  es decir “no pago”, como una forma multitudinaria del rechazo y, a la vez, de apropiación de la riqueza común. 

   Cautivo es el hombre mediatizado, que reemplaza a la vieja noción de alienación para dar cuenta del sometimiento a los dispositivos de comunicación, que esconden la inteligencia humana, la verdad común de la comunicación, bajo formas nuevas de control. Se esconde diciendo “no me lo creo”. Cautivo es también el hombre aseguradol el hombre obsesionado por la seguridad de su propiedad, por el riesgo de su vida, por el miedo a la pobreza. Se esconde diciendo “esto no es lo mío”. Y lo es el hombre representado, que podemos decir que sólo se puede escapar de la representación diciendo “no me representas”.

  “Valientemente se esconden,/ gallardamente se escapan/ del campo de los peligros/ esas fugitivas cacas,/ que me duelen hace tiempo/ en los cojones del alma”. De todas las cautividades se me antoja especialmente dramática la de los generalmente bien informados. Cuando no lo estábamos tanto, estábamos mucho más politizados y éramos mucho más proclives a solicitar visados de salida de las cavernas. 

  Entre los habitantes de las cavernas la mayoría nos dedicamos a escarbar en la mierda, para hacernos con un hueco algo menos incómodo, y a arrastrar piedras para sentarnos encima y, si se presenta la ocasión, tirárselas a otro. Internet está produciendo una resignación por chismes más profunda que la que había producido la televisión o los videojuegos. Aunque pensamos que iba a proporcionarnos una generación de “renegados digitales” lo que ha producido en realidad ha sido una generación de “cautivos digitales”, que sabemos cómo encontrar consuelo en la red, sean cuales sean las realidades del mundo físico.

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