Una reflexión sobre las elecciones parlamentarias de Hungría

Ello podría definir toda la narrativa de estas elecciones, especialmente para la coalición de centro-izquierda. LeftEast habló con Ágnes Gagyi, Balázs Patkos y Tamás Gerőcs con el fin de analizar los resultados y su importancia en el largo plazo. El objetivo era poner estas elecciones en una perspectiva social e histórica y detectar algunos procesos sociales más allá de los meros resultados electorales. Este es el relato de la conversación.

Los resultados fueron altamente predecible, sobre todo porque la nueva ley electoral favorecía a Fidesz, no sólo por volver a trazar los límites de los distritos electorales, sino también por la re-definición de las reglas de financiación electoral. Por ley, las iniciativas cívicas, muchas de ellas meras tapaderas de los intereses del partido gobernante, podrían esquivar las normas que rigen para los partidos electorales y así participar en el juego electoral sin ser propiamente parte del mismo. En definitiva, se trataba de una forma de canalizar dinero políticamente de manera indirecta.

Debido a estas disposiciones electorales, toda la votación fue objeto de escrutinio. La oposición acusó al gobierno de torcer las reglas a su favor, yendo tan lejos como hablar de «fraude» antes del día de las elecciones. La OSCE, que ha supervisado las elecciones, hizo una observación similar: mientras que el día de las elecciones fue considerado como «transparente», la OSCE considera que el proceso electoral en su conjunto ofrece una «ventaja indebida» al partido en el poder. Viktor Orbán, en su discurso de victoria, se apresuró a abordar el asunto y hacer hincapié en la imparcialidad de estas elecciones.

Sin embargo, esta narrativa – que potencialmente podría haber sido importante dado el tamaño de la victoria del Fidesz – fue eclipsada por otros relatos que enmarcaban los resultados de acuerdo a los intereses del intérprete.

Para Fidesz y Viktor Orbán, fue una victoria clara, mostrando el apoyo de la gente a sus políticas. Se interpretó como una legitimación de fuerte liderazgo nacional dentro de la UE que el gobierno de Orbán ha jugado en los últimos cuatro años en el poder. Los resultados de las elecciones reforzarán aún más esta postura, haciendo que el líder de Fidesz anunciase su nuevo plan: llegar a un tipo de sistema americano de precios de la energía en la UE. Para ello hay que luchar contra las regulaciones y la burocracia de la UE.

Desde esta perspectiva, el tema de la mayoría de 2/3 no era un problema importante para Fidesz y con razón. Fidesz parece ser lo suficientemente fuerte como para no tener que preocuparse por este tema.

Por otro lado, la mayoría de 2/3 podría constituir un elemento decisivo para la coalición de centro-izquierda y la forma en que presentará los resultados de las elecciones. Antes de las elecciones, la coalición describió la mayoría de 2/3 de Fidesz como resultado de un voto de protesta, que desaparecería tras la experiencia de Fidesz en el poder. La oposición cree que la gente había dado Fidesz un «cheque en blanco», del que había abusado. Sin embargo, una vez que los resultados empezaron a llegar, este relato fue inmediatamente abandonada. En cambio, la oposición se vio obligada a aceptar que eran unos resultados bastante malos para ellos, a pesar de su distante segundo lugar. En vez de atacar a Fidesz, los líderes de la oposición parecen estar volcados en una lucha interna con el fin de sacar el máximo provecho de estos resultados y posicionarse como los verdaderos líderes de la oposición. Los socialistas, con 29 escaños en el parlamento, están en mejores condiciones para hacerlo, con Attila Mesterházy capaz de reforzar su posición como el líder de la oposición a largo plazo. Gordon Bajnai, una figura ya en declive el pasado año, ahora parece cada vez más aislado en la escena política. La otra figura de la coalición opositora, Ferenc Gyurcsány, parece desempeñar un papel más ambiguo: aún conserva el poder de ser un arbitro político y desempeñar un papel importante en la formación de la dirección socialista.

Con la oposición de centro-izquierda en desorden y dedicada a la politiquería interna, Jobbik parece estar en alza. Y ello a pesar de las declaraciones más bien patéticas y sorprendentes de sus líderes,  que declararon estar decepcionados por los resultados de las elecciones. Con 23 escaños en el Parlamento, son el tercer partido en el Parlamento. Sin embargo, dado el hecho de que los candidatos de Jobbik obtuvieron el segundo lugar en 42 distritos de 106, está en camino de convertirse en el segundo partido más grande. Sin Budapest, sus resultados serían mejores.

Los socialistas todavía tienen una mejor infraestructura política en todo el país. Por el contrario, Jobbik crece mediante promesas y un lenguaje movilizador. Parece que estas promesas comienzan a perseguirles y que tendrán que hacer algo. Fue evidente en estas elecciones, en las que Jobbik apeló abiertamente a una clase media evanescente. El discurso extremista del anterior Jobbik (principalmente contra los romaníes y los judíos) fue apartado en favor de una visión más moderada. Básicamente, el partido simplemente se hizo eco de los temores de las clases medias de que las cosas empeoren. Jobbik apela a la fantasía de una clase media que, en realidad, no existe.

Pero al hacerlo, Jobbik se está convirtiendo en un partido más homogéneo que hace cuatro años, cuando la lucha por el poder entre los grupos más radicales dentro del partido era evidente. Por otra parte, parece que su base social también está cambiando: Jobbik parece ansiosos por atraer a los votantes desencantados del FIDESZ y a las personas perjudicadas por las políticas redistributivas del gobierno.

Y aquí llegamos a una de las paradojas más interesantes de la política húngara. Viktor Orbán denuncia por igual el radicalismo de izquierda y de derecha con el fin de resaltar el enfoque centrista, tecnocrático de su partido. Jobbik, por su parte, intenta distanciarse todo lo que puede no sólo de Fidesz como tal, sino del régimen de Orbán más general. El partido sigue dispuesto a jugar la carta anti-establishment. Quieren preservar la imagen limpia de quienes están fuera de la lucha por el poder, de los partidos parlamentarios, incluso.

Sin embargo, a largo plazo, los dos partidos están inextricablemente unidos. A través de sus políticas simbólicas y sus políticas de redistribución políticamente orientadas, Fidesz está ganando algo de verdadero apoyo popular, al mismo tiempo que está perdiendo partidarios afectados negativamente por sus políticas económicas. Desde que Fidesz se dirige simultáneamente a la alta burguesía de centro y a la decreciente mayoría de la clase media baja Kádárista, el equilibrio es difícil de mantener, sobre todo porque las políticas de la clase media alta por lo general implican más pérdidas para los que pierden su situación de clase media y para los pobres. Con el fin de mantener el equilibrio, Fidesz se ve obligado a recurrir al nacionalismo y al populismo, con una retórica anti-UE e incluso anti-imperialista. Pero no es suficiente, ya que en la práctica, las políticas de Fidesz están perjudicando a las clases medias bajas también. Baste señalar el aumento de los costes de educación, lo que supondrá que las clases medias tendrán que pagar más por la educación, al tiempo que limitan el acceso de las clases pobres en su conjunto a la educación.

Como tal, Fidesz tiene toda una serie de contradicciones internas, que le da su fuerza actual, pero también afectará a su trayectoria a largo plazo. Fidesz combina una posición de Estado-partido que canaliza tanto los fondos locales y europeos y actúa como mediador del poder del Estado para una clase capitalista nacional en formación. Al mismo tiempo, Fidesz ha cristalizado como un gran partido con una relativa autonomía en relación a la clase capitalista nacional. Por lo tanto, Fidesz actúa como un escudo para los negocios locales, un partido de Estado mediador que ayuda a las empresas locales mediante su vinculación a la fuente de dinero de la UE y por la redistribución de la riqueza a través de los canales estatales y del partido hacia esa clase. Dado que representa los intereses de los capitalistas nacionales, especialmente en el contexto de la competencia capitalista a nivel de la UE, el partido recurre sin complejos necesariamente a una agenda nacionalista e incluso anti-imperialista que se dirige a la población en general al fomentar los sueños de independencia y autonomía en relación con el capital global. Pero por ser un partido de la clase capitalista, cuyos intereses tiende a representar y defender, el partido alienará inevitablemente algunos de sus grupos principales grupos de apoyo, que lo llevaron al poder en 2010. Esto incluirá no sólo a las clases trabajadoras indigentes que votaron Fidesz contra los socialistas, sino también a amplios sectores de las clases medias que, como se mencionó anteriormente, es inevitable que se encuentren entre los perdedores de las políticas del Fidesz.

Será entonces cuando Jobbik tratará de sacar provecho de este desencanto y estará en la mejor posición para hacerlo, sobre todo a través de su retórica anti-establishment. Mientras que los socialistas podrían recuperar parte de los votantes, en el largo plazo, parece más probable que sea Jobbit quién capitalize el disgusto general con los bloques políticos establecidos. Las elecciones locales previstas para este otoño representarán una prueba de fuego para el partido. Se espera que Jobbik gane ampliamente, especialmente en la parte oriental del país, que se convertirá en un punto de apoyo muy necesario a nivel local y una plataforma administrativa para construir el partido.

En este contexto, es justo decir que LMP (el partido verde «La política puede ser diferente» – «Lehet Más a Politika»), que tiene 5 escaños en el nuevo parlamento, aprovechó el vacío a la izquierda, pero esto en sí mismo no es gran cosa. LMP, que sufrió una escisión cuando la mitad del partido se unió al movimiento de Gordon Bajnai, perdió gran parte del atractivo que tenía hace cuatro años, y gran parte de su base.

Se benefició de ocupar una tercera posición en un contexto marcado por una fuerte desilusión con los bloques políticos establecidos, pero siempre fue improbable que es mera posición convirtiese al partido en la tercera fuerza política.

Dos factores parecen haber contribuido a facilitar que LMP permanezca en el parlamento. En primer lugar, suficientes personas votaron por ellos en las listas de los partidos, a pesar de que es imposible decir quienes fueron. LMP consiguió 22.000 votos más para su lista del partido que para la suma de sus candidatos. Por el contrario, la coalición de centro-izquierda obtuvo 26.000 votos menos para su lista que para sus candidatos. Sin esos votos adicionales, LMP no podría haber llegado al parlamento (una diferencia aproximada de 0,5%). Parece que Bajnai y su grupo tendrán su propia lista para las elecciones al Parlamento Europeo y, muy probablemente, esas personas que dividieron sus votos a los candidatos individuales y la lista de partido de LMP, votarán a Bajnai en mayo. Por lo tanto, si LMP pierde votos durante las próximas elecciones europeas, se dañará seriamente su credibilidad.

En segundo lugar, hay una teoría que dice que Fidesz no fue ajeno a la victoria de LMP. Al ayudar a la facción que no se sumó a Bajnaj, Fidesz contaba con una fuerza de izquierda dividida, que preservaba al mismo tiempo el pluralismo en el parlamento.

LMP hizo poco para desmentir alguna de estas especulaciones durante la campaña. Sus mensajes eran totalmente neutrales, haciendo hincapié en temas exclusivamente ecológicos al mismo tiempo que se mantenía lo más lejos posible de los temas más sociales más acuciantes. Así es como se las arreglaron para mantener su nicho, pero al mismo tiempo los hizo en gran medida irrelevantes para las luchas sociales más amplias que tienen lugar en Hungría en estos momentos.

4K (partido de izquierda «Cuarta República» – «Negyedik Köztársaság») fue constituido como partido precisamente para intentar llenar el vacío de la izquierda con mensajes explícitamente sociales y políticos. El partido no pudo para estas elecciones reunir el número requerido de firmas que habría permitido que se presentase. Ello determinó que decidiera no presentarse a las elecciones europeas que se celebrarán el próximo mes de mayo y centrarse en la construcción del movimiento desde la base. El hecho de no reunir las firmas puso de manifiesto la necesidad de trabajar activamente en la construcción de la capacidad organizativa del partido y fortalecer su característica como movimiento. El mensaje principal del partido es que en Hungría hay dos oligarquías que luchan entre sí, mientras que la meta de 4K es la construcción de la democracia del pueblo. Pero este mensaje tiene que ser explicado cuidadosamente.

Durante los preparativos para las elecciones, el partido cambió inesperadamente de mensaje, prometiendo a los jóvenes la legalización de la marihuana. Aunque existía la presión de decir algo radical, hay serias dudas de este fuese el paso correcto. Este gesto reflejaba la necesidad estructural de dirigirse a la pequeñísima circunscripción de la clase media urbana liberal al carecer de recursos para implantarse en sectores de clase y construir alianzas más amplias.

En general, es muy probable que en los próximos cuatro años continúe el mismo marco político. El aumento del control estatal y la vigilancia policial compensará los recortes de las políticas económicas. Por otra parte, en el nuevo contexto geopolítico marcado por el auge de Rusia en Europa del Este, el Gobierno de Orbán se verá obligado a buscar una forma de cooperación con Moscú, con el fin de tener una mejor posición de negociación dentro de la UE. En este contexto, el futuro de la alianza de clase hegemónica está en duda, así como la forma en que se configuren los intereses de los capitalistas nacionales.

En el área del antiguo bloque socialista, los resultados de estas elecciones corresponden con un sentimiento de depresión, a pesar de que estaban lejos de ser inesperado. Marcan el fin de la función simbólica de la Unión Europea, algo que los nuevos estado-miembros del centro y el este de Europa utilizaron como una fuerza moral trascendental. Las cosas simplemente han cambiado y Fidesz ganó, a pesar de la oposición de la UE.

Dado que en esta ocasión, el 94% de los votos de los húngaros étnicos que viven en Rumania fueron a Fidesz, para gran irritación de Jobbik, será interesante ver si Jobbik mantendrá su presencia en Transilvania o simplemente se concentrará en los temas internos.

Ágnes Gagyi, Balázs Patkos y Tamás Gerőcs son militantes de la izquierda alternativa socialista húngara.

Traducción para www.sinpermiso.info: Enrique García

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