Una reflexión sobre la situación política y la movilización social

Andando por la calle, viajando en metro, esperando al bus, paseando a la perra… es fácil ver a gente callada, con la mirada perdida, ajena al mundo que les rodea y utilizando para moverse nada más que el sistema de automatismo motriz del cual las humanas gozamos. No es difícil predecir, y acertar a este respecto que, cada una de esta personas piensa, no en como sus piernas se mueven para andar, ni como deben ejecutar su habilidad postural para poder permanecer en equilibrio ante los movimiento provocados por las vías del tren, si no en otras cuestiones más abstractas. Pero ¿en qué?

La gente piensa en las cuestiones que les inquietan, en las que les hacen ser felices, en los problemas a los que van a tener que hacer frente a corto o a largo plazo. Pero ¿Cuánta gente piensa en algo que vaya más allá de su interés directo e inminente?

¿Son estas preguntas estúpidas? ¿Es lo escrito hasta ahora un reflejo de mi intención por juzgar a las personas que no piensan lo que yo pienso cuando hago esas mismas cosas? Espero que no se entienda así. Lo que pretendo es buscar por qué, con la coyuntura de brutal opresión contra los derechos de las amplias capas populares que conforma la clase trabajadora actual que nos está tocando vivir, una grandísima parte de las personas que conforma la sociedad no protestan, y asumen con mayor o menor grado de conformidad esta situación que algunos vemos con tremenda desazón y rabia. ¿Por qué la gente asume? ¿Por qué la gente calla ante estos golpes? ¿Cuándo dimos por buena la injusticia generalizada?

Ser persona nos exige reflexionar sobre lo que nos rodea: ¿Por qué? ¿De dónde? ¿Está bien? ¿Es justo?

Aunque parezca una paradoja, es muy fácil no pensar, dejarse llevar por los hechos sin pensar en ellos, dejarnos alienar de manera más consciente de lo creemos. De ahí que la gente no luche, aunque estén sufriendo en su propia persona estas situaciones de cruel injusticia.

Sin embargo no debemos ver esta situación como algo negativo o desesperante, sino como un gran reto de quienes sabemos que la movilización y la lucha popular son el camino para la consecución de lo que son nuestros derechos, al igual que lo fue para quienes, en el pasado, consiguieron todo lo que hoy nos pretenden quitar. Debemos ser conscientes de que mucha de las personas que hoy están organizadas en torno al movimiento 15M, organizaciones como DRY o Juventud sin Futuro, el colectivo Anonymous… estaban completamente desmovilizadas hasta hace pocos meses, hoy luchan activamente por sus derechos y los derechos colectivo de todas las personas.

El reto es claro, hay que conseguir movilizar a esa gran masa de seres humanos que aún se encuentra en la apatía, pero que es perfectamente consciente de que sus derechos están siendo pisoteados y que, de no hacer algo para evitarlo, lo serán aún más en un tiempo que ya está aquí, y abrir lo ojos a aquellas aún no lo sean.

Hay que hablar con la gente, hacerles pensar, transmitir información y despertar su curiosidad para que la empiecen a buscar por si mismos, debemos conseguir que quienes aún hoy se encuentran en la ceguera en lo que a muchos aspectos de la sociedad, la economía, las injusticias… se refiere, se quiten la venda y miren.

Si logramos que la gente reflexione, busque información y vea otras partes de la realidad, las que desde los círculos de poder se nos pretenden ocultar, verán la injusticia, pero también la posibilidad de hacerle frente, y se unirán, al menos muchos y muchas de ellas a la lucha ya iniciada, y es que no puede haber persona honesta que, siendo consciente de lo que realmente está ocurriendo, no haga nada para detener la barbarie.

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