Una ola de intrigas por el asesinato del espía ruso Aleksandr Litvinenko

Moscú, 5 de diciembre. La hasta ahora muerte sospechosa, acorde con el británico eufemismo de Scotland Yard, de Aleksandr Litvinenko, ex agente de los servicios secretos rusos envenenado en Londres con el radiactivo polonio 210, se ha convertido en fuente inagotable de acusaciones contra y desde el Kremlin, a cual más disparatada, que se filtran a los medios con el propósito de enlodar a adversarios políticos.

Parece ­y lo es­ un combate mediático sin reglas, inspirado sólo por la intención de causar con golpes bajos el mayor daño al enemigo. Por eso circulan aquí especulaciones para todos los gustos, algunas reñidas con el sentido común, que no vale la pena considerar.

Por poner un solo ejemplo: ¿alguien cree que cualquiera puede tener en su casa un reactor nuclear para, tras obtener cantidades importantes de polonio 210, fabricar bombas sucias con la idea de vendérselas a Al Qaeda o a los separatistas chechenos?, como sugieren fuentes cercanas al gobierno de Rusia, teniendo en mente a Litvinenko, que conforme a esa lógica habría muerto por ingerir una dosis del veneno radiactivo para probar qué tan efectivo era.

Se llegó al extremo de que la hipótesis del supuesto envenenamiento en Dublín del ex primer ministro ruso, Yegor Gaidar, un día después de la muerte de Litvinenko, convino por igual a los partidarios y a los detractores del Kremlin.

Para los primeros, sin más evidencia que la insinuación, era un elemento adicional para exigir la extradición del magnate Boris Berezovsky, asilado en Gran Bretaña, quien ­en la interpretación de los voceros oficiales rusos­ no habría podido encontrar una mejor forma para desacreditar a Rusia y su mandatario que eliminar físicamente a la periodista Anna Politkovskaya, Litvinenko o Gaidar, opositores que compartían con él una frontal animadversión hacia el presidente Vladimir Putin.

Para Gaidar, distanciado de Putin, la historia del supuesto envenenamiento ­o quizás una aguda crisis de gastroenteritis, según un rumor­ le sirvió de golpe de efecto para reanimar su imagen mediática, que era la de un político de oposición de derecha en declive, cuando no merecedor de los peores insultos de los sectores más empobrecidos de la sociedad rusa por las reformas económicas que instrumentó con Yeltsin.

Hasta ahora se mantiene en secreto la clínica donde se dice que estuvo internado Gaidar, dado de alta anoche, pero este martes los médicos fueron incapaces de precisar un diagnóstico de su repentino colapso en la capital de Irlanda.

Se limitaron a ofrecer la cantinflesca explicación de que seguramente lo envenenaron, pero no tienen idea de con qué ni cuándo.

De tal modo, el supuesto envenenamiento de Gaidar ­o mejor dicho, su nula vinculación con el caso Litvinenko­, poco puede aportar a los nueve detectives de la unidad de elite de Scotland Yard que desde ayer se encuentran en Moscú para investigar la pista que consideran más verosímil en la muerte sospechosa del ex agente ruso.

En cambio, mucho podría aportar al esclarecimiento de los hechos el testimonio de Andrei Lugovoi, ex agente de los servicios secretos rusos, reconvertido en próspero empresario, quien junto con otros dos antiguos espías se reunió con Litvinenko en un hotel londinense el día que, según la investigación, fue envenenado.

Los detectives de Scotland Yard quieren formularle varias preguntas, dado que encontraron polonio-210 en los asientos que ocuparon él y sus amigos en un vuelo Moscú-Londres de British Airwais, el 25 de octubre, cinco días antes del envenenamiento de Litvinenko, y en sus habitaciones del hotel hasta el día que regresaron a la capital rusa, en otro vuelo de la misma compañía, también con rastros radiactivos en sus asientos.

Pero quizá tengan que volver a Londres sin poder hablar con Lugovoi, que anoche de modo sorpresivo, tras haber pasado con éxito un exhaustivo examen la semana pasada, fue internado en un hospital moscovita, junto con su esposa e hijos, bajo presuntos ­¿o tal vez reales?­ síntomas de estar contaminado con polonio-210.

Según explicó hoy el procurador general de Rusia, Yuri Chaika, los detectives de Scotland Yard podrán hablar con Lugovoi «sólo si los médicos lo autorizan». Y en general, advirtió Chaika, los detectives no podrán interrogar a ciudadanos rusos y, mucho menos, detener y llevarse a Gran Bretaña a nadie que eventualmente pudieran considerar sospechoso de haber matado a Litvinenko.

Eso sí, podrán escuchar como testigos mudos las preguntas que formulará la propia procuraduría rusa a quienes Scotland Yard hubiera querido interrogar, si los médicos no tienen inconveniente, claro.

En Londres, la agencia Reuters reportó que investigadores británicos encontraron residuos mínimos de la sustancia radiactiva polonio-210 en el estadio del club Arsenal de la Liga Premier del futbol inglés, informó el martes una vocera de salud pública.

«Se hallaron cantidades mínimas (de polonio) en niveles difícilmente detectables en áreas localizadas», dijo la vocera de la Agencia de Protección de la Salud Katherine Lewis.

«No hay riesgos para la salud pública», agregó.


Aleksandr Litvinenko, el ex agente de los servicios secretos rusos envenenado en Inglaterra con polonio 210, en una foto de archivo tomada en su domicilio londinense en mayo de 2002, cuando presentó su libro Blowing up Russia: terror from within (Aproximación a Rusia: terror desde dentro)


NOTICIAS ANTICAPITALISTAS