Una obra necesaria: “Visión en llamas. Emma Goldman sobre la Revolución española”, edición de David Porter (*)

Emma Goldman que fue la más constante y representativa de las “mujeres libres” de la historia del anarquismo, tuvo ocasión de conocer y escribir sobre una revolución que sintió como propia: la española. Su devastadora derrota amargó su muerte, ocurrida en el exilio y a los 71 años

Cuando Emma tuvo que exiliarse de los Estados Unidos, la historia había dado un giro. Lejos quedaban los tiempos en los que fue en expresión de un policía intelectual, “la mujer más peligrosa del mundo”. Tiempos en los que mujeres como ellas o como “Mother” Jones”, periodistas como John Reed, socialistas como Debs, de Leon, escritores como Jack london o Upton Sinclair, sindicatos como el IWW, se cruzaron con un situación en la que el gran dinero no se sentía todavía amenazado, y las clases dirigentes permitieron una cierta vía de reformas y efervescencia social. Luego, ya nada fue igual.

También cambió la revolución rusa.  Cuando ella, Berkman, y otros muchos revolucionarios llegaron, todavía se vivía el ambiente optimista de un entendimiento que la guerra civil contra los “blancos” (y una colación de 21 naciones), dieron al traste. La victoria militar no pudo impedir que la sociedad rusa cayera en el abismo. La destrucción de la industria, la inmolación de los sectores militantes más comprometidos con Octubre, dieron lugar a una situación de supervivencia en la que se gestó la alianza entre la vieja y la nueva burocracia. Después de las crisis sociales de 1918-1923, durante las cuales la socialdemocracia de derechas emergió como la última barricada del sistema (arguyendo una “revolución intermedia” que desapareció una vez se cerró la fase revolucionaria), pero el pánico social que provocaron la gestación del fascismo en los mismos países en los que la revolución se quedó a medias: Hungría, Italia, Alemania, Austria…

En los años treinta, Emma podía recordar los años de juventud y de lucha en sus memorias, pero la realidad que le envolvía le parecía deprimente. Exiliada en Gran Bretaña donde el eco de su capacidad subversiva quedaba muy apagado, le llegó la noticia  de que su compañero incondicional, Alexander Berkman, se había suicidado en París. Berkman estaba al parecer muy enfermo y muy desalentado por graves problemas con su nueva compañera, además el clima de tensiones y desavenencias entre los anarquistas rusos en el que la tensión resultaba insoportable. Cuando llegaron las noticias de la guerra y la revolución española, Emma pudo pensar justamente que igual que hacía ella, Berkman hubiera renacido con entusiasmo.

A pesar de todas las clases de obstáculos que le ponían las autoridades británicas, Emma no pudo permanecer totalmente alejada de unos acontecimientos que parecían con firmar sus convicciones de que una revolución anarquista era posible.

Emma Goldman, realizó tres viajes a España para observar de primera mano la revolución social más profunda que había conocido la historia, al menos en opinión de la corriente que representaba que, ahora sí, se sentían representados por la CNT y la FAI que venía a representar poco más o menos el 50% del proletariado militante.  Aunque no pudo instalarse en España como era su deseo logró arreglar las cosas pudo conectar con el movimiento, muy especialmente con las “Mujeres Libres” que bien podían considerarse como “hijas” suyas, y visitar con entusiasmo el frente de Aragón, conoció las experiencias comuneras y departió animadamente con figuras del anarquismo como Durruti que la causó una honda impresión.

Aunque el idioma fue una barrera difícilmente franqueable para actuar en el escenario español, se esforzó a pesar de las prohibiciones del gobierno inglés en fomentar la solidaridad con los combatientes. Su admiración por la valentía y el entusiasmo de sus compañeros españoles no le llevó como a otros ilustres anarquistas extranjeros a plegarse ante la orientación política de la CNT-FAI. No comprendía ni admitía que los anarquistas pudieran colaborar con los republicanos y con los comunistas en unas tareas gubernamentales que iban en contra de la revolución que sus bases militantes estaban llevando a cabo. Se encontraba ante este problema bastante sola y se sintió internamente dividida entre sus convicciones y sus simpatías. Por un lado estaba persuadida de que en un mundo que se derrumbaba a su alrededor no había más salida que la anarquía, pero por otro intentaba comprender y veía que los dirigentes anarcosindicalistas aunque no actuaban en «provecho propio» y «eran demasiado humanos». No por ello podía dejar de denunciar una política «rayana con el oportunismo» y planteó sin éxito sus desavenencias en la Internacional Libertaria, aunque nunca hizo una crítica sistemática y rigurosa.

Emma también siguió de cerca el proceso contra el POUM, y dejó escrito un buen testimonio que recogió José Peirats en su biografía, Emma Goldman, anarquista de dos mundos, que ha (re)editado bellamente en fechas recientes La Linterna Sorda con prólogo de Ignacio C. Soriano. Sobre este aspecto también trata uno de los capítulos de mi libro Un ramo de rosas rojas y una foto (Ed. Laertes, Barcelona, 2009).  Este testimonio fue una de sus últimas contribuciones militantes ya que falleció de una hemorragia cerebral poco después en Toronto, Canadá, el 14 de mayo de 1940…Así pues, la derrota de la revolución y de la República española cerraron el tiempo que se había dado por delante de su compañero Berkman. En no poca medida, con ella moría toda una época, si bien su huella permaneció. La huella; de una mujer que sería la más alta expresión del feminismo libertario cuyos frutos sobrepasa rían el campo de la anarquía y extendería su influencia entre todas las ramas del feminismo radical.

Este libro recoge una selección de sus escritos que son al mismo tiempo una crónica de los debates, las luchas y el fervor revolucionario de la revolución española, y una reflexión propia sobre la revolución y el cambio social. Se trata de textos que abordan tanto el movimiento anarquista español; las colectivizaciones en industria, agricultura y educación; como los aspectos que ella encuentra más criticable en la actuación confederal. Su autor, David Porter ha estado enseñando ciencia política, en los últimos veintisiete años, en SUNY/Empire State College. Desde 1960 ha escrito numerosos artículos sobre la revolución y el anarquismo, inspirado y formado por las ideas y las realidades de la década de la revuelta argelina, los experimentos en Argelia con la autogestión de los trabajadores, el Mayo del 68 en Francia y los diversos movimientos libertarios norteamericanos de aquel tiempo.

Cuando la obra fue editada en los Estados Unidos, Howard Zinn y Noam Chomski, herederos suyos en muchos sentidos, escribieron sendas reseñas. Para el primero
Visión en llamas es un tesoro histórico, una obra en la que las perlas de los comentarios personales y políticos de las cartas de Emma Goldman están salpicadas por las ricas notas contextuales de Porter. El libro es fascinante en cuanto a lo que revela, no solo sobre Emma Goldman y las ideas del anarquismo, sino también sobre la revolución española, y sobre las vidas de tantos extraordinarios individuos que participaron en aquel momento en la lucha por la justicia mundial.”; y para el segundo:
“Emma Goldman describió los esfuerzos de los trabajadores y campesinos españoles para construir y defender una sociedad anarquista. Es una turbadora experiencia presenciar, a través de sus ojos, sus logros y sus afanes, atrapados entre el martillo fascista y el yunque comunista, ignorados y vilipendiados por los ‘progresistas’ occidentales. Con el material presentado, y con sus perspicaces comentarios, David Porter ha realizado una muy significativa contribución a la interminable lucha por la libertad y la justicia.”

(*) El Viejo Topo,  Colección. Memorias. ISBN: 978-84-15216-97-1. Páginas  416 págs

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