Una nueva Formación Profesional para un nuevo modelo productivo

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La crisis sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus Covid-19 se ha convertido con mucha rapidez en una enorme crisis económica. El Banco de España avisa de que, tras los tres meses de confinamiento transcurridos desde la declaración del Estado de Alarma, el PIB puede llegar a caer este año cerca de un 15 %. Los datos que hacen explícita esta acelerada debacle son numerosos y reiterativos. Basta dar algunas cifras, disponibles entre muchas otras: más de la mitad de las empresas y proveedores del sector del retail consideran que tardarán como mínimo un año en volver a sus niveles de ventas anteriores a la crisis y, en algunos casos, la recuperación no llegara en al menos 24 meses, según un estudio realizado por la Asociación Español del Retail (AER); según otro informe de Cepyme, más de 500.000 empresas de todos los sectores desaparecerán con la crisis, el 93 % de ellas tenía menos de 50 trabajadores el 14 de marzo pasado; el cierre de hoteles y restaurantes ha provocado pérdidas en la industria cárnica de cerca de 300 millones de euros, según la patronal del sector.

Por otra parte, cerca de cinco millones de trabajadores han sido encuadrados en ERTEs (Expedientes de Regulación Temporal de Empleo), que implican que sus salarios se vean sustituidos por la prestación de desempleo. Además, el colapso de los Servicios Públicos de Empleo ante la avalancha de solicitantes de prestaciones ha provocado que muchos de ellos hayan cobrado la prestación tarde o, incluso, sigan sin cobrarla. Otros muchos han sido despedidos en las primeras semanas del Estado de Alarma, hasta se aprobó un cambio legislativo que no impide, sino que sólo encarece, el despido por fuerza mayor relacionado con la pandemia, al considerarlo improcedente,

Más de un millón de trabajadores autónomos han tenido que suspender sus actividades, pasando a cobrar una prestación de cese de actividad equivalente a la de desempleo. Las PYMEs y los autónomos, además, han tenido que buscar la manera de llegar a acuerdos con los propietarios de los inmuebles donde ejercían sus actividades, ya que la legislación aprobada para favorecer la moratoria del pago del alquiler de los locales y viviendas ha sido claramente insuficiente y ha llegado muy tarde.

Pero el impacto más fuerte lo han sufrido los más vulnerables: trabajadores informales, sumergidos, parados, vendedores ambulantes, trabajadoras sexuales. Sectores precarizados con una relación lábil y discontinua con el mercado de trabajo, que se han visto en una situación de absoluta falta de ingresos, ya que no podían tener acceso a las prestaciones relacionadas con la suspensión o pérdida de un puesto de trabajo. Más de 100.000 personas buscan comida cada día en los distintos Bancos de Alimentos de la Iglesia, los movimientos sociales o la administración en Madrid, en estos momentos. El Ingreso Mínimo Vital aprobado por el gobierno, en estas circunstancias, no es sólo una muestra, quizás insuficiente, de justicia distributiva, sino también una necesidad perentoria sino queremos vernos inmersos en un colapso completo de la convivencia.

Parece evidente que, por todo ello, una vez terminado el período de confinamiento, ha llegado el momento de la reconstrucción. Una reconstrucción que se configura como un gigantesco rompecabezas de alta dificultad que es, sin embargo, absolutamente necesario descifrar.

La reconstrucción presupone, según la mayoría de los economistas progresistas, un urgente cambio de modelo productivo. España debe pasar de ser una economía basada fundamentalmente en actividades de bajo valor añadido, gracias a un mercado laboral extremadamente precario y flexible, a una economía que consiga captar las actividades de alta cualificación y de dirección de las cadenas productivas globales.

Una España centrada en el turismo de sol y playa, en la generación de recurrentes burbujas inmobiliarias y en la ubicuidad de la actividad hostelera, difícilmente puede dar el salto, sin decididas políticas públicas para ello, a una reindustrialización basada en la tecnología, el conocimiento y la sostenibilidad ecológica y social.

El problema es que el modelo productivo actual ha funcionado durante algunas décadas como el impulsor de una sociedad de consumo, disfuncional pero efectiva, basada en el crédito y en la expansión de diversas redes de economía sumergida (corrupción, narcotráfico, etc.). El trabajo barato y precario ha garantizado los beneficios a un empresariado que no ha necesitado más que dinero fresco y buenas relaciones con el poder local para obtener pingües beneficios. Hay, pues, fuertes incentivos sociales para mantener este modelo que, sin embargo, la pandemia de Covid-19 ha vuelto abiertamente inviable de cara al futuro.

El cambio de modelo presupone decididas políticas públicas encaminadas a elevar la cualificación de los trabajadores, a impulsar nuevos modelos de emprendimiento basados en la tecnología y el conocimiento, y a fomentar un rearme industrial que permita un proceso de modernización y desarrollo en el que los centros de decisión y las actividades de mayor valor añadido de las cadenas de producción concernidas se localicen firmemente en territorio español.

En este proceso de cambio de modelo productivo hay que tener en cuenta un elemento estratégico fundamental: la formación de la mano de obra. El modelo actual, centrado en servicios de bajo valor añadido, precario y extremadamente flexible, no precisa de los trabajadores una alta cualificación. Además, la elevada temporalidad en el empleo, que fomenta la rotación de las plantillas, y la elevada estacionalidad de muchos puestos de trabajo, desincentivan completamente que las empresas inviertan en la cualificación de los trabajadores a su servicio, ya que estos pueden ser cambiados casi de día en día.

La necesidad de fomentar la formación de los trabajadores, generando el conocimiento necesario para cambiar el modelo productivo sin generar dinámicas de sobrecualificación que fomenten la “fuga de cerebros”, fundamenta, pues, la importancia estratégica del sistema de Formación Profesional para el futuro económico de nuestro país.

La Formación Profesional, en sus tres vertientes (Formación Profesional reglada en el sistema educativo, Formación Profesional ocupacional para el empleo y Formación Profesional continua en el marco de la actividad productiva) ha de constituir un pilar básico para cualquier política encaminada a la transformación de la textura económica de nuestro país. Una Formación Profesional bien encaminada podría generar la capacidad de formar a los cuadros medios de las nuevas empresas de mayor valor añadido, así como la de adaptar a los actuales trabajadores (los realmente existentes) a las nuevas necesidades económicas y la de readaptar a los que deban cambiar de actividad. Sin hacer efectivas esas tres posibilidades, el famoso discurso sobre el “cambio de modelo productivo” no llega a ser nada más que un simple ejemplo de utopismo romántico, pese a toda su capacidad de atracción.

Y hemos de ser muy claros: la Formación Profesional ha sido tradicionalmente muy maltratada por las políticas públicas en nuestro país. La FP reglada ha sido siempre considerada como el “patito feo” del sistema educativo, lo que se ha concretado en numerosos comportamientos disfuncionales de los responsables públicos de las Comunidades Autónomas competentes.

Podemos narrar muchos ejemplos de lo que estamos diciendo: centros educativos que, ante la escasez de fondos provocada por los recortes de la última década, dedican parte del presupuesto de FP a parchear las ingentes necesidades no atendidas de otras etapas educativas; Comunidades Autónomas que no tienen centros específicos para la formación de los docentes de Formación Profesional; creciente precariedad en el empleo de las plantillas de profesores, con una elevada tasa de contratación en régimen de interinidad; dinámica de externalización a empresas privadas de las actividades formativas del profesorado y de otras de apoyo al proceso educativo.

Además, la puesta en marcha de la FP Dual (formación en alternancia entre el centro educativo y la empresa, en la que los alumnos pasan al menos un año realizando su formación en la entidad productiva) ha venido acompañada, también, de numerosas disfuncionalidades. Justo cuando el sistema educativo había, por fin, digerido adecuadamente el espíritu del modelo francés de FP propuesto por la LOGSE y las enseñanzas de Formación Profesional parecían a punto de alcanzar un nuevo prestigio en la sociedad, la imitación acrítica y degradada del modelo nórdico de la FP Dual ha generado nuevos problemas.

El modelo de FP Dual se muestra, en su implantación efectiva en el sistema educativo español, como fuertemente ambivalente. Es una cuestión de adaptación. El diablo, como siempre, está en los detalles. La FP Dual alemana, que se toma como modelo, ha sido desarrollada en un escenario productivo fuertemente industrializado, con una amplia capacidad de control sindical y con unas retribuciones dignas para los alumnos. En Alemania, los tutores que controlan, en la empresa, las prácticas formativas, deben tener una homologación pública y, además, lo hacen bajo la atenta vigilancia de los mecanismos de cogestión generalizados en la industria, que garantizan que las actividades de formación son tales, y no una simple manera renovada de conseguir mano de obra barata. Además, no todas las familias profesionales de FP han sido “dualizadas”.

En España, mientras en algunos lugares con un mayor tejido industrial como Euskadi la FP Dual ha sido implantada con acompañamiento de los recursos necesarios, en otros lo único que se ha hecho es disminuir la formación teórica y confiar acríticamente en las empresas, sin que se las pueda controlar adecuadamente por los recortes en profesorado y los aumentos de horas lectivas de los últimos años. La FP Dual, así, tiene el peligro de convertirse en un mecanismo de abaratamiento del trabajo, más que en una dinámica formativa, perdiéndose polivalencia productiva en la futura mano de obra e imprescindibles conocimientos teóricos. Además, con la nueva popularidad de la FP Dual entre los responsables públicos, hemos perdido de vista otros modelos muy posibles, y a medio implantar, como el de los Centros Integrados de Formación Profesional.

Pero escuchemos a los profesores. Al menos, a algunos más que el que firma este artículo. Miguel Ángel Prieto García, Jefe del Departamento de Formación y Orientación Laboral del Centro Integrado de Formación Profesional “José Luis Garci”, de Madrid, nos dice que:

“La situación de la FP está mal en todos los sentidos. Hay un bla, bla, bla y no se apuesta realmente por ella. Mientras no se ponga dinero y se siga considerando un gasto y no una inversión no llegaremos muy lejos. “

Respecto de la FP Dual, nos confirma Miguel Ángel, “no tiene nada que ver lo que se hace en Euskadi con lo que se hace en Madrid. En Euskadi tienen personas dirigiendo la nave de la FP que saben lo que hacen y están invirtiendo. En Madrid es una forma de ofrecer mano de obra barata a las empresas. No existe intencionalidad de acabar contratando a los chicos. Rotan en las empresas de manera prácticamente gratuita.”

De cara al futuro, Miguel Ángel considera que “si se invierte el futuro será halagüeño, si no, seguiremos transitando por el mismo camino. Se tiene que hacer una apuesta por la escuela pública. Máxime cuando la FP es imposible que se haga totalmente on-line y el año que viene vamos a tener muchos problemas. Se necesita una nueva perspectiva para favorecer el I+D+i en todos los sectores, incluida la FP. En la Formación Profesional, la Universidad, la industria, hace falta una auténtica apuesta conjunta por la I+D.”

Francisco Cano, profesor valenciano y presidente de ANPROFOL (Asociación Nacional de Profesores de Formación y Orientación Laboral) nos cuenta, hablando a título estrictamente personal, que:

“La FP la veo amenazada. Hay muchas organizaciones del mundo de la empresa que están intentando entrar y colonizar la FP pública. En Cataluña han iniciado una reforma de la FP que elimina contenidos educativos en los centros para dejarlos en manos de las empresas, lo que tiene impacto sobre los contenidos, el espacio, el personal…todo. Son reformas de cariz neoliberal, para tratar de limitar el peso del Estado en la educación.”

Según afirma Cano: “El sistema de la FP actual funciona bien. Que la FP Dual haya funcionado bien en Alemania o Austria, sin embargo, no quiere decir que aquí vaya a funcionar bien. El tejido productivo no da una buena respuesta. El riesgo de que los alumnos salgan peor formados es alto. El noventa por cien de las empresas no controlan que el alumno aprende en las prácticas y nosotros tampoco podemos hacerlo. Tenemos que estar preparados para el próximo curso. Habrá que reforzar las estructuras telemáticas. Generar una FP semipresencial. El profesorado ha demostrado su valía en la pandemia, pero en medio de una respuesta improvisada, sin equipos, sin infraestructuras. Hay que reforzar al profesorado, reforzar la conectividad. Que todos los alumnos y profesores tengan acceso a un equipo informático y una conexión. En Valencia se han repartido tablets con conexión a internet. Hay que trabajar con plataformas virtuales y formar al profesorado para ello. “

Preguntado por la hipotética transformación del modelo productivo, Cano nos indica que:

“Se debe incrementar la inversión en I+D para fomentar el uso de la tecnología y mejorar la cualificación de la población. La productividad sólo se puede aumentar por la formación y la tecnología. En inversión en I+D+i estamos por debajo de la media europea. El sistema de FP tiene que avanzar, pero la línea que llevan es errónea. Están reduciendo la carga formativa, con la FP Dual, para entrar en entornos reales, pero de empresas que no ofrecen puestos de trabajo cualificados. Se puede apostar más por el emprendimiento, pero poner en marcha una empresa con alto valor añadido es muy difícil si no hay un acompañamiento.”

Por su parte, Pablo Peñalver, reconocido profesor de Administración de Empresas y coordinador del Proyecto FPinnovación (FPi), nos indica que:

“La implantación de la FP Dual es complicada. Nosotros tenemos un grupo del ciclo de Administración y Finanzas en el que muchos alumnos trabajan por la tarde. Tal y como quieren que se implante aquí la Dual, no podrían hacerlo, porque tendrían que estar haciendo las prácticas. “

El problema, para Pablo, es que:

“Vamos muy por detrás de la realidad. Se siguen utilizando libros de texto, se sigue formando de una manera muy académica. Ahora es obligatorio innovar para las empresas. Por lo tanto, debemos mandarles unos alumnos que hayan trabajado mucho más las áreas transversales. O las empresas innovan o no van a sobrevivir en el mercado, y necesitan trabajadores bien formados en lo suyo, pero también con una amplia gama de “soft skills” (habilidades sociales). Hay que usar más metodologías activas y ágiles, para formar alumnos que no sólo sepan hacer determinadas funciones, sino también resolver problemas e innovar.”

La propuesta de Peñalver es clara:

“Metodologías ágiles. Que los chicos sean capaces de responder. Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) como en el País Vasco. Adaptar los recursos: olvidarse de los libros de texto, microlearning (pequeñas píldoras formativas), mensajes visuales, infografías. Adaptar los espacios: cambiar totalmente las aulas tradicionales para realizar trabajo colaborativo. Adaptar la organización: presencia de otros agentes, viveros de empresas, mentores, emprendedores, profesores especializados en determinadas materias…El trabajo se debe considerar de otra manera en las empresas: no sólo como mano de obra, sino como un agente activo. Hay que incorporar valores humanos. Valores 4.0.”

Pero no sólo la FP del sistema educativo tiene problemas evidentes. También la Formación Profesional ocupacional, destinada a los desempleados. Carlos Buedo, representante de la sección sindical de Solidaridad Obrera en la Consejería de Empleo de la Comunidad de Madrid, nos cuenta que:

“El profesorado que imparte los cursos por los que se accede a los certificados de profesionalidad es contratado de manera eventual, sobre la marcha. No son docentes más o menos estables, como los del sistema educativo. Este ámbito de formación está prácticamente privatizado. La mayoría de las prácticas no se cotizan ni se cobran. Lo que la gente busca son las prácticas con compromiso de contratación. También son interesantes los planes de activación para parados de larga duración o perceptores del REMI (la renta mínima madrileña) que al acabar garantizan un contrato de un mínimo de seis meses.”

Para Carlos, las propuestas de mejora son claras:

“Volver a lo público. Parar la privatización. Que haya un sistema donde las organizaciones ciudadanas gestionen las políticas activas de empleo, que haya una formación gratuita pública, actualizada y a la par con lo que el sistema productivo va a requerir. Fomentar el modelo de los centros de referencia y de los centros integrados. Tenemos que ir hacia una transformación ecosocial del sistema económico, en la que se profesionalicen y dignifiquen los cuidados.”

En la arquitectura de la Formación Profesional futura nos jugamos el cambio de modelo productivo. Si queremos actividades de mayor valor añadido, tendremos que formar a los trabajadores para ello. No hay duda de que una formación en alternancia es una buena idea, y hasta se puede defender que responde a la secular reivindicación obrera de una formación integral, que incluya tanto los aspectos intelectuales, como los productivos del ser humano. Pero, ya lo hemos dicho, el diablo está en los detalles. No nos vale cualquier formación en alternancia, ni nos sirve una imitación acrítica y degradada de modelos que no pueden funcionar en un contexto totalmente distinto.

Para construir un gran sistema de I+D+i que facilite la transición a un nuevo modelo productivo habrá que generar una virtuosa dinámica de colaboración entre la Universidad, la empresa, la investigación, los espacios de fomento de la actividad emprendedora (lanzaderas, viveros, etc.), y la Formación Profesional. No estamos hablando de la privatización de la enseñanza, o de su puesta al servicio de las necesidades de las empresas existentes. Quien lo entiendan y lo ejecute así sólo reproducirá de nuevo el modelo productivo actual, de manera cada vez más degradada. Estamos hablando de innovar y de encontrar una nueva relación de interdependencia respetuosa entre el mundo del conocimiento y el mundo del trabajo.

Un nuevo ecosistema del conocimiento aplicado y de la creatividad, que engendre un nuevo sistema productivo para un mundo enteramente transformado.

José Luis Carretero Miramar.

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