¿Una nueva Cruzada?

          ¿Qué nos están preparando?

(Recordando a Miguel de Unamuno en la introducción a su libro”Vida de Don Quijote y Sancho”)

Desde aquel fatídico 11 de septiembre cuya autoría real sigue tan oscurecida como la del asesinato de dos de sus  presidentes, en el país de la tragedia no cesan las intrigas para tomar el control de la política y la economía mundial, potenciando lo peor que se puede potenciar: la violencia.Hoy, 15 de Septiembre de 2014 ha habido una reunión en Paris para formar un frente que se quiere de 30 naciones del Planeta para colocar su bota militar donde se les diga desde el despacho oval. 

Para mayor sarcasmo, esta operación  está dirigida actualmente nada menos que por un Nobel de la Paz, concedido sin duda  en un estado de embriaguez colectiva del jurado. Pero la desfachatez es aún mayor cuando los planes de guerra se justifican con la defensa de altos valores espirituales, en concreto de un supuesto cristianismo del que proceden casi todos ellos, al menos de nombre.

Asistimos así en  estos aciagos días de principios del siglo XXI, a una ofensiva generalizada de los lobos más hambrientos de las manadas del capitalismo para adueñarse de los recursos del Planeta que aún están libres y, de paso, de  los que no lo están. Miran con lupa todos los países por ver de encontrar algún trono sin ocupar, y si es así se lanzan ávidos a coger el cetro y sentarse en él. Pero si no existen tronos libres, que es lo normal, tampoco importa para esos cruzados del pensamiento único moderno. Observan cuáles son los más frágiles, los de mayor valor estratégico militar o comercial; estudian bien los países para conocer sus recursos y hacen planes de invasión directa o a través de gobiernos títeres colocados por ellos en esos mismos sitios, para apoderarse de todo aquello que pueda serles útil.  Y si  encuentran resistencia utilizan el único recurso del energúmeno: la violencia. Ese es el verdadero corazón  de su pensamiento.Las fuerzas de siempre- las del odio y el negocio- contra las gentes de siempre.Se vuelve a repetir la Historia con otros aspectos. Ahora  el enemigo ya no es el imperio otomano, pero de nuevo son musulmanes; ahora no es el ogro comunista, pero es el oso ruso.Ahora no se trata de un terrorismo localizado, sino universalizado; no se trata de lobos solitarios, sino de manadas enteras que salen de las patrias de los cruzados y se suman a las filas terroristas.  La cruzada está en marcha. 

Los espíritus libres  de los habitantes del país de origen de los cruzados belicosos (los ciudadanos del mundo en Oriente y Occidente que conservan aún su autonomía mental y espiritual), no desean la vuelta a las cavernas que supone cada vez que empieza una nueva guerra, pero los cruzados no tienen el mínimo interés en escuchar otras razones que las propias. Organizan y dirigen las guerras, y   les  gusta  bien poco eso de filosofar: lo consideran oficio extraterrestre, pero  una persona decente,  los conflictos bélicos deberían  ser considerados por la especie humana de mentes autónomas como un fracaso histórico colectivo  después de tantos siglos de civilizaciones diversas y pensamientos filosóficos y religiosos de todo tipo.

¿Y qué hacer, me preguntas, ante esta barbarie progresiva  que nos inunda? ¿No es hora, me dices, de emprender una cruzada contra los causantes de  desmoronar esta perdida y fratricida civilización?… ¿Una cruzada contra otra cruzada? …Y te contesto que sí, pero que no vamos a emprender una de esas que sólo emprenden el cura y el barbero, el bachiller, el duque, el canónigo y el soldado mercenario, esas legiones que atraviesan la historia y en cada época cogen el relevo disfrazados de  otros atuendos  y maneras, cambiando sus  sangrientos escenarios y sus argumentos  como quien se  cambia de casa. No vamos a lanzarnos  lanza en ristre, mi buen amigo, para atravesar el corazón  de quienes pretenden llevarnos al desastre mundial, sino conciencia en ristre es como nos lanzamos. Conciencia en ristre, bien asidos al alma ¡y adelante! Y cuando tropecemos con los mentirosos, los ladrones, los que atontan  al incauto pueblo  desde las tribunas mediáticas o palaciegas; cuando nos encontremos con las legiones de lacayos disfrazados y uniformados en  sus puestos de guardia para  impedir  que el alma  despierte; cuando, en fin,  nos encontremos con todas esas gentes de espíritu agarbanzado y rumiador que sestean en todos los prados de la vida, cuidado. Cuidado entonces. Extrememos la atención.  Porque antes de arrojarles al rostro sus mentiras y ruindades  hemos de mirar bien en nosotros, no sea que hayamos sido presa inconsciente de algún encantamiento de los que acechan al alma, y carezcamos entonces de lucidez y  fuerza para luchar contra malandrines  cayendo en su ley del Talión.  Porque muchos son, mi fiel amigo, los  cruzados del espíritu que son presa de alguna de las multiformas  de  la soberbia, la codicia, la envidia, los celos, la violencia, el odio,  y los deseos ocultos de poder,  sin haberse percatado de tan malas compañías subterráneas. Por eso sólo ven vigas en ojos ajenos y pajas en los propios…Y esta ceguera es la puerta de todos los fanatismos, de todos los caudillismos, de todos los salvadores a quienes nadie ha pedido salvación.

Pero si hallamos que nuestra alma ya  está libre de los encantamientos de este mundo; si hemos descubierto las vigas de nuestros ojos y hemos sacado buena parte de ellas como para ver claro y ser capaces de asumir  la vida como amor activo  desde el  compromiso por el bien colectivo,  no habrá duda  alguna de que nos hallamos en la senda del buen Alonso Quijano. Estaremos  creando ya en nosotros un nuevo tipo de humanidad, una humanidad de seres libres y altos ideales, de gentes honestas y puras: la humanidad con derecho legítimo a poder expresar la verdad que los eternos  cruzados de antes y de ahora  pervierten y  monopolizan en nombre de la libertad, la democracia y los derechos humanos, cuando no del mismísimo Cristo,  mientras se ríen de los derechos humanos  y divinos, pues hasta Dios para ellos está muerto y enterrado. Y es sabido que  los muertos no tienen derechos,  a no ser el de reposar en sus tumbas.

A la tumba de Dios, al que quieren  muerto, le sacan mucho provecho, hasta el punto de servirle de estandarte contra enemigos   de su calaña que también hacen lo propio esgrimiendo cosas parecidas.

Estos malandrines de altos cargos y bajas conciencias que tienen al mundo en un brete, unidos en maridaje con toda suerte de mercachifles de valores espirituales obstaculizan cuanto pueden  la verdad, calificando de políticamente incorrectos o “locos” a quienes la defendemos, lo mismo en Oriente que en Occidente. Ellos  no tienen la menor idea  de lo que es la corrección ni la  locura, porque para eso hay que despertar de la enfermiza cordura que ellos predican y que solo nos conduce a la muerte. ¡Bendita locura la que nos conduce a la vida!

Y si políticos, generales, obispos, y gentes de otros uniformes; si  intelectuales sin conciencia, o científicos inmorales, o radicales sanguinarios de otro tipo, por poner ejemplos de algunos malandrines, se ponen en nuestro camino para cerrarnos el paso con sus sermones, sus dogmas y teorías, sus decretos del ego y sus preocupaciones por ser diosecillos, no conviene perder mucho tiempo en filosofar con ellos sobre temas trascendentes. Dejémosles con sus rupestres discursos y sigamos nuestro camino. Ellos caminan hacia el pasado, y nosotros ya somos hijos del futuro.

Así que vamos a emprender una cruzada, la más  grande e incruenta cruzada  contra todos  los eunucos del espíritu, contra todos los carceleros de la dicha, contra todos los nigromantes que se introducen  en los paisajes de nuestras almas  para derrotar la belleza, el amor y la bondad que pugnan por crecer  en lo profundo de uno mismo. Contra todos ellos es llegada la hora de la más íntima y profunda cruzada que jamás se haya hecho en esta humanidad doliente para que deje de serlo, rompiendo el encantamiento del ego de cada uno, cuyo vaivén  forma colectividades, crea ciudades, explota recursos y ensangrienta la Historia.

Eso que se llama “Intrahistoria” es la única historia verdadera por ser propia y no impuesta. Esa es la que hemos de reconstruir con nuestra singular cruzada, mi buen amigo.

Si fuéramos capaces alguna vez  de cometer la locura de introducirnos en el campo de batalla de  nuestra conciencia para derrotar a los guardianes de la mentira, a todos sin excepción, toda esa pléyade de aliados y simpatizantes de lo más  retrógrado de  la verdadera civilización que velan o se desvelan por nuestra muerte espiritual, ya estaríamos definitivamente redimidos de todos nuestros fantasmas, y podríamos regresar a nuestro verdadero hogar, recuperada al fin la cordura de los hombres libres,  definitivamente resucitados.

¿Y cual es la tarea? Preguntamos a un viejo cruzado, filósofo  de la intrahistoria, de esos que todos hemos conocido alguna vez en nuestra vida. Y él, que tiene la experiencia de la desolación interior superada, nos contesta siempre con la misma frase:

“Sacudir conciencias: esa es la tarea.”…

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