Una mirada fantástica , y sarcástica, sobre el país de los soviets

Por Iñaki Urdanibia

Si algún escritor intentara demostrar que la libertad no le es necesaria, se asemejaría a un pez que asegurara públicamente que el agua no le es imprescindible

( Carta al Gobierno de la URSS. 28 marzo de 1930)

No fue larga, ni plácida, la vida de uno de los escritores rusos más brillantes del siglo pasado, Mijaíl Bulgákov ( 1891-1940), autor de El maestro y Margarita ( * )- Alianza Editorial, 1968- , su novela más célebre que no vio la luz hasta años después de su fallecimiento.

De familia de profesores, cursó los estudios de medicina en la universidad de Kiev obteniendo excelentes resultados, lo que le valió lograr un puesto en el hospital de la ciudad. Aficionado a la literatura , a la música y al teatro desde joven acumuló lecturas de los clásicos rusos; de su profesión dan cuenta sus primeros relatos centrados en su experiencia como galeno, puesto que tras su participación en la contienda bélica trabajó como tal ( Diarios de un joven médico. Alianza Editorial, 2016). A comienzos de la primera guerra mundial se alistó como voluntario, siendo enrolado en los servicios de la Cruz Roja y destinado al frente, en donde fue herido gravemente en un par de ocasiones, lo que hizo que los dolores le durasen de por vida, lo que le llevó a tratar de calmarlos con la ingesta de morfina ( Anagrama, 1991 / Ediciones Nevsky, 2017; con otros relatos) sustancia sobre la que escribió un relato ( 1926) en el que narraba su adicción que no superó hasta 1918.

Con ocasión de la revolución de octubre se alistó junto a su hermano en el ejército blanco, siendo enviado al norte del Cáucaso, en donde trabajó de periodista. Si en los primeros tiempos de jefatura estalinista se le ofreció ejercer como médico en el extranjero siéndole prohibida la salida a causa del tifus, al final optó por la escritura. Trasladado a Moscú con su primera esposa, vivieron de prestado en casa de una hermana en unas situaciones de honda penuria. Sus primeras publicaciones, artículos, cuentos y alguna novela, obtuvieron cierto éxito hasta en el seno de la nomenklatura, recibiendo algunos elogios por parte del propio Stalin de la representación teatral de su novela La guardia blanca, lo cual no quita para que fuera criticada con dureza por el propio Partido, en esta situación contradictoria, pensó que podría sortear las zancadillas recurriendo directamente al secretario general del PCUS con el fin de lograr el beneplácito de este con el fin de que se pudiesen publicar sus obras y, en consecuencia, vivir del oficio de escritor. El tono satírico y crítico de sus trabajos hizo que las prohibiciones fuesen totales con respecto a sus escritos juzgados contrarrevolucionarios…Más adelante suplicaría a Stalin, en repetidas ocasiones, que le dejase salir del país, cosa que no le fue concedida ( **). Las contradicciones a las que he aludido hicieron que le fuera concedido algunos puestos, prácticamente simbólicos, en los teatros moscovitas, al mismo tiempo que sus obras estaban prohibidas, y no se publicaban por los tonos críticos con respecto al funcionamiento del poder dicho soviético.

En El maestro y Margarita relata una escena sobre la posible detención del protagonista, y tal escena tenía una fecha concreta en la vida real del escritor cuando el 7 de mayo de 1926 se presentó en su domicilio un agente de la policía secreta, la OGPU, con el fin de registrar el domicilio; al no estar Bulgákov y no poder comenzar la operación sin él, le esperaron y al llegar n o le detuvieron mas sí que se llevaron unos manuscritos , anunciándole que hacía tiempo que le vigilaban. Fue convocado varias veces por oficiales instructores, pero del manuscrito, que eran anotaciones personales a modo de diario, nada de nada…a pesar de sus reclamaciones alegando que eran apuntes necesarios para escribir. La prohibición de sus obras y la negativa que pudiese viajar al extranjero se puso desde entonces en marcha, y las cartas también al Comité Central, Al propio Stalin, a Gorki, etc.

No cabe duda de que su victoria contra la persecución hubo de esperar hasta los tiempos posteriores al fallecimiento de Stalin, y al informe secreto de Kruchev, al XX congreso del PCUS…su obra más celebrada, El maestro …no vio la luz en su país hasta bien entrados los años sesenta; el éxito fue fulminante.

Si ya en la novela citada varias veces se ve una mirada sarcástica hasta las cartolas con respecto a los vaivenes del nuevo poder en los tiempos del “comunismo de guerra” y la “NEP” ( cosa que se repite en Relatos de Moscú, Maldoror, 2006), la crítica en otros textos no le van a la zaga en su afilada crítica con respecto a los intentos de convertirse en Dios de los nuevos gobernantes ( que parecían guiarse por la onda de los sueños de la razón engendran monstruos), creando vidas artificiales como puede verse de manera especial en unos satíricos textos que derivan hacia la bufonada trágica: Los huevos fatales ( Losada, 2013 / Traducido como Los huevos fatídicos, junto a Las aventuras de Chichikov por Maldoror en 2007) en donde el mal uso de ciertos experimentos hace que unas gallinas acaben mutando en voraces serpientes, subrayando las consecuencias negativas del progreso desmedido, en el intento de desarrollar células a toda velocidad, con el rayo rojo, que origina efectos no deseados; o en Corazón de perro ( Lectorum, 2010) en donde a un pobre can se opera para insertarle el hipotálamo de un humano afiliado al PCUS, lo que hace que el científico acabe odiando su creación…Cuentos bajo la sombra de Frankentein que ha hecho que se hable de ellos como ciencia ficción disidente bulgakiana.

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( * ) El maestro y la Margarita>>: cuarenta años

Quien no haya leído la soberbia obra de Mijaíl Bulgakov(1891-1940), siempre está a tiempo de hacerlo, y nunca ese tiempo será perdido. No solo por conocer en clave satírica y en conseguido collage la Unión soviética de los años treinta-qué también- sino para enfrentarse con una prosa vanguardista y una utilización de distintos recursos literarios propios de la más puntera innovación narrativa.

Precisamente por estos días de hace ahora cuarenta años vio la luz la destacable novela póstuma de la que hablo, después de fallecido Stalin, y al amparo de los aires aperturistas –gladsnot y perestroika– que inauguró el informe kruchovita al XX Congreso del PCUS.

Tras estudiar medicina en su Kiev natal, y ejercerla durante un breve periodo, Bulgakov vagó por la miseria de la Unión Soviética recién estrenada y por el Cáucaso, para posteriormente dedicarse a tiempo completo a la escritura. Autor inicialmente de artículos satíricos y obras de teatro no menos satíricas, en las que el descarnado humor-balanceando entre la alegría y la tristeza-, la punzante ironía y un sangrante sarcasmo toman cuerpo,y en las que se retrata la revuelta situación de su país, haciendo hincapié en los aspectos más paradójicos y contradictorios hasta el absurdo que en ella anidaban, no iba a tardar en encontrar problemas a la hora de ver representadas sus obras, por sus no veladas críticas al funcionamiento de los organismos del poder soviético; es significativo es este sentido, cómo fue precisamente el entusiasmo del mismísimo <<padre del socialismo>>, hacia algunas de sus obras, el que le sirvió de atenuante paraguas ante los celotípicos censores de la época.

En 1966, el nombre del escritor- y sus obras- salió del purgatorio en el que había estado recluido, y comenzó a sonar con fuerza, debido en especial a la publicación de su novela Master i Margarita, libro que dos años después sería publicado por acá por Alianza Tres(más tarde creo recordar que hubo otra edición en Debate). La obra alcanzó, de inmediato, un éxito notable, y es que la novela se las trae, por su complejidad, por su ambición y por el tono desbocadamente desenfadado que desborda desde la primera hasta la última de sus casi quinientas páginas. Dos ejes vertebran el libro de torrenciales historias: por un lado, la presencia de Satán(con distintos disfraces) y su séquito en Moscú, y por el otro, el episodio de la pasión de Cristo(Joshua Ga-Nozri), con notable importancia prestada a los personajes de Poncio Pilatos y de Judas de Kerioth. Es claro que el diablo ha vivido en aquellos remotos tiempos, al igual que ha mantenido conversaciones con otros destacados personajes históricos, como Kant por ejemplo(seguramente hablaría del problema del mal con el filósofo de Köninsberg).

La presencia de un ser extraño al tejido social de la capital soviética, con unos enormes conocimientos y unos fabulosos poderes hace que todo se ponga patas arriba, en un plis plas. El ambiente totalmente chirene invade las páginas desde las primeras líneas, en las que una discusión entre un par de escritores soviéticos sobre cuestiones, digamos que, <<teológicas>>, es interferida por un misterioso caballero, a todas luces extranjero, que afirma haber vivido las escenas evangélicas en directo…y ante la incredulidad de los contertulios, el señor en cuestión dice que va a suministrar una prueba de la existencia de Cristo…en una cascada expresionista, en caída libre-y con repetidos saltos mortales y medio- la confusión, la muerte, el desbarajuste, la locura, las alucinaciones varias empiezan a adueñarse del escenario social, y ante el desconcierto y la galopante oligofrenia de notables ciudadanos, un denominador común comienza a ser constatado:en todos los casos se da la presencia de un siniestro señor, acompañado de un deslumbrante séquito, en el que destaca la presencia de un negro gato que anda erguido sobre sus patas traseras y que se comporta como los humanos(frecuentemente en sus vestimentas y en sus hábitos al comer y beber, y especialmente en su capacidad de utilizar con soltura el lenguaje articulado). De sorpresa en sorpresa, irá avanzando el lector que se las habrá con personas que vuelan, con espectáculos de magia desbordantes en los que el público enloquece por momentos, danzas satánicas y macabras toman la pista, cabezas seccionadas cuyos propietarios las reclaman desesperados, apariciones y desapariciones de personas, manuscritos, etc., y la milicia movilizada en vana búsqueda del que parece ser responsable de semejante desaguisado, que ha puesto el país patas arriba: notables ciudadanos soviéticos se verán abocados al encierro psiquiátrico debido a sus extraños comportamientos, pufos varios salen a relucir siendo sus destinatarios honrados responsables, el amor a la posesión del gratuito dinero generado por Voland(el diablo) hace que los valores se subviertan y que el afán por gozar de la propiedad y de otros perniciosos vicios burgueses vuelvan a aflorar extendiéndose como una irrefrenable epidemia.

La sociedad enredada representa la Unión soviética de los años treinta con sus dificultades económicas y sus consiguientes chanchullos, estraperlos y otras yerbas, que crecen en los jardines de la nomenklatura, naturalmente de manera clandestina para tratar de escapar de las redes panópticas del poder y de sus fieles vigilantes, la omnipresente milicia. De una manera simbólica(sin señalar tan abiertamente como los Ilf&Petrov), Bulgakov recurre al diablo para que, con su poder de trastocar las cosas, ponga al descubierto el entramado oculto que anida en los egoístas burócratas y en la necesitada población…en frente, a modo de ejemplar modelo antagónico, se alza la figura del crucificado, un loco idealista que se deja atrapar por las redes de la muerte.

Finalizaré señalando que acaba de aparecer, de la mano de la viguesa Maldoror, una treintena de lúcidos textos del autor del que hablo bajo el título de <<Relatos de Moscú>>, que recogen su satírica mirada sobre los años veinte, los tiempos de la NEP ¡Desbordantes lecciones de fantasía satírica y de ambivalente crítica!.

( ** ) El dolor de escribir

+ Mijaíl Bulgákov y Evgeni Zamiatin

Cartas a Stalin

Veintisieteletras, 2010.

93 págs. / 11, 95 €.

+ Ariadna Efron

Marina Tsvetáieva, mi madre

Circe, 2009.

296 págs. / 17 €.

No eran buenos tiempos para la lírica los primeros años del siglo XX en Rusia, los tiempos agitados de después de la revolución de octubre, que se encaminaban a establecer rígidas normas al acto creativo de escribir-y a otras expresiones del arte- para situarlos bajo el mando de la política del poder. Así las consignas de subordinar el arte a los intereses de la construcción del socialismo, y a las restricciones por parte del partido a situar las letras, por encima, con independencia del sacrosanto deber de servir al pueblo, al proletariado, o al futuro luminoso de la humanidad, pasaron a ser moneda corriente, e impuesta a hoz y martillo, bajo los presupuestos del comisario de turno, por ejemplo Zhanov, con sus prédicas acerca del arte proletario, en la misma onda que la ciencia proletaria de un Lyssenko.

¡ Dejadnos escribir!

La pléyade de escritores que destacó en aquellos años y que tuvieron problemas para poder ejercer su libertad creativa cubrieron una amplia nómina que va de Anna Ajmátova, Ossip Mandelstam, Marina Tsvetáieva, Esenin, Platonov, o de manera especial en la presente ocasión-y lo digo por ser cartas de estos dos últimos las que se publican ahora- del autor de Nosotros(1920) y del de El maestro y margarita(1940).

Hablaba el autor de la segunda de las obras citadas, Mijaíl Bulgákov( 1891-1940) de que en «la Santa Rusia soviética ocurrían acontecimientos de lo más increíble». Obviamente tal situación se prestaba a las mil maravillas a ser enfocada bajo el prisma de lo fantástico, pues lo real era insólito hasta los topes, prestándose a anomalías y equívocos persistentes constituyendo así un terreno ideal para el ejercicio de la fantasía, desplazada hacia lo delirante, lo humorístico, como lo hizo Bulgákov en su obra maestra que finalizada el mismo año de su muerte hubo de esperar más de una veintena de años para ser publicada en su país. Sirva como muestra lo que acabo de decir para subrayar las dificultades de escribir que se vivían en los tiempos de Stalin en la patria de los soviets, si bien más bien podría hablarse de las dificultades para publicar, ya que escribir, escribir lo que se dice escribir, todo el mundo lo podía hacer siempre que sus palabras no entrasen en contradicción con las normas dominantes y su espíritu corrosivo quedase en el seno de lo privado, en el ámbito de cada cual.

Zamiatin (1884-1937) tuvo también serias dificultades, y prohibiciones, a la hora de que sus obras viesen la luz, como las tenía Bulgákov para ver representadas sus obras teatrales que a la sazón era lo que escribía fundamentalmente. Zamiatin logró al final un permiso para desplazarse al extranjero, cosa que Bulgákov no lo consiguió a pesar de sus continuas peticiones.

Las cartas que ambos dirigen a las autoridades del país, y más en concreto al jefe supremo de la nomeklatura del Kremlin, el camarada Stalin, van a llegar a los límites de lo patético. Las súplicas para intentar que Stalin se viese conmovido por las limitaciones a que se veían sometidos en su profesión de escritores les lleva a humillarse para tratar de conseguir cierto aire para poder respirar, pues… ¿ qué hace un pez fuera del agua? Lo dicho no quita para que las cartas rezumen reivindicaciones, no veladas, de la libertad debida para poder ejercer en condiciones el acto de crear, tratando de ubicar el status de la literatura con plena autonomía de las esferas del poder, ya que la literatura tenía que convertirse-según ellos- en la conciencia crítica de éste.

El agotamiento, los intentos de ninguneo de sus obras, las amenazas y el terror ambiente no hicieron, no obstante, que estos escritores arriaran la bandera de la libertad.

Una mujer excepcional

No hace mucho vieron la luz los cuadernos de Marina Tsvetáieva( 1892-1941) en los que ésta-a modo de autobiografía- dejaba ver sus apuntes, sus escritos íntimos que daban cuenta de sus gustos literarios, sus afectos compartidos y no, sus relaciones familiares, y su vida como mujer que se las veía y se las deseaba para poder llegar a fin de mes, y hasta de semana. Ahora ve la luz la visión que su hija, la pequeña Ariadna de los cuadernos nombrados, conservó de su madre lo que convierte este sensible libro en complementario del anterior, del de la madre.

Si para Marina Tsvetáieva su hija fue su mejor verso, para ésta su madre fue su primer poeta, el mejor y por el que apostó de por vida, ya que tras el suicidio de la madre- Ariadna Efron que estaba encarcelada, estándolo hasta 1955- se convirtió en albacea, ordenadora y editora de los poemas maternos. La poeta se exilió en busca de su marido que al haberse posicionado con los <<blancos>> hubo de salir por patas de su patria. Alemania, Checoslovaquia y París vieron a la mujer sumida en la pobreza y la precariedad más absoluta. Dos cosas mantenían en pie a la poeta: su entrega al verbo poético como espacio infinito, como parcela de la eternidad, y sus amores volubles y a veces a distancia(ejemplar sus carteos con Pasternak a quien no conocía). Al final se quedó sola: su marido se convirtió en espía del nuevo poder, y la hija le siguió a la zaga, deviniendo defensora acérrima del poder socialista. Añadiré que ambos-padre e hija- cayeron en desgracia: el padre fusilado, la hija en prisión…Tsvetáieva sola con su soledad, sus versos, sus recuerdos y…su cuerda final.

Ariadna retrata a su madre como poeta, como madre dominante e independiente, y como mujer sumida en momentos de desánimo frecuentes…y se retrata a sí misma como una niña que ha de ir de un lado para otro sin hallar en ningún lugar un calor de hogar adecuado.

Escritores que vivieron con plenitud la entrega a su tarea sin doblegarse ante ningún ídolo… el poder de la palabra que no reposa «ni en dioses, reyes, ni tribunos…».

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