Una lectura sobre el “Obamacare”

Junio cerró sus puertas con una enhorabuena para Barack Obama: el Tribunal Supremo de Estados Unidos aprobó en su totalidad la reforma sanitaria previamente presentada por él, y ello constituye una victoria clave cuando falta poco más de cuatro meses para las elecciones presidenciales en el país norteño ─aunque en una votación ajustada de cinco votos contra cuatro, reportaron varios medios de prensa.

Así quedó reconocida la constitucionalidad de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, identificada comúnmente como “Obamacare”, todo un núcleo duro en las aspiraciones del principal inquilino de la Casa Blanca o sea, continuar al frente del gobierno de Washington.

Más allá de los críticas al denominado “mandato individual” que obliga a contratar seguro médico a los estadounidenses sin cobertura ─se habla de una sexta parte de la población─, lo cierto es que la reforma sanitaria exige a los estados ampliar la cobertura pública del sistema de protección higiénica federal, conocido como Medicaid.

De esta manera, por vez primera en lo Made in USA se aprueba una reforma de salud que da cobertura a los que nunca la tuvieron, a juzgar por una razón: los estadounidenses tenían seguro médico por el empleador, pero cuando perdían el trabajo formal se quedaban fuera de tal protección.

Sin lugar a dudas, ello en alguna medida viene a mitigar el vergonzoso hecho que en una de las naciones más ricas y desarrolladas de la Tierra haya 45 millones de personas que no tienen seguro médico ─dato conservador, hablando de lo que registran las Estadísticas y al margen del número de indocumentados/as.

Recuérdese que escapó a la casualidad que la compleja y hasta dramática situación que vive hoy día la Patria de Washington haya devenido plataforma para un acontecimiento inédito en su Historia: en un número considerable de ciudades hubo significativas manifestaciones el 1ro. de mayo último protagonizadas por el Movimiento de los Indignados Ocupa Wall Street, y miles de trabajadores/as, estudiantes, inmigrantes y desempleados/as se enfrentaron juntos al sistema económico-social de injusticia que impera en esa latitud.

Debo anotar que estudios recientes develan que la brecha en esa nación es de tal magnitud que los todopoderosos se llevan cuatro quintos de lo que aumentaron los ingresos de todos los estadounidenses desde 1980 hasta el 2002; al tiempo que la familia blanca promedio gana dos tercios más y tiene doce veces más riqueza que la familia negra promedio, sin descartar que la mitad de los hispanos y casi dos tercios de los afro-descendientes no poseen activos financieros —datos presentes en estos tiempos.

En línea con la idea anterior, salta a la vista una realidad de Perogrullo: si bien es muy significativa la victoria que acaba de obtener Obama, sin embargo ella no llega a cubrir ni remotamente las expectativas que él planteó en su campaña electoral del 2008.

Es precisamente en este escenario que se me antoja pensar que en la Mayor de las Antillas el candidato a reelegirse como primer mandatario de Estados Unidos tiene un referente para ¿poder concretar? los cambios sociales prometidos por él cuatro años atrás.

Cuba evidencia un Sí se puede, toda vez que es el mejor país en América Latina para ser Madre, según la ONG Save the Children en una información que desde Londres emitió hace unas semanas; mientras que  considera el bienestar de los niños/as en nuestro Caimán Verde, que incluye la tasa de mortalidad antes de los cinco años y el porcentaje de desnutridos/as.

Puntualmente, exhibimos indicadores que ni siquiera son sueños para la gran mayoría de mujeres en el mundo (por ejemplo, alrededor de cinco de mortalidad infantil por cada mil nacimientos ─a pesar de los pesares, incluyendo el más largo, multilateral y renovado Bloqueo que rebasa el medio siglo).

En el particular de la provincia de Camagüey, al cierre del 2011 fueron intervenidos mediante grandes cirugías más de 40 mil ciudadanos/as; tuvo lugar un millón de atenciones estomatológicas ─30 mil más que en  2010; el servicio de prótesis  atendió a unos 14 mil pacientes ─amén de su alto costo; y ascendió el índice de los trasplantes de riñón y los de córnea prácticamente duplicaron los realizados en el mismo 2010 ─de acuerdo con la información ofrecida a la prensa del territorio por autoridades de la Salud Pública desde la ciudad camagüeyana cuyo centro histórico-cultural es Patrimonio de la Humanidad.

Por tanto, saludo esta victoria del “Obamacare” en interés de una parte importante de norteamericanas y norteamericanos, y deseo que el probable próximo período presidencial de Barack devenga contexto propicio para que él cumpla el prometido cambio que data de 2008.

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