Una historia de amor a prueba de rejas

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La vida de José Navarro es todo un testimonio de lucha antifranquista. Se echó al monte el mismo día en que cumplió 27 años, el 28 de julio de 1951. Militante del PCE en la clandestinidad, ejercía funciones de enlace con las células comunistas de Yecla, Jumilla, Villena y Alacant. Las torturas y los años en prisión no le amedrentaron, puesto que tras instalarse en Benicalap reanudó la lucha clandestina desde la asociación de vecinos de este barrio.

Pero, por encima de todo, la suya es también una historia de amor a prueba de rejas con Fina Camarasa, que continúa viva más allá de la muerte pues la que fuera su mujer y madre de sus tres hijos falleció hace cuatro años.

Fina era la novia que dejó en el pueblo cuando se enroló en la AGLA. Al ingresar en la cárcel Modelo, ella vino a Valencia y se hizo pasar por su hermana para poder visitarle. Luego buscaría trabajo en la ciudad para poder verle todas las semanas.&nbsp

José revive esa primera visita: «Estábamos separados por dos rejas a dos metros de distancia. La gente hablaba a gritos y era difícil oir nada». Sabía que si no lo fusilaban le esperaba una larga pena, por lo que intentó desligar a Fina de su duro destino: «Le dije que lo mio no iba a ser pasajero, que le daba libertad para que rehiciera su vida sin mi, que era muy joven (tenía 22 años), pero no me contestó. Me miró a los ojos y, con la cabeza, dijo que no». «Me esperó durante siete años», relata emocionado.&nbsp

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