Una grabación prueba las agresiones racistas de un grupo de Mossos contra un joven en Barcelona

Un juzgado de Manresa investiga la actuación de seis agentes antidisturbios de los Mossos d'Esquadra durante la detención de un chico en enero de 2019 en Sant Feliu Sasserra (Bages).

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Seis de la tarde del jueves 10 de enero de 2019. Wubi se dispone a salir de su casa en el municipio de Sant Feliu Sasserra (Bages) para pasear a su perra. Una vez llega al parking, varios agentes de los Mossos d’Esquadra irrumpen y le piden la documentación. “¿Eres el jardinero del edificio?”, es la primera burlona interpelación de una situación que acontecerá una pesadilla para este joven de veinte años. Según la versión de la víctima, a partir de aquel momento, los policías empezaron a lanzarle bolsas de basura, a empujarle y a escupirle, vapuleándole a base de puñetazos que acompañaban con insultos racistas.

Su testimonio se recoge en el escrito que SOS Racisme —entidad que se encarga de su representación legal— presentó al juzgado de instrucción 5 de Manresa, que está practicando las correspondientes diligencias para esclarecer el contenido de la denuncia. Un año y medio después de los hechos, se hace público el relato de este episodio de racismo policial, corroborado por un audio que el chico pudo grabar con su teléfono móvil, en el cual se escuchan con nitidez las agresiones, vejaciones y amenazas que sufrió.

Wubi pudo escapar atemorizado del primer encuentro con los Mossos. Se dirigió deprisa a un descampado cercano con la intención de protegerse, trayecto durante el cual escuchó la detonación de un tiro. El motivo de la visita de los agentes era la ejecución de una orden de entrada a los domicilios que ocupaban varios jóvenes, en el marco de un procedimiento para desahuciarlos. Minutos más tarde, una vez consiguió esconderse, probó a contactar a sus vecinos vía telefónica para advertirlos de lo que había sucedido y evitar que se toparan con el dispositivo policial, pero ya era demasiado tarde.

Atemorizado por la situación, Wubi pudo escapar en dirección a un descampado próximo con la intención de protegerse, trayecto durante el cual escuchó la detonación de un tiro

Uno de sus compañeros descolgó el teléfono y le explicó que los estaban registrando, justo antes de que uno de los mozos cogiera el móvil y le advirtiera que, si no volvía al piso, emitirían una orden de busca y captura en su contra. Para evitar problemas, Wubi decidió volver al edificio, pero dada la situación que había vivido previamente, puso en marcha la grabadora de su móvil para documentar todo el que pudiera ocurrir.

“NEGRO DE MIERDA, HIJO DE LA GRAN PUTA”

Según la denuncia, cuando Wubi llegó de nuevo al bloque, los antidisturbios del área de Recursos Operativos (ARRO) de la Región Policial Central –con base a Manresa– lo acusaron de haber pegado uno de los agentes. Como se puede oír en el audio, uno de los policías reconoce haber disparado: “He fallado, ¿eh? Si no, te reviento”. Mientras tanto, el chico suplica que no le hagan nada y es conducido hasta el parking del inmueble —donde nadie más los podía ver—, emitiendo gritos como “me estáis haciendo daño, me estáis ahogando”.

Una vez reducido en el suelo, al audio se constata una primera ráfaga de golpes y los gritos desconsolados de Wubi, que recibe una respuesta afirmativa después de preguntar a los agentes si su virulencia se debe a motivaciones racistas: “Somos ordenados”. A partir de este momento, el episodio se agravia y uno de los Mossos recalca: “Soy lo más parecido que vas a ver al demonio”, entre las lamentaciones del joven que les implora “por favor, dejadme en paz, que soy humano”, obteniendo como respuesta “tú eres un mono, hostia”. El escrito presentado al juzgado narra cómo le clavan puntapiés y le escupen, así como la forma en que le golpean la cabeza contra el suelo.

En el audio se constata una primera ráfaga de golpes y los gritos desconsolados de Wubi, que recibe una respuesta afirmativa después de preguntar a los agentes si su virulencia se debe a motivaciones racistas: “Somos ordenados”

“La dinámica en la cual el mismo agente lo cogía para ponerlo de pie a la vez que le exigía que sentara se repitió durante la intervención”, explica la denuncia. Una vez el agredido ya estaría esposado y boca abajo, fue levantado por la fuerza entre amenazas y golpes para trasladarlo hasta el vehículo policial. Durante el trayecto, se intuye cómo es agredido múltiples veces: “Esa por la de antes y esta por la de ahora”, brama un agente entre los gritos de dolor de Wubi. El audio avanza entre insultos y vejaciones como “puto negro de mierda, racista es poco” o “negro de mierda, hijo de la gran puta”.

De nuevo en el suelo y ya en la calle, uno de los uniformados lo conmina a que la próxima vez que vea la policía corra, “pero intenta irte muy lejos. Vete más lejos que África, mejor”. El agente que ha disparado el tiro al inicio del episodio reaparece en escena para afirmar: “He fallado, ¿eh? Si no, te reventaba las costillas con la bala”. Jadeante, Wubi oye a uno de los funcionarios asegurar “soy racista, mucho, pero si fueras blanco, te habría pegado igual de fuerte o más”, reconociendo explícitamente las agresiones físicas que había cometido. “Te lo he dicho por teléfono, que te iba a pegar una hostia que te iba a dejar blanco”, se mofa el policía con quien había hablado desde el móvil de su amigo, antes de que otro agente cierre maldiciendo “la de chusma de mierda que nos llega a este país”.

SOS RACISME CRITICA LAS IDENTIFICACIONES POR PERFIL RACIAL

Wubi fue trasladado a comisaría, donde estuvo detenido sin recibir ninguna asistencia médica a pesar de haberla requerido en varias ocasiones, tal como manifiesta el escrito enviado al juzgado de instrucción 5 de Manresa. Ya de madrugada, unos agentes diferentes a los que le habían detenido le trasladaron al Hospital de Sant Joan de Déu de la capital del Bages. Su representación letrada denuncia que allí le hicieron varias radiografías en presencia de los policías que lo custodiaban —medida totalmente irregular— y le entregaron un informe de lesiones.

El día siguiente, Wubi pasó a disposición judicial y prestó declaración sobre los hechos, explicando las prácticas policiales de las cuales había sido víctima. Posteriormente, quedó en libertad con cargos por un delito contra la salud pública, causa que poco tiempo después fue archivada. Paralelamente, el juez continuó practicando las diligencias pertinentes para esclarecer la denuncia penal del joven contra los seis policías, que desde el primer momento están identificados gracias al atestado de la detención que ellos mismos redactaron.

Desde SOS Racisme aseguran que este caso “no es únicamente consecuencia de la ideología racista de un grupo de agentes, sino que viene determinado por el contexto de carencia de mecanismos de control, impunidad, racismo y corporativismo policial”

Desde SOS Racisme han emitido un comunicado en el cual afirman que este caso “no es únicamente consecuencia de la ideología racista de un grupo de agentes del cuerpo de Mossos d’Esquadra, sino que viene determinado por el contexto de carencia de mecanismos de control, impunidad, racismo y corporativismo policial en el que los agentes trabajan”. Desde la entidad antirracista explican que los Mossos accedieron a reunirse con la familia de Wubi y una abogada y técnica del Servicio de Atención y Denuncia (SAID) de SOS Racisme. Por parte del cuerpo se personó al encuentro Josep Codina, jefe de la Comisaría General de Relaciones Institucionales, Prevención y Mediación, quien “se limitó a escuchar y aseguró que desde los Mossos d’Esquadra no se podía emprender ninguna actuación contra los agentes mientras el procedimiento penal estuviera en curso”.

A estas alturas, los agentes siguen trabajando en el cuerpo y haciendo vida normal, mientras el caso se encuentra en fase de instrucción a la espera que el juez decida si tiene suficientes elementos para enviarlo a juicio. Desde el año 1999, SAID ha recogido 571 casos de racismo policial, por los cuales solo se ha condenado cuatro policías por la vía penal y en ningún caso se ha reconocido la agravante de racismo incluido a la jurisdicción española. “A pesar de que me han pasado muchas situaciones de estas, aquel día me quedó marcado y a veces me cuesta mucho hablarlo. Aunque es algo que poco a poco voy superando, es una cosa que siempre recordaré”, reconoce Wubi todavía atemorizado.

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