Una década prodigiosa en filosofía: 1919-1929

Por Iñaki Urdanibia

Hay épocas en las que parece que la historia brilla con la acumulación de seres innovadores e diferentes esferas de la cultura…de momentos estelares de la humanidad hablaba Stefan Zweig; ahí están el siglo de Pericles, el Renacimiento, la Ilustración o la Viena de comienzos del siglo pasado. De manera más centrada y no multiforme como los casos que acabo de nombrar puede señalarse en el terreno filosófico, la década que nombro en el título, pues en ella irrumpieron con fuerza cuatro pensadores que dejaron su honda huella en el campo de pensamiento: Walter Benjamin, Ernst Cassirer, Martin Heidegger y Ludwig Wittgenstein. A estos cuatro personajes dedica una obra de innegable interés, Wolfram Eilenberger: « Tiempo de magos. La gran década de la filosofía, 1919-1929» , editada por Taurus hace un par de meses.

Pudiera pensarse que el autor vaya a seguir el modelo que inaugurase Diógenes Laercio con su Vida y opiniones de los filósofos más ilustres, mas no va por ahí la cosa ni en el número de pensadores presentes en su obra, ni en la época obviamente, ni tampoco en mantenerse en un anecdotario más o menos ocurrente de los cuatro presentados; se da una ajustada unión entre la exposición de las vidas de los cuatro, mas también de su pensamiento, refiriéndose principalmente en las obras que dieron a conocer en las fechas apuntadas; el eje sobre el que se desarrollan las exposiciones, es el de el primero de los aspectos nombrados: la singularidad de unas singulares existencias que se desplegaban en una época que daba para mucho, recién finalizada la primera guerra mundial; la filosofía como manera de vivir, enfrentándose con el mundo y la sociedad El método que utiliza Eilenberger es el del entrecruzamiento y la dosificación, de manera que vamos conociendo retazos de cada uno de ellos en medidas entregas que van completando la escena…lo dicho facilita la lectura y la comprensión de lo que con claridad se va exponiendo en las casi cuatrocientas páginas de la obra.

En tiempos en los que no regían las verdades seguras acerca de nada, todos los sólidos agarraderos de la cultura, la ciencia el y el pensamiento se mostraban inestables, del mismo modo que en el panorama internacional comenzaban a irrumpir oscuras nubes que presagiaban otros oscuros tiempos. En esa tesitura van a ir dándose los primeros pasos del quehacer filosófico de los cuatro nombrados, que con excepción de Cassirer que si concordaba con la carrera de un profesor universitario, hubieron de dar vueltas y revueltas para ir saliendo adelante con su actividad que se movía fuera de los pagos habituales de la academia; al hambre ya otras necesidades que acechaban a estos jóvenes, nos iremos enterando de algunos aspectos de sus problemáticas existencias, asomando el sexo en su expresión tendente al desborde en el caso de Heidegger, de la problemática homosexualidad , mal asumida, de Wittgenstein o las tendencias de bon vivant, jugador y seductor en el caso de Benjamin, sin obviar en el caso de este último su espíritu coleccionista…afición que costaba, y cuesta, cara, lo que le condujo de manera permanente a disputar con su padre, que no estaba dispuesto a mantener a su hijos, con las asignación monetaria, en la medida en que no estaba de acuerdo con las decisiones un tanto variables que ésta adoptaba. Se nos desvelan igualmente los problemas de cara a obtener el puesto de profesor por parte de Heidegger, que acababa de despegarse de las creencias religiosas y que consideraba el lenguaje como casa del ser y a los humanos como únicos seres dotados de dicha capacidad y disparados por ella a preguntarse sobre su presencia en el mundo, nada digamos con los mil y un tropiezos que impidieron a Benjamin acceder a la universidad, su fragmentariedad y el descoloque que su intempestiva visión ocasionaba en los tonos grand seigneur tan propios de los pagos académicos, le seguimos en sus desplazamientos nómadas geográficos y mentales; qué decir de la rareza de Wittgenstein, su Tractactus elaborado estando detenido por los italianos en la primera guerra, obra que creó escuela y no pocos malentendidos. Sus virajes que le hacen ser apoyado por distintos pesados ( Moore o Russell) para conseguir una plaza en la universidad de Cambridge [ la escenificación de la lectura de su tesis es de las que hacen historia] , en la que había seguido algunos cursos, su abandono del campus y su dedicación a la enseñanza primaria y a la jardinería en un monasterio, y…problemas económicos cuando había regalado su cuantiosa herencia a sus hermanos y algunos artistas…el futuro de la emancipación humana.

El autor nos invita a asistir al célebre encuentro de Davos, celebrado en 1929, en el que centraba la atención de los reunidos ( con especial mención y desacuerdos entre Cassirer y Heidegger) en la última de las preguntas kantianas: ¿ Qué es el hombre? ( tras las anteriores preguntas: qué podemos conocer, qué debemos hacer , qué nos cabe esperar), quedando meridianamente claro que la filosofía se movía en tierras movedizas al haberse convertido en sierva de disciplinas más sólidas y potentes: en especial, la ciencia que respondía a cierto criterio de objetividad frente a la filosofía que se deslizaba por los bordes de la nada…parecía llegado, en cierto sentido, un momento propicio a una refundación de la mirada filosófica; dos respuestas diametralmente opuestas se daban ante el miedo que atravesaba la sociedad y que se erigió en el centro del debate: para Heidegger, acicate para la acción y en esa medida algo positivo en la medida en que invitaba al arrojo, a la aventura de ir más allá, mientras que la postura de Cassirer era dar primacía a la razón para hacer desaparecer el miedo y sus causas[ posturas que no resultaban independientes de dos maneras de encarar la política] . Wittgenstein delimitando el alcance del lenguaje, tratando de aclararse en la selva de éste, enseñando a la mosca a hallar la salida de a botella, usando la escalera para una vez de haber alcanzado los escalones superiores arrojarla ; Benjamin buscando en las ciudades el espíritu de la modernidad; Heidegger lanzando preguntas y ejerciendo por momentos de verdadero mago ( de la Selva Negra) con un lenguaje cercano al esoterismo, y Cassirer definiendo a los humanos como homo simbolicus. Este último , el único ser que se movía dentro de los modelos del buen padre de familia y de eficaz profesor , que no vivía atormentado por sus fantasmas ni sexuales u otros, y que viajaba en tranvía pues allá hallaba la inspiración.

Anteriormente me he referido a la facilidad de la lectura del libro, lo que aunque siga manteniendo, se ha de puntualizar diciendo que la atención lectora ha de ser constante, pues el discurso nos empuja a implicarnos por momentos obligándonos a filosofar o al menos a tratar de adentrarnos en los mecanismos de filosofar de los maestros: la existencia, el ser y el tiempo, las formas simbólicas, el barroco y el romanticismo alemanes, los problemas y relaciones entre lenguaje, pensamiento y mundo…Todo con una perspectiva , por parte de los pensadores presentados, de hallar un sentido que alejase a los humanos de las ensoñaciones y falacias, buscando un sentido que encaminase a la humanidad por caminos que no condujesen a la repetición del desastre…que llegó sin tardar mucho.

Wolfram Eilenberger nos entrega una obra de las que crean afición abriendo las puertas de esa actividad humana, nacida de la estupefacción, más allá de los sectores especializados, y contagia su entusiasmo convirtiendo en cómplices a los lectores que se ven inmersos en los problemas y cuestionamientos de los cuatro penadores que trataban de dar respuesta a los problemas de su tiempo, o al menos detectarlos y plantear las peguntas adecuadas como quien se mantenga en el empeño de cercar la verdad, de llevarla contra las cuerdas…tarea sisífica que los seres humanos, impulsados por el leguaje y el pensamiento, no cesaran de realizar pues tal vez como señalase Kolakowski: la filosofía es muestra de la neurosis endémica de los humanos.

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