Una carta histórica al pueblo estadounidense

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En la historia se registran diversos intercambios epistolares que hoy sobresalen por la profundidad de las ideas plasmadas, la participación de personajes (mujeres y hombres) relevantes en el acontecer mundial y por el contexto temporal en que se suscitaron. El devenir político, cultural, económico y social, se ha enriquecido de esas correspondencias, pero pocas veces, ha registrado un intercambio entre el mandatario de una nación y un pueblo ajeno, por parecer condenados al enfrentamiento, pues más allá de las voluntades de unos y de otros, los deseos egoístas de posiciones imperialistas y neocolonizadoras, privan la posibilidad de diálogo a las partes en cuestión. En su momento, grandes líderes sociales y revolucionarios emitieron discursos gloriosos y/o recados a naciones encontradas, Fidel Castro dio muestra de ello, al enviar en más de una ocasión, mensajes de paz y concordia al pueblo de los Estado Unidos, queriendo despertar la conciencia humana aparentemente dormida entre los habitantes del imperio, para así evitar guerras interminables cuyo único final es la perdida de vidas humanas y daños irreparables a los pueblos enfrentados por mezquinos deseos de poder.

En el actual panorama mundial, en pleno azote de la pandemia del COVID-19, el imperialismo estadounidense acompañado de gobiernos lacayos de la región sudamericana, se empeña en agredir la soberanía y la autodeterminación de la República Bolivariana de Venezuela, importándole únicamente sus anhelos de saqueo y destrucción, se ocupa de dañar al pueblo venezolano que reinició el camino de su liberación veinte años atrás con la conducción del comandante Hugo Chávez Frías, en vez de garantizar a su pueblo el bienestar tan urgente frente a la crisis sanitaria que agobia, busca una conflagración que le otorgue la oportunidad de ejercer la infamia de sus ambiciones, pero ante esta postura proclive a la destrucción, esta siempre la muestra irrestricta del voto en favor de la humanidad, las voces a lo largo del mundo amparan la soberanía venezolana y el respeto a su pueblo noble, consciente y revolucionario, que se apuesta para defenderse a toda costa queriendo siempre la paz, la actitud esperada por el imperialismo no llega, pues quiere la rendición y la entrega sumisa de la riqueza natural y humana, sin embargo, encuentra el fervor por la patria y sus ideales que defienden la historia y el proyecto bolivariano, los sueños de libertad que marcan el quehacer emancipador de la redención popular se le oponen sin temor.

La respuesta cardinal, el guante blanco que busca la paz pero mantiene la firmeza del amparo nacional, es una carta tan necesaria como única en la historia, en ella se lee, la voz de todo un país firmada por la pluma guía de Nicolas Maduro Moro, presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, quien se dirige al pueblo de los Estados Unidos de América, en búsqueda de la armonía: “expresarles mi solidaridad ante este importante desafío histórico y nuestra consternación y dolor por las consecuencias de la pandemia en EEUU, me veo obligado a también alertarles que, mientras el mundo se enfoca en atender la emergencia del COVID-19, el gobierno de Trump, instrumentalizando una vez más las instituciones para alcanzar sus objetivos electorales y basándose en infamias bajo pretexto de la lucha contra las drogas, ha ordenado el despliegue militar más grande de Estados Unidos hacia nuestra región en 30 años, con el fin de amenazar a Venezuela y de llevar a nuestra región a un conflicto bélico costoso, sangriento y de duración indefinida”. La solidaridad y la denuncia en un párrafo que resume la amenaza real que significa la actitud vituperante y arrogante de Donald Trump y sus secuaces para el mundo entero.

En la misiva del 3 de abril de 2020, se manifiestan los ideales humanitarios inscritos en el proceso bolivariano, injuriado por quienes añoran sobreponer su voluntad particular, el pueblo venezolano mediante la pluma de su presidente expresa: “Nosotros en Venezuela no queremos un conflicto armado en nuestra región. Queremos relaciones fraternales, de cooperación, de intercambio y de respeto […] Hago un llamado al pueblo de los Estados Unidos para que ponga freno a esta locura, para que responsabilice a sus gobernantes y los obligue a enfocar su atención y sus recursos en la atención urgente de la pandemia. Pido, junto al cese de las amenazas militares, el fin de las sanciones ilegales y el bloqueo que restringe el acceso a insumos humanitarios, tan necesarios hoy en el país. Les pido, con el corazón en la mano, que no permitan que su país se vea arrastrado, una vez más, a otro conflicto interminable, otro Vietnam u otro Irak, pero esta vez más cerca de casa”.

El frenético avance militarista del imperialismo y la crisis actual del capitalismo, pone en riesgo a toda la humanidad, por ser el imperialismo un viejo tigre dientes de sable herido de muerte lanzando sus últimos zarpazos, por eso esta tan preocupante la negación del valor intrínseco de la humanidad en sí misma que siempre ha hecho el imperialismo y la exaltación de diferencias como justificante de acciones destructivas, algo que la historia latinoamericana conoce muy bien y que en la carta referida se apunta: “No somos tan diferentes, como nos quieren hacer creer con infamias. Somos pueblos buscando una sociedad más justa, libre y compasiva. No dejemos que los intereses particulares de minorías cegadas por ambición nos separen. Nosotros, como dijo una vez nuestro líder Hugo Chávez, compartimos el mismo sueño. El sueño de Martin Luther King es también el sueño de Venezuela y de su gobierno revolucionario. Los invito a luchar juntos por hacer realidad ese sueño”. Desafortunadamente, ante tan evidente llamado de paz, cordialidad y hermandad humana por encima de cualquier diferencia, la cerrazón imperialista se mantiene y vigoriza su hostilidad, aunque conozca a profundidad por sus experiencias la fuerza de dignidad que le espera si decide dar el zarpazo auto-mortífero e irracional.

El final de la misiva es simple, claro y contundente: “Queremos Paz”. Los sueños profundos de los pueblos latinoamericanos son la justicia, la libertad, la soberanía y la autodeterminación, así como el bienestar social y colectivo, sueños compartidos por todos los pueblos del mundo, la humanidad se ubica por encima de cualquier particularidad política o económica, pero para garantizar que así sea, deben quedar atrás en el olvido de la historia, los imperios, las guerras y los deseos de dominación y sometimiento. La voz de los pueblos que buscan su verdadera libertad ha de clamar por el fin del capitalismo-imperialista y en pro de la paz y el bienestar global.

 * Cristóbal León Campos. Integrante del Colectivo Disyuntivas

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