Una batalla literaria : Dorgèles / Proust

Una exhaustiva reconstrucción de una disputa en el campo de las letras que desbordó sus límites para ampliarse al campo político.

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Por Iñaki Urdanibia

No corrían buenos tiempos para la lírica en el Viejo Continente justo tras finalizar la primera guerra mundial; en 1919 el tejido social hexagonal tenía la sensibilidad a flor de piel cuando las llamas guerreras todavía mostraban el brillo de sus rescoldos. En tal situación, Marcel Proust publica en junio A la sombra de las muchachas en flor, y ya desde su aparición los ánimos se disparan: para unos una verdadera maravilla, para otros un texto inoportuno ya que no eran tiempos para buscar el pasado sino para vivir el presente, debiendo así jugar la literatura un papel pegado a la realidad o al menos augurar un futuro esperanzador para subir la moral a la ciudadanía. El libro fue seleccionado para el premio Goncourt, llegando a la liza final enfrentado con Las cruces de madera de Roland Dorgèles, novela en la que se narraba la crueldad de la contienda y se cantaba la heroicidad e las trincheras. Al final, el 10 de diciembre se concede el galardón a Marcel Proust por la novela mentada, diez votos contra seis, y el revuelo surge de inmediato. Tirios y troyanos alzan la voz para señalar lo injusto de la decisión para lo que se buscan todo tipo de argumentos: la frivolidad del escritor que además es un charlatán y que ya tiene demasiada edad, 48 años, amén de que no está tan necesitado de los 5000 francos como lo estaban otros escritores. El debate se encrespa y el eje se traslada de lo estético y literario al terreno de la política, haciendo que las discusiones se vean atravesadas por el cuestionamiento de qué papel ha de jugar la literatura en aquellas circunstancias ; las mismas editoriales se ven enfrentadas , utilizando todo el arsenal en lo que hace a defensa y ataque, dejando las debidas normas de la politesse de lado: Albin Michel por parte de Roland Dorgèles y Gallimard por la de Marcel Proust, en aquel comienzo del siglo XX, que a no tardar vería aumentar el odio y la violencia hasta extremos de radical enfrentamiento.

Thierry Laget ( Clermont-Ferrand, 1959), escritor, traductor y colaborador de la edición de En busca del tiempo perdido en la colección de La Pléiade, se vuelca en los entresijos del ambiente que rodeó a la concesión del premio, y a las reacciones que provocó, en su « Proust, Premio Goncourt. Un motín literario», publicado por Ediciones del Subsuelo. Con un medido humor y una afilada ironía y armado con un riguroso bagaje de cartas, documentos inéditos y artículos de prensa – no hace falta señalar que los protagonistas o testigos de la época no existen ya- reconstruye con un detalle propio del más logrado puntillismo los avatares de la concesión, las opiniones, apoyos y reacciones contrarias que provocaron la concesión del premio, hasta el punto de que da la impresión de que los testimonios a los que recurre están aprehendidos en persona y en directo, como si los responsables de ellos estuviesen todavía presentes.

En doscientas trepidantes páginas que no dan tregua, Laget va desmenuzando este singular episodio de historia literaria, lo que va completado con una treintena de páginas de notas en las que se justifican las fuentes utilizadas , un exhaustivo dossier de prensa de la época y una tabla comparativa de las tiradas de las dos obras en liza, que deja ver que en los años 1919 y el siguiente la obra de Dorgéles arrasa de modo apabullante: 85158 frente a 23100; el patriotismo obliga y el aluvión de pronunciamientos a su favor hizo que se le concediera, a modo de consolación, el premio Fémina…El paso del tiempo nada tendría que ver con la valoración de ambos escritores. Asistimos a la batalla con sus giros, no pocas veces sorprendentes hasta lo azaroso, tomando el autor impulso con unas páginas iniciales en las que se sitúa el premio creado por los hermanos Goncourt desde sus orígenes, y que en la ocasión de la que se habla cumplía dieciséis años de su entrega, ya que habiendo sido creado en 1896, su concesión se puso en marcha en 1903. Ya en estas páginas iniciales irrumpe el tono desenfadado e irónico de Laget que no se priva de valorar la postura de los creadores del tema, los intentos de desbancar a otros premios que funcionaban a nivel hexagonal ( el de la Académie française y la Vie Heurese, antecedente del posterior Fémina), y entramos hasta el comedor en que se celebra la cena en la que se otorga dicho premio. Se liga lo anterior con una visita a la actividad de Marcel Proust, dirigidas al intento de lograr dicho galardón por medio de Por el camino de Swann, fracaso incluido, del mismo modo que se nos da a conocer los tejemanejes de las distintas editoriales por hacerse con el premio y los primeros escándalos que se dieron en relación a la concesión de dicho premio.

Por las páginas el autor hace desfilar a algunas luminarias de la escena hexagonal y a otros no tan conocidos que formaban parte del jurado o de los ambientes influyentes o cercanos a tal; entre los primeros destaca Léon Daudet, cuyas posturas antisemitas eran conocidas, no rehuyendo Laget el referirse al asunto, del mismo modo que resultan certeras sus anotaciones acerca de la presencia de las mujeres en alguno de los jurados nombrados venía a coincidir con la proclamación del derecho a voto de las mujeres decretada por el senado; con ello quiero incidir en una postura decidida en el autor por no esquivar los temas problemáticos sino pringarse , metiéndose au milieu de la mêlée; también subraya la memoria de corto aliento que olvidaba el posicionamiento de Proust a favor del juzgado Dreyfuss, poniendo el acento en los aspectos que se consideraban negativos poniendo en mal lugar a Proust frente al patriota Dorgèles, tachándole contra todo respeto a la verdad de reaccionario, conservador, etc. y sacando como refuerzo de estos calificativos noticias a todas luces falsas. Con respecto a los impresentables posicionamientos del nombrado Daudet, Laget hace justicia, a cada cual lo suyo, subrayando el papel jugado por éste, y su hermano, en la promoción de la obra de Proust; asunto en el que en el lector se origina un balanceo entre la rabia y el agrado. Si anteriormente aludía al desplazamiento hacia el terreno de la política que había dominado en el debate, el capítulo dedicado al veneno de L´ Action Française, y sus posturas de derecha extrema deja ver a las claras este eje sobre el que pivotó la querella, aspecto tratado con tino por Laget que nos conduce a ver ciertos dejes hacia una tibieza de izquierdas por parte del autor galardonado que se pronuncia con ciertos toques -digamos que- obreristas.

Los afilados dardos que se entrecruzan , y las abundantes citas dando cuenta de ellos, son muestra de un abanico que va desde el insulto a las opiniones más matizadas, perladas, algunas, de ricas metáforas, que son verdaderos ejemplos de un depurado estilo crítico, ante las que no desentona la prosa del avezado narrador que es Thierry Laget.

Desde luego si las historias de la literatura, al uso, tomaran como modelo el estilo y la desenvuelta prosa de este autor y abandonaran su habitual tono grand seigneur, se leería como mayor gusto y provecho, ya que a pesar del tema tratado y la abundante, ad nauseam, Thierry Laget consigue atrapar al lector desde la primera hasta la última página .

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