Un tribunal, para los criminales sionistas

Los crímenes de Israel son justificados por su Gobierno y por Estados Unidos, y atenuados por la Unión Europea, como un mal necesario para eliminar a Hamás Si asesinos generales serbios han sido sometidos a un tribunal internacional, ¿cómo se podrá justificar el no enjuiciamiento de líderes sionistas culpables demostrados de matanzas horribles?

El presidente Ehud Olmert, el ministro de defensa Ehud Barak y la ministro de Exteriores Tzipi Livni, el trío que en nombre del Gobierno sionista anunció públicamente el comienzo de un genocidio en la franja de Gaza, merecen un juicio internacional por crímenes contra la humanidad. No sólo ellos, también otros ministros, líderes políticos y generales. Ellos utilizan invariablemente el concepto de legítima defensa para actuar sobre el pueblo palestino con métodos que ya utilizaron los nazis contra sus antepasados recientes. Utilizan el terror sistemático e indiscriminado contra población civil ¿En qué se diferencian de una organización terrorista?

En esta nueva matanza hemos visto niñas y niños destrozados por bombas. La opinión pública mundial debería saber que en los últimos cincuenta años el Ejército de Israel ha matado a centenares de menores de edad en una extraña obsesión de ver en ellos a futuros enemigos. ¿O es que tal vez ya los ven como a tales? Recuerdo ahora la bomba que mató a más de veinte niños que ocupaban un edificio en el sur del Líbano, antes de que las tropas israelíes hubieran de retirarse empujadas por Hizbula.

Los crímenes de Israel son justificados por su Gobierno y por Estados Unidos, y atenuados por la Unión Europea, como un mal necesario para eliminar a Hamás, que por cierto ganó unas elecciones democráticas. Pero Washington y Bruselas saben perfectamente cuál es la causa de esta terrible tragedia: la ocupación de los territorios palestinos por una fuerza militar y por más de doscientas colonias de judíos. Ésta es la herida abierta en Oriente Medio que la manipulación de los hechos pretende que olvidemos. Se nos dice que Israel se defiende del terrorismo, cuando en realidad es una potencia colonizadora que aplica la limpieza étnica para su objetivo de construir el Gran Israel, utilizando para ello métodos de castigo colectivo contra población civil del más puro estilo nazi. Esta locura no puede quedar impune, por más que Israel, aspirando al estatuto de víctima del holocausto, culpe a sus adversarios de sus propios estragos. La invocación a los males sufridos por el pueblo judío constituye la base de un discurso que pretende un pasaporte de inmunidad perpetua con el fin de ejercer una violencia despiadada.

El objetivo del sionismo es la sustitución de un pueblo por otro en un territorio, mediante la inversión de la demografía a través de tres mecanismos: la expulsión de población palestina, la prohibición de su retorno mediante leyes, la importación de población judía de todo el mundo para colonizar nuevos territorios en Judea, Samaria y Jerusalén. En su política exterminadora, el Gobierno sionista pretende desunir geográfica y políticamente a Palestina arrasando Gaza y diezmando a su población. En su particular hoja de ruta, el Estado de Israel no contempla someterse al derecho internacional y al derecho humanitario. Para seguir siendo un estado díscolo cuenta con el apoyo incondicional de Estados Unidos, en cuyo país el sionismo y la Nueva Derecha Cristiana mantienen una alianza teológica y militar.

Israel hoy por hoy representa un peligro para la paz mundial. Sus dirigentes ven la necesidad de una guerra de anticipación permanente.&nbsp Presentan su agresión militar como lucha contra el terrorismo pero, por mucho que lo repitan, es una guerra que pretende acabar con toda esperanza palestina.

Si algunos verdugos de los judíos fueron juzgados -no, desgraciadamente, todos-, si asesinos generales serbios han sido sometidos a un tribunal internacional, ¿cómo se podrá justificar para la historia el no enjuiciamiento de líderes sionistas culpables demostrados de matanzas horribles? La llamada sociedad civil, las organizaciones de Derechos Humanos, las o­nG, deberíamos hacer algo, aunque sea simbólico, exigiendo la creación ad hoc de un Tribunal Penal para Israel que abra un juicio al sionismo en las personas de Olmert, Barak y Livni. Entonces se les podrá pedir explicaciones de por qué en la estación de autobuses de Jerusalén ha lucido tanto tiempo un grafiti que dice: «¡Holocausto para los árabes!». Y se les podrá, sobre todo, pedir cuentas por sus crímenes contra la humanidad.

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