Un tipo de «socialismo» que no debemos construir

Una vez que Karl Marx desarrolló científicamente lo que en 1883 Pedro Leroux [i]denominó Socialismo, el término dejó de ser una utopía que adornara el sueño de unos cuantos filántropos, para transformarse en la única y real alternativa que posee la Humanidad, no solo para superar históricamente el ya anciano sistema capitalista, sino para garantizar, como bien sentenció el camarada Fidel Castro, la supervivencia misma de la raza humana. Como dijera Lenin en 1905, “los sueños socialistas se transformaron en lucha socialista de millones de seres únicamente cuando el socialismo científico de Marx vinculó las aspiraciones transformadoras a la lucha de una clase determinada. Fuera de la lucha de clases, el socialismo es una frase vacía o un sueño ingenuo” (Socialismo Pequeñoburgués y Socialismo Proletario).

Con Marx los proyectos de “nuevas sociedades” como La Ciudad del Sol del italiano Tomaso Campanella, la Nueva Atlántida del inglés Francis Bacon o la famosísima Utopia del también inglés Tomás Moro, quedaban al descubierto como simples esfuerzos literarios y solidarios por imaginar cómo pudiese ser una sociedad distinta a la naciente sociedad capitalista. Sin embargo corresponde a los socialistas utópicos franceses como Saint-Simon, Owen y Fourier la radicalización de este pensamiento desatendiendo todos los valores dominantes de la época; fueran estos religiosos, políticos, morales sin lograr pasar de los sueños de crítica al sistema capitalista de producción al descubrimiento de los verdaderos factores y procesos que terminaban por expresar la injusticia, la miseria, la soberbia y el egoísmo que se irradiaban sobre el mundo con la misma rapidez que el dinero y la mercancía alteraban la naturaleza humana.

Y es que en la medida en que el capitalismo superaba la fase mercantilista gracias a la Revolución Industrial, y al proceso de acumulación originaria fundamentado básicamente en la expoliación que realizaron españoles e ingleses principalmente de todos los metales preciosos que existían en Suramérica, el desarrollo del capitalismo industrial promovió en niveles increíbles el surgimiento de una nueva clase social, llamada a ser la destinada a enterrar al capitalismo: nos referimos al proletariado.

Ese proletariado fue progresivamente adquiriendo consciencia de sí mismo como clase, de su importancia en el sistema de producción capitalista y de cómo la burguesía obtenía su riqueza sobre la base de la explotación de la fuerza de trabajo de los obreros. Ese desarrollo de la consciencia en sí le permitió progresivamente organizarse y comenzar un proceso de aprendizaje que lo llevaría a enfrentar a la burguesía en particular y al sistema capitalista en general.

Las primeras manifestaciones del movimiento obrero se plasmaron en el ludismo (destrucción de máquinas) a las cuales se las responsabilizaba de la pérdida de la capacidad adquisitiva del pequeño artesano. Éste término proviene del obrero inglés Ned Ludd, que en 1779 destruyó un telar mecánico. Sin embargo, los obreros se dieron cuenta de que no era la máquina su enemiga sino el uso que de esta se hacía, fue entonces cuando dichos obreros comenzaron a dirigir sus quejas a los empresarios. Así nació el sindicalismo, entendido como un movimiento de resistencia contra el capital y los capitalistas; luchando en sus inicios contra la extensas jornadas laborales, por sueldos justos, en contra del trabajo infantil y por el logro de ayudas económicas ante las enfermedades, el paro forzoso o la vejez.

En 1847, la Liga de los Comunistas, que reunía la vanguardia obrera alemana sobre todo,&nbsp encomendó a Marx y a Engels redactar un Manifiesto que recogiera el pensamiento revolucionario proletario, y sirviese&nbsp como programa del nuevo partido obrero. No solo nacía la idea de organización plena de la clase obrera en torno a un Partido que la guiase en la conquista del Poder para la construcción de la nueva sociedad, sino que nacía un documento que, aun hoy en día, es referencia obligada para quienes asumimos la construcción del Socialismo como tarea histórica.

Nacía así, el Manifiesto del Partido Comunista. No el Manifiesto Comunista como pretenden algunos interesadamente, sino el Manifiesto del Partido Comunista. Ahora, ¿por qué comunista? Cuando el objetivo sería la construcción del Socialismo. Dejemos a Marx y a Engels responder esta pregunta [ii]: “cuando este Manifiesto vio la luz, no pudimos bautizarlo de Manifiesto socialista. En 1847, el concepto de “socialista” abarcaba dos categorías de personas. Unas eran las que abrazaban diversos sistemas utópicos, (…) que poco a poco habían ido quedando reducidos a dos sectas agonizantes. En la otra formaban los charlatanes sociales de toda laya, los que aspiraban a remediar las injusticias de la sociedad con sus potingues mágicos y con toda serie de remiendos, sin tocar en lo más mínimo, claro está, al capital ni a la ganancia. (…). El sector obrero que, convencido de la insuficiencia y superficialidad de las meras conmociones políticas, reclamaba una radical transformación de la sociedad, se apellidaba comunista“.

En el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels tipificaron los diferentes tipos de socialistas que existían para el momento, muchos de los cuales hoy en día sobreviven, fundamentalmente organizados en torno a la Internacional Socialista. Marx y Engels describieron el socialismo utópico (al cual hicimos ya referencia), el socialismo conservador y el socialismo reaccionario. En este último existirían tres variantes: el socialismo feudal, el alemán y el pequeñoburgués.

Este último tuvo un desarrollo de importancia cuando incluso se presenta en Rusia, exigiendo a Lenin aperturar un debate [iii]importante contra sus exponentes rusos: los eseristas o socialistas revolucionarios.

Filosóficamente hablando, eran esencialmente Neokantianos (corriente filosófica burguesa surgida en Alemania en la segunda mitad del siglo XIX), que reproducía las tesis idealistas más reaccionarias de la filosofía de Kant. Bajo la consigna de "retorno a Kant", los neokantianos combatían el materialismo dialéctico e histórico, rechazaban la admisión de leyes objetivas de la sociedad. Revisaron la filosofía de Marx, su teoría económica y sus tesis sobre la lucha de clases y la dictadura del proletariado. En términos políticos, los eseristas se organizaron como Partido a partir de la unificación de diversos círculos populistas [iv]entre 1901 y 1902; practicando un socialismo utópico pequeñoburgués basado en: 1) el usufructo individual igualitario laboral de la tierra, y 2) la negación del papel dirigente del proletariado en la revolución. Al ser derrotada la revolución de 1905, una parte considerable de los eseristas comenzó a manifestar su verdadera naturaleza adoptando posiciones liberales. Al triunfo de la revolución democrático burguesa de febrero de 1917, formaron parte del Gobierno Provisional guiando las políticas anti campesinas de éste y apoyando a la burguesía y los terratenientes contra los obreros que preparaban la Revolución Socialista de noviembre de 1917.

Las diferencias de Lenin con los eseristas las planteaba en torno a que esas “deben relacionarse siempre con el problema de la concepción de la realidad, pues solo esta cuestión pone de manifiesto claramente las causas de nuestra profunda discrepancia política” (1905, Del Populismo al Marxismo). Y no podía ser de otra forma. Las enmiendas teóricas al marxismo que heredaban los socialistas revolucionarios de los populistas, fundamentalmente en torno al problema agrario y a la construcción del socialismo, eran elementos demasiado importantes estratégicamente hablando, como para no sentar posición.

Como decían Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos”. Las diferencias con los socialistas revolucionarios apuntan más allá de la participación de estos en el Gobierno Provisional de febrero de 1917. En las revoluciones democrático burguesas de 1905 y de febrero de 1917 los socialistas revolucionarios expresaban los ideales de la democracia burguesa, mientras los comunistas representaban y expresaban la idea de la democracia obrera; y la lucha ideológica contra los planteamientos eseristas implicaba “denunciar implacablemente las ilusiones inevitables de la democracia burguesa” (1905, Del Populismo al Marxismo). Y es que Lenin jamás dejó de plantear que, en el marco de la revolución democrático burguesa, como fase superior al régimen de servidumbre, aún en ella los comunistas no podíamos olvidar el objetivo histórico y clasista del socialismo: el derrocamiento de la burguesía. “La lucha conjunta del proletariado y de la burguesía contra la autocracia no debe ni puede obligar al proletariado a echar en el olvido la oposición hostil de sus intereses y los de las clases poseedoras” (1905, Del Populismo al Marxismo) decía Lenin.

Para Lenin, en ese 1905 de revolución democrático burguesa, los socialistas revolucionarios representaban&nbsp “la fracción más izquierdista de nuestra democracia burguesa” y ello&nbsp lo llevó a exclamar que “las buenas intenciones de ser socialista no excluyen la esencia democrático burguesa” que poseen ideológicamente. Ya eso lo expresaban Marx y Engels en 1847 en el Manifiesto del Partido Comunista.

¿Cuál era el proyecto, cuál era la idea que sobre el socialismo poseían los socialistas revolucionarios rusos de principios del siglo XX que Lenin combatió con tanta lucidez?.

Los socialistas pequeñoburgueses consideraban que el capitalismo poseía, en sí mismo dentro de Rusia, un nivel de atraso tal que solo ellos podrían direccionar a las masas (fundamentalmente campesinas) para superar tal situación. Volvamos a Lenin: “La teoría populista se revela con mayor claridad aún en las consideraciones acerca del campesinado. En todo el proyecto [v]se emplean indistintamente las palabras: “trabajadores”, “explotados”, “clase obrera”, “masa trabajadora”, “clase de los explotados” y “clases de los explotados”. Si los autores hubiesen pensado, por lo menos, en esta última expresión (clases), que se les ha escapado sin querer, habrían comprendido que en el capitalismo trabajan y son explotados no solo los proletarios, sino los pequeño burgueses” (1905, Del Populismo al Marxismo).

Y esta es una forma importante de atender al significado del socialismo pequeño burgués, que no por “socialista” (con buenas intenciones a decir, recordemos, de Lenin) esconden su verdadera esencia &nbsp …el espíritu de los socialistas revolucionarios o (lo que es lo mismo) en el espíritu del reformismo burgués. No tiene nada de revolucionario. Son desde luego, progresistas, eso es indiscutible; pero progresistas en provecho de los propietarios”. (1905, El Socialismo y el campesinado).

El obviar el carácter pequeñoburgués del campesinado conduce al hecho de que los socialistas revolucionarios emplean la fraseología socialista en razón de sus propios intereses. Ello explica porque los eseristas plantean que la construcción del socialismo, debe hacerse a partir del rescate de formas tradicionales y modos de vida campesinos de rasgos fundamentalmente colectivos como las cooperativas, las utopías comunales “refutadas hace mucho ya por la teoría y por la vida”, y que en términos de estudio científico (es decir marxista) solo podían advertirse como mecanismos empleados por el capitalismo para su desarrollo en el seno de la comunidad campesina. Al negar el carácter pequeño burgués existente en el campo, donde no solo existe el campesino pobre sino que a su lado el capitalismo desarrolla una pequeña burguesía campesina, una burguesía agraria y los terratenientes históricos, simplemente terminan expresando políticas totalmente absurdas y ahistóricas, pero que defienden sus intereses de clase. La pequeñaburguesía, históricamente se esfuerza por desembarazarse de la lucha de clases (como si no fuese parte de ella), y pretende entrar en escena como la única preparada intelectual, social, política e ideológicamente para unificar a los “bandos en lucha”

Y es que toda revolución democrática, burguesa en su esencia social y económicamente hablando, al final termina respondiendo a los intereses de la burguesía: comercial, industrial, agraria, financiera. Mientras que una revolución socialista, expresa los intereses del proletariado y por tanto de las masas trabajadoras en general. En las fases de revolución democrático burguesas (como la rusa de 1905-1907, o la de febrero de 1917) la alianza de los partidos obreros a la burguesía atraviesa por la frágil franja que se da entre el carácter y esencia de la revolución democrática y el carácter y esencia de la revolución socialista: la primera impuesta como necesidad coyuntural para permitir el avance del capitalismo hacia…, su destrucción; la segunda, la socialista, acumulando fuerzas para imponerse y permitir el salto cualitativo hacia la nueva sociedad. Por ello, dice Lenin “el error cardinal de todo el populismo ruso, de todo el liberalismo, y el radicalismo burgueses rusos (…) (radica) en la incomprensión de la diferencia que existe entre la revolución democrática y la revolución socialista (lo que) conduce a que, en las tareas democráticas, no se manifieste su aspecto verdaderamente revolucionario y a que, en las tareas socialistas, se introduzca toda la confusión de la concepción democrático burguesa” (1905, El Socialismo y el Campesinado, 1905).

Este, igual que otros aspectos, son fundamentales para quienes somos protagonistas como un proceso como el que vive nuestro país debemos estar claros en lo que objetivamente pasa y en cuáles son nuestros objetivos estratégicos no “como una frase vacía o un sueño ingenuo” como decía Lenin, insistimos, sino como la construcción en el presente de la utopía redentora. Desde las consignas hasta las políticas, desde los discursos hasta nuestro quehacer diario deben estar marcadas claramente en deslindar los vestigios del socialismo pequeñoburgués, enriqueciendo el verdadero socialismo científico.

“Es absurdo y reaccionario minimizar las tareas de participación (y por cierto, de participación dirigente) del proletariado en la revolución democrática, sustrayéndose, aunque solo sea, a la consigna de dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del campesinado. Es absurdo confundir las tareas y condiciones de la revolución democrática y de la revolución socialista, que son heterogéneas, tanto por su carácter como por la composición de las fuerzas sociales que participan en ella” (Lenin; 1905, El Socialismo y el Campesinado). Aquí es donde Lenin determina la supervivencia de formas premarxistas, antiguas, pequeñoburguesas de socialismo reaccionario el cual, simplemente, “erige en teoría la inconsciencia campesina, mezclando o confundiendo en un todo las condiciones y tareas de la revolución democrática verdadera y de la revolución socialista imaginaria” (ídem). Pretender inculcar en las masas campesinas que el capitalismo es compatible con su bienestar, con la superación de su calidad de vida se derrama por toda la sociedad pretendiendo que el pequeñoburgués (el propietario, el profesional, el empleado) pueden obtener los beneficios de la burguesía. Es el mecanismo para ocultar como el capitalismo sobrevive destruyendo las formas tradicionales campesinas, concentrando a través de la monopolización los diversos tipos de propiedad asfixiando progresivamente a la pequeñaburguesía. En el fondo, estos socialistas simplemente, repetimos, emplean la fraseología socialistas para profundizar el desarrollo capitalista.

Para hacerlo más claro aún, volvamos a escuchar a Lenin: &nbsp “¿Por qué no son iguales las condiciones de la lucha democrática y de la lucha socialista? Porque en una y otra lucha los obreros tendrán infaliblemente aliados distintos. Despliegan la lucha democrática al lado de una parte de la burguesía, sobre todo de la pequeñaburguesía. Sostienen la lucha socialista contra toda la burguesía. La lucha contra los funcionarios y los terratenientes puede y debe llevarse al lado de todos los campesinos, incluso los ricos y los medios. Mientras que la lucha contra la burguesía, por tanto, contra los campesinos ricos, solo puede mantenerse con la mayor seguridad en compañía del proletariado agrícola” (1905, Socialismo Pequeñoburgués Socialismo Proletario).


[i](Bercy, 1797-París, 1871) Político y pensador francés. Fundó Le Globe (1824), que se convirtió en órgano del sansimonismo. Posteriormente lanzó la Encyclopédie nouvelle (1836-1843) y la Revue indépendente (1841-1848), en la que expuso su teoría de un deísmo nacional para reemplazar a las religiones cristianas. Defensor de la clase obrera y partidario de un socialismo místico y del feminismo.

[ii]Prólogo de Engels a la Edición Alemana de 1890, del Manifiesto del Partido Comunista.

[iii]Del Populismo al Marxismo (1905), El Socialismo y el campesinado (1905), Socialismo Pequeñoburgués Socialismo Proletario (1905) son algunos ejemplos de la lucha ideológica empleada por Lenin en contra de los socialistas pequeñoburgueses rusos, en pleno desarrollo de la fase democrático-burguesa (1905-1907) de la revolución rusa.

[iv]Los populistas eran una corriente pequeño burguesa surgida en el siglo XIX, y quienes afirmaban que el capitalismo ruso no era producto del desarrollo histórico, sino un fenómeno casual y que, por consiguiente el proletariado no se desarrollaría. Consideraban, de este modo, al campesinado como la principal fuerza revolucionaria sobre la cual se construiría el Socialismo: un Socialismo basado en la comunidad campesina. Negaban la lucha de clases y, ante esta, creían firmemente en el papel de los individuos (los héroes) a los que seguían pasivamente las multitudes. A finales del siglo XIX, los populistas se reencontraron con el zarismo expresando su verdadero interés de clase a favor de los terratenientes; y combatiendo fervorosamente al movimiento revolucionario obrero y, por tanto, a los comunistas.

[v]Refiérese al Programa de los Socialistas Revolucionarios.

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