Un ramo de rosas rojas y una foto

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Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Este libro que apareció en Laertes (Barcelona, 2009) con el subtítulo de “Variaciones sobre el proceso del POUM”, se refiere a la tentativa estaliniana de escenificar unos “procesos de Moscú en Barcelona”, y explica las resistencias y las contradicciones que llegó a ocasionar entre las autoridades republicanas, y a la postre dentro del movimiento comunista oficial entonces rendido a las razones de la política exterior estalinista que lo último que quería era que hubiese una revolución basada en la democracia obrera en España…Desde sus páginas se pretende ser una adaptación (y ampliación) de otro, concretamente de El Proceso del POUM. Documentos Judiciales y Policiales se promovió una modesta edición (Lerna-Laertes, Barcelona, 1989), se ofrecía una trascripción del sumario, juicio oral y sentencia del Tribunal Especial con la presentación y notas de Víctor Alba y Marisa Ardevol. Estos papeles estaban en el Archivo Histórico Nacional y al cumplirse los cincuenta años del proceso quedaron a disposición de los estudiosos. En 1980, la fiscalía del Tribunal Supremo entregó al archivo todo el material –casi 4.000 cajas de documentos relativos a la guerra, que habían permanecido en una cámara acorazada de aquella institución- que compone la llamada Causa General: un procedimiento que se inició a partir de 1940 para conocer los “delitos” producidos durante la guerra en la zona republicana. Un Congreso sobre la justicia en la guerra civil celebrado en salamanca en 1981, contribuyó a acelerar su ordenación…

Como dirá el controvertido Víctor Alba, 1/ que fue principalmente el que gestionó la donación de los fondos (ahora en manos del Centre destupís Históricos de Barcelona): “en esos legajos sólo se halla lo actuado por los jueces, lo dicho por el fiscal y el defensor, lo declarado por los acusados y los testigos de cargo y descargo, y lo sentenciado por el tribunal. Las entretelas, los antecedentes, como es lógico, no constan en autos”. La edición se centra pues en el proceso judicial, y se reproducen textualmente las declaraciones prestadas ante el Tribunal Central de Espionaje, la de los plumistas, y también las de Largo Caballero, Zugazagoitia, Irujo, Federica Montseny y Luís Araquistaín. El libro incluye los informes del fiscal y de la defensa, así como la sentencia del polémico proceso, sin olvidar una serie de apéndices recogidos al final.  Se trata claro está de una selección de los más de 1.400 folios que componen esos legajos, y en los que hay “muchas actuaciones de simple trámite: citaciones, diligencias, providencias, oficios y notificaciones que no tienen ningún interés fuera del mecanismo rutinario del trámite judicial” (p. 9).

Esta singular edición llegó poco después de los 50 años del proceso, aniversario que ya había motivado la edición de un “dossier” por parte de la Fundació Andreu Nin así como un librito de 89 páginas, El proceso contra el POUM. Barcelona no fue Moscú, que contaba con las aportaciones de dos protagonistas de los acontecimientos, Francesc del Cabo, miembro del CC del POUM y capitán de la 29 División, y de Wilebaldo Solano,  secretario general de las JCI  durante la guerra y del POUM bajo el franquismo,  un anexo documental y un ensayo por parte de Carmen Grimau, miembro de la “Comisión de historia” de la Fundación Andrés Nin.

La edición de los Documentos produjo un cierto revuelo en la prensa, y fue recibida con entusiasmo por juristas como Juan Antonio Somalo, presidente del Tribunal superior de Justicia de Cataluña quien declaró en la presentación barcelonesa que de haberse celebrado hoy en día el juicio “se habría resuelto por pruebas no imputadas”. Según la crónica que la escritora Mercè Ibarz  expuso en el Diari de Barcelona (sábado, 18-12-1989), dicho magistrado declaró que se trataba de “una obra apasionante, y no solamente para los especialistas”. A pesar de esto, la edición no tuvo la difusión que merecía, y quedó como una aportación documental para los estudiosos en tanto que a los lectores no especialistas, todo aquel amasijo de datos resultaba de difícil acceso y comprensión, indigesto y por su propia naturaleza de “legajos”, su interés general  parecía limitado a algunos aspectos parciales.

Sin embargo, en estos documentos había demasiado trigo entre la paja burocrática para que permanecieran en la antigua edición. Además, en los últimos tiempos, en los que se está apreciando un creciente interés por el historial del POUM, y por lo, parecía que existía ya la suficiente perspectiva para que unos hechos tan terribles y vergonzosos para las izquierdas que habían protagonizado el Frente Popular (y más tarde el acuerdo de los Aliados contra el Eje), pudieran ser conocidos por un público lector mucho más amplio. Surgía  la oportunidad de una reedición lo que valía decir a una “adaptación”, lo que significaba operar con el material para ofrecer una edición “popular”, lo más asequible posible. Que ilustrara sobre los documentos, sobre los hechos, amén que sobre los diversos protagonistas de dentro y de fuera que habían tenido un papel señalado en el curso del proceso.

No ha resultado una tarea fácil. Los cabos del ovillo eran muchos, y la madeja no ha  dejado de rodar hasta el presente, baste señalar que el mismo año de la edición de los Documentos se cloraba la descomposición del estalinismo sin una resistencia significado. El tiempo transcurrido había sido primordial para un vuelco en la situación. En 1989 nadie medianamente razonable tenía ya duda sobre el suceso, y el problema ya no era tanto el restablecer la verdad como el de interpretarla lo más correctamente posible.

No era un solo proceso, hubo uno, y dos más (el de Rovira que era también contra toda una División, la 29, y también el de los cuartistas siempre con Trotsky como el “Gran Satán”) que fueron frustrados con el final de la guerra. En el fondo estaban los procesos de Moscú, así como las tentativas de reproducir sus métodos en diversos lugares, y por el mismo era importante tener en cuenta los que tuvieron lugar en las “democracias populares”, tan similares en los procedimientos. Estaban los procesos, la guerra, los diversos posicionamientos, de las autoridades y de las principales formaciones obreras, luego estaba la campaña estalinista y la importante movilización solidaria…Estaban los procesados, y al otro lado los acusadores, y por medio la caída del gobierno de Largo Caballero y el ascenso de Negrín, y a un lado la Generalitat. Había que explicar lo que en los documentos aparecían como datos básicos. Porque más allá de Nin y de los juzgados, unos  cabos sueltos nos llevaban a Juana Maurín, y por el mismo hilo a Maurín, hoy todavía “culpable” para algunos por haberse encontrado La Coruña el 18 de julio de 1936. El mismo hilo nos llevaba hasta León Blum, al que la Defensa quiso citar, y con éste, al asunto de la política de no-intervención, respaldada por el Frente Popular francés en el tomaba parte el PC francés que trataba de impedir que los socialistas y la izquierda radical,  se movilizaran. Y en sus argumentos, utilizaron el ejemplo de Negrín.

Más allá o más acá, aparecían en las declaraciones de los acusados como en los escritos del POUM toda clase de víctimas algunas de ellas “desaparecidas”. Lo dicho, el proceso tenía dos caras, la de los acusados y la de los acusadores. Esos últimos funcionaban como una pirámide presidida por Stalin, apoyada en la oleada prosoviética del período, y con una base de confianza y fe de millares de militantes comunistas, pero no solo. Todo esto nos lleva a la cuestión de la naturaleza de la URSS y del estalinismo, del movimiento comunista tal como fue refundado desde Moscú, y por el mismo hilo pasamos por los tramos de la KGB, de los funcionarios del Komintern, del PCE y del PSUC, y claro está de la derecha republicana y socialista que quería prolongar la guerra después de haber liquidado la revolución de la cual el POUM era la fracción más decidida y más frágil. Esta con es ya  solamente una controversia del exilio, alrededor del porqué perdimos la guerra, debate en el que el proceso ocupa un lugar no menor. Es también parte de la última batalla, la de la vedad histórica, y en ella, la historiografía oficialista que ha tomado partido por la República, prefiere con mucho la vía de Negrín a la de Largo Caballero. Esto que se trata de argumentar con datos, no deja de representar un nuevo debate sobre las interpretaciones.

Se trataba a mi parecer de efectuar una “adaptación” pensando en las nuevas generaciones inmersas en la recuperación de la “memoria histórica”, creo que era obligatorio conectar los hilos del pasado con todo lo que pasó después.  Ante tamaña complejidad, la fórmula que me pareció más apropiada fue la de establecer diversos apartados temáticos de entonces pero también del después, explicar el proceso pero  desde el paisaje después de la batalla, ya que el debate es actual, como lo son los conocimientos adquiridos en una confrontación que jamás cesó. De ahí que he dado mucha importancia al “combate por la historia” que llevaron a cabo los autores poumistas  unificados en la defensa de su historia pero irremisiblemente divididos en dos grandes interpretaciones: la comunista antiestalinista de entonces, y la que se había desplazado hacia unas fronteras en las que antiestalinismo y el anticomunismo se confunden. No menos importante resultaba no quedarse en la “foto” de la noche oscura del estalinismo, y por lo tanto, entrar en sus crisis, disensos, hasta llegar hasta las reflexiones más autocríticas, hasta autores y autoras como Jesús Hernández, Fernando Claudín, Lise London, etc. En su momento pensé que todo esto  podía articularse explicando los hechos y lo que vino después a través de los textos y de un quien es quien.

He tratado de ofrecer un informe cabal sobre el “estado actual” de la cuestión, pensando de un lado que el lector especializado sigue contando con la recopilación de las fuentes, y que el personal no especializado pueda encontrar en esta edición una suerte de mapa de unos hechos que durante un tiempo apenas si parecían mecer algo más que una nota a pie de página, y que con el tiempo han adquirido una dimensión excepcional. Entre una parte y otra media un “combate por la historia” que sitúan los hechos en una perspectiva muy diferente de tal manera que hasta los más renuentes a abordarlo está obligada a hacerlo. De ahí la importancia que desde estancia como la Fundación Andreu Nin se ha dado a favor de la verdad, la justicia y la reparación de Andreu Nin, del POUM y del pequeño grupo bolchevique-leninista. La culminación de esta tareas fue la celebración de un acto excepcional en la sala de actos del Parlament de Catalunya en la que toda la izquierda desde el PSC hasta la CUP pasando por los diversos grupos derivados del PSUC, sin olvidar otros menores (Revolta Global por citar un ejemplo) y los sindicatos, realizaron ante la presencia de algunos de los escasos poumistas supervivientes. Hablaron igualmente Pelai Pagès y presdió la mesa Mª Teresa Carbonell, compañera de Wilebaldo Solano. Se trata de una obra de culminación realizada sin más rechazo que el ocasionado por lo que queda del estalinista o sea, por alguien que ni tan siquiera se atrevió a firmar con su verdadero nombre y que hace tiempo desapareció de páginas como estas de Kaosenlared.

Nota

1/ Sobre “el caso Victor Alba” (“El comunista anticomunista”) me remito al estudio sobre çel aparecido en mi libro Retratos poumistas (Ed. Remacimiento, Sevilla, 2006)

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