Un paso más hacia el desastre: nuevo máximo histórico de CO2 en la atmósfera

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Hace tres millones de años, en el Plioceno, la Tierra era un lugar muy diferente. Tenía una concentración de hielo en los polos muy inferior y el nivel del mar estaba unos 20 metros por encima del actual. Sin embargo, el planeta de hoy tiene una recién incorporada característica en la que coincide con las condiciones de esa Tierra lejana en el tiempo: la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera era superior a las 400 partes por millón (ppm).

Este hecho, provocado por el Homo sapiens, es precisamente el que está haciendo que las condiciones del globo cada vez se parezcan más a aquella era en la que la temperatura media era 4 grados superior a la actuales y el clima mucho más árido y seco. Nos dirigimos a toda máquina hacia ese planeta olvidado.

 

Media mensual concentración de CO2El mes de mayo ha marcado un nuevo máximo histórico de concentración de CO2 en la atmósfera. Ya se han alcanzado las 417 ppm, un nivel al que la humanidad no se ha enfrentado jamás. Y subiendo a un ritmo alarmante. La evolución de la curva de Keeling, la variable que marca la concentración media anual de la atmósfera, muestra el brutal ritmo de crecimiento de este gas en la atmósfera. En 1958 era de 315 ppm, en 1990 se alcanzaron las 350 ppm —el umbral considerado por la comunidad científica como el punto de inflexión en el que se rompe la estabilidad climática actual—. Ya estamos por encima de 415 ppm.

El ser humano ha conseguido en apenas unas décadas lo que la Tierra hizo en miles de años, cuando los niveles de CO2 se multiplicaron desde los 300 ppm a más de 1.000 hace 55 millones de años, fruto de las erupciones volcánicas que asolaron el planeta en el Paleógeno.

 

CUBIERTA VEGETAL

Mayo es el mes en el que la concentración de CO2 en la atmósfera marca su máximo anual, antes de que la vegetación del hemisferio norte empiece a absorber grandes cantidades de carbono. Sin embargo, como denuncian desde Greenpeace, “esta concentración es cada año superior a los anteriores debido fundamentalmente al aumento de las emisiones de CO2 por las actividades humanas, principalmente la quema de combustibles fósiles, y a la pérdida de la cubierta vegetal”. La Tierra y sus seres no son capaces de absorber y retener todo el CO2 que emitimos.

La única posibilidad de que no continúen y se amplifiquen los cambios climáticos que estamos viviendo en las últimas décadas es reducir de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero que las actividades humanas emiten, para lo cual, como defienden las organizaciones ecologistas, son necesarios cambios estructurales profundos y que permanezcan en el tiempo. Eso implica no solo reducir las emisiones a cero, también “proteger y restaurar la cubierta vegetal, reservorio natural de carbono”, indican desde Greenpeace.

 

LEY CLAVE

En España está en trámite actualmente la ley más importante que incide sobre esta problemática, la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, cuyo anteproyecto de ley echó a andar el pasado 19 de mayo.

“Nos encontramos ante una oportunidad única para darle la vuelta al sistema: la ley de cambio climático, tanto a nivel nacional como europeo, debe asumir objetivos de reducción de las emisiones mucho más ambiciosos y poner fecha para el abandono de los combustibles fósiles”, indica Tatiana Nuño, responsable de la campaña de Cambio Climático de Greenpeace. “España ha sido el país de Europa donde más aumentaron las emisiones de CO2 entre 1990 y 2017, es por eso que ahora los esfuerzos para reducirlas deben ser mucho mayores. No nos queda tanto presupuesto de carbono en la atmósfera para emitir al ritmo que establece el anteproyecto de ley si queremos mantenernos en el límite del aumento de 1,5ºC de la temperatura”, continúa.

La nueva ley debe, para las organizaciones que conforman el movimiento por el clima, plantear una reducción de emisiones del 55% para 2030 respecto a 1990, y no del 20% como plantea su anteptroyecto. La eliminación de ayudas y subvenciones a los sectores contaminantes es una línea roja clara que el Gobierno no parece escuchar en una época en la que no se grava el combustible para aviación o se plantean rescates milmillonarios a las aerolíneas o a la industria automovilística. 

Establecer el marco legislativo necesario para la reducción de gases de efecto invernadero en sectores clave como el financiero, el agroalimentario, el turismo, la gestión de residuos o la industria, así como la prioridad de la conservación y restauración de los ecosistemas y la biodiversidad frente a otras variables, son otros puntos clave que la futura ley debe contener si España quiere ser parte activa y decisiva en la rebaja de esas 417 ppm de CO2 en la atmósfera. De lo contrario el planeta volverá a ser algo que fue en un tiempo donde el Homo sapiens no poblaba la Tierra.

 

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