Un mal sueño (historia de un parado)

Imagínese que se encuentra casi de repente, en la lista de desempleados de este país, su prestación por desempleo se ha terminado

Usted acaba de divorciarse después de más de veinte años de matrimonio, no tiene hijos; se ha quedado sin hogar, sin coche; ha tenido forzosamente que cambiar de provincia en donde residía desde hace años, sin nada en los bolsillos, su única compañía son dos perros y dos gatos. Al cabo de poco tiempo uno de los perros con el que había vivido durante trece años y al que le unía una hermosa relación, muere. Usted vive sin prestación económica del Estado. Se acerca a los cincuenta años y aunque es un buen experto en su profesión, se ve obligado a buscar cualquier trabajo honrado que le permita sobrevivir, todos sus intentos son fallidos. Subsiste gracias a la ayuda económica que sus seres más allegados le aportan.

El techo donde vive, no es suyo, una vez más la familia le permite vivir en un piso temporalmente. Usted piensa que es un mal sueño, que esto no puede ser realidad.

Había vivido durante toda su vida sin lujos pero cómodamente; tiene la sensación de ser el sobreviviente de una gran tragedia, un desastre, pero en este caso, el único afectado es Usted.

Comprueba que otros con los que se relaciona en su búsqueda de empleo infructuosa y en los cursos del INEM, para mejorar su experiencia y facilitarle la oportunidad de encontrar un trabajo digno, se encuentran en circunstancias parecidas, unos con más edad, otros con menos, pero la tragedia alcanza a la cifra de casi cuatro millones de parados en el país donde Usted ha nacido. Su lucha para salir de la pobreza más absoluta le lleva a visitar todas las oficinas de orientación al ciudadano para encontrar trabajo e informarse de las posibles ayudas que sin duda, su país debería establecer para intentar paliar las penurias económicas en las que se encuentran sus habitantes afectados por este infortunio. Usted se presenta en la oficina del INEM de la localidad donde reside, intentando conocer información de cualquier prestación, subsidio o migaja estatal que le ayude a poder seguir con la «mala costumbre» de comer todos los días, pagarse el transporte en su búsqueda de empleo, etc. Usted por supuesto, acude porque los que tienen la responsabilidad de conocer e informar de estas oportunidades, son los funcionarios de las oficinas de «Empleo». Cuando Usted pregunta aturdido, sobrepasado por la fatalidad, tratando de explicar sus circunstancias al funcionario de turno, con la mayor educación posible y con el asombro lógico del que no puede entender el total desam-paro por parte del Estado hacia Usted y las personas que se encuentran en la misma necesidad, el empleado de la oficina con cara de acelga pasada le contesta: «No me cuente Usted su vida, rellene este formulario y adjunte estos documentos. Entonces tendrá la contestación a sus preguntas».

Ansioso por encontrar una salida, Usted se presenta a las seis de la mañana en la puerta de la oficina del INEM, donde ya hay algunos haciendo cola para coger su número cuando abran las puertas. A media mañana, usted se encuentra de nuevo delante de otro funcionario, para entregarle toda la documentación, y recibe con asombro la respuesta de este al contestarle que Usted no tiene derecho a ningún subsidio, ninguna ayuda económica, por pequeña que sea, aunque su situación sea de extrema pobreza, con casi cincuenta años, y más de un año como demandante de empleo. Este funcionario intenta por todos los medios que Usted desista de entregar su solicitud, pero Usted aun tiene esperanza. La realidad no puede ser tan cruel…

Al cabo de un mes, Usted recibe una carta del Ministerio de Trabajo con la firma de la Directora de la Oficina de Prestaciones, con estas palabras: «vd. no está en ninguna de las causas de acceso al subsidio de desempleo». Usted, siente un dolor agudo en el estómago, su desesperanza le hace pensar en cortarse las venas o… dejárselas largas. Por casualidad, recibe la llamada de un conocido que le habla sobre el programa R.A.I.(Renta Activa de Inserción ) en el que, leyendo minuciosamente los requisitos previos para acceder a esta pequeña renta, advierte que su perfil de pobre de solemnidad encaja en el patrón requerido. Irremediablemente se pregunta: ¿por qué me han negado en el INEM la posibilidad de acceder al R.A.I. al no informarme de su existencia?, ¿es el funcionario de turno el que tiene en su poder el que Usted, abatido por la adversidad, opte por decirle «Adiós» a esta vida, al no encontrar ninguna salida a su situación de indigencia, gracias a la «desinformación» recibida?

Usted ya no piensa que lo que le está sucediendo es un mal sueño. Usted ha tocado fondo, pero ahora va a encontrar las fuerzas necesarias bien despierto, para luchar por salir de esta situación, sin cobardía , con dignidad, aunque algunos de sus compatriotas con un puesto de por vida, se empeñen en que Usted no logre despertar de esta pesadilla.

Termino aquí mi relato con unas palabras de M. Benedetti en su poema

«Curriculum»


El cuento es muy sencillo

usted nace

…….

usted sufre

reclama por comida

y por costumbre

por obligación

llora limpio de culpas

extenuado

hasta que el sueño lo descalifica

……..

usted aprende

y usa lo aprendido

para volverse lentamente sabio

para saber que al fin el mundo es esto

en su mejor momento una nostalgia

en su peor momento un desamparo

y siempre siempre

un lío

entonces

usted muere.

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