Un magrebí en el Marais parisino

Una novela en la que se narra las dificultades de un marroquí en la capital del Sena, como ejemplo de los problemas de toda una franja de población

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Munir es un marroquí que vive en la calle de Turenne, en el tercer arrondissement, antes lo había hecho en Belleville, en el once, que fue a la capital del Sena con el fin de realizar y culminar sus estudios de lengua francesa con un doctorado, presentado en la Sorbona, sobre las novelas libertinas del XVIII, escritas por gente hors norme . Vive en un apartamento de cuarenta y cinco metros cuadrados y los ruidos de las vecinas de arriba le traen por la calle de la amargura hasta el punto de temer que se está volviendo loco: bum, bum. bum. Las relaciones inicialmente amistosas con Madame Marty, señora de ochenta años, que le duplica en edad, vive sola en un habitáculo de catorce metros cuadrados, se van enturbiando a raíz de los ruidos, tanto de ella como de otra vecina austriaca; el caso es que un día la discusión con la señora Marty sube de tono y en el fragor de la discusión a Munir no se le ocurre otra que mentarle los cementerios de París: « no será por falta de cementerios en París , Madame Marty».

Tras la discusión aparecen en su casa una pareja de policías, avisados por la señora Simone Mary que dice temer la reacción de Munir que le ha amenazado de muerte, que no cesan de interrogarle acerca de lo raro que resulta su comportamiento y situación: una casa vacía, sin sofás, ni teles, lo discordante que resulta que un marroquí viva en una zona tan selecta como si lo propio sería que con tales orígenes viviese en la banlieue, estando en el paro hasta que pueda cubrir una sustitución en un liceo de las afueras, en Drancy, no se privan a la hora de interrogarle sobre el precio que paga por el alquiler, los motivos de su traslado a París, de su sexualidad – es gay- y de sus viajes , sellados en el pasaporte, a Egipto, Turquía o al propio Marruecos…tampoco se privan de recomendarle que acuda a buscar ayuda a algún médico de la cabeza, ya que parece que la soledad le ha hecho caer en una fuerte neurosis y en brotes paranoicos; en fin, es tratado como un terrorista en potencia, que esconde bajo sus educados modales alguna acción brutal, un sujeto bajo permanente sospecha. De todos modos, las cosas no son cómo empiezan sino cómo acaban, y la visita de los agentes fue una especie de señal de salida a lo que luego vendría.

Munir Rochdi vive solo pero su voz interior, a modo de pepitogrillo superyoico, no le deja en paz, ya que le recuerda sus orígenes, sus padecimientos en su país, la coraza que ha debido crearse con el fin de defenderse de los ataques de los abusones de turno, a la vez que le hace atenerse al principio de realidad: es un ser de otro lugar, un árabe, en el corazón de Francia y se ha de atener a las consecuencias, al tiempo que le señala que realmente es un vencedor si se compara con su vecina, que aun siendo francesa, vive en unos límites más escasos que los suyos, no cabe duda de que es un privilegiado si en cuenta tiene, lo que debe hacer, las condiciones de mala vida que sufrió en la pobreza de Marruecos…Es dicha situación la que hace que ante la visita policial se pliegue al rol de buen inmigrante, que hace serios esfuerzos por integrarse, etc., y hasta llegando a confesar de que está dispuesto a buscar un entorno más apropiado para una persona de su condición. Si en lo que antecede ya podemos ver un par de voces, la de Abdelá Taia, en su « La vida lenta», editada por Cabaret Voltaire, se convierte en un nosotros que es la de los marginados, despreciados, excluidos; de los condenados de la tierra hablaba Franz Fanon. En el conjunto de estos últimos conoceremos las andanzas de una cuñada de la anciana, Marion, que vendió su cuerpo a los alemanes para subsistir y las nefastas consecuencias que ello le supuso en los tiempos de la depuración, o algunas vidas humilladas de parientes, un prima homosexual de Munir residente en Bélgica, o conocidos suyos en Marruecos ( Maydulin, Baba Sinan)… cuyos avatares planean por las paginas de la novela, al igual que se refieren las primeras embestidas , allá en Rabat, que recibe Munir en su adolescencia y su aceptación placentera, abandonando luego a Sufian, Samir y a otros troncos ; sin obviar el enamoramiento, casi imaginario, de Munir de un policía que responde al nombre de Antoine, que no tiene asumida su homosexualidad, y que fue uno de los que le hicieron la visita nombrada, y que en la mente de Munir es el reflejo especular ( speculum, i= espejo) de un antiguo amante.

Se ha de tener en cuenta que el escenario es el París de los tiempos posteriores a los atentados de 2015; y la sensibilidad de los franceses están a flor de piel, y cuando hay temor la búsqueda de cabezas de turco va de soi. Con el paso de las paginas iremos conociendo la vida de la vecina de arriba, que al no tener cuarto de baño propio ha de ir al que sirve a la comunidad de las chambres de arriba; había servido a una familia burguesa y había optado por quedarse en Paris, primero viviendo en Barbès, barrio en el que compartía su pobreza con la de los demás habitantes del barrio, más tarde optaría por irse al tercer arrondissement que es en donde coincide con Munir. En la medida que los ruidos se hacen insoportables para el vecino de abajo, al resonarle en la cabeza como pedradas, el enfrentamiento entre ambos vecinos se hace ostensible y el propio portal se convierte en testigo , no mudo desde luego, del intercambio de gritos, amenazas e insultos; choque de dos seres que han conocido y conocen la pobreza y la necesidad.

Desde las primeras páginas que son un toma y daca veloz, en un balancea entre dominación y subordinación, entre la insipidez de una vida lenta( « la vida lenta. Interminable. Que ya no significa nada») y una veloz y violenta, que responde más a los cánones de la locura del país de origen, plasmándose en párrafos cortos pero explícitos que van dosificando la descripción de lo que sucede, y; la novela es la voz que pone en la palestra los temores que origina el Otro, y las posturas que se adoptan frente a ellos, estereotipados, convertidos en el origen de todos los males y responsables de la decadencia de los países que antes viajaron sin cesar para esquilmar las riquezas, los modos de vida y la cultura, de otros lugares y ahora claman al cielo ante la llegada de cualquiera que sea diferente y no sea automáticamente incluible en el Uno, en este caso, hexagonal .

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