Un flâneur en la Ville Lumière

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Por Iñaki Urdanibia

La Ville Lumière ha dado para mucho, para canciones ( la reine du monde, est une blonde… ), para poemas, para elogios de sus avenidas, puertas y jardines, para convertirse en lugar de residencia de cantidad de escritores, artistas, diseñadores, etc., y… , por supuesto , ha sido escenario de numerosas luchas históricas. Su río, dividiendo la ciudad en dos, su arquitectura, combinando la tradición con la más rabiosa modernidad, ahí está el Beaubourg, o la fundación Henri. Cartier.- Bresson, o el museo del quai de Branly… que se codea con una arquitectura y urbanización organizadas para la represión de los rebeldes ( Haussmann), o templos en lo alto-para que todo dios los vea- erigidos como desagravio, y amenaza, a los insurrectos, que son recordados en el muro de los federados del monumental cementerio de Père Lachaise; sus pasajes que se convirtieron en signo de la capital del siglo XIX y el desarrollo capitalista, según la obra gigantesca, e inacabada, de Walter Benjamín; flâneur impenitente, figura sobre la que escribió como anteriormente lo hiciese su admirado Charles Baudelaire.
Pues bien, si habitualmente se dice que para el común-o al menos para muchos- de los mortales parisinos la vida se reduce a métro- boulot-dodo, queda claro que para Eric Hazan es mucho más como lo deja claro en su « Une traversée de Paris » ( Seuil, 2016), y ya lo había dejado anteriormente aclarado con sus actos y con sus libros. Con él si que se puede decir que París ya tiene quien la escriba, mas no en los tonos luminosos de las canciones, muchas veces insulsas, de amor y loas a la belleza de sus calles , sus puentes, sus monumentos y sus míticos bosques, reduciéndolo todo a un c´est mignon. Su caminata de paseante que no se pierde ni el más mínimo detalle del recorrido emprendido, desvelándonos Eric Hazan los lados no tan propicios al bullicio y las luces de neón, sino que su mirada se traslada a tiempos atrás, los suyos y los de la ciudad, que asocia a los mojones por los que va discurriendo su caminar, y a las traumáticas transformaciones a las que ha sido sometida la urbe. Ya anteriormente-como digo- había marcado el tono en su Paris sous tension ( La fabrique, 2011) L´Invention de Paris. Il n´y a pas de pas perdus ( Seuil, 2012), dejando de lado un libro de lujo con fotos e ilustraciones que retrataba la capital del Sena de 1750 a 1850; su peregrinaje salta a la vista que se ubica en los pagos del pueblo y de la rebeldía ( por asociación, me viene a la mente una guía escrita por Ignacio Ramonet y Ramón Chao, París rebelde, que como su nombre indica visita los lugares más emblemáticos de las luchas y los frecuentados por significativas personalidades: artistas y conspiradores).
Eric Hazan nació ahora hace ochenta años, a finales del pasado julio los cumplió, en la capital del Hexágono. Su madre apátrida originaria de Palestina y su padre judío de origen egipcio, que se dedicó a la edición. No cabe duda de que estos breves rasgos biográficos encierran algunas características presentes en la vida de quien dedicó una veintena de años a la práctica de la medicina, como cirujano, para posteriormente poner en marcha la necesaria e insustituible editorial La fabrique. Fue-según cuenta. el león de la plaza de Denfert-Rochereau, en un atasco mientras acudía a atender una urgencia nocturna, el que le impulsó a dejar la cirugía para dedicarse a la edición, labor que ya había conocido por medio de su progenitor, si bien la orientación de los respectivos catálogos nada tienen que ver. Con respecto a la fusión de sus padres ( palestina y judía), esta también parece estar en el centro de gravedad de su compromiso, tanto personal como editorial ( si es que ambos no son uno y el mismo); la presencia de Hazan , desde su abierto compromiso con el FLN en la guerra de Argelia, siempre ha estado de lado de los oprimidos, perseguidos, en cien mil y una luchas ( contra las tropelías del estado de Israel, en pro de la liberación palestina, contra las leyes que impiden la libertad o favorecen solo la del mercado…), muchas de ellas contracorriente teniendo en cuenta el dominante clima de prêt-à-penser que empapa a la intelectualidad francesa, y más en concreto a la germanoprantine.
Pues bien, coincidiendo con el sesenta aniversario de la película La Traversée de Paris, de Claude Autant-Lara, Eric Hazan opta por recorrer la ciudad, mas no como los protagonistas que lo hacían de norte a sur, y de noche esquivando las patrullas-eran tiempos de la ocupación-, sino de este a oeste, de Ivry a Saint-Denis, su travesía es diurna.
Desde los primeros pasos, si alguien no lo tenía claro ya, se ve que Eric Hazan es un enamorado de su ciudad natal, al tiempo que por ello mismo le duele, como el otro decía que le dolía España; y lo va demostrando a cada paso que da, al ver las vicisitudes y chapuzas que se han realizado en lo arquitectónico, en el bautizo de las calles y plazas, en los derrumbes y desplazamientos de edificios, entregándonos con ello un retrato detallista en lo histórico, geográfico, sociológico, arquitectónico y urbanístico, político y…personal.
El paseante demuestra saber bien en dónde pisa y sabe cuál es el camino más adecuado para ir avanzando en la travesía propuesta. De la plaza d´Ivry a la plaza d´Italie, Denfert – Rochereau, los jardines de Luxemburgo, las Halles y su transformación en museo, Châtelet, Saint-Denis …por el camino vemos las estaciones, los hospitales, las sucesivas extensiones de la ciudad, desde los faubourgs como fronteras que con la ampliación de la urbe fueron engullidos para dejar paso a las puertas y al periférico que rodea el recinto de la ciudad propiamente dicho, señalando un adentro y un afuera. Se detallan la construcción de los diferentes bulevares, al tiempo que se da detallada cuenta de los distintos medios de transporte ( buses y metro y trenes); no privándonos Hazan de sortear algunas zonas para tomar atajos que resultan con más sabor como tampoco elude referirse a los distintos domicilios, y distritos, parisinos en los que ha vivido…hasta parar en la zona de Belville, situado en un arrondissement con garra popular y no como otros que, en su elegancia, pueden resultar eso…insustanciales en lo que hace a la vida .
La visita se detiene en lugares en los que se desarrollaron duros combates en el junio de 1814, en 1832 y en 1848, y hasta se nos describe la situación exacta en la que se construyeron las principales barricadas con el fin de protegerse de la represión, y nos veremos salpicados de sangre, sudor y lágrimas y nos sentiremos asfixiados por el olor a pólvora y fuego; no se nos hurtan las paredes en las que se fusilaba a los insurrectos de entonces y de más tarde. En la visita está acompañado de escritores, cantantes, historiadores, arquitectos y personalidades políticas, y de ellos recibimos confesiones, elogios, y proclamas revolucionarias o reaccionarias. Visitamos talleres, librerías, editoriales, escuelas, hospitales, cárceles, estaciones, cines, mercados , muchos de ellos desaparecidos de sus ubicaciones originales ( o del mundo mundial), enclaves chinos, árabes o de otros colores y procedencias geográficas. Con muchos de dichos lugares señala Hazan su relación laboral, sus momentos de ocio o las visitas realizadas con su padre que le dejaron huella en su niñez o juventud. Imposible dar cuenta de su familia de papel que marcó su formación y su modo de ver las cosas ( Gérard de Nerval, Émile Zola, André Breton, François Maspero, Victor Hugo, George Sand, Georges Perec, Charles Baudelaire, Paul Verlaine, Honoré de Balzac, Walter Benjamin y un largo etcétera), del mismo modo que sería desmedido en nombrar su familia política ( Blanqui, Louise Michel, y muchos anónimos…)… y los cálidos homenajes rendidos a las víctimas de la represión…Presencia esencial cobran los detalles relacionados con la arquitectura, los artífices de muchas iglesias por las que pasamos, con la rotulación de las calles, y su tipografía, y los crímenes cometidos en no pocos casos; el nombre de los responsables de dichos desaguisados no se esconden y tampoco los avatares que acompañaron a ciertas transformaciones zonales y emblemáticas construcciones ( el caso del Beaubourg, por ejemplo, no tiene desperdicio, tanto en lo que hace a los proyectos fallidos, el de Ricardo Bofill, como a los desmedidos protagonismos políticos-Pompidou, Giscard d´Estaing, Chirac- o los escándalos con que las propuestas de convertir en zonas peatonales ciertas vías de gran tráfico provocaron en los responsables municipales…); muchos de los cambios realizados con la finalidad de alejar a la plebe o a los posibles revoltosos del centro urbano ….para que los turistas disfruten del nivel de la acomodada y elegante clase media, y la belleza de la ciudad, que bien vale una misa, y que reúne a sus pintores-negociantes en los alrededores de ese Sacré-Coeur desde el que se toman unas soberbias vistas de los tejados parisinos…maravillas que ocultan los motivos esenciales de la construcción de tal monumento sacro en Montmartre allá por 1873. La Comuna fue sofocada en sangre dos años antes.
Si el chansonnier Maurice Chevalier tarareaba aquello de Paris sera toujours Paris…desde 1939 mucho ha llovido y los cambos se han sucedido…Eric Hazan nos acerca al París de hoy, hurgando en las metamorfosis que la ciudad ha sufrido que hace- que como en casi toda tierra de garbanzos- haya varias ciudades en una sola ciudad…à chacun la sienne! ; la de Hazan es la rebelde, la insumisa, la crítica…la que quiere que París sea la ciudad de todos, y la que nos muestra en una travesía paciente al tiempo que veloz…Chapeau!

 

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