Un Estado de guerra permanente: sobre lo dicho por Karl Marx y Walter Benjamin

"La tradición de los oprimidos nos enseña que <> en el que vivimos es la regla"

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Si la afirmación que expuso Marx en su día en la decía a grandes rasgos que la «vida determina la conciencia» a causa del materialismo histórico, es decir, de las condiciones sociales a la que nos vemos expuestos por el Sistema de dominación es hasta cierto punto verdadera -en la inmensa mayoría de ocasiones- es por la propia naturaleza que dicho Sistema ejerce sobre la sociedad. Bajo esta premisa sólo puedo argumentar que la dominación sólo se puede ejercer a través de mecanismos de control, fuerza (eufemismo de violencia) y vigilancia que obedecen a un estado de guerra permanente, es decir, y sobretodo, tras la aparición del Estado moderno no ha existido una paz social consolidada sino un estado de guerra larvado. Y más cuando estos mecanismos de dominación repercuten en la sociedad como una guerra de todos contra todos. Por ese motivo la vida (la condiciones sociales) determinarán la conciencia o en última instancia el espíritu del ser humano salvo en casos excepcionales

Repercuten por lo tanto los dos condicionamientos, el adquirido por la cultura, las costumbres y las condiciones sociales del momento y el heredado por nuestros antepasados en forma de violencia, es decir, arrastramos toda la esencia de la violencia y la guerra en todas sus diversas formas y manifestaciones ya sean éstas toleradas o no por la sociedad.

En el «Concepto sobre la historia» Walter Benjamin lo expone de este modo:

«La lucha de clases, que no puede perder de vista el historiador formado en la escuela de Marx, es una lucha por las cosas rudas y materiales sin las cuales no se dan las finas y espirituales. Ahora bien, en la lucha de clases esta últimas están presente, pero no nos las imaginemos como un botín que cae en manos del vencedor. En tal lucha están vivas como confianza, coraje, humor, astucia o firmeza, y es así como actúan retrospectivamente en la lejanía de los tiempos. Esa finura y esa espiritualidad ponen incesantemente en entredicho cada victoria que haya caído en suerte a los que dominan. El pasado, al igual que esas flores que tornan al sol su corola, tiende, en virtud de un secreto heliotropismo, a volverse hacia ese sol que está levantándose en el cielo de la historia. El materialista histórico tiene que aplicarse a entender este cambio que es el más discreto de todos ellos.»

Y más claramente en este párrafo:

«La tradición de los oprimidos nos enseña que <<el estado de excepción>> en el que vivimos es la regla. Debemos llegar a un concepto de historia que se corresponda con esta situación. Nuestra tarea histórica consistirá entonces en suscitar la venida del verdadero estado de excepción, mejorando así nuestra posición en la lucha contra el fascismo. El que sus adversarios se enfrenten a él en nombre del progreso, tomando éste por ley histórica, no es precisamente la menor de las formas del fascismo. No tiene nada de filosófico asombrarse de que las cosas que estamos viviendo sean <<todavía>> posibles en pleno siglo XX. Es un asombro que no nace de un conocimiento que de serlo tendría que ser éste: la idea de historia que provoca ese asombro no se sostiene.»

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