Un enfermo por el amianto en el metro: «Había trozos de eso sueltos y te los metías en el bolsillo»

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Santos González lleva desde los 16 años trabajando en el Metro de Madrid, pero ahora, a sus 60, solo entrar en las instalaciones donde ha trabajado toda su vida le produce miedo y psicosis.

Aquí creció, aprendió su oficio y ascendió hasta oficial de mantenimiento, pero también respiró durante años fibras de amianto, el veneno invisible que ya ha matado a cuatro de sus compañeros y le hizo contraer asbestosis.

Esta enfermedad pulmonar está provocada únicamente por la inhalación continuada de fibras de asbesto o amianto, que también puede generar otras enfermedades graves como el mesotelioma, un cáncer de pleura que no es curable y que, en el caso de González, aún no ha aparecido.

«Desde que me dijeron que tenía eso me dieron un estacazo. Siento miedo, angustia, hay veces que me levanto y me quedo sentado en el sofá y no salgo de casa todo el día porque me da miedo hasta salir a la calle».

Un aislante prohibido desde 2002

El amianto es un material aislante empleado de forma intensiva hasta los años 90 en construcción y fabricación naval y ferroviaria. Desde el año 2002 está prohibido en toda la Unión Europea su utilización, producción y comercialización.

En Metro de Madrid, así como en el de otras ciudades donde también han aparecido los primeros casos de afectados por la inhalación de amianto, como Barcelona, se empleó en los proyectos de construcción llevados a cabo entre los 70 y los 90, además de en los propios trenes.

En julio de 2017, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) reconoció por primera vez como enfermedad laboral la asbentosis que padecía un trabajador en activo de Metro. Menos de un año después, en mayo de 2018, se produjo el primer fallecimiento de otro trabajador con la enfermedad laboral reconocida por el INSS.

Ese mismo año, una comisión de investigación llevada a cabo en la Asamblea de Madrid concluyó que Metro sabía de la existencia de amianto en sus instalaciones y de sus riesgos desde hace dos décadas y que los ocultó a los trabajadores.

«Había trozos de eso sueltos y te lo metías en el bolsillo», recuerda González, que asegura que otras 200 personas trabajaron en sus mismas condiciones. «Sabíamos que era amianto, pero pensábamos que era como cualquier material que utilizábamos. No sabíamos nada y nadie lo sabía o, el que lo sabía, se lo calló».

En 2017, cuando comenzaron a aparecer los primeros casos, Metro ofreció un curso que, según González, no duró más de una hora, sobre los riesgos de la manipulación del amianto.

«Nunca nos habían comunicado nada», declara González. «Son unos irresponsables, que no han sabido llevarlo este caso ni el de los demás. Peor no lo han podido hacer».

Metro asegura haber desarrollado un plan de desamiantado de sus trenes e instalaciones y haber efectuado más de 1.000 reconocimientos médicos a sus trabajadores «sin haberse detectado hallazgos patológicos compatibles con exposición al amianto».

Una «conspiración de silencio»

El conocimiento sobre los efectos nocivos del amianto para la salud data incluso de la Antigüedad Clásica y, ya en tiempos contemporáneos, ha habido sonados casos en España como el de las fábricas de la empresa de amianto Uralita S.A., que provocaron la muerte de decenas de personas.

«Tenemos a Uralita S.A. que está peleando cada uno de los cánceres y tiene cánceres de todo tipo, hasta de las mujeres que lavaban la ropa de los trabajadores, o de los que vivían en frente y no trabajaban, sino que el propio amianto volaba. El amianto es un genocidio», declara Pablo Perea, delegado de Prevención del Sindicato de Maquinistas de Metro de Madrid.

Sin embargo, Francisco Báez, investigador y autor del libro Amianto: un genocidio impune, denuncia una «verdadera e interesada conspiración de silencio, liderada por las grandes multinacionales de la minería y el uso industrial del amianto» como motivo del desconocimiento que existía incluso entre trabajadores como González, que manipulaba cotidianamente este material con sus manos desde hacía décadas.

El pasado 6 de febrero comenzaron las declaraciones ante el juez que instruye el caso sobre la responsabilidad de Metro en las enfermedades contraídas por sus trabajadores a causa de la inhalación de polvo de amianto y siete directivos de la empresa están llamados a declarar entre el 4 y 14 de marzo.

«A la empresa le reclamo que haga justicia y que quiten todo el amianto hasta de debajo de las piedras», declara González. «En mi caso, que me manden a casita, que creo que después de cuarenta años ya tengo hechos los deberes».

Otros casos de amianto en España

Uralita SA. Decenas de trabajadores de sus fábricas de amianto fallecieron o se vieron afectados, pero también sus familiares y vecinos del entorno, a los que Uralita (ahora Coemac) fue condenada a indemnizar.

Unión Naval. Entre los años 60 y 90, toneladas de amianto se emplearon para fabricación naval. El mayor caso judicial fue el de la Unión Naval del Levante, que aceptó su culpa e indemnizó a 71 trabajadores afectados.

Otras industrias. Más allá del sonado caso de Uralita, otras empresas tienen casos judiciales abiertos relacionados con el amianto, como Orbegozo-Acenor y CAF, en Euskadi, BSH, en Navarra o Honeywell, en Cataluña.

Metro de Barcelona. El comité de empresa de TMB denunció el fallecimiento de un trabajador jubilado a causa del amianto en febrero de 2019. La compañía reconoció 20 trabajadores afectados, aunque no de gravedad.

Imagen de portada: Santos González, trabajador de Metro que padece asbestosis a causa de la inhalación de fibras de amianto. Elena Buenavista

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