Un día en el Gulag

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Por Iñaki Urdanibia

Recuerdo un programa de la televisión francesa dedicado a los libros que con ocasión de la promocionada publicación de un libro de Alexandre Sozhetnitsyn ( 1918-2008), contaba el presentador entre risas, como se habían vuelto locos , él y sus colaboradores consultando mapas y hablando con geógrafos para saber en dónde hallaba el archipiélago Gulag…vana tarea, ya que tal palabra responde a las siglas en ruso de la Dirección General de los Campos ( GOULAG, Glavnoe Oupravlenie Laguereï); tal institución se puso en siniestra marcha en 1930, permaneciendo bajo tal nombre hasta después de la muerte de Stalin.

Pues bien, sólo decir Gulag, son varios los nombres que asoman: desde Margaret Buber-Neumann a Varlam Shalámov, pasando por Jacques Rossi, K. Heinrich, Lev E. Razgón, Evguenia Ginzburg o Alexandre Solzhenitsyn entre otros que dejaron testimonio de sus padecimientos.

Con respecto al último de los nombrados las descalificaciones han sido la moneda al uso, al menos en el seno de cierta izquierda que ha cerrado la puerta abierta por sus escritos recurriendo a ciertas, muchas, declaraciones del sujeto en las que dejaba ver su nostalgia con los tiempos pasados de la gran Rusia, su acendrado espíritu religioso y otras lindezas( hay algunos críticos que si se parte de que fe, una de los componentes esenciales de la creencia religiosa, es cree lo que no vemos, no podían ver todas las maravillas que les contaban desde el Kremlin, tanto en los éxitos económicos como en la imparable marcha al socialismo…cuartelario); siendo cierto lo anterior no es menos cierto que en sus escritos lo que prima es el retrato de las infames condiciones de encierro por quienes hubieron de sufrirlo. En tales condiciones, la pregunta ( o afirmación) debe ser: ¿ es cierto lo que se cuenta en sus libros?, y cualquiera que no crea en fantasmas ( son patrañas de la CIA, del Mossad o de la brigadilla político social de la benemérita) y/o aplique el manido espantajo de que dar por bueno lo que dice Soltzhenitsyn et alii, es dar armas al enemigo ( ¿ qué enemigo? ¿ qué amigo?), más allá de la verdad o la falsedad del retrato que él realiza. Amicus Plato, sed magis amica veritas…Precisamente Solzhenitsyn se atrevió a decir la verdad sobre lo que vio y sufrió en carne propia, en cierto sentido fue el primero en dejar por escrito la pintura de aquel mundo aparte del que hablase el periodista polaco Gustav Herling-Grudzinskiy , y presentar la vida de los zek, que es como se conocía a los detenidos ( término que procedía de la abreviación oficial de z/k, detenido / soldado, manera como se calificaba a quienes fueron enviados a la construcción del canal que debía unir el Báltico con el Mar Blanco, entre 1931 y 1933). La osadía del escritor le valió, rara avis en aquellos años de prietas las filas, los elogios del social-bárbaro Claude Lefort ( promotor de Socialisme ou Barbarie junto a Cornelius Castoriadis) y ayudante, en las labores universitarias, de Maurice Merleau-Ponty, en un inapelable libro: « Un homme en trop. Réflexions sur “L´Archipel du Goulag”» ( Seuil, 1976), y ya en tiempos posteriores ser inlcuido en el conjunto de los insumisos por Tzvetan Todorov ( 1 ).

Pues bien, no es mi intención hablar del escritor ruso ( que bastante lo he hecho ya)sino de uno de sus libros: « Un día en la vida de Ivan Denisovich» ( hay traducción en Tusquets, si bien me sirvo de la edición francesa ,editada por Julliard en 1975).

Los hechos que relata el escritor, Nobel de Literatura 1970, responden a la realidad vivida, como afirma Claude Lefort , « los hechos de los que nos habla Solzhenitsyn son de los que no se deben olvidar. Es preferible observarlos de muy cerca que juzgarlos desde demasiados arriba», y una muestra de que no se sirve de la mentira se puede hallar en la descripción que hace en la página 353 del primer tomo del Archipiélago Gulag ( 1918-1956). Tusquets, 1998: relata, téngase en cuneta que son los tiempos de Kruschev, un encuentro con varios jueces que no ahorran elogios con respecto a su obra…« Ahora han empezado a subir a la tribuna. Opinan sobre el Iván Denísovich y confiesan gozosos que este libro alivió sus conciencias ( son sus propias palabras…). Reconocen que en él suavicé mucho las tintas, que cada uno de ellos ha conocido casos mucho peores…».

La historia de la novela corta tuvo sus más y sus menos; llegaba a la redacción de la revista Novy Mir en noviembre de 1961, traída por un germanista, Lev Kopéliev, que había sufrido la deportación y que había tenido como compañero al autor, que en aquel momento daba clases de matemáticas en Riazan: Alexandre Solzhenitsyn. El texto llevaba por título CH 854 ( identificación de Solzhenitsyn en el campo). El editor lee el texto y se queda touché, más en aquellos años en los que resultaba tabú hablar de lo que había pasado en tales centros de encierro , la nomenklatura del partido no veía con buenos ojos que se hablase de ello, mas habiendo hecho llegar el manuscrito al mismísimo Kruschev, éste decidió el imprimatur con rapidez, y la publicación, en 1962, agotó la tirada en los primeros días de ver la luz. Mas no hay bien que dure cien años, y unos bandazos con respecto a la línea del partido con respecto a al arte y a las letras, supuso el destierro del escritor y la muerte del editor. Solzhenitsyn que había participado en la segunda guerra con el grado de capitán de artillería siendo condecorado por hechos de armas , fue arrestado en Prusia oriental en la primavera de 1945, por referirse irrespetuosamente a Stalin: ocho años de encierro, que tras su cumplimiento fueron completados con limitaciones de domicilio, etc. ( en la memoria el poeta Ossip Madelstam, y sus irreverentes versos hacia el secretario general, o el mismo Varlam Shalámov cuyo delito fue difundir el llamado testamento de Lenin en el que Stalin no es que saliese bien parado).

Ha de tenerse en cuenta que antes de las andanzas de Denisovich, nada se conocía en la URSS acerca del universo concentracionario ( soviético, claro), de modo y manera que la publicación de la obra – que el autor había escrito en un par de meses- supuso la apertura de la veda , haciendo que una experiencia fuera el paradigma de otras muchas. Solzhenitsyn no habla de sí mismo sino que usa el género de ficción en el que da el protagonismo al detenido Ivan Denisovich Chukov, que llevaba ya detenido casi una decena de años por distintos campos; en las diecisiete horas que nos son presentadas no pasa nada, algo extraordinario y placentero en la medida en que cuando se daban novedades u otras formas de discordancia siempre eran para mal: o bien castigos, o bien otras limitaciones de la ya limitada vida. La jornada pasa como pasaban todos los días normales; Chukov ha sido detenido bajo la acusación de espionaje . En el relato no se da primacía, ni casi cabida, a los enfoques políticos sino a la vida de los allá encerrados ( a lo más alguna alusión a « el Padre-bigote que desconfía hasta de su hermano»). Puede decirse que esta novela es un condensado de lo que luego vendría con los tres tomos del Archipiélago: de manera menos detallada en ésta se halla lo sustancial que luego será ampliado en la obra voluminosa obra nombrada. Especie de monólogo en el que Chukov va narrando sus vivencias y los contactos que allá mantiene….con el trabajo en las gélidas tierras, la diana era a las cinco, hora para la que ya estaba listo Chukov, y el hambre como gusano incansable. Nos paseamos por un día cualquiera y el locuaz Chukov nos da pistas sobre sus manejos en sus tareas de construcción con el fin de lograr alguna ración complementaria

En el colmo de la paradoja ( no sé si no debería calificarse de parodia siniestra) el lugar del encierro lleva por nombre “ Ciudad del socialismo” , el trabajo al que se ven obligados los detenidos no sirve, en muchos casos, para nada a no ser a usarlo como mecanismo para fomentar la obediencia ( sistema de ocupación sistemáticamente tratado por diferentes deportados de distinta índole: recuerdo a Bruno Bettelheim…), el trabajo que sirve como hilo de la vida de todos los días; esta sociedad micro es el reflejo de lo que sucede en la sociedad macro ( idea también presente en Primo Levi), y ante tales despropósitos el silencio de la mayoría, balanceando entre el miedo y la justificación del castigo, o la defensa abierta del comportamiento de las autoridades ( ejemplificado por el comunista Buynoski), que junto al cristiano Alioscha y el ya nombrado estoico Chukov son los tres protagonistas que descollan en medio de delincuentes amorales de todo pelaje, cuyo mundo es aquel que para los demás resulta infame, para los chivatos y compañía aquella era su salsa; junto a éstos están aquellos que ya han perdido toda esperanza pues han perdido su humanidad ( a la manera de los musulmanes de los lager), a los que se han de sumar, sujetos como césar, que se dedican al palique, jugando con sus juguetes intelectuales acerca de la estética y demás, como que allá no pasara nada. Únicamente los tres nombrados parecen preocuparse por halla el modo de salir del agujero y salvarse del infierno: el uno convirtiéndose en defensor de la justicia que funcionaba bien engrasada en el país; el cristiano agarrándose a la religión como sola salida y Chukov , como desentendiéndose de las grandes ideas y palabras, preocupado de forjarse cada vez con mayor fuerza como hombre….si bien al final no discurren como cupiese esperar ya que algunos trasvases en el comportamiento se da entre unos y otros…y este desenlace no es el menor de los méritos de los diálogos intercambiados a lo largo de las casi doscientas páginas, escasas, en las que prima lo descriptivo sobre lo valorativo, y en las que por medio de las diferentes posturas, nos vemos transportados a ciertos parecidos de familia con los autores clásico de la Rusia decimonónica, con una prosa alejada de cualquier forma de abalorio y que se desliza a través de la simpatía y la locuacidad igualitario del narrador que , evitando los distingos , es capaz de tratar con toda la gama de gente en presencia.

Una honda meditación sobre la situación presentada de la que su traductor al francés, Jean Cathala dice con tino : «este libro, que la reflexión no agota nunca, habla al corazón de todos los hombres, hablándoles del honor de ser un hombre».

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( 1 ) Sin jugar a las adivinanzas, qué diría cualquiera ante las palabras que transcribo, in extenso, a continuación, sin saber su autoría:

« NO SOSTENER DE NINGUNA MANERA LA MENTIRA : Estamos tan irremediablemente deshumanizados que, para conseguir nuestra ración diaria de alimento, estamos dispuestos a sacrificar a todos nuestros principios, nuestra alma, todos los esfuerzos de nuestros ancestros, todas las esperanzas de nuestros descendientes, todo, con tal de que no se nos prive de nuestra habitual existencia. Hemos perdido toda firmeza, todo orgullo, todo calor del corazón. Incluso no tememos la muerte atómica , ya no tenemos miedo a una tercera guerra mundial ( siempre se encontrará un rincón en donde esconderse), ¡solamente tememos dar los primeros pasos en el terreno del coraje cívico! ¡ Ah! ¡No separarse del rebaño, no dar un paso en solitario, para correr el riesgo de encontrarse de golpe privado de panecillos blancos, privado del calentador, prohibido el habitar en Moscú![…]

¿Así, el círculo se ha cerrado?¿ y , de hecho, no hay salida? ¿ no queda otra que esperar, con los brazos cruzados, que algo llegue por sí mismo?…

Mas lo que se pega a la piel no se desprenderá por sí mismo, si continuamos, día tras día, a alabarla y fortalecerla, si no arrancamos aquello que le es más sensible.

LA MENTIRA.

Cuando la violencia irrumpe en la vida pasiva de los hombres, su rostro brilla de arrogancia, lleva el hundimiento inscrito en su bandera, grita: “¡ SOY LA VIOLENCIA! Separaos, dejad sitio, u os aplastaré!” Pero la violencia envejece con rapidez, todavía unos años y pierde su seguridad, y, para mantenerse, para mostrar buena imagen, busca obligatoriamente la alianza con la mentira. Pues la violencia no puede protegerse detrás de otra cosa que no sea la alianza con la mentira, y la mentira no puede mantenerse más que con la violencia. Y no es cada día, ni sobre cada espalda que la violencia posa su pesada pata: no exige más que nuestra obediencia a la mentira, que nuestra participación cotidiana en la mentira, es todo lo que espera de sus leales sujetos.

Es ahí justamente en donde se encuentra, pasada por alto por nosotros, pero tan sencilla, tan accesible, la llave de nuestra liberación: ¡EL RECHAZO DE PARTICIPAR PERSONALMENTE EN LA MENTIA! Qué importa si la mentira recubre todo, si se convierte en dueña de todo, seamos intratables al menos en este punto: ¡ que no lo sea POR MÍ!

Y eso, es una brecha en el círculo imaginario de nuestra inacción- por nuestra parte : lo más fácil de realizar, a favor de la mentira, la más destructora. Pues cuando los hombres dan la espalda a la mentira, la mentira cesa pura y simplemente de existir. Como una enfermedad contagiosa, no puede existir más que con el concurso de los hombres.

No somos llamados a – no estamos maduros para ello – ir a la plaza pública y proclamar a gritos la verdad, y decir bien alto lo que pensamos por lo bajo. Eso no es para nosotros, nos da miedo.

Pero ¡rechacemos al menos decir lo que no pensamos!

He ahí nuestra vía, la más fácil, la más accesible, teniendo en cuenta nuestra cobardía orgánica y enraizada, es una vía mucho más fácil ( cosa terrible de decir) que la desobediencia cívica de Gandhi.

Nuestra vía: ¡ NO SOSTENER DE NINGUNA DE LAS MANERAS CONSCIENTEMENTE LA MENTIRA! Consciente de la frontera más allá de la que comienza la mentira ( cada uno la ve de manera diferente), recular ante esa frontera gangrenada. No reforzar con ningún medio las ballenas del corsé o las escamas de la Ideología, no coser los trozos podridos, y seremos golpeados al ver con qué rapidez, con qué ausencia de resistencia caerá la mentira por sí misma, y la que debe estar desnuda aparecerá ante el mundo en su desnudez.

Así pues, que cada uno de nosotros, a través de nuestra pusilanimidad, que cada uno de nosotros elija: o bien permanecer como servidor consciente de la mentira ( claro está que no por inclinación personal, sino con el fin de alimentar su familia, para educar a sus hijos en el espíritu de la mentira), o bien considerar que ha llegado el tiempo de sacudirse, de devenir un hombre honesto, digno de ser respetado por sus hijos y por sus contemporáneos». ( Révolution et mensoge in « Dictionnaire sans fin. Le mensonge». L´Herne, 2019; pp.225-227).

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