Un cuento

Al que Dios le da el cargo le da también el entendimiento. Es posible, pero no es seguro. Es más, es probable que el cargo deforme a as buenas personas y las convierta en malas bestias. Se ha dicho que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. El asunto es viejo, respondiendo a la tontería de usar asnos para el laboreo decía Antístenes: ”Basta que los dediquéis a ello ¿No designáis para vuestras empresas militares a los más incapaces e ignorantes, quienes sin embargo, nunca dejan de convertirse en dignos merced a vuestro nombramiento?”

    Sería deseable que los más capaces ocuparan los mejores puestos, que hubiera algo así como la propiedad privada y la teoría de precios en el capitalismo, que consiguiera que las gentes hagan lo que deben pensando que hacen lo que quieren. Nuestro sistema de votaciones, oposiciones y exámenes no es ni la mitad de bueno para eso; uno puede saber aprobar o hacerse votar, auparse al cargo y no hacerlo bien y no hay quien lo saque de ahí, pudiera ser que no sólo no valga para eso sino que robe y prevarique sino que se rodee de asnos como él, de malos animales para el laboreo por mucho cargo o poder que tengan.

  ¿Qué es lo que hace que gente que pudieran ser buenos gestores y educadores siga en su agujero? ¿Cómo podríamos conseguir que abandonaran sus puestos en las empresas o en la administración y se “presentaran”? ¿Pagarles mucho? Se presentarían los pobres. ¿Asegurarles mucho poder? Los impotentes. ¿La estima de sus conciudadanos? Los que tienen problemas de autoestima darían un paso al frente. ¿Cómo conseguir que los hombres de bien salgan de su anonimato? Si tú lo eres, ¿estás obligado a disimular?

   Un cuento: El califa tenía que irse de viaje. Desconfiando de la suerte que su más bella y todavía virgen esposa pudiera correr en su ausencia, recurrió a su más fiel consejero. Le recomendó dejársela a un viejo sabio que vivía en la medina. El califa salió de noche hasta su casa con su esclava y quedó desolado al ver el estado de la casa del sufí. Su aspecto estaba en consonancia con su casa. Pero demasiado tarde ya para rectificar dejó a su más joven y bella esposa a su cargo. 

   Cuando al cabo de unos meses volvió de su viaje, acudió inmediatamente a casa de aquel hombre de tan mal aspecto para reclamarla. La encontró contenta, más bella todavía e intocada. Quiso colmar de riquezas al viejo, hacer pública su honradez…  el sufí se negó en redondo. Cuando ya se iba, el califa le preguntó. ¿Cómo siendo un hombre honrado y sabio no cambias de aspecto? Para evitar que los hombres como tú me dejen sus bellas mujeres a mi cuidado. Esa fue su sonriente respuesta.

  Muchos de los votantes votaríamos programas si no viéramos que se los pasan por el forro de la realidad y del olvido cuando tienen que aplicarse. Votaríamos personas si no hubiéramos visto como cambian con el cargo tantas veces a mal. Y llegamos a la vieja duda, ¿es mejor tomar la decisión menos mala que no tomar ninguna? Pregunta retórica donde las haya. Y en la medida en que lo no votos no cuentan, pregunta absurda.

  Cuando pedimos más participación en la democracia, democracia participativa o listas abiertas lo que pedimos es poder ajustar las cuentas a los que lo han hecho mal. Confiamos más en las personas que en los programas porque creemos en las explicaciones más sencillas.  Occam sostiene que “no hay que multiplicar las entidades abstractas sin necesidad” principio de economía designado a menudo como “la navaja de Occam” y que pensando en economizar palabras podría tomar la forma de: “las explicaciones más simples son las mejores”.

   Fray Guillermo de Occam interviene para defender el voto de pobreza de los franciscanos frente al papa. Argumenta que no es posible entregar los bienes a la orden considerada como un todo, ya que esta no es más que un  nombre  que designa  individuos  franciscanos. Negando así la posibilidad de que existan personas colectivas distintas a personas singulares…. individualismo lógico ligado a un individualismo moral, a una concepción de la libertad del individuo, solo frente al Creador. Acabó excomulgado, claro. Exagerar la honradez o la razón nos vuelve imposibles para las instituciones.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS