“Un avión sin controles” no tiene precio

El ex embajador argentino en Venezuela (nombrado por Duhalde)&nbsp Alberto Sadous ha denunciado por primera vez ante un juez la red de corrupción montada en torno a los negocios con Venezuela. La trama, que fue objeto de una investigación periodística hace cuatro años(*) -sin que Clarín ni ningún personaje de la oposición política patronal diera un solo paso en ese entonces- tenía múltiples vertientes.

En el origen, se formó un fideicomiso (que el gobierno llama ahora "cuenta especial") para operar con el dinero que Argentina le pagaba a Venezuela por la compra de petróleo. La sola compra era una operación forzada desde el momento que Venezuela no produce ni fuel oil ni gasoil, los cuales compraban a otros proveedores a los que Argentina podía apelar en forma directa. Durante todo el período que duró el intercambio, el combustible importado fue más caro que el exportado por el país.

Por cada compra de combustible, Camesa (administradora del mercado mayorista de electricidad) depositaba el pago en una cuenta del Bandes (Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela) en Nueva York. Con ese dinero, Venezuela debía comprar productos argentinos.

Lo que Sadous denunció "con datos precisos que son total y absolutamente verosímiles" (Perfil, 25/4) es una operación mafiosa con dos vertientes.

Por un lado, la exigencia de una coima (en blanco, bajo la forma de "comisión") a los empresarios argentinos empeñados en vender, en este caso, maquinaria agrícola a Venezuela. A Palmat, una intermediaria obligada, "puesta" por los funcionarios argentinos y venezolanos, se le pagaba el 12%. Otro 3%, por la misma función, iba a otra "trader".

Sadous denunció, a la vez, la "desaparición" de fondos del fideicomiso con destino al mercado negro: 89 millones salieron de la cuenta en Nueva York, volvieron a Venezuela, se vendieron en el mercado negro del dólar, se volvieron a comprar en el oficial y alguien se quedó -por esta sola operación-, con 13 millones de diferencia.

Esta misma operación había sido denunciada cuando Argentina emitió bonos por 5.000 millones de dólares (2007). Venezuela "los compró al precio oficial del dólar y los vendió en su gran mayoría a bancos privados, que pagaron por ellos 2.15 y los revendieron en Nueva York a 3, 4 o más (con) ganancias del 200 %" (La Nación, 4/5).

(Esto explica, entre otras cosas, la necesidad de trasladar las ganancias. Como éstas quedaban en bolívares, era necesario cambiarlas al dólar negro y sacarlas de Venezuela. Por eso, como reconoció un empresario, "tener un avión para sacarla sin controles vale más que cualquier petróleo a 140", La Nación, 25/4).

"Prudencia"

Cuando los expedientes en la oficina del juez a cargo de la causa sumaban hojas, un testigo de identidad reservada involucró al vicepresidente Cobos con el directorio del Banco Guayana, la entidad que actuaba en sintonía con las intermediarias investigadas por la justicia por cobrar las coimas en blanco. En la volteada cayó también el ex gobernador Obeid, del peronismo disidente.

Ante la revelación, la Coalición Cívica denunció que Cobos "debería dar alguna explicación" (La Nación, 9/5).

Es decir, la denuncia le estalló en la cara a la misma oposición política patronal que se interesó en la causa y está provocando una retirada silenciosa. "La oposición debería ser más prudente", planteó el editorialista de La Nación, desalentando la formación de una comisión investigadora y Carrió le hizo eco "porque "hay una diferencia abismal entre las conexiones de Cobos y Obeid y las que tuvieron Kirchner y De Vido" (La Nación, 10/5).

Camarillas

Los negocios con Venezuela retrotraen, inexorablemente, a la "valija" de Antonini Wilson y confirman que las relaciones no son "nacionales y populares" sino personales y entre camarillas capitalistas. Este régimen de camarillas funciona en forma paralela a los Estados. El nacionalismo, de allá y de acá, ha reemplazado lo que debería ser una política de genuina solidaridad latinoamericana por un régimen de negociados de estricta lógica capitalista.

Desde ya que la derecha ataca la corrupción del nacionalismo desde la trinchera del imperialismo mundial. Unos y otros buscan la demolición del movimiento nacional de lucha contra el imperialismo que, nunca como en este caso, debe ser diferenciado de las camarillas que gobiernan en ambos países.

&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Christian Rath

(*) Jorge Lanata, en Perfil (2005/6).

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