Turquía sigue bajo un clima de incertidumbre días después de los resultados electorales

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El 31 de marzo se celebraron las elecciones municipales en Turquía. El partido AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo)  , liderado por Recep Tayip Erdogan, perdió la capital Ankara y Estambul entre otras provincias. Estambul es la ciudad de nacimiento de Erdogan así como el lugar donde empezó su carrera política como alcalde en el año 1994, hecho que le permitió convertirse en primer ministro en 2003 y presidente en 2014. El partido secular de la oposición CHP (Partido Popular Republicano), resultó ganador en estas provincias. Perder la capital y la ciudad con más densidad de población ha sido un golpe cargado de simbolismo para Erdogan y su partido.

Erdogan, que se ha presentado en conjunto con el partido ultranacionalista MHP, ha basado su campaña electoral en la “supervivencia de la amada patria turca”, la defensa de políticas anti-migratorias y en un discurso marcadamente islamista, como muestran sus declaraciones tras los atentados terroristas en Nueva Zelanda. Mientras el poder de su partido se tambalea, las redadas domiciliarias así como las detenciones siguen aumentando. Como anticipara Cihan Aydin, presidente de la organización de abogados BAROSU en Diyarbakir, en esta ocasión tampoco se han vivido unas elecciones fiables y transparentes. En sus propias palabras, las elecciones turcas no pueden considerarse “democráticas” teniendo en cuenta que el partido vigente dispone de todos los instrumentos. Los medios de comunicación están bajo el control de AKP (infringiendo la Constitución al no dar espacio a la oposición durante la campaña electoral) y llegando a suspender la retransmisión de los resultados durante diez horas el pasado 31 de marzo. AKP ha exigido recuentos reiterados sin motivos claros al no estar de acuerdo con los resultados, como en la ciudad de Estambul donde los recuentos siguen hasta día de hoy. También se han observado irregularidades en provincias kurdas del este del país como por ejemplo miembros del ejército turco votando en distritos a los que no pertenecen.

Los miembros del partido pro-kurdo HDP son acusados de simpatizar con el Partido de los Trabajadores Kurdos, PKK, y sistemáticamente de terrorismo sin opción a una defensa legítima. Durante la campaña electoral del pasado mes, setecientos trece miembros del HDP fueron detenidos y ciento siete arrestados. Así mismo los miembros de CHP y Iyi (Partido del Bien), han sido elegidos como nuevo objetivo de persecución por parte del gobierno debido a que HDP ha decidido no presentarse en grandes ciudades como Ankara, Estambul y Esmirna dejando el camino libre a la oposición. Tal y como afirmó Selahattin Demirtas, co-presidente del HDP en prisión desde noviembre de 2016, “CHP y Iyi no son nuestros aliados, pero para vencer el fascismo debemos apoyarles y usar nuestro voto estratégicamente”.

La persecución a los miembros de HDP no es novedad. Noventay cuatro alcaldes de un total de ciento cinco del partido elegidos en las elecciones municipales de 2014, fueron arrestados y sustituidos por “kayyum” dos años más tarde. “Kayyum” es la palabra turca que define a los fideicomisarios enviados para administrar instituciones privadas así como las alcaldías de aquellas regiones  en las cuáles Erdogan lo cree necesario. En opinión de Cihan Aydin, “puede que los resultados de las elecciones acaben con los “kayyum” pero probablemente serán enviados de nuevo durante el año 2019”. Todo parece indicar que sus predicciones son ciertas después de que el 10 de abril el Consejo Electoral Supremo de Turquía anunciara que los alcaldes que fueron despedidos de sus cargos durante el estado de emergencia en 2016, no podrán ejercer sus actuales puestos políticos siendo reemplazados por la segunda fuerza más votada que es AKP. Aún así, afirma que “no tenemos mejor opción que la de votar, creemos en la democracia”, añadiendo que “La Comisión Europea sabe las irregularidades cometidas por el gobierno actual pero no ha habido reacción práctica tanto en el caso de los “kayyum”, como en el caso específico de Demirtas.”

Demirtas es uno de los aproximadamente cincuenta mil presos políticos en Turquía. A día de hoy, alrededor de siete mil prisioneros están en huelga de hambre siendo trescientos de ellos parlamentarios del partido político pro-kurdo HDP, como Leyla Güven, que fue la primera en empezar esta huelga el 8 de noviembre de 2018.  Tras más de cinco meses en ayuno, Güven se encuentra en su residencia de Diyarbakir debido a sus críticas condiciones de salud, siéndole administrado suero con azúcar, sal y vitamina B1. En diciembre se sumaron más de trescientas personas, mayoritariamente presos pero también varios activistas kurdos en distintos puntos de Europa. El número exacto de huelguistas en las cárceles turcas es difícil de calcular debido al hermetismo del gobierno. El pasado 1 de marzo, miles de prisioneros políticos se unieron a la huelga de hambre como último recurso con el objetivo de lograr el fin del aislamiento del líder kurdo y fundador del PKK, Abdullah Öcalan, así como acabar con el aislamiento total y las precarias condiciones de los presos.

El silencio frente a miles de personas en huelga de hambre ha llevado a ocho de ellas a quitarse la vida con el objetivo de acabar con el aislamiento de Öcalan: Zulkulf Gezen terminó con su vida el 16 de marzo en la prisión Tekirdağde Estambul. Ugur Sakar, se prendió fuego públicamente en Krefel (Alemania) muriendo un mes más tarde en el hospital. Una semana después, Ayten Beçet se suicidó en la cárcel de mujeres de Gebze seguida por Zehra Sağlam en la prisión de Oltu y Medya Çinar en la prisión de Mardin en los días siguientes. Yonca Akici siguió el mismo camino el pasado 1 de abril, y solo un día más tarde también Siraç Yüksek acababa con su vida. El último prisionero en quitarse la vida ha sido Mahsum Pamay en la prisión de Elaziğ tras haber hablado con su familia la semana anterior, informándoles que la represión contra los prisioneros en huelga de hambre había aumentado. A todos ellos se les ha impedido un funeral digno en el que puedan participar sus familiares debido a las acciones de bloqueo llevadas a cabo por la policía.

Durante las últimas semanas han sido varias las denuncias de las condiciones dentro de las prisiones para aquellos que están en huelga de hambre, tanto por parte de los propios presos como por organizaciones como TIHV (Fundación de los Derechos Humanos de Turquía) o el Colegio de Médicos de Diyarbakir. En el caso de Leyla Güven, que se encuentra en arresto domiciliario, la justicia la obligará a asistir por la fuerza a las cortes a pesar de sus críticas condiciones de salud. A su vez algunos de los huelguistas denuncian a través de sus abogados que la administración de las prisiones están abriendo nuevos casos contra ellos como castigo tras decidir empezar la huelga de hambre.

Mustafa Altintop, miembro de TIHV así como de IDH (Asociación por los Derechos Humanos) que trabaja con ex presidiarios que han sufrido torturas tanto físicas como psicológicas, afirma que “actualmente todas las prisiones en Turquía tienen algún preso haciendo huelga de hambre” y que “entre los numerosos castigos hacia ellos están prohibirles el acceso a la información, el aislamiento en celdas en solitario así como la falta de acceso a la vitamina B1”. Según informes médicos los huelguistas empiezan a experimentar serios problemas de salud más allá de la pérdida de peso, incluyendo dificultades para andar, impedimento de la visión y el habla, hipotensión, dolores musculares, náuseas y extrema sensibilidad a la luz y al ruido. Tras mandar los informes al CPT (Comité Europeo para la Prevención de la Tortura), hubo respuesta pero no ha habido reacción por parte del gobierno turco.

AKP no ha puesto ninguna solución a las huelgas de hambre incluso ocultando esta realidad en los medios de comunicación controlados por ellos mismos. Después de los resultados electorales ganando fuerza la oposición, la población de Turquía recupera la esperanza en el cambio. Mehmet Kayhan Günal, vicepresidente de CHP en Esmirna, afirma que los ideales de su partido se basan en el unitarismo creado por Kemal Ataturk (fundador de la República Independiente de Turquía en 1923), defendiendo “la hermandad, el respeto y la igualdad de las diferentes culturas que coexisten en el país”. Pese a la constante defensa a la libertad en su discurso, siendo preguntado sobre los presos políticos mayoritariamente kurdos o simpatizantes de la ideología kurda, responde que “respetamos las diferencias ideológicas pero dentro de los límites de la democracia”.

Tal y como dijo Melike A., periodista en “Jin News” (medio censurado reiteradamente por el gobierno), “Turquía está embarazada de una revolución”, y la pérdida de poder del presidente autócrata puede ser el comienzo de esta. Una semana después de celebrarse las elecciones municipales, la opinión pública mayoritaria en las regiones kurdas del este es que solo el tiempo demostrará si este es el camino para ver realizadas las demandas que piden el fin del aislamiento, acabando así con las huelgas de hambre y muertes.

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