Publicado en: 13 enero, 2019

Tú, robot

Por Bolchevique

Ensayo sobre la Transformación Digital en las empresas.

Por Bolchevique

El capitalismo se basa en la explotación del trabajador. Es así de sencillo. Para que no te quejes o no te enteres te mantienen ocupado en una serie de tareas que resultan inasumibles. Si alguna vez has dicho, ¡no doy a basto!, ¡me faltan manos!, ¡los papeles me comen! Ya estás en la rueda.
Sí. Tú eres el hámster.
Tu tiempo principal es el de tu trabajo. Tu vida privada es el tiempo que te sobra. Si te sobra, claro.
Si no te gusta, mueve los bigotes. Pero nada más.
Si intentas salir de la rueda, te dan un poquito de comida, te llenan los cachetes, y a la rueda de nuevo.

Cuenta la leyenda que hubo un tiempo en el que todavía había luz en la oscuridad. Todavía había trabajadores que exigían sus derechos. Que solicitaban un trabajo que respetara la conciliación familiar. Un empleo que respetara su vida personal y considerara sagrado su tiempo fuera del centro de trabajo.

Ante esto, el empresario tenía dos opciones:
– Entender y atender esas peticiones.
– Pasárselas por el orto y buscar trabajadores que ni se las planteasen.
Ante la dificultad de encontrar a esos obreritos que nunca se cansan, que siempre tragan y nunca se quejan, decidió cambiar cerebros por cables, corazones por chips y carne y piel por servidores.

Los tiempos cambian. Y el empresario no se puede quedar atrás. Vamos hacia una robotización de todos los procesos. La era de la digitalización. Aunque el nombre es lo de menos.

Es algo que uno entiende como inevitable. Pero cuando estás dentro y ves las tripas del monstruo, empiezas a dudar.

A partir de ahora, llamaremos a esta automatización de los procesos de tu trabajo, puto robot. Sonaba mejor Sunny, en honor al título del escrito. Pero con puto robot no se notará que nos cae mal y nos tiene hasta los cojones.

El puto robot no come, no duerme.
No caga, no mea. Puede estar 24 horas activo. Además, nunca se equivoca. El que se equivoca es el humano que programa al puto robot.
Visto así, a uno le gustaría ser un puto robot. Si no fuera porque el puto robot no disfruta de un buen plato de migas con huevo, de un buen concierto de rock, del abrazo de su pareja, de un amane… Al grano, ¡que no folla! ¡Jódete, androide! Para todo lo demás, es ideal.

Lo que no nos contaron del puto robot es lo que cuesta que el proceso funcione. Porque mientras lo implantas, tienes que hacer tu trabajo de siempre y aparte pensar, revisar, probar… la automatización del procedimiento completo. Primero se crea en algo que llaman Homologación, Pre, Desarrollo o como les sale de los huevos. Podrían haberlo llamado perfectamente mierda.
Cuando está testeado se pasa a Real, Prod, Producción o como les salga del coño llamarlo. Podrían haberlo llamado perfectamente mierda gorda.

Aunque solo es un traspaso, lo normal es que en el paso de pre a Prod, de Homologación a Producción, de Desarrollo a real, de mierda a mierda gorda, falle como una escopeta de feria. Nadie sabe por qué. Será que algún entorno, tabla, variable o pincho moruno ha fallado en el copia y pega.
Pero bueno, se revisa y antes o después acaba funcionando.

Lo importante es que el jodido, perdón, el puto robot puede trabajar de madrugada y los fines de semana. El proceso por lo tanto es lanzado a horas intempestivas si es necesario.
Cuando llegas el lunes a las 8 de la mañanita a la oficina, puede que el proceso haya fallado.
Ahora toca indagar para ver qué hostias ha pasado. Revisión, caso abierto a informática, DTI, soporte o como carajo se llamen. Llamadas varias. Actualización del caso a urgente porque llevan dos días mirando y ni Dios contesta.
Cuando por fin lo solucionan, te avisan que la solución está en Pre. Por lo tanto, revisión en Prepucio, perdón, preproducción. Solicitud de paso a Producción. Revisión en producción y adelante. Si en producción no funciona, entraríamos en bucle, en una paradoja temporal o en una nebulosa boreal. El día de la marmota eléctrica. No seguiré ese camino porque solo lleva a la locura.

Quizá ya perdiste el hilo. El trabajador ya perdió el día o la semana. Estábamos en que el puto proceso robotizado había fallado. Y aunque ya conseguiste que funcione, el tema es el siguiente:
-¿Quién cojones estaba revisando el proceso a las 2:27 horas de la madrugada cuando falló?
-¿Quién cojones estaba revisando el proceso el domingo a las 17:00 horas de la tarde y no avisó?
– ¡Tu puta madre, cabría responder! Pero al empresario le gustan los trabajadores educados. Su santa madre en todo caso.
Pues deberías haber sido tú. Trabajador de pacotilla. Mierdecilla de la pradera.
Si a las 2:27 duermes, es tu puto problema. Si a las 17 horas del domingo te gusta ver el fútbol, tomar unas cervezas o hacer el amor con tu pareja, ¡Cambia de hábitos! El pobre robot, perdón, el pobre puto robot ya estaba despierto, funcionando, trabajando. Solo en la oscuridad. Solo en los días festivos. Mientras te tomabas las putas uvas, él estaba haciendo tu trabajo.

Resumiendo:
El puto robot ha llegado. Va a hacer tu trabajo. Tu trabajo ahora es revisar lo que hace el puto robot. El día en que el puto robot se convierta en un puto Dios, ya no hará falta que revises su trabajo. Bueno, hará falta. Pero en vez de 5 trabajadores currando, pasaremos a 5 trabajadores revisando a 5 putos robots. Lo siguiente será un trabajador revisando a los 5 putos robots, convertidos en 5 putos dioses que no fallan nunca.
Por el camino, habrás perdido tu tiempo, tu salud, tus amigos… Y todo para que el puto robot te despida de tu trabajo. Cuánto más y mejor ayudaste al proceso, más gilipollas fuiste.

El puto robot no piensa, pero si lo hiciera pensaría, ¡jódete cabrón!
El puto robot no tiene boca, pero si la tuviera te diría,¡largo de aquí, muerto de hambre!

Esos putos robots, perdónese puto robot, clonado hasta el infinito, empezó siendo un bebé. Un feto hormonado. Pero tú le diste la teta, le enseñaste a caminar, a correr y a valerse por sí mismo. Lo preparaste ni más ni menos para que te diera la patada. ¡Vamos! Lo que viene siendo un hijo, pero de hojalata. Al hijo por lo menos le puedes soltar una cachetada cuando te deja en la residencia. A este, ni eso.

Tú acabarás en tu casa, intentando tirar con la pobre prestación del SEPE (hasta que se acabe), sabiendo que tu futuro está en volver a buscar trabajo. Pero ese trabajo volverá a ser el mismo. Preparar de nuevo al puto robot para que te vuelva a despedir. O peor aún, no habrá ni trabajo al que volver porque todos utilizan putos robots infalibles.

Sé que estas pensando en las 3 leyes de la robótica de Isaac Asimov:
1.- Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.
2.- Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley.
3.- Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

El puto robot está preparado para incumplirlas sistemáticamente.
Quizá nunca será el culpable de tu muerte, pero sí de tu desesperación, tu rabia, tu impotencia… Solo cumple la 3ª ley. Y hasta dónde le interesa: proteger su propia existencia.

Por todo ello, cuando a tu empresa llegue el puto robot, solo cumple una ley: ¡Sal corriendo!

https://sialgovamalhusseinseramiconstante.blogspot.com/2019/01/tu-robot.html

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