Tu amnesia cínica, nos indigna: “El niño del pijama a rayas”…

En una tarde calurosísima en Santiago de $hile, entramos a un cine que se llama “Hoyts” (porque al país $hileno le gusta mucho eso de lo yanqui –ahí no venden cabritas, si no “popcorn”-). Me di cuenta que es un cine en abierta crisis capitalista, no tenían leche para el cortado ni frutas para los jugos y los volantes que antes hacían para que el público se entere sobre las películas, ya no los hacen por “falta de presupuesto”… Así la cosa, no supe, hasta que estuve sentada frente a esa pantalla, que lo que iba a contemplar me iba arrancar dolor y lágrimas entrecortadas por los sollozos de las demás…

Después de la última escena, en que ya no sabes cómo aguantarte el miedo que te da sentir, nos fuimos al baño y dije: “¡Vivo en el fascismo, para qué me haces ver esto…!”, y otra voz femenina, como de mi edad, contestó desde un baño vecino: “¡Lo mismo digo! Yo esto ya me lo viví…”, parecía más asustada que yo…

Así es, a veces preferimos no ver. Son destellos de autismo social que nos llevan a no querer sufrir demás. Si ya bastante tuvimos con la dictadura de Pinochet y hoy con&nbsp niñas y niños comuneros mapuche, allanados, ahogados, raptados, torturados por los servicios policiales de los gobiernos concertacionistas… Y para peor, cada día recibimos más fotos que dicen Tu silencio me duele, sobre la masacre que los poderosos de Israel cometen en la Franja de Gaza… En este punto me vuelvo atrás como en un ejercicio terapéutico para mirar otra vez esa pantalla nublada con los llantos de la sala: El niño del pijama a rayas es judío, está en el campo de exterminio de Auschwitz y el padre de su amigo alemán es uno de los “autores” de esa barbarie contra los ancestros de los mismos que hoy asesinan a destajo en Gaza… Y entonces entiendo que su amnesia cínica, me indigna… y me doy cuenta que fue bueno que esa joven –dueña de su historia- me obligara a ver la película para no volverme&nbsp sorda, disléxica del alma y blanca como el ku kux clan.

QUÉ HABRÁ SIDO, MI DIOS…

“¿Qué habrá sido, mi Dios?”, le dice su madre al militar alemán ascendido a algo así como coordinador de torturas en una fiesta que celebra su pronto viaje -con familia y todo- a hacerse cargo de Auschwitz…

“¿Habrá sido culpa mía porque te disfracé de militar para las fiestas de la escuela?”…

“¡No digas tus opiniones en público, te puede costar caro, no seas conflictiva, madre”, responde esta elegante copia de un Contreras en el $hile de Pinochet o de un Bernales en el $hile de Bachelet… (¡¡¡rima!!!)

¿Qué habrá sido, angosta faja de tierra? ¿Serán los rodeos torturadores de novillos? ¿Será el olor al miedo impregnado en La Moneda? ¿Será que la herida de un padre asesinado se transformó en sordera crónica? ¿Será que desde sus escritorios cómplices no alcanzan a ver el dolor de un niño golpeado en la Araucanía? ¿Será que desde sus Bunkers -que los subieron de pelo- no oyen el grito de una pequeña en Temuco?

La desensibilización es eso: vemos tanto y tanto algo, somos tan y tan torturadas, somos tan y tan burlados, que la dignidad se nos escurre sin darnos cuenta, y la compasión –esa que padece con la otra- se nos congela, vacunada contra el sentir con los demás…

También pasa -en nuestros movimientos- que ataca el ombliguismo -una enfermedad popular no consignada en manuales psiquiátricos (porque la psiquiatría es la más enferma de todos), que hace que empieces a creer que lo único importante es tu dolor -por lesbiana, por mujer, por mapuche, por joven, por gay, por pobre, por peruano- y te armas un discurso que calce con tu indiferencia y te convences de que si los otros son machistas, entonces no merecen tu compromiso con su vida y su libertad… Y los otros, a su vez, te responden que si el mundo está divido en clases y razas, entonces las mujeres se joden porque su revolución -esa que no dejaba bailar a Emma Goldmann- va a liberarte (algún día) y que esperes… y si no quieres, te gritan que eres “una pequeño burguesa”…

NO NOS TOQUEN QUE NOS CONGELAN EL SENTIR…

“¡No, me toques, no seré tu cómplice”, le dice la esposa al nazi responsable de los hornos para matar… Y cuando una la ve renegando de una patria criminal, ruega a cualquier diosa pagana que el espíritu de Ana Frank la libre del agresor que puede volver su odio contra ella… A ella, la vergüenza la destroza igual como a las mujeres judías que el 7 de enero recién pasado en Toronto, Canadá, entraron al consulado de Israel y gritaron: “¡No, en nuestro nombre!”…

No en su nombre, los mil muertos y muertas y los casi 5 mil heridos y heridas, de los que la mitad son niños, niñas y sus madres. No en su nombre, los bombardeos con artillería terrestre, tanques, aviones y helicópteros. No en su nombre, la acción asesina de la Inteligencia israelí que identifica blancos humanos en movimiento y los liquida mediante explosivos inteligentes disparados desde largas distancias, por tierra y aire.

Pero sí en el nombre de Condolezza Rice, secretaria de Estado de EE.UU., porque como si fuese disléxica –pero del alma- ella es capaz de decir que Hamas tiene la culpa de que Israel bombardee los hogares palestinos, y luego de las primeras bombas, esta mujer negra, pero de alma tan blanca como el ku kux clan recita: …“condenamos firmemente el ataque sobre Israel y hacemos responsable a Hamas”, “Acusamos a Hamas de mantener cautivos a los habitantes de Gaza”.

Ella no apreta gatillos, pero es igual. Tal como Margaret Thatcher fue culpable de matara Bobby Sands y tal como hoy la Concertación tiene las manos manchadas con la sangre de Claudia, Matías, Alex, Rodrigo y otros.

Condolezza, junto con el viceconsejero de Seguridad Nacional, Elliott Abrams cuando Hamas obtuvo una aplastante victoria en las elecciones de 2007, comenzó a llevar a cabo una de esas maniobras que tan bien conocemos en $hile: sedición para provocar la guerra civil palestina, apoyando a Al Fatah –contendores de Hamas- dándoles armamento y congelando (junto con la Unión Europea, Rusia y la o­nU) cualquier ayuda a Gaza. Gracias a ello y al ataque israelí, hoy Gaza no sólo de desangra, si no que como uno de los lugares con mayor densidad de población del mundo, muere también de hambre porque Israel no deja pasar el pan

¿Shimón Peres, su primer ministro, Ehud Olmert, su ministra de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni, y toda la clase dominante de Israel, en nombre de quién lo hacen? No en el de las muertas y los muertos en los campos de exterminio nazi, no en el de sus abuelos, no en el de mujeres judías cuya memoria no les permite olvidar su propio dolor y el de sus ancestras, no en el de todas aquellas que no olvidaremos ni perdonaremos… ¡Estado de Israel, tu amnesia cínica nos indigna!

INSTRUCCIONES PARA VER “EL NIÑO DEL PIJAMA”…

No la vean, quienes quieran seguir haciendo la vista gorda y nadando en la indiferencia.

Para las que se atrevan, el final no es liviano, no es al estilo yanqui -porque no es yanqui-. Traten de tener a alguien al lado para que las abrace y les diga que el mundo, igualmente, puede cambiar con la condición de que no te vuelvas sorda, dislexica del alma y blanca como el ku kux clan.

Cuando la veas, recuerda que algunos herederos de quienes sufrieron en los campos de exterminio nazi, hoy, hacen lo mismo contra palestinas y palestinos, y desde el espanto que te va a recorrer en ese momento, hazte un sahumerio que te limpie de cualquier tentación por seguir los pasos de Condolezza, Tzipi Livni, o Michel…

PD: si tienes hijas, sobrinas, nietas, hijas de tus amigas cerca, deja que sean libertarias…

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Ficha técnica

“El niño con el pijama de rayas” (Boy in the Striped Pyjamas).

Basada en la Novela de John Boyne del mismo nombre, irlandés.

Película rodada en 2008.

Protagonizada por David Thewlis, Vera Farmiga, Sheila Hancock y Rupert Friend.

Director: Mark Herman del Reino Unido.

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