Tres en uno : Michel Onfray

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Por Iñaki Urdanibia

Dos libros escritos por él y uno sobre él han visto la luz casi simultáneamente en fecha reciente y por medio de ellos, quien no conozca al normando tiene una buena ocasión, con sus más y sus menos, de acercarse a él y a su obra; con respecto a quienes estamos familiarizados con su quehacer : nihil novum sub sole.

Por una parte, están los dos cuya autoría es suya: « Le Dictionnaire», editado por Cherche-Midi, es un libro realizado – según confiesa el propio Onfray- por encargo; es lo que tiene tener amigos que son admiradores a un tiempo. Un recorrido de la A a la V por medio de citas, aforismos, fragmentos que dan cuenta de su pensamiento en lo que hace a los temas más diversos, y que están extraídos de sus obras desde 1989 hasta la actualidad. Como no podía se de otros modo planean por el libro los tonos libertarios en la onda de Nietzsche y Camus y los tintes hedonistas, ateos, el rechazo del psicoanálisis, la política, el gusto, la gastronomía el sexo y el amor, el vino, los viajes, su crítica al capitalismo y al centralismo sin obviar, obviamente, su concepción de la filosofía , del la literatura y el arte. Todo ello aliñado con la pátina autobiográfica, cosa habitual en el autor de Politique du rebelle que une la filosofía a la vida, y no solo a las palabras de los libros, en abierta filiación con la visión nietzscheana.

El otro libro suyo Es « Le crocodile d´Aristote» publicado , en una cuidada edición, por Albin Michel; la faja del libro resulta, sea dicho de entrada, un tanto pretenciosa: Une histoire de la philosophie par la peinture. Algo de verdad dice esto, pero puede despistar la generalización. Treinta y tres capítulos acompañados de diferentes pinturas, fielmente reproducidas, en los que el centro de referencia es un filósofo y cómo ha sido visto por los pintores: así vamos desde los griegos a los que se dedica diez capítulos ( Pitágoras, Anaxagoras, Demócrito, la esposa de Sócrates, Xantipa, Sócrates, Platón, Diógenes, Protágoras, Aristóteles y Epicuro), para luego deslizar la mirada hacia los latinos y los pensadores del medievo ( Séneca , Marco Aurelio, Agustín, Tomás de Aquino, Marsilio Ficino), los renacentistas, modernos e ilustrados ( Erasmo, Montaigne, Maquiavelo Descartes, Pascal, Diderot, Voltaire, Rousseau, Kant, Darwin, Nietzsche, Proudhon, Marx, Freud)hasta llegar a los contemporáneos ( Sartre, Foucault, Deleuze&Guattari y Derrida). La selección de pinturas que ilustran la obra son ciertamente significativas[ señalo de paso que la ilustración que utilizo para este artículo, que presenta a un epicúreo Onfray, aparece en el libro y es obra de Olivier de Rivaz], y Michel Onfray aprovechando algún detalle que , en principio, puede pasar desapercibido, o poco menos, lo enlaza con anécdotas de la vida de los presentados ( el diablo está en los detalles), derivando hacia algunos aspectos de sus pensamientos. Naturalmente el autor deja ver sus filias y sus fobias, algunas de esta últimas aumentadas y guiadas por un sentimiento nada nietzscheano: el resentimiento. No me detendré, ni pasaré lista, pero como es habitual en sus últimas intervenciones, algunos de los autores que anteriormente fueron elogiados por él han caído en desgracia de su santoral, estoy pensando en los tres / cuatro últimos nombrados; con respecto a los calificados por él como, idealistas y/ o autoritarios qué decir. Platón, Marx, Freud, Sartre…á la poubelle. Tanto en la introducción como en su conclusión señala el dispositivo puesto en marcha para estructurar la obra: el detalle como aspectos significante que es como una llave que descubre hasta características inopinadas de los presentados. Qué duda cabe que la capacidad de hilar onfrayana se deja ver del mismo modo que lo hace su tendencia al rompe y rasga lo que hace que a veces la rasgadura se produzca de manera indebida, escorada, exagerada, etc.

La obrita que sobre él ha escrito su amigo Henri de Monvallier: « Le Tribun de la plèbe. Introduction à la pensée politique de Michel Onfray»( Éditions de L´Observatoire, 2019) es un seguimiento de sus obras y de los posicionamientos mantenidos por él, aunque la verdad, vaya por delante, es que el énfasis que el autor pone en mostrar la absoluta coherencia y fidelidad que Onfray ha mantenido desde su manifiesto inicial, el nombrado Politique du rebelle, no me parece de recibo, aun sabiendo que la serpiente si no cambia de piel muere ( Nietzsche dixit), a lo largo de su trayectoria la tarea de demolición y de abandono de lastre por parte del normando ha hecho que algunos de los que entonces eran para él modélicos , al igual que lo mantenía en su Anti-manuel de philosophie ( y hasta resquicio de ellos queda en su posterior Le post-anarchisme expliqué à ma grande-mère. Le principe Gulliver) , han caído en desgracia y han sido despellejados tanto por sus posturas filosóficas como por su modo de vida ( que para él son más o menos lo mismo), llegando en algunos casos a mostrarse cruel y morboso…dos casos me vienen a la mente : las anfetaminas ingeridas por Sartre mientras escribía su L´Être et le néant y la posterior incontinencia, o el sexo ( sado)masoquista de Foucault…Tampoco se ha mantenido firme en lo que hace a su concreción del hedonismo, reivindicado una y otra vez, y más tarde, en su Manifeste hedoniste, asimilado al consumo actual lo que le llevó a justificar el uso de la energía nuclear…para que los humanos pueda seguir gozando del placer, o su cambios de opción político-electoral: Mittérrand, Jospin, Beçancenot, Chévenement, Mélenchon; o su giro radical en lo que hace a la valoración del mediático y mediatizado provocador Michel Houellebecq…No sigo, aunque seguro que seguiré a lo largo de la lectura del libro que he leído y que presento: no está de más traer a colación un par de refranes que en gran medida pueden ser aplicables a Onfray: 1 ) por la boca muere el pez ( Onfray no es únicamente un grafómano sino que habla mucho y en muchos platós), y 2) quien mucho abarca poco aprieta ( o aprieta mal); y me permito añadir un tercero, dejando la palabra a Oscar Wilde: lo contrario del matiz es la barbarie. Y vamos allá.

Inicia Henri de Monvallier, quien por cierto dirigió el cuaderno de L´Herne dedicado a edad temprana a Onfray, ignorando una etapa anterior a su obra de 1997 ya nombrada un par de veces en estas líneas, del elogiado, en la que se movía en terrenos más propiamente filosóficos y estéticos ( el viente de los filósofos, los cínicos, el aprendizaje de sí, el anti-manual, etc. ), y la lección de la fecha de comienzo es debida a que la política comienza a funcionar desde entonces. La tesis fuerte de la nombrada coherencia y fidelidad a una línea trazada inicialmente, lleva al autor a calificar, sin ningún tipo de embozo, a Michel Onfray de tribuno de la plebe, calificación reforzada por la faja del libro que dice que Onfray tenía razón ( como Isaías), en sus posturas a favor de los de abajo: de los trabajadores( muy en especial de los del campo, si en cuenta se tiene que su padre era obrero agrícola).

En varios capítulos va subrayando las características del pensamiento Onfray: un nietzscheísmo de izquierdas ( deuda que en su momento dijo haber contraído de Deleuze, Foucault et alii), que le une -según la filiación por ésta establecida, con Camus, Grenier o Palante, lo que le leva, asumiendo la rebeldía, a no aceptar ninguna autoridad injusta y abusiva, y no colaborar con quienes facilitan la humillación del pueblo. Se suma a lo anterior la asunción de los postulados de una izquierda camusiana que se ciña a la realidad y no a las ideas previas que se erigen en programa a ser plasmado en la realidad. En la explicación de tal postura se afirma el firme e incondicional rechazo de la pena de muerte y de la guerra por parte del escritor, y Nobel, y como no podía ser de otro modo se toma como referencia el equilibrio de Camus en el caso de la guerra de Argelia ( ni / ni), aunque a veces la falta de distinción entre opresores y oprimidos, entre víctimas colonizadas y verdugos colonizadores, no es de recibo; no entraré a fondo en la cosa ( explicada y defendida por Onfray en su obra dedicada a Albert Camus L´Ordre Libertaire) pero sí que el rechazo incondicional de la guerra por parte de Camus es discutible, y no tan incondicional, hasta las entretelas ya que su participación en la red de la resistencia anti-fascista, Combat, así lo atestigua . Recuerdo las posturas defendidas por Jean-François Lyotard quien a la sazón trabajaba en un liceo de Argel, y militaba en Socialisme ou Barbarie, quien en su La guerre des Algériens, explicaba que había que apoyar la lucha de los argelinos contra el colonialismo ( que hacía que una exigua minoría de franceses – Camus había nacido en Argel y consideraba, en la práctica, Argelia como una provincia con sus peculiaridades- impusiese su dominio político, cultural y económico sobre la mayoría de argelinos)por ser una causa justa y ello a pesar de que al final era previsible que la lucha fuese usurpada por una casta burocrático-militar), que me resultan sin duda más ajustadas a la defensa de los oprimidos ( de los porteurs des valisses o de los firmantes del manifiesto de los 121, hoy no toca). La postura de Onfray, interpretando la de Camus, y resumida por Henri de Monvallier quedaría en que jamás se ha de justificar ni practicar la violencia, permaneciendo más pegado a la realidad que a las ideas; los parecidos que establece Monvallier siguiendo la versión del propio Onfray entre Camus y Onfray ( orígenes humildes y periféricos que les empujó a superarse y el significado de la concesión del Nobel y la publicación del cuaderno de L´Herne…resultan, quand même, pelín desproporcionado), parecidos de familia que el normando también emparentaba con el genio colérico del bearnés Pierre Boudieu . El tercer ingrediente del pensamiento Onfray señalado sería la propuesta de una izquierda no dogmática que Monvallier sitúa en el ámbito del marxismo crítico y el posanarquismo, siendo lo segundo absolutamente cierto, lo que le ha valido no pocas críticas des de las filas del anarquismo militante, mientras que lo primero no es que resulte discutible sino que es abiertamente falso ya que precisamente Onfray- y a ello me he referido en cantidad de ocasiones- bajo la etiqueta de marxismo entiende el autoritarismo de Marx en la organización de la primera Internacional frente al federalismo defendido por los anarquistas, en concreto y de manera especial por Bakunin, para luego unir tal línea interpretativa con Lenin, Stalin y epígonos…sin admitir que el marxismo como el ser en Aristoteles se dice de múltiples maneras y así no es lo mismo el marxismo de Karl Korsch, de Rosa Luxemburgo, de Anton Pannekoek o de Antonio Gramsci, o el anarco-marxista Daniel Guérin, autor de la imprescindible antología Ni Dieu ni Maître , sin obviar hoy en día el defendido por la onda autónoma o similares. En resumidas cuentas sostiene Onfray que no es lo probo ceñirse a un ideario supuestamente de izquierda, sino analizarlo e ir por libre. Se completa lo anterior con una micropolítica concreta que suponga llevar una vida de izquierda, lo que supone que se dé una concordancia entre ls ideas que se dicen defender y una vida acorde con ellas; es decir, que lo esencial no son las palabras sino los hechos [ en lo que hace a lo post, lo micro y lo rizomático postulado por Onfray no hay otra que aceptar la influencia de algunos pensadores de los que ha renegado al tiempo que ha hecho suyos sus presupuestos].Ya en algunos textos sobre los girondinos, en su interpretación de la revolución francesa, y su cola en las políticas posteriores, dejaba ver su espíritu anti-jacobino y anti-centralista que supone una anulación de la soberanía francesa, frente a los dictados de la UE, que es lo mismo que decir de las finanzas y demás poderes maastritcheanos; algunas posturas balanceantes derecha / izquierda que han supuesto que haya sido considerado en estos últimos tiempos como uno de los representantes del pensamiento populista y néo-réac; acusaciones muchas veces absolutamente interesada por parte de los defensores del statu quo, neoliberales de derecha e izquierda, que se sienten más justificados por algunas declaraciones tibias sobre el islamismo, sobre el FN, etc.. Su propuesta sería basar los principios de la política a partir del pueblo real y no en una relación piramidal, dictada e impuesta desde arriba. Por último su postura sería tomar la política ciñéndose a la realidad del tiempos presente, haciéndolo con una visión satírica. Concluyendo con la ejemplaridad de los romanos de la época clásica y los gitanos y su mantenimiento de una vida discordante con respecto a la sociedad biempensante y normalizadora, cuestiones a las que ha dedicado páginas en sus ultimas obras enciclopédicas.

El libro se cierra con una cronología política y una bibliografía comentada de Michel Onfray que sirven bien para hallar cierto orden en su lectura y en el acercamiento a su obra.

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