Tres de Cuba

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Por José Luis Merino

Mantuve encuentros personales con dos escritores cubanos, Guillermo Cabrera Infante (1929-2005) y Severo Sarduy (1937-1993).

Entrevisté al primero en su casa de Londres y al segundo en París, en la redacción de la revista Tel Quel (en la que colaboraban, además del propio Sarduy, las “estrellas” del estructuralismo, Roland Barthes, Michel Foucault, Philippe Sollers, Julia Kristeva, Tzvetan Todorov y otros).

A Cabrera Infante, autor de Tres tristes tigres y La Habana para un infante difunto, le formulé la siguiente tesitura: Uno puede imaginarse todo el oro del mundo (…) y hasta puede contar en su memoria cada uno de los árboles que pisan la tierra, mas encontrará imposible adivinar cuál es la palabra que hace a un poema inolvidable, ¿no crees?

Y él respondió: Esta es una de esas intervenciones que hacen de las entrevistas encuentros gratos, puro goce. Es una pregunta que lleva la respuesta adentro. Solamente ese final discreto (“¿no crees?”) me obliga a responder y decir tal vez.

El nombre de Severo Sarduy viene a la memoria por sus respuestas, llenas de ingenio y gracia. Al final del encuentro estampó, en un ejemplar de su novela De donde son los cantantes, la siguiente dedicatoria: “A JLM (puso el nombre completo), esto que no es ni siquiera un minarete del Taj Mahal lezamiano”. [Sarduy se refería al poeta y compatriota suyo José Lezama Lima (1910-1976), autor del monumental novoema Paradiso, entre otras piezas literarias].

Aun cuando los tres cubanos ya no sean sino tres paréntesis con unas fechas en su interior, los encontraremos vivos en sus libros, de tal suerte que la literatura pueda erigirse como vencedora de la Muerte. Es una idea a tener en cuenta, ¿no creen?

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