Tremendo el Caso!

LA CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO TOCA A YOANI SÁNCHEZ&nbsp (SEGUNDA PARTE)2009-01-01. José Vilasuso

(www.miscelaneasdecuba
.net
).-Los comunistas, silencian, acusan y encarcelan injustamente a quienes les hacen sombra para evitar que a ellos, justamente, se les silencie, acuse y encarcele.&nbsp &nbsp &nbsp
Parangoneando a Fedor Mijailovich Dostoiewski.


Ayer leía comentarios provenientes de connotadas agencias norteamericanas en los que se mencionaban a los disidentes; cosa rara, supongo que previamente pidieran permiso a La Habana.

A primera vista me pareció un informe objetivo, pero como la alegría dura poco en casa del pobre, al final la noticia se definía ortodoxamente, cito: “según los disidentes falta la libertad, pero Cuba los considera pagados por Washington.”

Claro que no somos tan ciegos como para no vislumbrar un cierto viso defensivo en cualquier reportero estadounidense fundamentalmente celoso por preservar en público su imparcialidad.

Ahora bien, cualquiera que fuese el motivo de dicha conducta no es menos cierto que el temor a ser blanco de parcialidad, no es menos bochornoso que tergiversar la realidad. ¿En aras de qué justificarla? ¿De qué lado se inclina la balanza?

Mientras los principales&nbsp medios a todo nivel no encaren de manera resuelta su deber informativo respecto a Cuba, la impunidad de su dictadura, como otras que solapadamente asoman en el horizonte latinoamericano estarán protegidas, bien o mal protegidas.

El universo de la información copa no poco espacio en todo lo que a opinión generalizada se refiere planetariamente hablando o escribiendo. Hay pruebas contundentes al respecto.

Esos consorcios&nbsp trasnacionales fabrican el héroe o el villano, el tonto o el sagaz; conceden la importancia a la información conforme a conveniencias, secretos, o pareceres cuidadosamente tarifadas, pesados y medidos. Se dice que la prensa es el cuarto poder, pero se omite su injerencia en los otros tres.

En latitudes tales Yoani Sánchez constituye un barómetro. Representa la generación que nació amordazada, desde la escuela, el trabajo, su barrio de residencia, han sido suelos cultivados por el adoctrinamiento intransigente de una ideología obsoleta.

Ella nació, vive y lucha contra una vigilancia implacable, hostigamiento morboso, amenaza creciente.

Empero, su itinerario, contrariamente a lo que debía ser prueba de invencibilidad por el ansia libertaria, se ve ocultado por las fuerzas más poderosas e influyentes del llamado mundo libre.

Aquello que podría ostentarse a los ojos de los cinco continentes cual evidencia del estrellamiento de la censura más brutal, aquello que otorgaría validez y frescura a la esencia misma de esas cadenas trasnacionales, se calla, se esquiva, o se dice tan bajito que ni el propio Fidel Castro se entera. Creo que por eso lo callan, lo esquivan o dicen tan bajito.

Quienes fungen, oficialmente, cual personeros del editorialismo democrático han perdido, en gran medida, una prenda valiosa, y peor aún, no desean recuperarla.

Es la facultad de evaluar la naturaleza de una causa justa, el mérito de comportamientos heroicos, la facultad creativa del ser humano, el privilegio de ser original.

La capacidad evolutiva y de acomodamiento a una era diferente, se ciñe,&nbsp en este caso, a una conquista que tarda en crecer y reconocerse más de lo calculado entre numerosos profesionales ciberperiodísticos de moda.

¿Será culpa de la tecnología? A saber. En materia noticiosa los hechos se les escaparon muy por delante a los encargados de darlos a conocer. Dado&nbsp que restar trascendencia a quien trabaja por los mismos derechos en Cuba que disfrutan sus colegas de CNN, AP o EFE más acá del Malecón obedece, al menos, a seguir la línea del menor esfuerzo, no arriesgar posiciones, y en una palabra, evitarse dolores de cabeza.

A ratos, leyendo y releyendo esos diarios, artículos y editoriales percibo un vago afán de defender causas hermosas. Deseos de justificar la encomienda caliente.

Me viene a la mente Pepe Saramago comunista hormonal, quien señalaba recién su deber contestatario frente al peligro para la humanidad que representa la iglesia católica. “Hay que desenmascarar vacas sagradas,” le leí con otros rubros.

Pero en tales discursos parejamente se entresacan las reservas buenas y no despreciables, típicas en plumas que disfrutan la libertad de que Yoani Sánchez carece.

Quieren hacer algo y no aciertan con quién ni dónde ni cuándo ni cómo. No coloquemos más lejos el gran dilema del mundo libre. Se ahogan en un vaso de agua.

Deambulan por el pueblo y no han descubierto las casas. Poseen un tesoro precioso, no lo saben apreciar, y terminan echándolo por la ventana como cosa inútil.&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp

A mayor abundamiento. ¿Recuerdan el caso del niño Elián? ¿Cómo entonces se supo movilizar el tinglado completo de recursos a favor del oficialismo castrista? Mil razones lo explican.

Una de ellas, que se deseaba recuperar terreno que el marxismo leninismo perdía tras el desplome del mundo comunista. Ese fracaso del sistema arrastraba consigo intereses autocalificados de progresistas, revolucionarios y tal.

En aquella oportunidad las fuerzas del totalitarismo y sus adláteres, con sede en Estados Unidos, apostaron por un caso ganable en corte.

Sabían a dónde se dirigían, mobilizaron al mundo y dieron una bofetada fuerte a los millones de refugiados que desde los tiempos de Nabucodonosor buscan huir de los tiranos para vivir en libertad.

Sin embargo no se salieran con la suya, estoy seguro. Desde entonces millones de refugiados a diario prosiguen escapando y arriesgando sus vidas miserables para convertirlas en vidas prometedoras en ese mismo suelo compartido con sus detractores de habla inglesa. Los tienen que seguir soportando.

De veras el mundo cambia. La historia no se ha detenido. Nadie la puede detener. Hace días Jean Francois Foguel nos lo transmitía en brillante coloquio.

Los hombres libres no pueden subordinarse a un periodismo de colección obediente al poder por el poder. En Francia cuna de la libertad, desde el siglo XVIII ya se escribían a pluma hojas sueltas que circulaban de mano en mano; y hoy desde los ordenadores particulares, se compite abiertamente con Le Monde, por ejemplo.

El lector moderno al estilo Yoani Sánchez tampoco se ve forzado a bajar la cerviz cuando la C.N.N. llama respetuosamente expresidente al sátrapa de Cuba. Le suelta la carcajada.&nbsp

Basta revisar el creciente número de responsables navegantes lanzando al espacio sus mensajes para hombres y mujeres verdaderamente originales. Ellos proclaman a voz en cuello lo que los anteriores silencian.

Así prestan su impostergable servicio a la humanidad en busca de la verdad. Hoy la cibernética o como mejor se califique, se abre paso de manera acelerada e independiente, encarando al poder y a su cómplice la censura abierta o solapada.

El poder es una realidad dolorosa con la que tenemos que vivir. Tradicionalmente ha sido teñido de lo que llamamos derecha, intereses creados, estabilidad del mando y no importa su ideología.

Antaño se invocó la religión para justificar sus abusos, luego vino la revolución democrática y en vez de la hoguera se puso de moda la guillotina; el nazismo popularizó Treblinka y Auswitch, Stalin el Gulag, Che Guevara y Fidel Casto el paredón de fusilamiento, la Umap y su sistema carcelario. La clave del embrollo consiste en que Guevara y Castro los instituyeron a nombre del pueblo, los pobres, el proletariado, contra el imperialismo, etc.

Estos sistemas adversos&nbsp coincidieron en aplicar la censura férrea a todo el que les hiciera sombra. Estuvieron y permanecen de acuerdo en la imprescindibilidad de tapar las bocas a los que hablan demasiado, al estilo Yoani Sánchez.

Es como en cualquier cuento del gran Jorge Luis Borges donde los personajes cambian de nombre, pero los hechos se repiten como calcados al carbón.&nbsp

Entonces a la vuelta de la esquina reaparece la razón escondida de porqué se oculta al mundo, por parte de las grandes cadenas mundiales, esta violación del derecho humano fundamental de informar libremente sobre Cuba.

Las supercomunicadoras responden hogaño&nbsp como antaño al poder, al orden establecido; jamás a los que difieren, e innovan. Son eco del gobierno cubano con quien mantienen un vergonzoso acuerdo de permanencia en el país a cambio de su obediencia servil a la censura dentro y fuera.

Es el vicio de dar mucho a cambio de nada. Masoquistas se les podría llamar, tal vez. Ellos sirven a Castro divulgando los partes oficialistas, a la vez que desconocen las violaciones masivas de los derechos humanos denunciadas por los disidentes.

¿Quién paga a quién; si hay dinero por el medio, es cosa que no viene al caso. El papel de estos colosos internacionales trasluce objetivos que prueban tanto la miopía, como el despiste de informadores en el limbo respecto a su cometido profesional y sentido de la historia.

Sirviendo a quienes los desprecian, humillan y aborrecen, públicamente exhiben sus vetas podridas incapaces de alimentar tanto un mínimo de dignidad, como adarme de confiabilidad.

Para qué operan en Cuba, es la pregunta a formularles. Aquí resuella la conspiración del silencio. Tal vez esperan pacientemente que se produzca otra situación similar a la de Elián, y de nuevo defender a su patrono con posibilidades de ganar el caso en corte federal.

Se desemboca en la verdadera cuestión – como escribió una vez Ortega y Gasset,-&nbsp atando los cabos y comprendiendo que la valentía de Yoani Sánchez, así como la de Guillermo Fariñas, los periodistas independientes, Gorki, Damas de Blanco, Pablo Milanés y la disidencia en general, proclamando a todo riesgo la verdad se da de cachete con el servilismo de los gigantes foráneos acreditados por la dictadura castrista.

¿Qué significa esa joven de ojos expresivos y estilo irónico que tan serenamente ha respondido a los requerimientos del oficialismo?

Es el mentis más elocuente a ese clisé repetido por cualquier plumífero mediatizada alegando que allí no se puede hacer otra cosa. Ellos no pueden hacer otra cosa porque desconocen el coraje, los ideales, la motivación noble para ejercer un periodismo a lo José Martí, Rubén Darío o Ernest Hemingway.

Nada provoca las pasiones más abyectas del ser humano que el incumplimiento del deber por el mismo comprometido. Ahí se centra la nuez de una contienda pacífica que bien podría acaparar las expectativas mundiales.

Qué distinto resultaría todo si la sociedad plural se enterara, debidamente, de la citación a Yoani Sánchez a la estación de policía, su debate con Mariela Castro, y todo el itinerario rebosante de ese coraje, astucia recta y humor inteligente. ¿Saben también que sería una noticia vendible?

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