Transmutar valores

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No dejo de leer en los periódicos ni de ver en las televisiones las diferentes y opuestas opiniones acerca de las actuaciones del gobierno ante la pandemia. Y si algo me queda claro de la ideología que les impulsa a valoraciones tan opuestas es que ni el camino de la derecha ni el camino de la izquierda españolas tienen un punto de encuentro. Viene a mi memoria un verso de Benedetti: ” Todo es según el dolor con que se mira”. A algunos les duele la economía y a otros la humanidad, y nos lo presentan como si fueran valores contradictorias; no debiera haber contradicción entre los valores de la economía y los valores sociales. Orientar la economía con la exclusividad de la eficacia, del lucro, de la competencia y del egoísmo se contradice con los valores más humanos como son la solidaridad, la empatía, la honradez, la confianza y la cooperación.

Orientar la vida política de nuestro país con valores antitéticos, como está ocurriendo desde hace ya demasiado tiempo, no sólo es una contradicción moral, sino que además provoca una notable irritación en muchos estamentos de nuestra sociedad. Si nos atenemos a las proclamas constitucionales de los llamados países occidentales no hallaremos ninguna en que las proclamas como derechos fundamentales sean  aquellos que hoy determinan la actividad y finalidad económicas. Más bien al contrario, la libertad, la igualdad y la participación en la vida política son valores éticos que legitiman el quehacer democrático. Lo que resulta paradójico es que una vez enunciados y proclamados a los cuatro vientos y recordados efusivamente en las proclamas electoralistas esos mismos principios dejan de dirigir los objetivos prácticos de la política. Porque es un hecho incuestionable, que de no haber sido así no existirían las terribles desigualdades que separan a los muy pobres de los muy ricos, y como la distancia se prolonga por ambos lados: los ricos son cada vez más ricos, y los pobres extreman su pobreza sin pausa.

Si la crisis del 2008 fue aprovechada por el neoliberalismo para estirar la goma de las desigualdades, deberíamos aprovechar la crisis mundial de la pandemia del Cvod19 para corregir errores e imaginar alternativas. Estas, en su apartado propositivo, vienen determinadas por la Declaración Universal de  Democracia, [https://www.ipu.org/sites/default/files/documents/es_-_ddeclaration-web1.pdf] cuando expresa en el artículo 11: ” La democracia debe desarrollar sistemas económicos fundados en la justicia social, a la cual se subordinarán siempre todos los otros aspectos y dimensiones de la vida económica, en un contexto de competencia libre y leal así como la indispensable cooperación con el fin de alcanzar un desarrollo humano y económico sostenible, un a prosperidad compartida, el fomento del empleo y trabajo, la utilización racional de los recursos económicos, alimenticios, naturales y energéticos… porque el objetivo fundamental de la democracia es que toda persona pueda acceder a los bienes y a los servicios –particularmente de salud- necesarios para una vida digna de ser vivida”. La conclusión es pues bien sencilla: todo debe estar subordinado a la justicia social.

Hay paradigmas éticos que debemos trabajar en la educación para borrarlos de nuestros esquemas mentales, tales como la felicidad no se obtiene exclusivamente con la riqueza material; el bienestar de un país no debe medirse sólo a partir de crecimiento económico. El bienestar de los habitantes de un país no depende de la renta media, pues ésta suele estar muy mal repartida, igual que parámetros en que se utilizan la media nacional, como son además de la renta, la esperanza de vida, el PIB por habitante, la productividad etc.

La vieja política de confrontación no servirá para alcanzar nuevos objetivos. Las propuestas neoliberales que priman la libertad sobre la igualdad [que convirtieron la razón de la fuerza en el objetivo fundamental y como consecuencia la guerra fría y la proliferación armamentística] ni los que en aras de la igualdad nunca encontraron el camino de la libertad, camino que fue destrozado en 1989, sirven ya para hacer realidad la tan manida frase de: ” Nada vovlerá a sr igual”

Debemos reclamar un auténtico cambio de finalidades políticas y entender la nueva responsabilidad de forma mucho más radical que los intentos realizados hasta ahora [construcción de la sociedad del bienestar en la que sólo afectó al 20%, dejando al 80% restante en la inanición, en la explotación y en la dependencia económica de las grandes multinacionales]. Debemos conseguir que la competitividad se transforme en cooperación y la confianza supla a la eficacia.

Las propuestas que los ciudadanos en particular, y los movimientos sociales esgrimen desde hace tiempo, desoídos también en demasiado tiempo, son propuestas abiertas a la participación porque el propósito que nos orienta no es otro que el bien común.

En boca de Sr. Federico Mayor Zaragoza: “ En el momento que la deriva de un sistema económico acosa la dignidad humana en lugar de contribuir  a procurarla, cuando las responsabilidades intergeneracionales se ocultan y minusvaloran, hay que  concentrarse en el bien común y proponer iluminados caminos para alcanzarlo.”

 

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