Tolerancia represiva

Publicidad

Por Prudenci Vidal Marcos – Marea Pensionisa de Catalunya

Tengo el absoluto convencimiento que hoy en día no existe poder, autoridad ni gobierno que esté en disposición de llevar a cabo en su significado pleno en concepto de tolerancia, virtud definitoria de la democracia liberal de nuestro entorno. También creo que la reflexión debe romper la losa de opresión a que nos están sometiendo a fin de abrir las mentes a la comprensión y al reconocimiento de lo que la sociedad es y hace.

La tolerancia es en sí misma un fin de la virtud política. La eliminación de todo tipo de violencia y la reducción de la represión en la medida exigida para la protección de los hombres, mujeres y animales frente a la crueldad de la agresión, son condiciones previas para la creación y desarrollo de la sociedad humana. Esta sociedad aún no existe; el progreso hacia ella quizá esté contenido por la violencia y la represión en una escala global: como medio disuasorio contra una guerra nuclear, contra el miedo a la subversión, como lucha contra el imperialismo, comunismo, nacionalismos etc. Violencia y represión son practicadas, promulgadas y defendidas lo mismo por gobiernos democráticos que autoritarios, o mejor dicho, es la evolución de las democracias hacia un muy marcado autoritarismo. Para ello educan a la población a fin de que apoye tales prácticas como necesarias para el mantenimiento democrático y nos meten en la cabeza que no deben ser toleradas porque obstruyen y obstaculizan, si no destruyen, las posibilidades de crear una existencia libre de temor y de miseria.

Esta clase de tolerancia, mayoritaria en la Unión Europea, fortalece la tiranía de la mayoría contra las cuales los auténticos liberales y libertarios deberíamos protestar. El emplazamiento político de la tolerancia ha cambiado: mientras es más o menos tranquila y está constitucionalmente “retirada” de la oposición, se hace conducta obligatoria con respecto a la política establecida. La tolerancia pasa de un estado activo a un estado pasivo, de la práctica a la no práctica: un laisez faire a favor de las autoridades constituidas. Ahora es el pueblo el que tolera al gobierno, el cual, a su vez, tolera a la oposición dentro de la estructura determinada por los poderes constituidos.

La tolerancia hacia lo que es radicalmente malo aparece como buena porque sirve a la cohesión del conjunto que avanza hacia la abundancia, y sobre esta, más abundancia. Tolerancia negativa también hacia la sistemática deformación mental tanto de niños como de adultos por medio de la publicidad y la propaganda, al permitir que actúen movimientos destructivos; la permanente atención a la creación de fuerzas especiales, el desenfrenado aliento al engaño en las transacciones comerciales, el derroche permanente de recursos naturales, la reducción deliberada de la actividad humana por la robotización, no son falseamientos o extravíos, son la esencia de un sistema que promueve la tolerancia como medio para perpetuar la lucha por la existencia y ,de paso, suprimir las alternativas. Las autoridades de la educación moral claman contra el aumento de la delincuencia juvenil, pero se enorgullecen al mostrar con palabras, imágenes de los cada vez más potentes armamentos, es decir la delincuencia de la madurez de toda una civilización.

De acuerdo con la proposición “es el todo lo que determina la verdad” no en el sentido de que el todo es anterior o superior a sus partes, sino en el sentido de que su estructura y función determinan las condiciones y relaciones particulares. Ponemos a consideración un caso muy discutido: el ejercicio de los derechos políticos (el voto, el acceso a los medios de comunicación, el defensor del pueblo, las cartas a los representantes, las manifestaciones de protesta…) en una sociedad de administración total sirven para fortalecer esa administración testimoniando la existencia de libertades democráticas que, en realidad han cambiado de contenido y perdido su efectividad. En tal caso las libertades constitucionales de libertad (de opinión, de reunión, de expresión) llegan a ser un instrumento para justificar su sujeción.

La tolerancia misma aparece sujeta a los criterios dominantes: su alcance y sus límites no pueden definirse en términos de la respectiva sociedad. Dicho de otra manera, la tolerancia es un fin en sí misma sólo cuando es verdaderamente universal, practicada por los gobernantes como por los gobernados, por los campesinos como por los terratenientes, por la policía como por los arrestados. Y una tal tolerancia sólo es posible cuando ningún enemigo real o supuesto hace necesario en interés de la nación, la educación, el adiestramiento del pueblo hacia la violencia y destrucción. En tanto no prevalecen estas condiciones, se “carga” la mano en las condiciones de la tolerancia: son definidas y determinadas por la desigualdad institucionalizada, es decir, por la estructura de clases de la sociedad. En una sociedad la tolerancia de facto se limita al doble fundamento de la violencia o represión legalizada (policía, fuerzas del orden, fuerzas armadas, vigilantes de todas clases y en todos lugares) y de la posición privilegiada que tienen los intereses predominantes y sus elementos conexos.

Estas limitaciones básicas de la tolerancia son normalmente anteriores a las limitaciones explícitas y judiciales según han sido definidas por los tribunales, costumbres, gobiernos etc.( por ejemplo; inminencia de peligro, amenaza a la seguridad nacional, rebelión, herejía…) esta proclama es de dos clases: la pasiva tolerancia de actitudes e ideas firmemente establecidas aun cuando sus efectos perjudiciales sobre el hombre y la naturaleza resulten evidentes, la tolerancia activa y oficial concedida tanto por la derecha como por la izquierda a los movimientos de agresión como a los movimientos pacifistas, al partido del odio como al humanista. Así contemplada esta tolerancia en “abstracto “ porque se abstiene de mostrarse parcial, pero al actuar así protege a la ya establecida máquina de discriminación.

La tolerancia debe aumentar el alcance y el contenido de la libertad. Ésta fue siempre parcial e intolerante hacia los representantes principales del status quo de la represión. El éxito de la tolerancia se limitaba al grado y extensión de la intolerancia. En esta Unión Europea vemos que la libertad de pensamiento y de reunión se conceden a los enemigos radicales de la sociedad siempre que no pasen de la palabra a la acción, del discurso a la actividad. Y ante este paradigma se encuentra hoy los movimientos sociales que reclaman construir una sociedad más justa y democrática. Movimientos tales como La Marea Pensionista, los movimientos remunicipalizadores de los servicios públicos, la defensa de educación y de la sanidad…etc. Se “toleran” pero no tienen cabida, de momento, dentro del sistema democrático porque se utiliza la tolerancia en sentido represivo.

Prudenci Vidal

Marea Pensionista de Catalunya


TOLERÀNCIA REPRESSIVA

Tinc l’absolut convenciment que avui en dia no hi ha poder, autoritat ni govern que estigui en disposició de dur a terme en el seu significat ple el concepte de tolerància, virtut definitòria de la democràcia liberal del nostre entorn. També crec que la reflexió ha de trencar la llosa d’opressió a què ens estan sotmetent a fi d’obrir les ments a la comprensió i al reconeixement del que la societat és i fa.

La tolerància és en si mateixa una finalitat de la virtut política. L’eliminació de tot tipus de violència i la reducció de la repressió en la mesura exigida per a la protecció dels homes, dones i animals davant de la crueltat de l’agressió, són condicions prèvies per a la creació i desenvolupament de la societat humana. Aquesta societat encara no existeix; el progrés cap a ella potser estigui contingut per la violència i la repressió a una escala global: com a mitjà dissuasori contra una guerra nuclear, contra la por a la subversió, com a lluita contra l’ imperialisme, comunisme, nacionalismes etc. Violència i repressió són practicades, promulgades i defensades el mateix per governs democràtics que autoritaris, o millor dit, és l’evolució de les democràcies cap a un molt marcat autoritarisme. Per a això eduquen la població per tal que doni suport a tals pràctiques com a necessàries pel manteniment democràtic i ens fiquen al cap que no han de ser tolerades perquè obstrueixen i obstaculitzen, si no destrueixen, les possibilitats de crear una existència lliure de temor i de misèria.

Aquesta classe de tolerància, majoritària a la Unió Europea, enforteix la tirania de la majoria contra les quals els autèntics liberals i llibertaris hauríem protestar. L’emplaçament polític de la tolerància ha canviat: mentre és més o menys tranquil·la i està constitucionalment «retirada» de l’oposició, es fa conducta obligatòria pel que fa a la política establerta. La tolerància passa d’un estat actiu a un estat passiu, de la pràctica a la no pràctica: un “laisez faire” a favor de les autoritats constituïdes. Ara és el poble el que tolera al govern, el qual, al seu torn, tolera a l’oposició dins de l’estructura determinada pels poders constituïts.

La tolerància cap al que és radicalment dolent apareix com bona perquè serveix a la cohesió del conjunt que avança cap a l’abundància, i sobre aquesta, més abundància. Tolerància negativa també cap a la sistemàtica deformació mental tant de nens com d’adults per mitjà de la publicitat i la propaganda, en permetre que actuïn moviments destructius; la permanent atenció a la creació de forces especials, el desenfrenat alè a l’engany en les transaccions comercials, el malbaratament permanent de recursos naturals, la reducció deliberada de l’activitat humana per la robotització, no són falsejaments o pèrdues, són l’essència d’un sistema que promou la tolerància com a mitjà per perpetuar la lluita per l’existència i, de passada, suprimir les alternatives. Les autoritats de l’educació moral clamen contra l’augment de la delinqüència juvenil, però s’enorgulleixen en mostrar amb paraules, imatges dels cada vegada més potents armaments, és a dir la delinqüència de la maduresa de tota una civilització.

D’acord amb la proposició «és el tot el que determina la veritat» no en el sentit que el tot és anterior o superior a les seves parts, sinó en el sentit que la seva estructura i funció determinen les condicions i relacions particulars. Posem a consideració un cas molt discutit: l’exercici dels drets polítics (el vot, l’accés als mitjans de comunicació, el defensor del poble, les cartes als representants, les manifestacions de protesta …) en una societat d’administració total serveixen per enfortir aquesta administració testimoniant l’existència de llibertats democràtiques que, en realitat han canviat de contingut i perdut la seva efectivitat. En aquest cas les llibertats constitucionals de llibertat (d’opinió, de reunió, d’expressió) arriben a ser un instrument per justificar la seva subjecció.

La tolerància mateixa apareix subjecta als criteris dominants: el seu abast i els seus límits no poden definir-se en termes de la respectiva societat. Dit d’una altra manera, la tolerància és un fi en si mateixa només quan és veritablement universal, practicada pels governants com pels governats, pels pagesos com pels terratinents, per la policia com pels arrestats. I una tal tolerància només és possible quan cap enemic real o suposat fa necessari en interès de la nació, l’educació, l’ensinistrament del poble cap a la violència i destrucció. Fins que no prevalen aquestes condicions, es «carrega» la mà en les condicions de la tolerància: són definides i determinades per la desigualtat institucionalitzada, és a dir, per l’estructura de classes de la societat.. En una societat la tolerància de facto es limita al doble fonament de la violència o repressió legalitzada (policia, forces de l’ordre, forces armades, vigilants de totes classes i en tots llocs) i de la posició privilegiada que tenen els interessos predominants i els seus elements connexos.

Aquestes limitacions bàsiques de la tolerància són normalment anteriors a les limitacions explícites i judicials segons han estat definides pels tribunals, costums, governs etc. (per exemple; imminència de perill, amenaça a la seguretat nacional, rebel·lió, heretgia …) aquesta proclama és de dues classes: 1r la passiva tolerància d’actituds i idees fermament establertes tot i que els seus efectes perjudicials sobre l’home i la natura resultin evidents, 2n la tolerància activa i oficial concedida tant per la dreta com a l’esquerra als moviments d’agressió com a els moviments pacifistes, al partit de l’odi com a l’humanista. Així contemplada aquesta tolerància en «abstracte» perquè s’absté de mostrar-se parcial, però en actuar així protegeix a la ja establerta màquina de discriminació.

La tolerància ha d’augmentar l’abast i el contingut de la llibertat. Aquesta va ser sempre parcial i intolerant cap als representants principals de l’ status quo de la repressió. L’èxit de la tolerància es limitava al grau i extensió de la intolerància. En aquesta Unió Europea veiem que la llibertat de pensament i de reunió es concedeixen als enemics radicals de la societat sempre que no passin de la paraula a l’acció, del discurs a l’activitat. I davant aquest paradigma es troba avui els moviments socials que reclamen construir una societat més justa i democràtica. Moviments com ara La Marea Pensionista, els moviments remunicipalizadores dels serveis públics, la defensa d’educació i de la sanitat … etc. Es «toleren» però no tenen cabuda, de moment, dins del sistema democràtic perquè s’utilitza la tolerància en sentit repressiu.

Prudenci Vidal Marcos

Marea Pensionisa de Catalunya

También podría gustarte

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More