Todos en calzoncillos. Estados Unidos y sus socios han perdido la cordura

SI SE MIRA detenidamente la foto en la que se nos muestra a Sadam Huseín en calzoncillos, comprobaremos que junto a él aparecen otras imágenes. Sin realizar un gran esfuerzo no sólo se ve al ex dictador iraquí en paños menores, sino que se adivina también en la misma situación, a los componentes del trío de las Azores, a las entusiastas señorías españolas que aplaudieron el inicio de la invasión, y a todos cuantos apoyaron la barbarie.

Si con la publicación de la foto de Sadam en calzoncillos lo que pretenden los norteamericanos es humillar y desacreditar a quien ya no es más que una piltrafa, bien míseras son sus aspiraciones. Porque Sadam es un capítulo cerrado para todos. Para todos, excepto para quienes sienten la necesidad de seguir utilizándolo para justificar su actitud.

Para disculparse por haber promovido y alentado una de las guerras más sucias de la historia de la Humanidad. Ya nos imaginábamos perfectamente cómo sería Sadam en calzoncillos. No era necesario, por tanto, que nos lo enseñaran. Lo que sí deberían de mostrarnos, porque no lo imaginamos, son las condiciones en las que en estos momentos sobreviven los iraquíes, la situación de los presos de Guantánamo y Abu Graib, el respeto a los derechos humanos de los detenidos, las libertades de las que gozan los invadidos y, en último extremo, las armas con las que el malvado Sadam tenía previsto destrozarnos. Eso es lo que tienen que enseñar.

Que después de lo que ha llovido tengan que recurrir a Sadam en calzoncillos para humillarlo, desacreditarlo y mostrarle al mundo que no es un supermán, es de una mezquindad propia de quienes han perdido la cordura. Pero, al tiempo, evidencia que no sólo Sadam Huseín es el derrotado.

Ellos, sus socios y sus propagandistas lo están tanto o más que el ex dictador. Porque han perdido la razón. Y esa es la peor de las derrotas.

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