Publicado en: 11 diciembre, 2018

Todo lo sólido se desvanece

Por Carlos Solero

En 1848 Marx y Engels estamparon en su celebre Manifiesto una frase inquietante: todo lo sólido se desvanece en el aire. Los revolucionarios decimonónicos eran plenamente conciente que la dinámica del capitalismo agudiza las contradicciones y entonces puede estallar la revuelta. Mijail Bakunin, en sus cartas noctámbulas anticipaba en 1870 el estallido de lo que […]

En 1848 Marx y Engels estamparon en su celebre Manifiesto una frase inquietante: todo lo sólido se desvanece en el aire.

Los revolucionarios decimonónicos eran plenamente conciente que la dinámica del capitalismo agudiza las contradicciones y entonces puede estallar la revuelta.

Mijail Bakunin, en sus cartas noctámbulas anticipaba en 1870 el estallido de lo que fue la Comuna parisina de 1871. No era solo voluntarismo sino una aguda lectura de los avatares de una sociedad plagada de injusticias e irritantes desigualdades.

La vieja Europa, anquilosada de consumismo, fraudes y xenofobia observa perpleja las calles en llamas de Paris, el hecho social se expandió a Bélgica y Holanda.

Las políticas de exclusión apabullan con sus shocks a las poblaciones pero también en la dialéctica social pueden ser el acicate para romper con el hartazgo.

Con acierto escribió Albert Camus que los pueblos se rebelan por asco o por cansancio. Ningún sistema es inamovible. La conmoción puede surgir a la vuelta de la esquina. La historia social así lo evidencia.

Carlos A. Solero

Lunes 10 de diciembre de 2018

Desde la Región Argentina

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