Todo chocolate a la venta en Brasil está contaminado por trabajo infantil

Por Luciana Console, Brasil de Fato

Una investigación en los principales polos productores de cacao en Brasil denuncia superexplotación de la mano de obra.

El documental El lado oscuro del chocolate, producido por el periodista danés Miki Mistrati en 2011, denunció al mundo que miles de niños de países de África Occidental trabajaban en la producción de cacao, abasteciendo a las multinacionales del chocolate. Siete años después, una investigación divulgada el viernes último (30), en Brasilia (DF), deja en evidencia que esa realidad está en muchos más países de lo que se imagina.

Por lo menos 8.000 niños y adolescentes brasileños trabajan en la cadena productiva del chocolate, según un informe encomendado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y por el Ministerio Público del Trabajo (MPT), entre 2017 y 2018.

Brasil es el séptimo mayor productor de cacao en el mundo y el segundo de América Latina. La semilla se cultiva en ocho estados, y Pará, en la región Norte del país, es responsable por 49,3% del volumen total.

Brasil de Fato conversó con uno de los realizadores de la investigación, Marques Casara, que reforzó la necesidad de que las industrias se responsabilicen.

Brasil de Fato: ¿Cómo fue el proceso de producción del informe?

Marques Casara: El informe nació a partir de un acuerdo de cooperación firmado entre la Organización Internacional del Trabajo y el Ministerio Público del Trabajo, para una serie de iniciativas destinadas al trabajo decente en algunas cadenas productivas, entre ellas, la cadena del cacao. Y una de las etapas de este acuerdo de cooperación era la realización de una investigación.

Fui contratado por la OIT para realizar la investigación porque la principal especialidad de nuestra organización es estudiar impactos sociales y ambientales en cadenas productivas y establecer responsabilidades por violaciones de derechos también para los eslabones superiores de esas cadenas – que muchas veces no están en el lugar donde ocurre la violación. Están en otros estados, en otros países.

A partir de esta necesidad de hacer la investigación, trabajamos durante un año en el mapeo de la cadena y en la identificación de los eslabones que la componen. Y la conclusión principal del estudio es que la práctica de trabajo infantil es recurrente en la base de la cadena productiva del cacao. Ella beneficia directamente a grandes procesadoras de cacao con sede en Brasil, vinculadas a las empresas multinacionales y también a las principales industrias de alimentos que comercializan el chocolate.

Otra cuestión importante de la investigación fue identificar fraudes en los procesos de intermediación, en los que la mitad de la producción de una propiedad quedaría con el agricultor y la otra mitad con el dueño de la tierra. Lo que identificamos es que ese proceso de intermediación es usado como mecanismo para esconder prácticas de violaciones de derechos, inclusive trabajo esclavo.

El tercer punto importante es que hay una extensa red de intermediarios que utilizan fraudes fiscales, evasión de impuestos y compran ese cacao de los agricultores para, posteriormente, entregarlo a las grandes procesadoras de cacao, a los grandes molinos.

¿En qué sentido se benefician las multinacionales de esa explotación infantil?

Las multinacionales del sector de alimentos y de procesamiento de cacao para fabricación del chocolate se benefician directamente del trabajo infantil porque ellas consiguen un producto más barato cuando las familias usan a sus hijos en las etapas de cosecha y de la primera transformación del cacao, que se hace en la propia tierra, en la propiedad, que es la fermentación.

El precio que pagan los molinos, vía intermediarios, no permite que el agricultor pueda contratar el servicio de una persona adulta para ayudar en esa actividad. Entonces, esos agricultores colocan a sus hijos y entregan el cacao a intermediarios que posteriormente lo venden a grandes empresas. Ese negocio está totalmente al margen de la legislación, porque se hace sin facturas y sin ninguna actuación que cumpla con las obligaciones fiscales.

¿Quién tiene la responsabilidad de cambiar esa situación?

La primera responsabilidad es de las multinacionales del cacao y del chocolate. Porque si usted investiga en los sitios web de estas corporaciones lo que ellas dicen que hacen con relación al monitoreo de la cadena productiva, si usted fuera a verificar las prácticas que ellas dicen adoptar, vería que de hecho no las adoptan. Porque los informes de sustentabilidad y responsabilidad social de las grandes multinacionales del sector de alimentos dicen que ellas no admiten trabajo esclavo o trabajo infantil en sus cadenas productivas y que ellas hacen o adoptan una serie de protocolos para enfrentar esta cuestión.

Con todo, no hay cómo identificar en qué regiones se hace este monitoreo, no hay datos que permitan medir los resultados o datos que permitan acompañar históricamente el avance en el monitoreo de esta cadena productiva. Entonces, son informes que se presentan como hechos, pero que en verdad son cartas de intenciones sin ninguna posibilidad de comprobación.

¿Y el gobierno federal?

Existe una responsabilidad del gobierno federal, en la medida en que desmanteló los órganos de fiscalización o cortó brutalmente los recursos utilizados en las operaciones de fiscalización – que no permiten que los fiscales, que los auditores del trabajo salgan de sus oficinas y verifiquen cuáles son las condiciones de trabajo en el campo. Existen hoy, en diversos lugares de Brasil, oficinas del Ministerio de Trabajo o auditores que no tienen siquiera computadores. Ellos tienen carro, pero no tienen combustible. A veces, no tienen ni carro propio, necesitan venir de otra ciudad. Entonces es una estructura de gestión intencional, en mi entendimiento, que inviabiliza un acompañamiento más próximo de las autoridades.

¿Podemos afirmar que todo chocolate en el mercado está contaminado con trabajo infantil?

Todo chocolate a la venta hoy en Brasil está contaminado por trabajo infantil. Esa afirmación puedo hacerla de forma categórica. ¿Por qué? Como no hay monitoreo de origen de este cacao, incluso el cacao que no fue producido por mano de obra infantil es indistinguible.

Las excepciones quedan por cuenta de determinadas marcas de chocolates especiales donde los compradores hacen hincapié, ahí sí, de monitorear las cadenas productivas, los procesos de compra, y verificar si en la propiedad no está habiendo violaciones de derechos. Pero eso representa una parte muy pequeña, casi insignificante.

Lo que más me impresionó fue la situación de abandono de esas familias por parte de la cadena productiva que precisa de ellas para obtener ganancias bastante significativas. La familia productora de cacao es el principal actor en esta cadena y, al mismo tempo, es la principal víctima de un proceso predatorio, inhumano, y que no toma en cuenta los derechos fundamentales de las personas. La situación es muy grave.

A pesar de que la industria del chocolate ha sido altamente lucrativa, los municipios productores presentan bajos índices de desarrollo humano. ¿Por qué acontece eso?

Del municipio donde están los almacenes, controlados por los intermediarios, la recaudación de impuestos es de decenas de millones. En las ciudades donde efectivamente se produce el cacao, no se recauda nada. ¿Por qué? Con la figura del intermediario ocurren operaciones sin factura legal, operaciones fraudulentas, que buscan específicamente extraer el cacao al menor precio posible. Y ahí entra la cuestión del trabajo infantil, del trabajo esclavo, de condiciones degradantes y de las operaciones hechas por esos intermediarios para sacar el cacao de esas ciudades, llevarlo a donde se procesa y, a partir de ahí, entrar en una cadena productiva que acaba generando ganancias apenas para las grandes empresas.

El intermediario tiene control sobre la vida y sobre la muerte de esas familias que producen el cacao. Eso porque está al servicio de las grandes procesadoras de cacao y su misión no es ayudar a esas familias. Su misión es obtener el cacao por el menor valor posible. Y es una red de intermediarios. Hay pequeños intermediarios locales, que tienen ahí su camioncito que lo lleva a un almacén, o el agricultor lo entrega directamente en ese almacén, hay decenas en los municipios productores. Y ese pequeño intermediario entrega a uno mayor. En el caso de Pará, entrega en Altamira, y ese intermediario mayor entrega a las grandes procesadoras de cacao, en el sur de Bahia, donde se concentra gran parte del procesamiento de cacao en el país.

Entonces, la figura del intermediario es muy conveniente para las grandes procesadoras y para las grandes empresas del sector de alimentos. Y es muy opresivo del punto de vista de las familias que producen. Hay casos, por ejemplo, en que el agricultor cambia el cacao por comida.

¿Qué mensaje queda para consumidores, empresas y gobiernos?

Si hasta la semana pasada las grandes empresas de cacao y de alimentos y de fabricación de chocolate podían decir que desconocían la existencia de violaciones graves de derechos humanos en sus cadenas productivas, eso ya no se puede ver más como algo factible. Desde la divulgación de esta investigación, las grandes procesadoras y las grandes marcas de chocolate necesitan dar una respuesta contundente para sanear estas cuestiones inaceptables que ocurren en la cadena productiva del cacao y del chocolate.

Edición: Pedro Ribeiro Nogueira

.
www.brasildefato.com.br/2018/12/05/todo-chocolate-a-la-venta-en-brasil-esta-contaminado-por-trabajo-infantil/
COLABORA CON KAOS