Tiranía comunicacional

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Por Arturo Garcés

Quisiera hacer una breve revisión del libro: ‘La tiranía de la comunicación’ de Ignacio Ramonet. El autor es un periodista de nacionalidad española erradicado en Francia. Entre sus cualificaciones más destacadas está el ser  especialista en geopolítica y estrategia internacional además de consultor en la ONU

Este es un libro escrito relativamente bien,  que contiene entres sus páginas  una proliferación de datos investigados  bien documentados, en el cual la posición del autor es que en una sociedad sin comunicación y sin información, no hay libertad;  mientras más datos, comunicación e información manejamos más libre somos

El autor, en la obra citada, hace la siguiente observación, sobre la mass media: ¿Qué es verdadero y qué es falso?, aquella es la cuestión fundamental a plantearse, sobre esa interrogante el sistema actual nos ofrece una respuesta, pues funciona de la siguiente manera: Si todos los medios dicen que algo es verdad, entonces es verdad. Si la prensa, la radio y la televisión dicen que algo es verdad, eso es verdad incluso si es falso. Estos medios de información, de hacer noticias, comenzaron a existir para decir la verdad y hoy existen para impedir que la verdad se diga

Por otra parte, esta nueva concepción de la información hace que hoy exista un concepto cada vez más importante y al mismo tiempo cada vez más equívoco, el de la verdad. ¿Dónde está la verdad?, se interroga Ramonet

Aquí es determinante la influencia de la televisión, puesto que es ella, con el impacto de sus imágenes, la que impone la verdad. En la actualidad lo que es un hecho  verdadero  no es porque corresponda a criterios objetivos, medible, cuantificable,  verificados en las fuentes, sino simplemente porque otros medios repiten las mismas afirmaciones, como acotamos anteriormente. El periodismo televisivo, estructurado como una ficción, no está hecho para informar sino para distraer

Así que los conceptos de verdad y mentira varían de esta forma. El receptor no tiene criterios de apreciación. El que recibe la información, no tiene niveles de  penetración, entonces ya  no puede orientarse más que confrontando unos media con otros. Y si todos dicen lo mismo está obligado a admitir que ésa es la verdad

Es la confusión en la que se ha convertido el mundo  informativo. El autor plantea, que ya es prácticamente indistinguible lo verdadero de lo falso, porque  los criterios para distinguir ambas cosas: «La verdad de la  mentira»,  son extremadamente complicados de aplicar, dada la sofisticación de las técnicas de manipulación, por ejemplo: Los montajes fotográficos, la dispersión de la información y la rapidez con que la gente replica cualquier noticia sin comprobar antes su veracidad, haciendo que en gran parte de los receptores la tomen como cierta

Estamos, entonces, en un mundo donde los informativos marcan la noticia del momento y no reparan en verificar los hechos, este fenómeno de masiva infiltración y difusión de mentiras en  la mass media en general y la televisión en particular,  tiene el efecto perverso de minar la confianza de la gente, además de  dificultar la identificación de lo que es verídico.

Cuando la democracia y la libertad triunfan en un planeta aparentemente liberado de los regímenes autoritarios, retornan paradójicamente, con fuerza recobrada, las censuras y las manipulaciones. La historia corrigió a Karl Marx y ahora los medios son los nuevos opios del pueblo, distraen a los ciudadanos en nombre del mejor de los mundos y los apartan de la acción cívica y reivindicativa, acota el autor

Citando otro fragmento del libro,  expone Ramonet,  que el poder de la media se sostiene sobre este requisito elemental: No puede compartir con los ciudadanos una realidad porque entonces poder y ciudadanos se situarían a la misma altura y el objetivo del Poder es ocultar para dominar mejor. Esa es toda la ideología de la CNN, de FOX y demás líderes de telebasura, que toda radio y  televisión han ido adoptando

En la obra el autor manifiesta que es de este modo que el nuevo sistema acredita la ecuación «Ver es comprender».  Pero la racionalidad moderna, con la Ilustración, se hace contra esa ecuación. Ver no es comprender. No se comprende más que con la razón. Es la razón, es el cerebro, es el razonamiento, es la inteligencia, lo que nos permite comprender. El sistema actual televisivo conduce inevitablemente  a la irracionalidad

No es muy complicado  llegar a la conclusión de que una persona no puede informarse exclusivamente por medio de un telediario. El telediario no está hecho para informar, está hecho para distraer. Está estructurado como una ficción. Es una ficción hollywoodiense.

Los medios saben, al involucrar sus intereses, que no pueden decir, con claridad, lo que comprometa su credibilidad, se señala en el libro, lo que es cierto, que no pueden decir: Hay víctimas, he aquí los verdugos somos nosotros. Es por eso  que la prensa que informa  sobre estas cuestiones está muy lejos de ser clara, porque desde luego no les conviene

Los poderes políticos no ignoran la perversión necrófila de la televisión, ni sus temibles efectos sobre los espectadores. En caso de conflicto de ideas, como es sabido, se controla estrictamente el recorrido de las cámaras y no dejan filmar libremente.

Hay que aprender a desconfiar de la televisión y de las imágenes que se nos ofrecen, asevera el autor,  porque una información televisada es esencialmente un divertimento, un espectáculo que se nutre fundamentalmente de sangre, de violencia y de muerte.

Así que finalmente al hacer síntesis y para  agregar más valor, me queda  decir que debemos educarnos porque se manipula más fácilmente a los que menos defensa cultural tienen

El autor es propietario del canal de YouTube:  www.youtube.com/c/ALEJANDRIAenAUDIO

 

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