Tesis sobre educación e incertidumbre: El ejemplo de una pandemia

Taeli Gómez Francisco

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  1. El defecto fundamental de abordar la educación, está en concebirla de manera reduccionista y metafísica. Se la limita a un aula sitiada por una trinchera, lejos de la vida humana-no humana; a una limitada relación objetual y cosificada de contenidos; y a la formación de relaciones educativas conforme a escenarios simulados. Por estas razones, en momentos no pensados de crisis -como el de una pandemia-, colapsa.
  1. La educación mantiene determinaciones fijas; parte de supuestos de linealidad y normalidad, obviando que el movimiento es dialéctico, con momentos complejos y caóticos. Existe desde la práctica en la que se está situada, la confianza y esperanza que mañana será relativamente igual a hoy y así sucesivamente. Esta noción, hace ver a las crisis sociales y catástrofes naturales, como acontecimientos extraños y externos, mas no como un salto cualitativo de una cantidad acumulada o como la síntesis proveniente de alguna contradicción interna. Esto la anula e inmoviliza hasta esperar volver a la calma.
  1. Hay fetichismo de la educación que cosifica las relaciones sociales.[1]
  1. Las prácticas institucionales que se desarrollan y las políticas públicas que las inspiran, obedecen a las mismas limitantes. Existe una mirada parcial, una tendencia especializada y tecnocrática; un enfoque de búsqueda de la necesariedad, universalidad y normalidad que se transforma en la base de un currículo sano. Esta ceguera avanza perdida en la confianza de un centro muerto.
  1. Por el contrario, la educación en tiempos de crisis no para, el pensarlo de otro modo, es una ilusión de la concepción reduccionista y metafísica. El proceso es continuo, es el conjunto de relaciones sociales que se autorreproducen en procesos de socialización. Si los gobiernos tuvieran una propuesta transdisciplinar, probablemente, cada ministerio e institución pública, contribuiría a transformarse en modelo de valores, en prácticas portadoras de verdad, en pautas para enfrentar incertidumbres y problemas, como aula viva.
  1. La educación en términos formales de control social, en estado de crisis, deviene contradicción. El encuentro del individual construido, se ve de cara consigo negando la necesidad de su mundo social – y planetariamente hablando-.
  1. La educación entraña otra contradicción: es transformación permanente con carga de futuro, a la vez, que está sujeta a la dependencia de tradiciones, en cuanto, relaciones sociales que quieren seguir reproduciéndose en ellas.
  1. La educación debe asumir que su estudiante es una correlación presente-futuro, humano-no humano; un mínimo ecosocial concreto.
  1. La educación debe asumir que su profesor es práctica. Sus portadores son complejas redes de intereses y poder. Un estudiante y un profesor son difusas fronteras de relaciones sociales dialécticas.
  1. La incertidumbre deja en completa posibilidad la extinción de la especie humana, como su sobrevivencia. Probablemente, la educación no será causa de ninguna de las dos, pero si un grano de arena.
  1. La educación palpita sangre, pero no debe olvidar todo lo que transporta, ni el cuerpo donde está alojada. La transformación de las circunstancias que la mantienen en torrentes estrechos, dependerán de prácticas revolucionarias que no se configuran solo por hojas leídas.

[1]Fetichismo de la Educación: algunas tesis para el debate (I) https://kaosenlared.net/el-fetichismo-de-la-educaci-n-algunas-tesis-para-el-debate-parte-i/

Fetichismo de la Educación: algunas tesis para el debate  (II) https://www.aporrea.org/educacion/a143964.html

Taeli Gómez Francisco

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