Terrorismo y poder

Terrorismo y poder

Por Raúl Gatica



En el pasado Foro Mundial por la paz, una de las reflexiones que se sucedieron tuvo que ver con la impunidad. Los distintos ponentes expusieron los más variados puntos de vista, resultado de sus diversas experiencias.


El orden de exposición dio primeramente una explicación general de las causas y razones por las cuales se produce la impunidad. Después testimonios terroríficos como el del Mozote en el Salvador y los de comunidades indígenas en Guatemala y algunos casos de Colombia. Posteriormente se presentaron reflexiones en torno al que hacer para impedir la impunidad, y como el perdón no significa olvido.


Respecto al que hacer las opiniones fueron básicamente en dos sentidos: por un lado la que insistía en la necesidad de refundar las instituciones internacionales encargadas de la justicia, porque partía del supuesto que solo las instancias internacionales han sido capaces de hacer algo contra la impunidad. Esta posición reconoce que las instancias están secuestradas por el poder internacional y por lo tanto, su margen de acción es limitado y en varios casos no aceptados por los mas grandes hacedores de injusticias en todos los ámbitos, como Estados Unidos, por ejemplo.


Por el otro lado, estaban quienes partiendo del hecho que al poder del estado se puede oponer la capacidad de resistencia de los pueblos, y por lo tanto, sin despreciar el papel de las instituciones, insistía en que la refundación de las instituciones era un paso, pero que la fuerza capaz de hacer que esto sucediera era el empuje de los pueblos y que sin este empuje poco o nada era posible, incluida la refundación de las instituciones.


Las dos visiones nacen de experiencias distintas, una del uso y convivencia en los espacios jurídicos internacionales quien piensa posible que desde la estructura del poder mismo se puede sancionar a quienes hasta hoy han vivido impunes, claro si se refundan y reforman los organismos encargados de ello.


La otra, que viene desde quien ha padecido la represión, y no creen que el poder mismo, por si solo u iniciativa propia, busque castigar la impunidad, sino que justamente porque ha visto como los agresores viven tranquilamente, hasta que la presión de la gente es tanta que a las instancias internacionales no les queda mas que actuar, tenuemente pero actuar. Es decir, parte de reconocer que las instancias locales e internacionales de justicia solo funcionan en la medida que la movilización de las personas confronta al poder.


Ahora bien, en todos los casos analizados se miró con claridad que la impunidad estaba ligada al poder y que todos los actos cometidos contra los pueblos fueron para sostener a gobiernos salvajes e ilegítimos, que en nombre de la ley y el derechos sembraron atrocidades: cientos de miles de asesinados, torturados, desaparecidos, encarcelados injustamente. Millones de personas que sufren las secuelas como comunidades desplazadas, refugiados, sobrevivientes de tortura, hijos que fueron separados de sus padres y regalados a otras personas, familias enteras que buscan a sus familiares desde hace décadas, incontable el dolor.


En ese sentido, se hace evidente que entre mas ilegítimo sea un gobierno, mas requiere de la impunidad para poder mantenerse en el poder. Por ello no es casual que en países donde se presume democracia, como en México, ejemplos de estos tipos de gobierno sean fácilmente identificables, aunque nunca sea fácil hacer algo para detenerlos.


Actualmente el gobierno que mejor representa lo que hemos venido hablando es el Gobierno del Estado de Oaxaca, que en la persona de Ulises Ruiz y su Partido Revolucionario Institucional (PRI) a toda costa buscan sostenerse al frente del gobierno de este sureño y eminentemente indígena Estado.


El uso del terror de estado, como medio de control de la inconformidad, esta teniendo cada día mayores expresiones de violencia selectiva. Dado que la movilización social es tanta que ya no se pueden efectuar actos de represión masivos sin pagar altos costos, el gobierno ha optado por golpear a la Asamblea Popular del Pueblos de Oaxaca con la mayor fuerza al menor costo político. Por ello la escalada de violencia selectiva contra quienes considera actores claves en la lucha social.


Las agresiones que han sido de diversas índoles, porque se trata de generar un efecto multiplicador, generalizar el miedo, producir paranoia y un estado de crispación, que justifique el uso de la violencia. Por eso la noche del 13 de julio del 2006, se difundió por la radio un boletín oficial del gobierno del estado, que informaba de una supuesta riña entre organizaciones de la APPO en las instalaciones del CIPO-RFM y anunciaba la intervención de la policía en sus oficinas.


Por eso también la madrugada del 20 de julio del mismo año, el atentado con bombas molotov al domicilio particular de Alejandro Cruz López, dirigente de OIDHO, y el 22 de julio la agresión a Radio Universidad con armas de alto poder, AK-47, así como la agresión al domicilio del secretario general de la sección 22 de los maestros, con bombas molotov, son todas partes del mismo escenario que el gobierno de Ulises Ruiz esta montando para aferrarse al poder.


Sin duda este camino es de muy alto riesgo, pues no hay que olvidar que situaciones como esta han llevado a miles de pacíficos ciudadanos a optar por vías violentas. No podemos dejar de mencionar que una de las causas de los surgimientos de los grupos armados en todas las partes del mundo, fue cuando las vías políticas de lucha se agotaron y que las personas tuvieron que optar entre morir defendiéndose, también con violencia o morir sin defenderse o con formas pacíficas.


Pero en todo caso el clima de agresión gubernamental logre generalizar la violencia, finalmente los responsable directos de ella quedaran sin duda impunes: Ulises Ruiz será destituido, pero de ahí a que sea castigo no es muy seguro, por eso, debiéramos pensar en el que hacer desde ahora para evitar que los verdaderos hacedores de la violencia no queden impunes.


Si los indígenas, profesores, estudiantes y pueblo en general de Oaxaca están hoy cumpliendo su papel de luchar contra un tirano, quienes estando en el exilio nos decimos comprometidos con las luchas, nos debiéramos dedicar a encontrar formulas que eviten la impunidad a sátrapas como el gobierno de Oaxaca, dado que no debemos conformarnos con la salida de un mal gobierno, sino pensar en lo que sigue, porque como bien decía el celebre magonista Praxedis G. Guerrero, “la libertad no consiste en la capacidad de elegir amo, sino en la imposibilidad del amo”


Una de las cosas que siguen es hacer que los gobiernos que le sigan a Ulises entiendan que no se puede actuar impunemente contra el pueblo. Por ello, quienes estamos en el exterior debemos hacer uso de las instancias internacionales a nuestro alcance, para evitar mas dolor a nuestro pueblo, evitar la tentación de que se generalice la violencia en cualquiera de las partes, porque al final de cuentas estamos convencidos que en las guerras todos pierden, hasta los que ganan pierden, pero los pueblos son los que perdemos mas y como parte del pueblo me he cansado de perder.


Si la violencia en Oaxaca crece, si aumentan los muertos, los presos, los perseguidos, desaparecidos o exiliados, sin duda que, aunque el Ulises Ruiz va a caer, el costo pagado será muy alto y quizás, el causante de tanto dolor en la impunidad. No lo permitamos.

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