Terror, entre crímenes de guerra y hamburguesas

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Mientras Obama se dejaba grabar por la televisión haciendo cola en un pequeño establecimiento de hamburguesas llamado Ray’s Hell Burger, ofreciendo una imagen campechana y popular a sus admiradores, los aviones del ejército norteamericano bombardeaban una aldea en la provincia occidental de Farah en Afganistan, matando por error según el Comité Internacional de la Cruz Roja a docenas de civiles. Mujeres y niños en su mayoría. El número exacto de víctimas y heridos no se ha facilitado.

Políticos y militares se han apresurado a justificarse. Obama, que recibió la noticia en plena cumbre con los presidentes de Pakistán y Afganistán, dijo que EEUU no solo está a su lado en la lucha contra el terrorismo, además está con sus esperanzas y aspiraciones… Llenó su oído con palabras de lucha, recordó el 9-11 y el dolor que causó entre los norteamericanos, dejó caer tres o cuatro palabras clave de una manera tan sutil que al final, el error cometido con los civiles afganos parecía un sacrificio necesario.

Noté cierto regusto hipócrita, sentí cierta decepción al ver a este presidente que levantó tantas esperanzas y pasiones utilizar la retórica barata de una manera tan magistral y perfecta, demasiado bien. Me dio un escalofrío ante la idea de haber caído, junto a millones de personas, en una idea equivocada y utópica respecto al primer presidente de raza negra de la historia.

Durante la reunión con los dignatarios de estos dos países clave, la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton, lamentó la muerte de civiles; "cualquier pérdida de vidas inocentes es particularmente dolorosa". No es pedir perdón, pero es más de lo que otras administraciones han hecho.

El general norteamericano McKiernan apareció en los medios anunciando una investigación de lo ocurrido pero dando a entender de una manera bastante cínica que quizá no habían sido los norteamericanos si no los talibanes quienes lanzaran las bombas. Recordó el terror que los talibanes representan para la población afgana y el mundo y lo duro que era luchar contra ellos. No mencionó el terror que causan las tropas norteamericanas entre la población de se país, actuando siempre bajo la inmunidad del daño colateral. Este error, no es el primero. ¿Será el último? Todos sabemos que no.

La torpeza irresponsable de la tecnología inteligente solo es comparable a la estupidez de la mayoría de los mandos militares, vendidos a una industria desalmada y cruel. Obama, que no es ajeno a las influencias de esta industria poderosa, ha ordenado el envío de más de 21.000 soldados adicionales a Afganistán, de los cuales han empezado a llegar los primeros ‘marines’, aunque la cifra total puede llegar a 68.000. Parece que la guerra continuará sin fecha de caducidad.

Mientras, Europa y el mundo gastará miles de millones en vacunas, tras la histeria colectiva provocada por un número de víctimas muy inferior al causado por las bombas americanas en cuestión de segundos.

Pero quién se fija en unos cadáveres desconocidos y lejanos cuando en California el fuego arrasa de nuevo las viviendas de los millonarios y se plantean la legalización de la marihuana. Temas candentes capaces de nublar las desgracias.

Si al final nos logran convencer a todos de que la culpa fue de los terroristas y no del ejercito americano, perderé la fe que me queda en el gobierno Obama-Biden.

Con la boca llena de carne molida y mostaza Dijon (la favorita del presidente) habrán discutido los titulares que encubrirán este asesinato. No es Catchup lo que gotea, es sangre.

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