Terremotos y temporales: ¿pajarito nuevo la lleva?

Este artículo terminé de escribirlo el viernes 27 de Febrero 2010 a las 22:40 horas. Pensé insertarlo de inmediato en Kaos, pero lo avanzado de la hora me hizo desistir y dejar el asunto para el sábado antes del mediodía. Como todos saben, esa madrugada Chile fue sacudido por un&nbsp megaterremoto, y acá en Coltauco (a 140 kms. al sur de Santiago) estuvimos tres días sin electricidad, agua potable, telefonía ni Internet. Recién ahora (2 de marzo, a la 1:05 de la madrugada) he podido conectarme a la red y enviar este artículo que, créanme por favor, hubiese preferido no escribir jamás.

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LOS CHILENOS MAYORES de 50 años recordarán esafrase. ‘Pajarito nuevo la lleva’. Se usaba para cargarle a los novatos, a los que recién ingresaban a cualquier actividad recreativa, liceo, trabajo o grupo, las tareas más pesadas y desagradables. Era el pago del noviciado.

Así ocurría en todos los ámbitos del quehacer nacional, desde las universidades y escuelas matrices de las fuerzas armadas, hasta los boy-scouts y clubes deportivos de barrio. Por ello, es posible que al asumir un nuevo gobierno suceda algo parecido, pues si ‘último día nadie se enoja’, también es cierto que ‘pajarito nuevo la lleva’. Y a este respecto, al menos en Chile, especialmente en materias climáticas o de las fuerzas de la naturaleza, tenemos experiencias concretas.

Ciclogénesis explosiva…ese es el nombre científico que los meteorólogos dan a las grandes tormentas que se forman en el océano Atlántico y se desplazan –con vientos cuyas velocidades superan los 150 km a la hora- hasta el continente europeo, arrastrando poderosas precipitaciones que, generalmente, caen sobre las islas Británicas, la Península Ibérica, Francia y los Países Bajos, provocando inundaciones, cortes de caminos, estragos en los servicios de energía eléctrica y agua potable, etc.

Al momento de escribir este artículo, Europa espera, desgraciadamente, una de esas ‘ciclogénesis explosivas’. España y Portugal&nbsp ya están en estado de alerta.

Eso ocurre allá lejos, pasado el ‘gran charco’ atlántico. Pero, por estos rumbos sudamericanos los pronósticos para el invierno próximo tampoco son muy halagüeños. Fríos intensos y precipitaciones ‘normales’… eso auguran los “hombres del tiempo” para nuestro país andino. Sin embargo, mantienen prudente silencio a la hora de contestar la pregunta inquietante: “¿esas precipitaciones ‘normales’, caerán distanciadamente o vendrán en un par de intensas y dañinas oleadas?”. Es que aquellos que vivimos en las zonas rurales del Chile central tenemos experiencia al respecto, y sabemos que, generalmente, el mes de junio vacía todo el líquido que contiene el cielo para un invierno completo.

Por ello, la respuesta de los meteorólogos no me interesa mucho en verdad; previsor en estas materias climáticas,como siempre he sido, ya estoy reparando el techo de mi casa, revisando instalaciones eléctricas y limpiando adecuadamente el cañón de la chimenea. Los primeros fríos invernales y el prolegómeno de las lluvias de junio me encontrarán, eso espero, bien preparado.

¿A qué se debe mi premura por avituallarme para este invierno? No se crea que ella obedece a trancas sicosomáticas o a premoniciones tarotistas. He sacado cuentas y, si la memoria y las matemáticas no me fallan, en este año 2010 correspondería una activación significativa de la corriente del Niño.

Pero, no es precisamente ese fenómeno el que más debería preocuparme, sino otro… hace ya 25 años que la zona central no es remecida por un sismo de proporciones, evento que acostumbravenir a visitarnos cuando un nuevo gobierno comienza su administración. Los hechos concretos de los últimos 70 años así lo ratifican.

En 1939, se derrumbó Chillán (gobierno de Pedro Aguirre Cerda). En 1958 le correspondió a la zona cordillerana de San José de Maipo (gobierno de Jorge Alessandri, que ‘repetiría’ con los desastrosos terremotos de mayo de 1960). En 1965 fue la zona central y parte del norte chico (gobierno de Eduardo Frei Montalva). En 1971 nuevamente se sacudió la tierra afectando al norte chico, especialmente al pueblito El Cobre (que prácticamente despareció bajo un alud de piedras y barro), Illapel&nbsp y Combarbalá (gobierno de Salvador Allende). Pinochet comenzó a despedirse de La Moneda el año 1985 (Algarrobo, San Antonio). Después vinieron los sismos que remecieron el Norte grande (Antofagasta, Tocopilla y la pampa salitrera), en los gobiernos de la Concertación.

Sebastián Piñera asumirá como Presidente de la República el día 11 de marzo…la derecha en La Moneda no me trae buenos recuerdos en estas materias…no puedo olvidar que JorgeAlessandri tuvo dos terremotos en su período presidencial 1958-1964 (Concepción y luego Valdivia en 1960, los días 21 y 22 de mayo, respectivamente), sin tomar en consideración el sismo de San José de Maipo el mismo día domingo de la elección presidencial de 1958 en la que&nbsp triunfó sobre Salvador Allende.

Soy consciente de que lo expuesto en estas líneas carece de toda lógica científica, y se sustenta débilmente en simples coincidencias telúricas de un país sísmico como el nuestro. Tampoco creo en brujos, Garay, pero…

Y aquí viene el gran ‘pero’ en estos asuntos de los desastres naturales que, como bien sabemos, afectan principalmente a las clases sociales desposeídas. Para explicar mi línea de pensamiento recurro a lo que mibuen amigoManuel Fernández Canque -académico dedicado a la investigación y docencia en universidades europeas- autor de una magnífica obra publicada por la Universidad de Tarapacá (“Arica 1868, un tsunami y un terremoto”), escribió un artículo publicado por varios medios de prensa luego del terremoto en Haití, en el cual expresa lo siguiente:

“”Es el (hombre) rico quien puede prevenir y precaver un desastre eludiendo sus letales consecuencias. El pobre, sin embargo, está condenado a una vulnerabilidad permanente que necesariamente resulta de la precariedad de su vivienda. Por ejemplo, si comparamos el terremoto de Hokkaido en Japón el 26 de septiembre 2003, de intensidad similar a aquella de este terremoto en Haití, con el de Bam en Irán ocurrido tres meses más tarde y agregamos también el de Cachemira (territorio dividido entre Pakistán e India) del 8 de octubre de 2005, resulta que aquel de Japón, de mayor intensidad, sólo provocó una cantidad escasa de heridos y contusos, mientras que en Bam los muertos llegaban a decenas de miles. También en Cachemira las víctimas fatales llegaron a 80.000. Ciertamente las acciones preventivas y la capacidad de rescate y ayuda, como aquellas que se operan ordinariamente en Japón, evitan muchas muertes, pero en nuestro mundo de abismales desigualdades económicas y sociales, las posibilidades de prevención son directamente proporcionales al nivel de bienestar económico de las regiones propensas a sufrir desastres. Tal es el problema de Haití: su abismal pobreza.””

Yo agrego de inmediato que tal es el problema de todos lo pobres del mundo, chilenos incluidos. Por ello, si el viejo dicho ‘pajarito nuevo la lleva’ llegara a convertirse en realidad durante el gobierno de Sebastián Piñera (y las estadística, al igual que la ley de las probabilidades, parecen favorecer la ocurrencia de desastres naturales en nuestro territorio), la pregunta que salta por sí sola es saber cuán preparados estamos en Chile para resistir avatares como los descritos y, junto con ello, tener al menos una cierta certeza respecto de cumplimientos de promesas electorales en materias de empleo y salarios, únicas herramientas que son de significación y utilidad llegada la hora de la desgracia.

Algunos amigos derechistas (que obviamente votaron por Piñera y esperan poder ayudar a su gobierno en todo lo que sus capacidades permitan), me recomiendan relajar la vena y confiar en nuestro nuevo mandatario. “Es y siempre ha sido un hombre con suerte”, dicen ellos, quienes además aseguran que debido a esa misma característica ningún remezón, temporal desatado ni desgracia natural aquejará al gobierno de Tatán (se refieren, por cierto, sólo a remezones sísmicos y tormentas climáticas, pues de los otros tipos de remezones y desastres nadie puede pronosticar nada).

Por mi parte, continúo reparando el techo de mi casa, limpiando canaletas, chimeneay la acequia del fondo de la hijuela…no vaya a ser cosa que la suerte –que es casquivana y veleidosa- decida cambiar de dueño y por estas zonas campesinas de la provincia de Cachapoal se nos deje caer una batería de aguaceros, de esos de padre y señor mío que terminan oscureciendo severamente el invierno.

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