Tendencias e inercias feministas

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Por Evald Manes

Se consuma un genocidio selectivo a través del cuerpo de las mujeres. Una nueva eugenesia de mercado.

Ahora, en un tiempo después de acudir a la huelga feminista el día de la mujer trabajadora, seguimos esperando datos tras el salvamento por urgencia del colectivo de varones. – Nada. No parece que se signifique ningún análisis con la suficiente relevancia.

Ahora, después de esperar, se puede afirmar, una vez más, que se ha consumando el expolio del espacio público por parte del hombre, sumándose a cualquier contenido de las movilizaciones sin el menor ejercicio de reflexión sobre sus privilegios y sus mecanismos cotidianos de subordinación hacia las mujeres, acudiendo a las movilizaciones y no secundando la huelga. Una salida de emergencia facilitada por la sutileza estratégica de los sindicatos mayoritarios, que consiguieron minimizar el conflicto a un escenario de paros parciales por turnos.

Los colectivos de mujeres feministas han visto cómo se ha representado de forma mediocrática toda la experiencia y la tensión social construida durante el último año en barrios, centros de trabajo, escuelas y universidades, gracias al consentimiento de los colectivos esencialistas y desclasados de su mismo género y sin demasiada resistencia por parte de aquellos que se solapan a las consignas anti-capitalistas y/o anti-imperialistas; que han dejado a sus compañeras de lado, en un acto de auténtica, y poco genuina, cobardía, abandonando la firmeza, la constancia y el esfuerzo, permitiendo que la burguesía social-fascista se posicione al frente del proceso de fractura de clase que protagoniza el actual momento histórico, para reducirlo desde el escenario de lucha feminista. ¿Cuándo empezaremos a señalarnos como militantes feministas de clase, compañeros? ¿Cuándo?

Según un estudio del INE sobre el uso del tiempo, el 91,9% de las mujeres realizan tareas domésticas y se ocupan del cuidado de niños, ancianos y personas dependientes, dedicándoles una media de 4 horas y 29 minutos diarios. Esto supone alrededor de unos 97,8 millones de horas al día destinadas a las actividades reproductivas y trabajo doméstico, frente a los 43,2 millones de horas dedicadas de los hombres. Una relación de 7 a 3 entre unas y otros. Esto se ve alterado al añadir el tiempo destinado al trabajo remunerado: el 37,5% de las mujeres, 8,9 millones, no busca empleo por no poder costear los servicios adecuados para el cuidado de los menores, frente a un 10,3% en hombres, 2,3 millones. Si realizamos un cálculo estimado para el volumen de horas no destinadas al trabajo remunerado, encontramos que el 37,5% de las mujeres dejan de aportar 71,5 millones de horas al día, frente a los 18,8 millones en hombres; una relación de 8 a 2. Esto nos permite pensar que este volumen de trabajo reproductivo se consuma porque el aporte del trabajo doméstico y los cuidados están subordinados a un sujeto varón, explotado por un sistema que le perpetúa como un animal predilecto, cargándolo de privilegios subjetivos, inmovilizado, incapaz de cambiar su condición. ¿Qué sucede? ¿Por qué somos incapaces de cambiar esta ontogenia? ¿Qué suponen estos privilegios para nosotros? ¿Qué le suponen a este sistema?

A partir de aquí, barra libre para construir las lecturas que nos animen a llevar a cabo reivindicaciones para la mejora de nuestras condiciones salariales y aumentar así el valor del trabajo reproductivo, ese que nos mantiene vivos. Por qué no; ya subcontratamos las actividades domésticas y de cuidado como mecanismo de descarga para nuestras cómplices estructurales en la unidad familiar, aquella a la que explotamos y subordinamos bajo nuestra condición de miseria. En definitiva, descargamos a aquella que lo necesita, sobre la que se ha creado la necesidad de un conjunto social. – ¡Qué buen varón, coño! ¡Qué solidarios somos! Una descarga que subordine a otras. Que establezca la polaridad de esta condición de clase sobre otras; ahora migrantes, ahora ajenas a nuestra razón, en un intento por desintegrarnos de la identidad de clase.

Es momento de que la estrategia cambie. Necesitamos armar otras experiencias que nos permitan generar los nuevos espacios de resistencia frente a este sistema genocida. Debemos dejar nuestros privilegios de lado. Debemos acompañar a las feministas de clase y evitar la subida de las posiciones social-fascistas en las que se deriva constantemente la socialdemocracia contemporánea desde los últimos años veinte.

¿Cómo se hace de un suceso el resultado más probable, si no el único posible? ¿Cómo se mantienen unas relaciones de explotación y subordinación en el tiempo de forma invariable? Cuando un suceso posible se convierte en el resultado más probable, hay que preguntarse cómo se han relacionado las condiciones y ordenado las consecuencias que generan un mismo acontecimiento, permanentemente, siempre, de forma previsible, como sucede en la observación de un fenómeno físico natural, como la lluvia o la nieve. Es un error pensar que es un problema exclusivamente sociológico, es decir, enmarcado en la materialidad histórica de un suceso que se repite de forma cíclica durante el transcurso del tiempo y que podemos señalar gracias a que acontece, sin revelar adecuadamente su progresión, profundización y mantenimiento.

Debemos empezar a descubrir una materialidad dialéctica sobre el conjunto de actividades reproductivas llevadas acabo por los cuerpos durante el devenir evolutivo, a través de los procesos hereditarios a lo largo de las generaciones. El sometimiento sistematizado de las mujeres trabajadoras al ordenamiento sistémico del capitalismo afecta también, en el mismo tiempo presente al suyo, a su descendencia, aunque ésta no se encuentre en proceso de gestación. El medio es un factor hereditario, como lo son muchas de las condiciones vitales adquiridas ¿O pensabais que nuestras prácticas eran una cuestión de ‘Selección Natural’, desarrollos ahistóricos que ni afectan ni alteran las funciones de nuestros descendientes? Mineros, Jornaleros, Astilleros, Técnicos Profesionales, Artesanos, Hombres. – Nos están matando a través de los cuerpos de las compañeras. Hay que parar este genocidio ya, se lleve por delante a quien se lleve.

Esto de confiar en un mecanismo de Selección Natural’, de determinismo congénito sometido a la lucha por la existencia como escenario y fin objetivo, para comprender las consecuencias lógicas de unos resultados en el transcurso del tiempo, es el atributo principal, junto a la conversión de la metafísica en mecánica y economía política, de las estructuras idealistas de la ilustración reconvertidas al mecanicismo direccional en la edad moderna. Mientras la clase trabajadora no se detenga a analizar la importancia de esta construcción racional, no generaremos las condiciones materiales necesarias para la transformación social a través de la construcción de experiencias alejadas de esencialismos idiotistas. Producir experiencias es producir productos, síntesis social.

Rescataré un solo caso de muy reciente aparición para intentar realizar este análisis y articular de forma objetiva el conjunto de piezas conceptuales con las que se pretende componer este pequeño artículo, que sitúe en el centro a la dialéctica de la naturaleza desempeñada por los cuerpos durante la evolución.

En una nueva investigación publicada en el American Journal of Respiratory and American Thoracic Society, se analizaron datos de 6.235 participantes de la encuesta de salud respiratoria de la Comunidad Europea, con una edad promedio de 34 años al momento de la inscripción. Durante el seguimiento realizado durante más de 20 años, concluyeron, en palabras de la autora principal del estudio, Cecile Svanes, MD, PhD, profesora del Centro para la Salud Internacional:

«Si bien los efectos a corto plazo de los productos químicos de limpieza en el asma están cada vez mejor documentados, carecemos del conocimiento del impacto a largo plazo» … «Temíamos que tales sustancias químicas, causando constantemente un pequeño daño a las vías respiratorias día tras día, año tras año, pudieran acelerar el índice de disminución de la función pulmonar que ocurre con la edad».

En el resumen de la publicación se concluye “…que las mujeres que trabajan como limpiadoras o que usan regularmente aerosoles limpiadores u otros productos de limpieza en el hogar parecen experimentar un mayor declive en la función pulmonar a lo largo del tiempo que las mujeres que no limpian.”

Aunque no es pretensión señalar todas y cada una de las vinculaciones que existen entre pobreza y salud, una simple búsqueda por las revistas científicas nos enlazará a decenas y decenas de resultados, incluyendo: reducción de la superficie cerebral, acortamiento de los telómeros y de la esperanza de vida, mayores probabilidades de desarrollar obesidad, y propensión a tomar riesgos1.

Sí estamos obligados, por el contrario, a escoger la relevancia, el lugar donde situamos el punto focal que nos permite construir el marco lógico para justificar este relato. Aquí, es de obligado cumplimiento rescatar lo que J. M. Olarieta denomina como la vieja herejía lamarckista, lysenkista, o el ahora nombrado fenómeno epigenético, como punto crítico para situar nuestro conflicto, es decir, “a la construcción progresiva de los organismos en su proceso de desarrollo.

En las propias palabras de J. M. Olarieta: la epigenética … “Nace para suplir las insuficiencias de la genética y enlaza con la idea de que no todo está ya escrito en los genes sino que depende de las condiciones en las que se desarrolle la vida del organismo. La forma de vida va dejando sus huellas en el ADN en forma de secuencias que se activan o inactivan. De ahí que lo realmente importante no sea la composición del genoma, el ADN y su configuración, sino lo que le rodea. No somos lo que está escrito en nuestros genes, sino lo que hacemos con ellos, cómo vivimos, qué comemos y lo que respiramos. Las influencias ambientales regulan la expresión del genoma incluso sin necesidad de alterar su configuración básica.”

Nos nos vendría mal el repaso de dos textos imprescindibles: Darwin y Capital [Heredia Doval, Daniel. 2017], y La Ciencia del Capital [González Martinez, Rubén. 2017], para establecer las dependencias estructurales entre Naturaleza y Sociedad e identificar las relaciones que existen entre las partes míticas de las estructuras vivientes, que en las teorías reaccionarias, como el Mendelismo-Veysmanismo-Morganismo, determina la herencia, con las posiciones lamarckistas y lysenkistas que hicieron frente a todo el pensamiento de una época.

La heredabilidad de condiciones patológicas asociadas a la clase social son ahora una realidad con soporte científico. La pobreza puede contemplarse como una enfermedad, con síntomas ramificados a lo largo de todo el organismo, y con alcance transgeneracional.

Si una mujer gestante está expuesta al estrés derivado de la pobreza, el feto, y los gametos de éste (la segunda generación) pueden verse afectados. El establecimiento de marcas epigenéticas durante las primeras etapas de la vida, a consecuencia de entornos altamente estresantes (incluyendo abusos físicos y bajo nivel socioeconómico) pueden tener efectos muy prolongados, y se han visto asociadas a una mayor incidencia de condiciones neurobiológicas como la depresión2. Y es que hay algunas preguntas que no podemos evitar, al destacar las enormes diferencias entre los distintos paradigmas científicos que acontecieron durante el desarrollo del siglo XX. ¿Por qué las hipótesis teóricas desarrolladas desde las gnosologías materialistas de las culturas proletarias han presentado más capacidad que otras para dilatarse en el tiempo a partir de las observaciones de los fenómenos naturales, de los principios físicos? ¿Por qué el conflicto Capital – Trabajo no refleja estos productos intelectuales desarrollados en las etapas históricas destacadas por los estados nación bajo los regímenes socialistas orientales?

Seguramente esto tenga mucho que ver con el protagonismo de los sujetos en los modelos de organización social y la racionalidad que se conforma y se desarrolla a través de la construcción de hipótesis y principios vitales a ser digeridos y metabolizados. No es lo mismo evitar la relación entre un primer conjunto de datos: mujeres, limpiadoras, hogar, declive pulmonar, para establecer las posibles consecuencias si lo observamos bajo un paradigma lamarckiano/lysenckista, que si escogemos otro neodarwiniano. Uno nos revelará una información sobre la devastación y la eugenesia de mercado, y el otro nos limitará la lectura a un proceso de naturalización y adaptación a un medio dado.

Solo un simple cruce de datos y una hipótesis nos podría hacer pensar si existen efectos epigenéticos que se incorporan a los mecanismos hereditarios en función al primer conjunto de datos: mujeres, limpiadoras, hogar, declive pulmonar. ¿Estaremos influyendo en la afección de nuevas patologías y trastornos a nuestras futuras generaciones? ¿Alguien se lo está callando? ¿La explotación de la mujer determina el futuro de nuestras generaciones? ¿La subordinación del trabajo reproductivo al productivo es el principal promotor de la enfermedad? ¿La estructura de clases tiene que ver con la evolución de los organismos, una vez se han descrito los actuales mecanismos hereditarios? ¿Qué tendríamos que decir si al primer conjunto de datos le sumamos la horquilla de consecuencias supuestas por nuestro paradigma lamarckiano? La cosa se pone bastante mal para la mujer, principalmente para la que se enmarca en el mundo del trabajo reproductivo. ¿Recordamos las cifras?

(Ver imagen destacada).

 

Fuente: “Mujeres y hombres, consumo y producción a lo largo de la vida. Una relación desigual”. Elisenda Rentería, Centro de Estudios Demográficos. Rosario Scandurra, UB. Guadalupe Souto, UAB. Concepció Patxot, UB.

Nuestra forma de ciencia se ha convertido en una enfermedad del espíritu occidental. Nos han enseñado que cavando cada vez a más profundidad llegaríamos al centro de nuestro mundo. Pero no encontramos más que roca y fuego, y confundimos la piedra con el corazón y el fuego con la esperanza. Erwin Chargaff, 1979.

En el Biólogo Dialéctico, los autores del libro, R. Lewontin y R. Levins, nos alertan de que la ciencia en todos sus sentidos, es un proceso social que causa y es causado por la organización social”.

Señalar que las personas que hacen ciencia están comprometidas como actores políticos en las funciones de una sociedad, es indicar que la actividad política organizada es una práctica, un hacedero, que no se ve ajena a la organización del conocimiento, más bien, consiste en ello. En palabras de los autores: “La negación de la interpenetración de lo científico y lo social es en sí misma un acto político, que respalda las estructuras sociales que se esconden detrás de la objetividad científica para perpetuar la dependencia, la explotación, el racismo, el elitismo, el colonialismo”. Para continuar “Por supuesto, la velocidad de la luz es la misma en el socialismo y el capitalismo, y la manzana que se dice que cayó en el Master of the Mint en 1664 habría golpeado a su sucesor del Partido Laborista trescientos años después con igual fuerza. Pero si se dice que la causa de la tuberculosis es un bacilo o la explotación capitalista de los trabajadores, si la tasa de mortalidad por cáncer se reduce mejor estudiando los oncogenes o tomando el control de las fábricas, estas preguntas se pueden decidir objetivamente solo en el marco de ciertas suposiciones sociopolíticas”.

Para terminar, como apunte, hace escasos dos días nos encontramos con una revelación en una revista de divulgación; en tiempos de guerra, 1943, Vannevar Bush, jefe de investigación en la administración F. Roosevelt, buscando la manera de ampliar los fondos después de la guerra, propuso a través de un documento titulado «Science, the Endless Frontier» un argumento sobre los sólidos motores de financiamiento federal a través de los Institutos Nacionales de Salud, la creación de la National Science Foundation, y lo que se convertiría en una red en expansión de científicos investigadores a lo largo de los Estados Unidos. ¿Cómo encontramos motores de actividad productiva a través de Institutos Nacionales de Salud? Esto lo dejaremos para una próxima entrada.

El enemigo no espera. Sigue prosperando en su racionalidad.

1http://nautil.us/issue/47/consciousness/why-poverty-is-like-a-disease

2Mol Psychiatry. 2017 February ; 22(2): 209–214. doi:10.1038/mp.2016.82.

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