Teatro contra la muerte

Teatro contra la muerte+ Golgota Picnic

   +  Théatre du Rond-Point / 11 de diciembre de 2011

         Paris VIIIe.

Se ha hablado del teatro del absurdo( Ionesco, Beckett…) , del teatro de la crueldad(Artaud…), del teatro-pánico(Arrabal, Jodorowsky…), tras ver esta representación se podría hablar del teatro-entre-la-chacinería-y-la-cropofilia, y conste que lo digo si ningún ánimo moralista de afear para nada esta obra que realmente es una sacudida de alto voltaje, cargada de un espíritu crítico e irreverente ejemplar; obviamente no apta para para meapilas. Se exponen  abundantes vómitos y otras evacuaciones, junto a  las abundantes hemorragias que chorrean por la senda de las representaciones sangrientas, a lo Mel Gibson, del héroe de la cruz; que lo recién dicho no se preste, no obstante, a equívocos despistantes, la presente obra no está en arameo, ni guarda la seriedad seguidista y hagiográfica de quienes mantienen una ciega fe(¿hay otra?) y alardean de las creencias fanáticas de la pasión supuestamente divina, que es el caso ideado por el nombrado cineasta /actor. Aquí hay mucho humor , luz con un enfoque propio de los cuadros barrocos que iluminan los coloridos objetos que parecen salidos de una creación pop, Hay na pantalla que recoge en detalle los detalles más destacables por nimios que puedan resultar, hay baile y animación y muchas coña marinera…en un ambiente festivo , propio del más animado de los partys; esto no quita para que las vísceras, como digo, asomen por la escena y resulte recomendable ir con palangana y toallas para achicar en caso de que uno sea salpicado por vómitos u otros líquidos elementos que por allá se derraman . Los diálogos, que intercambian los cinco actores( Gonzalo Cunill, Núria Lloansi, Juan Loriente, Juan Navarro y Jean-Benoît Ugeux), no tienen desperdicio y el repaso a la simbología iconográfica, atrozmente cruel y sanguinaria, de los textos bíblicos está  realizado con el escalpelo bien afilado, anclando la visita a dichos textos en el poder de la palabra que funda la marcha de la humanidad; en el principio era el verbo que decía el otro y la representación lo plasma en la más rabiosa actualidad. Y el mensaje por medio de una sencillez escénica que resulta francamente espectacular nos es presentado como un móvil calidoscopio que nos hace ver lo mismo pero desde ópticas diferentes y sus elementos combinados en distintas composiciones, lo que que nos exige  mantener atentas las meninges, pues lo que se expone tiene una indudable enjundia y una puntería certera al tiempo que las imágenes se duplican y hacen que el espectador se debata entre mirar a uno u otro lado;  esta representación  no se nos entrega como sucede a menudo con una cucharilla que convierte al espectador en un ser pasivo dispuesto a engullir todo lo que le echen…aquí las cavilaciones surgen de manera ineludible. Los claros toques sochopenhauerianos también.

El escenario se presenta dominado por hamburguesas y bollos , mientras la sala se va inundando de olores en la medida que avanza la obra; boetlas y bocados como en todo pic-nic que se precie, y los participantes ingieren los alimentos allá en el Gólgota; luego vendrán las crucifixiones en horizontal y vertical, y la resaca de la comilona en forma de naúseas que culminan en vomitonas abundantes , estruendosas e imparables.

Tras la confusión y el caos que han invadido a chorro, como diría un castizo, el escenario, éste se vacía dando lugar a una paz que es reforzada por un solitario piano de cola en el que Marino Formenti interpreta <<Las siete últimas plabras de Cristo en la cruz>> de Joseph Haydn en su integridad… el choque, que supone la conmovedora interpretación que rompe con el desorden bullicioso anterior, sirve para entregarnos un amplio momento para la pausa, para la rumia, para la asimilación del bombardeo recibido, para el descanso debido tras los intensos momentos de agitación escénica y emocional. Una hora y pico de “blasfemia”-según quienes tratan de sabotear la representación como antes hicieron con más contundencia cuando la obra de Rodrigo García se presentó en Toulouse-; para otros, un dardo lanzado contra la estupidez que nos domina, contra las convenciones estrechas, restrictivas y repetitivas de una sociedad bienpensante que atemoriza a sus hijos con normas caducas que basan su peso en un más allá, condenándoles en este más acá a padecer distintas faces de la estulticia alimentaria, religiosa, ideológica en general…con el fin de crear siervos, seres obedientes.

A la entrada y a la salida de la sala, en todos sitios cuecen habas y no laicas precisamente,…flics para impedir posibles sabotajes de los irredentos integristas, seguidores del crucificado, que quieren imponer su catecismo como imponen sus músicas celestiales en esta época, convirtiéndolo en el hilo musical obligatorio. Quien avisa no comete traición y así, por una parte, Rodrigo García ya anunciaba con claridad meridiana que quienes asistieran a la obra podían sentirse heridos en su sensibilidad por algunas de las crudas escenas y por el discurso utilizado; por otra, los propios responsables de la sala  avisaban que quienes asistieran a la representación habíann de ir con bastante tiempo de antelación y estar dispuestos a pasar por los pertinentes controles de seguridad, dos, para evitar la entrada de posibles desalmados, o almados en exceso, que pretendieran echar por tierra el normal desarrollo de la obra. La sala llena y la gente inquieta y aplaudiendo al principio con cierta timidez para al final entregarse a los <<bravo!>>…será seguramente, al menos para quienes se manifiestan frente al teatro, aquello que dijese Mateo que decía el mesías <<perdónales porque no saben lo que hacen>>(aunque ellos  no hacen caso y en vez de perdonar insultan a quienes no piensan como ellos) No si al final va a ser aquello que ya  cantaba a su modo, con la sorna que le caracterizaba, Georges Brassens:Quelle décadence, Y’a plus d’moralité publique, Dans notre France.

Colgando de la entrada un significativo mensaje: nosotros os dejamos creer, vosotros dejadnos pensar.

 

 

                                   Iñaki URDANIBIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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