También el LEXIT ha ganado

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Por Héctor Puente Sierra

A menudo escuchamos cómo se ensalza la predisposición en la política británica a resolver los probemas siguiendo los caudales democráticos. En 2014 The Financial Times recogió una anécdota que puede arrojar algo de luz sobre este asunto. Al preguntarle cómo había acabado organizando una consulta que pondría en peligro la continuidad del Reino Unido en la Unión Europea, David Cameron respondió sacando a colación el referendo escocés: «ganaré con facilidad y pondré a dormir la cuestión escocesa durante los próximos 20 años. Lo mismo vale para Europa.» Como muchos predijeron, el tiro le ha salido esta vez por la culata.

Fuera de los confines del Reino Unido, la atención mediática que se le ha prestado al proceso ha sido confusa e inexacta en la mayoría de los casos. Por un lado, se ha identificado a la campaña por la salida de la Unión con grupos xenófobos y de extrema derecha, extendiendo los motivos y objetivos de estos a los del conjunto hasta convertirlo en un todo indivisible; por otro, se ha presentado el Brexit como la opción predilecta de las élites económicas.

Estas afirmaciones no tienen ninguna base real y, sin embargo, han sido los ejes del discurso de aquellos que desde dentro o fuera del Reino Unido se han entregado desde la izquierda a la defensa de la Unión Europea. Han reiterado hasta la extenuación que la Unión Europea es el mejor freno contra las políticas xenófobas, lo que no deja de ser una broma del peor gusto si  recordamos que la Unión Europea es la autora del tratado que tiene a decenas de miles de refugiados sirios pudriéndose en las costas de Europa. O de que las cotas de acogida, de por sí ridículas, que los países miembros fueron asignados no fueron más que fue un gesto simbólico porque no se ha puesto en marcha ninguna medida para que llegaran a cumplirse.

No terminan ahí el cuento de hadas. La otra virtud de la UE de la que han intentado convencernos es que esta era también la única garante de que el partido Tory no llevaría sus recortes, privatizaciones y medidas de austeridad aún más lejos de lo que ya lo ha hecho. Semejante ocurrencia debería provocar inmediatas carcajadas a todos los inmigrantes que hemos venido y seguimos viniendo a Londres y otras muchas ciudades en busca de trabajo, porque sabemos que fue precisamente la Unión Europea la que impuso dichas políticas en nuestros países de origen. Grecia es el ejemplo más claro, pero no el único.

Líderes de partidos y medios de comunicación nos han amartillado durante los últimos meses con un sólo mensaje: hay que permanecer en la Unión. La mayoría de las veces, sin aclarar si quiera por qué. Los que ayer criticaban duramente las decisiones de la UE por el trato dispensado a los refugiados, hoy parecen haber olvidado el nexo que une los cadáveres de niños en playas con decisiones tomadas en despachos en Bruselas, o intentan compatibilizar ambos discursos, haciendo llamamientos a reformar la Unión Europea desde dentro como mejor manera de combatir los monstruos creados por esta. El discurso que Unidos Podemos enarbola en el estado español, el mismo que llevó a Tsipras a traicionar y vender a su pueblo.

La xenofobia y la extrema derecha son una realidad en Inglaterra, una realidad en aumento. Si millones de personas juzgan a la Unión Europea culpable de sus pésimas condiciones vitales, y la extrema derecha es uno de los pocos sectores en los que ese sentimiento encuentra respuesta, su crecimiento en ese terreno era previsible. Pero no es cierto que abandonar la Unión sea una reivindicación exclusiva a la derecha. Tres millones de personas votaron a Ukip en las pasadas elecciones, pero 17 millones lo han hecho ahora a favor del Brexit. Es obvio que les ha motivado algo más que el odio hacia los extranjeros y un nacionalismo fervoroso. Ignorar esto sólo contribuirá a una mayor alienación de estas personas y la eventual aproximación de algunos de ellos a entornos racistas.

Al establishment británico se le viene encima una crisis profunda, que sacará a la superficie no pocas contradicciones hasta ahora latentes. La de Cameron sólo ha sido la primera cabeza en rodar. Existe la posibilidad de desalojar al conjunto de su partido del gobierno, si la movilización es suficientemente fuerte durante los próximos meses. Las luchas intestinas de los poderes fácticos a raíz del referendo no desaparecerán súbitamente, de hecho es muy probable que vayan a peor. Los movimientos soberanistas de Escocia e Irlanda del Norte recibirán un empujón fundamental, puesto que en ambos lugares se ha apostado rotundamente por la permanencia en la Unión Europea, y sin embargo ahora se verán lastrados a abandonarla por una decisión tomada mayoritariamente en Inglaterra. Jeremy Corbyn, actual líder del Labour Party y para muchos una de las figuras más esperanzadoras de la izquierda europea, se alineó con la campaña del Remain, pero su pasado euroescéptico no es ningún secreto y aún está a tiempo de erigirse en alternativa de izquierdas en la nueva coyuntura. Esto no es el final de nada, es el principio, y no darnos cuenta y darlo todo por perdido nos puede llevar una vez más a regalarle la batalla a la derecha.

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