Svetlana Alexievitch, Nobel de literatura 2015

Por Iñaki Urdanibia

Algunas pinceladas sobre la concesión de los premios Nobel y parcial acercamiento a la galardonada.

Por Iñaki Urdanibia

Acerca del Nobel       

Mucha tinta ha corrido y la que correrá acerca del sentido de la oportunidad, o tal vez mejor decir oportunismo, del que hacen gala los académicos suecos a la hora de conceder el premio Noble, por de pronto de literatura…del de la paz, qué decir: grandes asesinos lo han recibido. «Ahora teniendo en cuenta que, toca darlo a…», parece ser el lema que en no pocas ocasiones es utilizado por quienes otorgan el preciado galardón.

En la presente ocasión, y de momento no me referiré a la escritura de la mujer a la que se le ha concedido, parece que el clima de vuelta a la guerra fría, con los sangrantes casos de Ucrania y Siria mediando, la entrega del premio a Svetlana Alexievitch, nacida el 31 de marzo de 1948 en Ivano-Frankvisk( Ucrania) si bien su familia se trasladó pronto a Bielorrusia, parece así como demasiada coincidencia que se piense en ella a la hora de dar el premio…Desde luego, no quito merecimiento alguno a la escritora ni acierto a la decisión de los académicos suecos, pero menos olorcillo político hubiese despedido que se hubiese dado el premio, por ejemplo, a alguno de los eternos candidatos: Mragaret Atwood, Antonio Lobo-Antunes, Philip Roth o Don DeLillo por nombrar a algunos de quienes siempre, desde hace años entran a formar parte de las quinielas que preceden a la entrega del Nobel. ¿ Algo huele a podrido en Suecia? No sé, pero desde luego se podría transformar aquella afirmación de que la poesía es un arma cargada de futuro, por la de que , en esta como en otras muchas ocasiones, la literatura es una rama cargada para el presente.

Dejando de lado, por el momento, las cuestiones meramente literarias-en el caso de Alexievitch, cosa harto difícil ya que su narrativa toda se basa en la realidad , digamos que, decadente que desde hace años invade a Rusia, y antes a la URSS- la presente galardonada se presta a una abundante utilización ya que tanto el contenido de sus obras como las entrevistas que se le han concedido, y las que se le concederán , todas van a ir en el mismo sentido: « el comunismo mantenía un proyecto insensato: transformar al hombre “antiguo” , el viejo Adán, Y realmente ha funcionado…quizá es la única cosa que ha funcionado. En setenta años y pico, se ha creado en el laboratorio del marxismo-leninismo un tipo de hombre particular, el Homo sovieticus. Unos le consideran como una figura trágica otros lo tratan de sovok, de pequeño soviet a regañadientes. Me parece que yo conozco a ese hombre , incluso lo conozco muy bien, hemos vivido codo con codo durante muchos años». El tono está marcado, no es que se critique a Stali, Putin o Choïgu-que también-, no es que se condenen la política internacional de la Rusia actual, sino que el mal viene desde el inicio: desde la misma pretensión de cambiar el mundo de arriba abajo, fue una locura que no podía tener otor resultado que el que tuvo…Nos hallamos así en el permanente dilema entre elegir guatemala o guatepeor ( olvidando siempre la posibilidad de un horizonte que prometa un guatemejor); así por evitar el infierno estalinista, y sus secuelas posteriores y anteriores ( guatepeor) , la opción no parece ser otra que entregarse en cuerpo y alma a guatemala, al sistema liberal occidental con sus libertades…de mercado, como eje vertebrador… y fuera de tal modelo económico-social no hay salvación.

Aun sin ser defensor del comunismo tal y como se intentó realizar , del autoritarismo, del sistema cuartelario que se puso en marcha, sin olvidar los resultados nulos conseguidos en muchos campos( ocultados por los poderosos aparatos de agit-pro), ni tampoco de los regimenes posteriores de Rusia, sí que parece que las cartas están trucadas al señalar dos únicas salidas: el mejor de los mundos posibles, éste que hoy tenemos en el llamado Occidente , o la barbarie. Con respecto a lo segundo, la barbarie, no cabe duda de que aquello fue una sofocante sucursal del infierno en la tierra,.que se transformó en lo contrario de lo prometido; en lo que hace a lo primero, el mejor de los mundos, es lo que parece darse por bueno y que, sin embrago resulta harto discutible: el paro, el dominio de las instancias económicas y financieras que puentean cualquier decisión de las urnas, imponiendo sus leyes… Ese panorama binario es el que se utiliza habitualmente y resulta que grandes escritores del Este europeo, o asiático, caribeños…acaban haciendo la ola, con frenesí, al sistema que les aplaude( el de las libertades capitalo-parlamentarias): pienso en la rumana Herta Muller, otra Nobel, o en el albano Ísmail Kadaré-eterno candidato al galardón- por nombrar dos casos recientes y paradigmáticos…

La escritora premiada

Ahora toca el turno a Svetlana Alexievitch, premiada según dicen por « sus escritos polifónicos, homenajes a los sufrimientos y al coraje de nuestro tiempo», añadiendo que es un ejemplo de defensa de la « compasión humana». Todos contentos con el mensaje: la escritora obviamente por el premio, la prensa pues como aves carroñeras ya tienen más madera para hacer leñas del árbol caído( el supuesto comunismo), y los políticos en activo pues se lo ponen a huevo para atacar a Putin, un impresentable, como se pueden hallar cantidades similares en el paraíso occidental. Con respecto al mensaje : mostrar compasión por los pobres, los desheredados, los sin…qué duda cabe que resulta encomiable; de ahí no se debe seguir-no digo que la escritora lo haga – que el sufrimiento sólo se da en los antiguos países de allá el telón de acero, y que la compasión solo se puede aplicar a los desastres que allá se han dado y se dan…aunque también es verdad que los escritores se inspiran en lo que viven y conocen en primera persona…si olvidar que otros lo hacen buscando en su propia cabeza, ideas, imágenes, fantasías varias…Alexievitch es indudablemente de la primera clase: « capto el mundo a través de las voces , los detalles de lo cotidiano y de la existencia», considerándose a ella misma como « persona-oreja», manera de alimentar la materia prima de su escritura que no es difícil considerar como deudora de su profesión de periodista; armada de papel, boli, magnetofón, ella entrevista, pregunta, y …escucha , con el fin –según afirma –de « componer una imagen de nuestro tiempo, tal y como lo vemos y lo imaginamos, y la del país tal y como lo ven las gentes que viven en mi época. Me gustaría que mis libros se convirtiesen en crónicas, en la enciclopedia de las generaciones que he conocido. ¿ Cómo ha vivido la gente? ¿ En qué han creído? ¿ Cömo han matado y se han hecho matar? La manera por medio de la que aspiraban a la felicidad y por qué eran incapaces de conseguirlo»…Indudablemente elogiable programa. .

La verdad es que la escritora solo he leído un libro que compré casualmente hace como dos años, sin conocer a la autora, pero tanto la portada como la noticias de la contracubierta me incitaron a comprar: « La fin de l´homme rouge : ou le temps du désenchantement» ( Actes Sud, 2013; libro que ahora parece disponerse a traducir al castellano la barcelonesa Acantilado), que juzgo puede considerarse como paradigma de su quehacer. En el libro-del que he tomado líneas más arriba una significativa cita- se oyen las voces de las gentes entrevistadas y sus pequeñas historias que dan cuenta de las desgracias vividas en primera persona o a través de conocidos, familiares y amigos…se puede mascar, en la medida, en que avanza la lectura la densa atmósfera de temor, de delaciones, de mentiras, de traiciones y de miedos a ser denunciados como tal. El libro va narrando, de manera poliédrica-ella define el método como « novela de voces»-, el tejido que se fue constituyendo y que fue formateando , y domesticando a lo que llegaría ser el hombre standard del país, par excellence, del socialismo real. Libro testimonial que en cierto sentido sigue, o continúa , la onda ya esbozada por Alexandr Soljenitsin o Alenxandre Zinoiev, quien por otra parte ya había utilizado el término de Homo sovieticus ( título de una de sus obras más significativas): el primero desde la recogida de confesiones de compañeros detenidos trató de describir el funcionamiento del Gulag, el segundo, desde la sociología, dibujaba la ideología que había ido conformando a los ciudadanos soviéticos; Alexievitch, se acerca a gentes quebradas por las experiencias padecidas, humillados, ofendidos, deportados, y algunos personajes que seguían manteniendo en alto la bandera del estalinismo a pesar de formar parte del conjunto de los represaliados. Habla igualmente de cómo en tiempos posteriores las esperanzar en un nuevo país , eran los años de glasnost y de perestroika, comenzaron a prender en la mente de bastantes ciudadanos que veían que se abrían ciertas ventanas hacia el paraíso occidental…que más tarde cayeron en la cuenta de que esa nueva sociedad en marcha suponía la implantación pura y dura del capitalismo salvaje, con sus mafias, sus tejemanejes, y su particulares nomenklaturas ( en este caso del capital).

Varias generaciones son conocidas en sus hábitos, sus temores y esperanzas, y posteriormente en su absoluta desilusión; significativas palabras que dice uno de los entrevistados:« hemos conocido los campos, hemos cubierto la tierra con nuestros cadáveres durante la guerra, hemos reunido combustible atómico con nuestras manos desnudas en Chernobyl; y ahora nos encontramos sobre los escombros del socialismo. Como después de la guerra…». Sus hijos que conocieron ilusionados los años de apertura, de la mano de Gorbachov, han visto como las esperanzas se han trocado en desbarajuste, como una situación que se asemeja a un callejón si salida

El tránsito que va del estalinismo al nihilismo es recorrido con desviaciones hacia u lado y hacia otro, manteniendo el corazón del lector en un vilo. El trabajo es de una amplitud temporal extensa- abarcando desde los tiempos de la revolución hasta la actualidad- pues es el trabajo que ocupó a la periodista durante una treintena de años y con todos los materiales recopilados la escritora demuestra ser una perfecta tejedora que logra que el patchwork creado no tenga huecos por ningún lado, sino que está perfectamente unido, respetando eso sí el habla de cada cual y hasta las interrupciones y palabras sofocadas que puedan darse en sus testigos…ahora bien la mirada de Alexievitch se dirige más que al análisis histórico al corazón de quienes conocieron los primeros años de la revolución, y también hubieron de experimentar la afiliación obligatoria a las juventudes comunistas…bajo la permanente amenazada del Gulag y de la NKVB ( la policía política)o a quienes nacieron ya en años posteriores y vivieron el cansancio propios de los años de Breznev y otros decadentes tovarichs , y que vieron que se pasaba de la utopía al consumo desenfrenado como horizonte de un futuro que rimaba con el prometido comunismo, consumismo. Uno y mil aspectos cotidianos son revisados , así cuando en los años setenta comenzaron a desinflarse las cocinas comunitarias y la gente comenzó a montar sus propias cocinas, e ingeniárselas para cocinar, etc., etc., etc.

Según ella misma explica, el método seguido para la elaboración de este libro-y por lo que parece de otros- es el de « no plantear preguntas sobre el socialismo, sino sobre el amor, la envidia, la infancia, la vejez. Sobre la música, las danzas, los cortes de pelo. Sobre miles de detalles de una vida que ha desaparecido. Es la única manera de insertar la catástrofe en un cuadro familiar y tratar de contar alguna cosa. De adivinar algo…La historia no se interesa más que en los hechos, las emociones quedan siempre al margen; no es lo habitual dejarlas entrar en la historia. Yo miro el mudo con ojos de una escritora y no de una historiadora». Alexievitch muestra abundantes dosis de empatía para con el sufrimiento vivido y busca en cada uno de los entrevistados su condición de hombre, del eterno humano, y entrega un verdadero canto a lo humano.

El resultado desolador, la tristeza se puede masticar, el gris domina el ambiente descrito, y los relatos dan cuenta de lo humano, de lo demasiado humano. Un libro más a añadir al cúmulo de obras sobre los desastres de la URSS , con una reseñable diferencia : su escritura es brillante y el modo de acercamiento es poliédrico y literario ( tampoco es que escribiesen mal, ciñéndome al campo de la literatura y a otros tiempos: Victor Serge, Margaret Buber-Neumann o Nadezha Mandestam, Lise London,…); la amplitud del periodo tratado es igualmente reseñable con respecto a los numerosos escritos que se han centrado en épocas muy concretas : en especial en el periodo estalinista, y mas tarde , tras el final de la URSS, en el cariz mafioso que iba revistiendo el panorama post-soviético ( casi todas las obras de la temática que señalo se han realzado desde el la óptica histórica y política, y el género generalmente ha sido el ensayístico).    .

Cabe añadir a lo dicho que a veces las reivindicaciones humanistas, en abstracto, hacen pensar en aquello que dijese Georges Orwell, de: todo somos iguales pero unos más iguales que otros. Mas cierto es también que –como decía el otro- un socialismo sin libertad acaba degenerando en un cuartel…

 

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