Supermercados, precariedad laboral y falta de higiene en primera línea del Covid-19

Trabajadoras de los comercios de alimentación, un sector muy feminizado y precario, denuncian la laxitud de las grandes centrales de compra a la hora de tomar medidas de prevención e higiene. 

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La cadena Mercadona no ha tomado hasta este lunes medidas para limitar el aforo en sus tiendas ni ha 
ofrecido guantes, mascarillas y gel desinfectante a su personal / SIRA ESCLASANS

Trabajadoras de los comercios de alimentación, un sector muy feminizado y precario, denuncian la laxitud de las grandes centrales de compra a la hora de tomar medidas de prevención e higiene. La mayoría se hicieron esperar hasta el viernes 13 de marzo y, en otros casos, hasta este pasado lunes, días en los que cientos de trabajadoras ya habían sido expuestas al contacto con multitud de compradores

La pandemia del virus Covid-19 está dejando ver los primeros impactos económicos y sociales, con el despido masivo de miles de trabajadoras y una intensificación de la precariedad y explotación crónicas de aquellas que mantienen su trabajo, como las cajeras y las reponedoras de los comercios de alimentación, que además tienen que hacer frente a los riesgos que supone trabajar sin las medidas de seguridad adecuadas. Algunas de las empleadas de las grandes cadenas de supermercados denuncian que las políticas de prevención e higiene se hicieron esperar hasta el viernes 13 de marzo y, en otros casos, hasta este lunes 16 de marzo, cuando cientos ya habían sido expuestas a miles de compradores que tampoco llevaban ningún tipo de protección.

Cada día las cajeras y reponedoras de las tiendas de alimentación escuchan en los medios de comunicación las recomendaciones para prevenir el contagio del coronavirus, tales como evitar el contacto físico, mantener una distancia mínima de un metro y medio entre personas, limitar las salidas a el exterior de sus casas a causas estrictamente necesarias o trabajar a distancia. Advertencias que las plantillas de los supermercados, como las del sector sanitario o farmacéutico, muy feminizadas en todos los casos, han asumido que no pueden cumplir totalmente. Es el caso, por ejemplo, de Lara -nombre ficticio-, una trabajadora de una empresa de origen catalán, Casa Ametller, que pide preservar su identidad. «Para avanzar con la cola, estamos terminando de atender a una persona y llamamos a otra.Somos tres personas muy juntas y sumar siete cajas, donde es muy difícil mantener la distancia aunque se tomen medidas para limitar el aforo o por pagar con tarjeta «, expone.

Tras el anuncio de las primeras medidas para la gestión de la situación sanitaria el 10 de marzo, se detectó un repunte del consumo del 154%, mientras que el 11 de marzo se disparó hasta el 180% en el estado

En algunas ciudades de España, ya han comenzado a producirse las primeras bajas médicas entre el personal de los supermercados. Desde la Confederación General del Trabajo (CGT) del País Valencià, el sindicalista Tomás Rodríguez alerta de que, aunque el consumo compulsivo e inconsciente se ha reducido después de la limitación de la libre circulación de las personas, «en los próximos días se desencadenarán las consecuencias que conllevará la dilación que ha habido en la toma de decisiones entre el personal de los supermercados «. Mientras tanto, las grandes cadenas de supermercados han visto como aumentaba su volumen de ingresos. Según los últimos datos publicados por la consultora Kantar Media, del 24 de febrero al 1 de marzo, el gasto en consumo aumentó un 113% respecto a la media semanal de enero y febrero.

Tiendas y supermercados el día antes de que se decretara el confinamiento domiciliario por la pandemia del coronavirus | SIRA ESCLASANS

 

La Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL) regula la responsabilidad de las empresas sobre la salud y la seguridad de sus plantillas. Ante una situación como la actual, las directivas tienen la obligación de poner a disposición de las trabajadoras todas las medidas de prevención y seguridad individuales, una medida que muchas multinacionales, almacenes o comercios de alimentación no han cumplido hasta el último momento o están cumpliendo a medias. Marisa -quien también emplea un nombre ficticio para preservar su anonimato, trabajadora de la cooperativa valenciana Consum, asegura que en el supermercado donde trabaja, hasta este lunes, no disponían de ninguna medida de protección individual: «La semana pasada ni siquiera dejaban a las cajeras utilizar guantes o mascarillas, por una cuestión estética y porque nos decían que alarmàban más «. «Ahora -continúa- ya tenemos guantes y gel desinfectante, pero después de la semana que hemos pasado, no sabemos si servirá de mucho». Esta laxitud, además, afecta sobre todo las cajeras y reponedoras, unos puestos de trabajo muy feminizados: «Las mujeres somos las que estamos más expuestas, porque solemos trabajar de cara al público, mientras que los hombres se encuentran en los almacenes», relata la trabajadora de Casa Ametller.

Incumplimiento del derecho a la propia salud

Según denuncia esta dependienta, en su alojamiento no se ha establecido un protocolo claro de seguridad. Las trabajadoras que ofrecen el servicio a domicilio «sí que llevan guantes», matiza, «pero dentro de la tienda todavía hay gente que no utiliza ni guantes ni mascarillas; y tampoco se han tomado medidas para desinfectar cada día las cajas o los carros «. Además, trabajan personas que sufren un mayor riesgo si se contagian, «como una chica que está embarazada, un chico operado recientemente del corazón y otras personas con dificultades respiratorias». «Estas personas, como mínimo, deberían irse a casa», exige.

En algunos establecimientos de alimentación se fueron habituales las estanterías semivacías el primeros días de las medidas de confinamiento, debido a la avalancha de compradores | SIRA ESCLASANS

 

«Nos hemos visto afectados por las consecuencias del coronavirus, con una multiplicación de nuestro trabajo, escasos medios, falta de personal y sin seguridad, porque no se nos han proporcionado mascarillas», remacha con rotundidad un trabajador de la marca leridana Plusfresc, el director general de la cual, Francisco González -quien hace gala del compromiso de la empresa con las trabajadoras, las clientas y el entorno-, ha enviado una circular para agradecer al personal su «enorme esfuerzo e implicación» estos días. Y añade el documento: «Estamos convencidos de que esta situación saldremos más reforzados y seguro que estos días de trabajo pesado nos harán más fuertes como empresa y, a vosotros, crecer aún más como profesionales y personas». El trabajador responde: «Es evidente que saldrán más fuertes como empresa, si tenemos en cuenta los beneficios que han obtenido a costa de nuestro sudor y fuerza de trabajo «. Desde Casa Ametller, según cuenta la trabajadora a la Directa,  la empresa también los felicitaba, «no por el hecho de trabajar en esta situación, sino por la cantidad de dinero que se estaban haciendo». «Todo muy capitalista», remata.

Aumento de clientes, trabajo y horas de trabajo sin remunerar

Eran las diez de la mañana y un establecimiento de Castellón de la Plana (Plana Alta) estaba más lleno que la mañana de un viernes cualquiera, aunque sus estanterías no repetían las imágenes de aparente desabastecimiento de los últimos días. Unas pocas cajeras llevaban guantes de látex, mientras que todas trataban de guardar las distancias. «De nada sirvió», relata Paula, quien también pide no detallar su nombre real ni el de la empresa por temor a represalias, «si tomamos el dinero, una de las principales fuentes de contagio, sin ninguna medida de protección «. También reprueba el comportamiento de algunas consumidoras: «Las compras compulsivas y el pánico no nos ayudó nada. Falta mucha solidaridad y respeto «.

Una vendedora de un establecimiento de Castellón de la Plana señala que «de nada sirvió» guardar distancias de seguridad «si tomamos el dinero, una de las principales fuentes de contagio, sin protección»

Los testigos entrevistados coinciden en que, al menos entre el 9 y el 13 de marzo, la clientela se triplicó, lo que convirtió a los supermercados en un gran foco de contagio. En este sentido, la trabajadora de Consum, afirma: «La semana pasada fue salvaje, las colas eran inmensas y, por tanto, algunas compañeras tuvieron que aumentar su jornada, sobre todo las que trabajan 25 o 30 horas semanales». Y añade: «A las doce del mediodía del sábado, el jefe tuvo que llamar a aquellas que entran a las dos o las tres, porque no dábamos a basto, pero no nos han comentado nada de remunerar esas horas extras». En esta línea, el trabajador de Plusfresc critica que el exceso de trabajo y el estrés podrían haber sido menores si hubiera más personal desde un principio. «Si tuviéramos un sueldo digno y hubiera más personal,

Medidas de la patronal en el último momento

Algunas empresas están valorando la decisión de aprobar un aumento del salario durante el tiempo en que se alargue la alerta sanitaria y las trabajadoras tengan que exponerse de manera continua al posible contagio, como una medida «de compensación». Por ejemplo, el pasado viernes, Mercadona, del empresario millonario Juan Roig, aumentó en un 20% el salario bruto de las más de 90.000 trabajadoras, según informó la cadena a través de un comunicado. Una decisión que tendrá una afectación irrisoria en sus arcas, teniendo en cuenta que este 2019 el beneficio que declaró fue de 623 millones, un 5% por encima de los 593 millones de 2018. La realidad es que, «si no hubiera un claro conflicto de clases «, los beneficios obtenidos durante estas semanas» se repartirían entre toda la plantilla «, tal como reivindica Rodríguez,

Las mascarillas, en concreto las del nivel 2 y 3, las llamadas FFP2 y FFP3, aún no han sido repartidas entre el personal de los supermercados, que tiene que hacer frente a los posibles contagios con guantes y gel desinfectante

Muchas centrales de compra han optado por restringir sus horarios de diez a ocho horas, una medida que la gran mayoría ha puesto en marcha esta semana; así como su aforo para conseguir mantener la distancia de seguridad de un metro y medio, una de las principales demandas de las trabajadoras. Asimismo, Consum, por ejemplo, ha establecido que los clientes, antes de entrar a la tienda, deben lavarse las manos con gel desinfectante, que ha puesto a disposición de las consumidoras. Las mascarillas, en concreto las del nivel 2 y 3, las llamadas FFP2 y FFP3, aún no han sido repartidas entre el personal de los supermercados, que tiene que hacer frente a los posibles contagios con guantes y gel desinfectante. Unas medidas que Rodríguez considera absolutamente «escasas e insuficientes».

Reivindicaciones de las cajeras y reponedoras

Aparte de las medidas de protección individual mencionadas, las trabajadoras de los comercios de alimentación reivindican establecer mamparas o separadores físicos entre las cajeras y los clientes, señalizar en el suelo cuál es la distancia de seguridad recomendada, reducir más el horario de la plantilla y evitar que trabajen aquellas personas que forman parte de un grupo de alto riesgo, ya que muchas tienen que desplazarse en transporte público y se arriesgan aún más. Una iniciativa que, por ejemplo, en algunos establecimientos de la marca Supercor Express, propiedad de Repsol y El Corte Inglés al 50%, se ha podido ejecutar. «Desde este lunes, el pago de la compra se hace sólo a través de la ventanilla del servicio 24 horas, por lo tanto, no tenemos contacto con la gente, pero la semana pasada fue muy caótica», expone una trabajadora de un Supercor de Barcelona,

Por último, desde la CGT del País Valencià, también reivindican la realización de inspecciones de trabajo de forma asidua para que el Ministerio de Trabajo «actúe contra aquellas empresas que no están cumpliendo la Ley de Prevención de Riesgos Laborales». «Estamos en una situación de emergencia, pero ésta debe ser tanto para la ciudadanía como para las empresas», concluye Rodríguez.


(català)

Supermercats, precarietat laboral i manca d’higiene a primera línia del COVID-19

Treballadores dels comerços d’alimentació, un sector molt feminitzat i precari, denuncien la laxitud de les grans centrals de compra a l’hora de prendre mesures de prevenció i higiene. La majoria van fer-se d’esperar fins al divendres 13 de març i, en altres casos, fins a aquest passat dilluns, dies en què centenars de treballadores ja havien estat exposades al contacte amb multitud de compradores

La cadena Mercadona no ha pres fins aquest dilluns mesures per limitar l’aforament en les seues tendes ni ha ofert guants, mascaretes i gel desinfectant al seu personal / SIRA ESCLASANS

La pandèmia del virus COVID-19 està deixant veure els primers impactes econòmics i socials, amb l’acomiadament massiu de milers de treballadores i una intensificació de la precarietat i explotació cròniques d’aquelles que mantenen la seua feina, com les caixeres i les reposadores dels comerços d’alimentació, que a més han de fer front als riscos que suposa treballar sense les mesures de seguretat adequades. Algunes de les empleades de les grans cadenes de supermercats denuncien que les polítiques de prevenció i higiene es van fer esperar fins al divendres 13 de març i, en altres casos, fins a aquest dilluns 16 de març, quan centenars ja havien estat exposades a milers de compradores que tampoc portaven cap tipus de protecció.

Cada dia les caixeres i reposadores de les tendes d’alimentació escolten als mitjans de comunicació les recomanacions per prevenir el contagi del coronavirus, com ara evitar el contacte físic, mantenir una distància mínima d’un metre i mig entre persones, limitar les eixides a l’exterior de les seues cases a causes estrictament necessàries o treballar a distància. Advertències que les plantilles dels supermercats, com les del sector sanitari o farmacèutic, molt feminitzades en tots els casos, han assumit que no poden complir totalment. És el cas, per exemple, de Lara -nom fictici-, una treballadora d’una empresa d’origen català, Casa Ametller, que demana preservar la seua identitat. “Per avançar amb la cua, estem acabant d’atendre una persona i cridem l’altra. Som tres persones molt juntes i suma-hi set caixes, on és molt difícil mantenir la distància encara que es prenguin mesures per limitar l’aforament o per pagar amb targeta”, exposa.

En algunes ciutats de l’Estat espanyol, ja han començat a produir-se les primeres baixes mèdiques entre el personal dels supermercats. Des de la Confederació General del Treball (CGT) del País Valencià, el sindicalista Tomás Rodríguez alerta que, encara que el consum compulsiu i inconscient s’ha reduït després de la limitació de la lliure circulació de les persones, “al llarg dels pròxims dies es desencadenaran les conseqüències que comportarà la dilació que hi ha hagut en la presa de decisions entre el personal dels supermercats”. Mentrestant, les grans cadenes de supermercats han vist com augmentava el seu volum d’ingressos. Segons les últimes dades publicades per la consultora Kantar Media, del 24 de febrer a l’1 de març, la despesa en consum va augmentar un 113% respecte a la mitjana setmanal de gener i febrer. Després de l’anunci de les mesures per a la gestió de la situació d’alerta sanitària el passat 10 de març, es va detectar un repunt del 154%, mentre que l’11 de març es va disparar fins al 180% a l’Estat espanyol.

Botigues i supermercats el dia abans que es decretés el confinament

La Llei de Prevenció de Riscos Laborals (LPRL) regula la responsabilitat de les empreses sobre la salut i la seguretat de les seues plantilles. Davant d’una situació com l’actual, les directives tenen l’obligació de posar a disposició de les treballadores totes les mesures de prevenció i seguretat individuals, una mesura que moltes multinacionals, magatzems o comerços d’alimentació no han complert fins a l’últim moment o estan complint a mitges. Marisa –qui també empra un nom fictici per preservar el seu anonimat–, treballadora de la cooperativa valenciana Consum, assegura que al supermercat on treballa, fins a aquest dilluns, no disposaven de cap mesura de protecció individual: “La setmana passada ni tan sols deixaven a les caixeres utilitzar guants o mascaretes, per una qüestió estètica i perquè ens deien que alarmàvem més”. “Ara –continua– ja tenim guants i gel desinfectant, però després de la setmana que hem passat, no sabem si servirà de molt”. Aquesta laxitud, a més a més, afecta sobretot les caixeres i reposadores, uns llocs de treball molt feminitzats: “Les dones som les que estem més exposades, perquè solem treballar de cara al públic, mentre que els homes es troben als magatzems”, relata la treballadora de Casa Ametller.

Incompliment del dret a la pròpia salut

Segons denuncia aquesta dependenta, el seu establiment encara no s’ha establert un protocol clar de seguretat. Les treballadores que ofereixen el servei a domicili “sí que porten guants”, matisa, “però dins de la botiga encara hi ha gent que no utilitza ni guants ni mascaretes; i tampoc s’han pres mesures per desinfectar cada dia les caixes o els carros”. A més, hi treballen persones que sofreixen un risc més alt si es contagien, “com una noia que està embarassada, un noi operat recentment del cor i altres persones amb dificultats respiratòries”. “Aquestes persones, com a mínim, haurien de marxar a casa”, exigeix.

En alguns establiments d’alimentació es van ser habituals les prestatgeries semibuides el primers dies de les mesures de confinament, a causa de l’allau de compradores|SIRA ESCLASANS

“Ens hem vist afectats per les conseqüències del coronavirus, amb una multiplicació de la nostra feina, escassos mitjans, falta de personal i sense seguretat, perquè no se’ns han proporcionat mascaretes”, rebla amb rotunditat un treballador de la marca lleidatana Plusfresc, el director general de la qual, Francisco González –qui fa gala del compromís de l’empresa amb les treballadores, les clientes i l’entorn–, ha enviat una circular per agrair al personal el seu “enorme esforç i implicació” aquests dies. I afegeix el document: “Estem convençuts que d’aquesta situació sortirem més reforçats i de ben segur que aquests dies de feina feixuga ens faran més forts com a empresa i, a vosaltres, créixer encara més com a professionals i persones”. El treballador respon: “És evident que sortiran més forts com a empresa, si tenim en compte els beneficis que han obtingut a costa de la nostra suor i força de treball”. Des de Casa Ametller, segons conta la treballadora a la Directa, l’empresa també els felicitava, “no pel fet de treballar en aquesta situació, sinó per la quantitat de diners que s’estaven fent”. “Tot molt capitalista”, remata.

Augment de clientes, feina i hores de treball sense remunerar

Eren les deu del matí i un establiment de Castelló de la Plana (Plana Alta) estava més ple que el matí d’un divendres qualsevol, encara que les seues prestatgeries no repetien les imatges d’aparent desproveïment dels últims dies. Unes poques caixeres portaven guants de làtex, mentre que totes tractaven de guardar les distàncies. “De res va servir”, relata Paula, qui també demana no detallar el seu nom real ni el de l’empresa per temor a represàlies, “si vam agafar els diners, una de les principals fonts de contagi, sense cap mesura de protecció”. També reprova el comportament d’algunes consumidores: “Les compres compulsives i el pànic no ens va ajudar gens. Falta molta solidaritat i respecte”.

Una venedora d’un establiment de Castelló de la Plana assenyala que “de res va servir” guardar distàncies de seguretat “si vam agafar els diners, una de les principals fonts de contagi, sense cap protecció”

Els testimonis entrevistats coincideixen que, almenys entre el 9 i el 13 de març, la clientela es va triplicar, fet que va convertir els supermercats en un gran focus de contagi. En aquest sentit, la treballadora de Consum, afirma: “La setmana passada va ser salvatge, les cues eren immenses i, per tant, algunes companyes van haver d’augmentar la seua jornada, sobretot les que treballen 25 o 30 hores setmanals”. I afegeix: “A les dotze del migdia del dissabte, el cap va haver de cridar a aquelles que entren a les dues o a les tres, perquè no donàvem a bast, però no ens han comentat res de remunerar eixes hores extres”. En aquesta línia, el treballador de Plusfresc critica que l’excés de feina i l’estrès podrien haver sigut menors si hi haguera més personal des d’un principi. “Si tinguéssim un sou digne i hi hagués més personal, ens haguérem vist obligats a doblegar els nostres esforços i fer una barbaritat d’hores extres amb el perill de ser contagiats i sense poder conciliar amb la vida familiar?”, es pregunta.

Mesures de la patronal en l’últim moment

Algunes empreses estan valorant la decisió d’aprovar un augment del salari durant el temps en què s’allargue l’alerta sanitària i les treballadores hàgen d’exposar-se de manera contínua al possible contagi, com una mesura “de compensació”. Per exemple, el passat divendres, Mercadona, de l’empresari milionari Juan Roig, va augmentar en un 20% el salari brut de les més de 90.000 treballadores, segons va informar la cadena a través d’un comunicat. Una decisió que tindrà una afectació irrisòria en les seues arques, tenint en compte que aquest 2019 el benefici que va declarar va ser de 623 milions, un 5% per sobre dels 593 milions de 2018. La realitat és que, “si no hi haguera un clar conflicte de classes”, els beneficis obtinguts durant aquestes setmanes “es repartirien entre tota la plantilla”, tal com reivindica Rodríguez, per a qui aquestes decisions “representen només una rentada de cara”, després que Mercadona tampoc haja pres fins aquest dilluns mesures per limitar l’aforament en les seues tendes ni haja ofert guants, mascaretes i gel desinfectant a les seues treballadores.

Les mascaretes, en concret les del nivell 2 i 3, les anomenades FFP2 i FFP3, encara no han sigut repartides entre el personal dels supermercats, que ha de fer front als possibles contagis amb guants i gel desinfectant

Moltes centrals de compra han optat per restringir els seus horaris de deu a huit hores, una mesura que la gran majoria ha posat en marxa aquesta setmana; així com el seu aforament per aconseguir mantenir la distància de seguretat d’un metre i mig, una de les principals demandes de les treballadores. Així mateix, Consum, per exemple, ha establert que els clients, abans d’entrar a la tenda, han de llavar-se les mans amb gel desinfectant, que ha posat a disposició de les consumidores. Les mascaretes, en concret les del nivell 2 i 3, les anomenades FFP2 i FFP3, encara no han sigut repartides entre el personal dels supermercats, que ha de fer front als possibles contagis amb guants i gel desinfectant. Unes mesures que Rodríguez considera absolutament “escasses i insuficients”. “Haurien de prendre-s’ho amb més seriositat les grans cadenes i el Ministeri de Treball”, subratlla.

Reivindicacions de les caixeres i reponedores

A banda de les mesures de protecció individual esmentades, les treballadores dels comerços d’alimentació reivindiquen establir mampares o separadors físics entre les caixeres i els clients, senyalitzar en el sòl quina és la distància de seguretat recomanada, reduir més l’horari de la plantilla i evitar que treballen aquelles persones que formen part d’un grup d’alt risc, ja que moltes s’han de desplaçar en transport públic i s’arrisquen encara més. Una iniciativa que, per exemple, en alguns establiments de la marca Supercor Exprés, propietat de Repsol i El Corte Inglés al 50%, s’ha pogut executar. “Des d’aquest dilluns, el pagament de la compra es fa només a través de la finestreta del servei 24 hores, per tant, no tenim contacte amb la gent, però la setmana passada va ser molt caòtica”, exposa una treballadora d’un Supercor de Barcelona, on s’han començat a utilitzar guants i mascaretes i “està previst que ens arribi gel desinfectant”, postil·la.

Per últim, des de la CGT del País Valencià, també reivindiquen la realització d’inspeccions de treball de manera assídua perquè el Ministeri de Treball “actue contra aquelles empreses que no estan complint la Llei de Prevenció de Riscos Laborals”. “Estem en una situació d’emergència, però aquesta ha de ser tant per a la ciutadania com per a les empreses”, conclou Rodríguez.

Supermercats, precarietat laboral i manca d’higiene a primera línia del COVID-19

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