Superamos las ocho mil víctimas… ¿Haremos justicia con los culpables de todas estas muertes?

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Por muy esperanzadoras previsiones que se nos ofrezcan desde las tribunas políticas y sanitarias, un rápido vistazo a los últimos datos del COVID19 nos demuestra que las cosas no van nada bien en España. Los datos hablan por sí mismos. Resulta que tenemos casi un diez por ciento de muertos del total de infectados, lo que prácticamente dobla la media mundial. Y resulta que del total de infectados se recupera menos del 20 por ciento, cuando la media de supervivientes está por encima de este porcentaje.

La situación debería levantar ampollas entre el tejido de la sufrida población española, que durante más de veinte años ha visto como los sucesivos gobiernos, al margen de su ideología, han ido destruyendo la Sanidad española, deteriorándola e hiriéndola de muerte para luego, una vez devaluada, ofrecerla como carnaza barata a las sociedades médicas y a las empresas de servicios hospitalarios. Cientos de hospitales, servicios terapéuticos de todo tipo y residencias de ancianos pasaron a manos privadas a precios de ganga. Fue el boom de la privatización sanitaria, que algunos políticos, especialmente consejeros de la comunidad de Madrid, supieron aprovechar al máximo consiguiendo muy sustanciosos beneficios.

La sanidad española puso precio a muchos servicios hasta entonces gratuitos, excluyó cientos de medicamentos de las listas de la Seguridad Social y rebajó las ayudas, o simplemente las empezó a cobrar, a personas que tenían necesidad imperiosa de algún tipo de sofisticado tratamiento. Este saqueo sanitario se agudizó en la última década, debido principalmente a la crisis y a la creencia que tiene la clase dirigente española de que cuando hay que sacar dinero extra, lo mejor es robarlo de donde menos se espera.

La crisis del coronavirus ha sacado a la luz la miseria y la podredumbre de la Sanidad española. También nos ha vuelto a señalar con el dedo a todos los políticos y políticas que han hecho su agosto robando dinero y cobrando comisiones ilegales en las ventas de servicios sanitarios públicos.

Para hacer frente a una pandemia como la que ahora nos afecta, no podemos seguir cerrando los ojos a la corrupción en que han hundido a la sanidad española, recortando sus servicios, limitando su personal, saturando sus medios y destruyendo su infraestructura. Ellos, todos los que han ocupado puestos claves en la Administración sanitaria, junto con sus cómplices, los políticos y jueces que consintieron sus flagrantes delitos e incluso los alentaron, son criminalmente responsables de los miles de muertes que el coronavirus provoque. Esas bandadas de buitres no parecen suficientemente satisfechas con todo el dinero que han amasado en estos largos años de saqueo y latrocinio, así que continúan robando bajo la terrible pandemia que nos asola. Del árbol caído, dicen, todos hacen leña.

Así, acosados por un enemigo invisible que no podemos ver, confinados en nuestros hogares hasta que la amenaza desaparezca, hundidos hasta el cuello en la pandemia, comprobamos que nuestra sanidad está colapsada por los innumerables enfermos que le llegan, despojada de todo sentido terapéutico. Por muchas horas de guardia que nuestros aguerridos profesionales [email protected] echen, la realidad los sobrepasa, ya no saben ni qué hacer con los muertos. Nos dirigimos hacia el abismo.

Los peores ladrones no son los que roban cuadros de Van Gog en museos holandeses; los ladrones más rastreros, los más criminales y despreciables, son los que aprovechan la crisis del coronavirus para hacer sus sucios negocios. Sin ir más lejos, en la comunidad de Madrid se dan situaciones tan escandalosamente corruptas como la de esos dos aviones que la presidenta Isabel Diaz Ayuso mandó fletar con material sanitario desde China y que han desaparecido. 

Si la justicia española tuviera un mínimo de vergüenza, ya habría encarcelado a todos los responsables de deteriorar en el pasado el sistema sanitario español, como responsables directos de las elevadas muertes que ahora se están produciendo a causa del Coronavirus. Todos los conocemos, tienen nombres y apellidos, son los mismos que llevan más de veinte años llenándose los bolsillos con sus obscenas privatizaciones, los mismos que han amasado ilícitas fortunas actuando contra el bien común y la salud del pueblo. Gracias a ellos, ahora estamos desarmados e indefensos ante el Coronavirus? La presidenta de Madrid, por el descaro y desvergüenza con que ha actuado en la pantomima de los aviones desaparecidos, debería ser la primera en ir a prisión preventiva. Si la justicia española no estuviera tan corrupta, si los jueces no hicieran frente común con todos estos degenerados ladrones de recursos sanitarios, los procesaría bajo los cargos de prevaricación, conspiración contra la población y homicidio premeditado.

Toda esta pesadilla que ahora vivimos se repetirá hasta la saciedad en el futuro si desde ahora no ponemos freno a sus desmanes. No podemos dejar de lado nuestra responsabilidad de ciudadanos; cuando venzamos al COVID19, habrá también que limpiar el país de todos estos virus rastreros, de todos estos microbios rechonchos que actúan bajo la protección de la Corona (esta no la del virus coronario, sino la del Corruptísimo Borbón). No podemos dejar pasar más tiempo siendo un reino feudal, tercermundista e impuesto, dentro del espacio europeo.

Una vez hayamos vencido al Coronavirus, se acabara el “ancho para unos y estrecho para otros”. Juzgar y meter en la cárcel a toda esa caterva de ladrones de guante blanco, será la primera tarea que nos espera apenas las aguas vuelvan a su cauce. Nadie nos podrá impedir salir a la calle y tomar lo que es nuestro. Habrá que imponer un nuevo sistema de convivencia que devuelva la confianza al pueblo; sobre todo, habrá que instaurar una justicia digna y equitativa, firme y severa con toda esa escoria humana. Y para que esa limpieza vírica y bacteriana sea eficaz, habrá que iniciarla en el epicentro de la inmundicia, en el palacio de la Zarzuela, guarida de promiscuos monarcas y nido de virulentos parásitos, símbolo de la España podrida que hoy vivimos. El deterioro a que nos ha llevado la corona no debe prologarse más allá del final de la pandemia. El fin del Coronavirus debe traer también consigo el fin de la corrupta monarquía española.

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